Via Crucis de la Pasión y muerte de Jesús en el mundo obrero de hoy

Francisco Javier Fernández ChentoOraciónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Año publicación original: 2011 · Fuente: Comisión de Pastoral Obrera de Gamonal.

“Via Crucis” que se utilizará en las Pascuas de JMV España y de Feyda, como gesto común.


Tiempo de lectura estimado:

Introducción

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Hoy nos reunimos para actualizar aquel primer viacrucis del ajusticiado Jesús. Contemplando su camino hasta el supli­cio, queremos solidarizarnos con todas las víctimas de la historia, en las que Él sigue sufriendo y muriendo. Vamos, pues, a acompañarle en su Cuerpo do­liente y crucificado de nuevo, aquí y aho­ra, a lo largo y ancho de nuestro mundo. Por eso nuestro «Vía Crucis» es hoy, también, un «Vía Mundis»: el camino de la Cruz es el camino del mundo. Vamos a caminar con el mundo que sube hasta el Calvario: el Calvario del despido y del paro, de la precariedad, de la economía sumergida, del hambre y de la guerra, de todo tipo de violencias…

Las víctimas de hoy (sin rostro, sin nombre, anónimas, irrelevan­tes,…) son. también Cristo Crucificado.

Que la actualización del Vía Crucis nos comprometa a estar siempre al lado de quienes sufren injustamente, a fin de trabajar, con todas nuestras fuerzas, para suprimir tantas cruces que hoy ponemos en las espaldas de los empobrecidos y desamparados de nuestro mundo.

1a Estación: La condena injusta del inocente Jesús por la seguridad del «orden»

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Juan (19,14a-16).

Dijo Pilato a los judíos: «Aquí tenéis a vuestro rey. Ellos gritaban: «‘Fuera, fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato les dijo: «¿Crucificar a vuestro rey?» Contestaron: «No tenemos más rey que el César». Entonces, al fin, se lo entregó para que lo crucificaran.

Lectura: Testimonio de un inmigrante a Caritas Diocesana

Un joven boliviano que participa en un curso de formación, aca­ba de salir de la Comisaría. «Me detuvieron dos policías. Uno de ellos, al ver el papel de que estaba haciendo un curso de Cári­tas, me quiso dejar ir. Su compañero se negó y me llevaron a la Comisaría, porque en el Centro de Internamiento no hay sitio. Pasé la noche con otras ocho personas en uña celda. No nos dejaban ir al cuarto de baño. Ahora me han dado una citación para que me presente en el Juzgado. Pero tengo miedo, es po­sible que vayan a buscarme a casa, así que me iré a otro sitio».

Oración:

Jesús, condenado por el «orden» de este mundo: venimos hoy ante Ti. Te traemos a los condenados de la tierra. Son condena­dos al hambre, al desempleo, al desprecio, al desamparo y a la represión. Jesús, justo y condenado: que mantengamos la fe en Ti, pues sólo Tú no nos condenas sino que nos perdonas y sal­vas.

Canto:

Alguien sufre hoy, ten piedad; alguien llora hoy, ten piedad; alguien muere hoy, ten piedad, Señor, ten piedad.

2ª Estación: La pesada carga del mal e injusticia del mundo, sobre los hombros de Jesús

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Juan (19,16-17)

Tomaron a Jesús y, cargándole la cruz, salió al sitio llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota.

Lectura-reflexión:

Víctorina es una viuda como otras muchas que pueblan nuestros barrios. Apenas puede salir adelante con la pensión mínima que le dejó su marido. Una de sus hijas, ya casada, ha vuelto con toda su familia a su casa. Están ella y su marido en el paro. Víctorina les ha abierto las puertas de su casa. Tratan juntos de sobrevivir ante la crisis. Suman los pocos ingresos. Como buena madre, carga a sus espaldas el peso de una crisis que ella no ha provocado. Su amor desbordante, aunque anciano, sigue dando vida.

Oración:

Señor, te presentamos aquellas personas a quienes cargamos con la cruz del despido, el paro y las deudas. Nuestra sociedad sigue haciendo prevalecer los intereses económicos a los hu­manos. Danos tu Espíritu para sentir como nuestro el peso de la injusticia que cae sobre tantos vecinos y compañeros.

Canto:

Danos un corazón grande para amar,
Danos un corazón fuerte para luchar.

Hombres Nuevos creadores de la historia
constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos sin frenos ni cadenas
hombres libres que exigen libertad.

3ª Estación: El peso del mal y del dolor hacen caer a tierra a Jesús

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

De evangelio de San Juan (12,24-25a)

Dijo Jesús: Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante. Quien vive preocupado por su vida, la perderá».

Lectura-reflexión:

Cuando los años pasan y ya no sirvo para trabajar; cuando la enfermedad va minando mi salud y me cambia la vida; cuando aunque estire el sueldo, el dinero no llega; cuando los problemas se amontonan y parece que no tengan solución; cuando me fa­llan las fuerzas y tengo que seguir adelante; cuando me miran con extrañeza porque soy diferente; cuando tengo que salir de mi casa y de mi tierra para ganarme el pan en otras casas y en otras tierras; cuando no puedo dar a los míos el pan que necesi­tan…; entonces, Jesús, yo también caigo a tierra como Tú.

Oración

Señor, al verte por tierra recordamos a tantas personas de­rrumbadas por las cargas que sufren. Danos fuerza para ayudar a que nadie caiga y para aliviar a quienes van demasiado carga­dos.

Canto:

Postrado ante la cruz en la que has muerto
y a la que yo también te he condenado,
sólo puedo decirte que lo siento,
solo puedo decirte que hoy te amo.
Y te pido perdón por mis errores,
y te pido perdón por mis pecados.
PERDÓNAME SEÑOR, HOY ME ARREPIENTO
PERDÓNAME, MI DIOS CRUCIFICADO.

4a Estación: La madre dolorosa contempla el rostro doliente y desfigurado de Jesús camino de la cruz.

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Lucas (2,34-35):

Simón les bendijo y dijo a María, su Madre: «Éste está puesto pa­ra caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de con­tradicción, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. Y a ti misma, una espada te atravesará el alma».

Lectura-reflexión:

En este largo calvario de la crisis, muchas mujeres han visto pasar por delante de sus vidas al Viviente crucificado. Josefina ha visto cómo su marido, 10 años ya en España, perdía su puesto de trabajo. Gracias a él, pudieron reagruparse toda la familia ve­nida de Ecuador. Ella es consuelo para un hombre al que han roto todos sus sueños. Ahora la toca a ella cargar con el peso de la familia. Y se ha puesto a trabajar en la limpieza. La pagan una miseria por limpiar portales. No puede ponerse enferma ni que­jarse. Hay muchas en el paro, le amenaza su jefe.

Oración:

Jesús, hijo de María, que fortalecidos por la mirada de tu ma­dre, podamos acompañar a los hermanos y hermanas que su­fren a nuestro alrededor.

Canto:

Madre de los pobres, los humildes y sencillos,
de los tristes y los niños, que confían siempre en Dios.
Tú, que has vivido el dolor y la pobreza; Tú que has sufrido en la noche sin hogar;
Tú que eres madre de los pobres y olvidados, Eres el consuelo del que reza en su llorar.

5ª Estación: Un hombre del pueblo ayuda a Jesús a llevar la pesada carga de la Cruz

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del evangelio de Lucas (23, 26)

«Cuando se lo llevaban para crucificarlo, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús».

Lectura-reflexión:

Las familias están siendo un verdadero colchón en medio de esta crisis. El otro día una madre del barrio me pilló comprando alimentos en el super para los necesitados de Caritas. Me co­mentó lo mal que lo está pasando un hermano suyo. Perdió el empleo y en casa nadie ingresa nada. Tiene dos hijos que ali­mentar. Entre los hermanos le están ayudando. Ellos son el Ciri­neo del camino.

Oración

Enséñame, Cristo, a ser siempre un Cirineo para mis hermanos y hermanas, y a aceptar a todos los Cirineos que encuentro en mi camino.

Canto:

Cuando el pobre nada tiene y aún reparte,
cuando un pobre pasa sed y agua nos da,
cuando el débil a su hermano fortalece,
va Dios mismo en nuestro mismo caminar (bis).

6ª Estación: Un mujer del pueblo se compadeció de Jesús y le secó el rostro con un lienzo

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del evangelio de Mateo (10,42)

Dijo Jesús: «Y quien dé un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser discípulo mío, os aseguro que no se quedará sin recompensa».

Lectura-reflexión:

Florencio está ya jubilado. Podía quedarse en la cama o dedi­carse a sus aficiones particulares. Sin embargo, todos los días de labor va a la Casa de acogida de san Vicente a dar de comer a los transeúntes e inmigrantes. Lo que más le gusta es escu­charles, dedicarles tiempo. Asegura que es mucho más lo que recibe, que lo que da. Y que ellos se sienten dignificados. Les acaba cogiendo cariño. Luego le saludan por la calle. Sus nom­bres se han grabado en la memoria y en el corazón.

Oración:

Jesús: que nunca nos falten los buenos hombres y mujeres anónimos que enjugan las lágrimas y consuelan a los cansados del camino de la vida. Que descubran en los pobres tu rostro ensangrentado.

Canto:

Con vosotros está y no le conocéis;
con vosotros está, su nombre es el Señor. (bis)

7a Estación: Jesús va sintiéndose más agotado y cae a tierra por segunda vez

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Mateo (23, 37ss):

Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no has querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa.

Lectura-reflexión:

No, no es la cruz al mérito, ni la gran cruz de oro y brillantes. Es la cruz, la de siempre, la de morir. Una cruz que sigue pesando hoy sobre los seres humanos: el trabajo precario que deshuma­niza; la precariedad laboral que produce tantos accidentes y muerte; la enfermedad que humilla; la incultura que margina; la vejez que nos trae el sentimiento de inutilidad total; la responsa­bilidad de sacar una familia adelante o unos alumnos mejór for­mados, el compromiso de luchar por un mundo más justo. Cru­ces y más cruces sobre las espaldas de los hombres y mujeres, que les hacen caer rostro en tierra, como a Jesús.

Oración:

No nos dejes caer, Señor, en la insensibilidad y la indiferencia. No dejes que se endurezca nuestro corazón ante nuestras pro­pias caídas y las de los demás.

Canto:

Yo he cargado de espinas tu cabeza,
cuando he vuelto la espalda a mis hermanos.
Yo he llenado tu cuerpo de tormentos
cuando a algún semejante he despreciado.
Y yo clavo en la cruz tus manos y tus pies,
siempre que a mis hermanos yo defraudo.
PERDONAME SEÑOR, HOY ME ARREPIENTO
PERDÓNAME, MI DIOS CRUCIFICADO.

8ª Estación: El llanto de las mujeres de Jerusalén por Jesús y el consuelo de Jesús hacia ellas.

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Lucas (23,28)

Cuando llevaban a crucificar a Jesús, unas mujeres de Jerusalén se compadecieron de Jesús y lloraban a sus pasos. Jesús les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos».

Meditación-oración:

Jesús estuvo bien acompañado. Se volvió hacia ellas al recono­cer tantas miradas y sufrió por el sufrimiento de aquellas muje­res y, en ellas, por el de muchas otras de épocas por venir.

Hoy recordamos a todas las mujeres que sufren maltrato físico, psíquico o sexual; a las que se prostituyen para sacar adelante a sus hijos; a las que acompañan, escuchan y cuidan enfermos y ancianos en lo escondido de sus hogares; a las que son social­mente valoradas y utilizadas sólo por su cuerpo; a las que son discriminadas laboralmente por razón de su sexo; y, en fin, a todas aquellas que alguna vez se hayan sentido infravaloradas, despreciadas o marginadas por el hecho de ser mujeres.

Oración:

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…

Canto:

TU ERES MARIA, LA MADRE DE DIOS.
TU ERES LA MADRE QUE CRISTO NOS DIO.
Tú eres el consuelo de los hombres
cuando llegan los momentos de dolor.
Ofreces la esperanza de tu mano
y alumbras el camino del Señor.

9a Estación: Jesús, extenuado por el sufrimiento y el peso de la Cruz, cae por tercera vez.

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Mateo (26,73-75)

«Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro que tú también eres de esos, pues tu habla te delata». En­tonces, él empezó a imprecar y jurar: «No conozco a ese hombre». Y enseguida el gallo cantó. Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había advertido: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo, lloró amargamente».

Lectura-reflexión:

La cruz cada vez pesa más. Jesús no aguanta y cae al suelo. Podemos oír la experiencia de tantos caídos en la adicción a las drogas, al alcohol, al juego. ¡Se sienten tan débiles, con tan poca fuerza de voluntad! Se enganchan una y otra vez. Su razón quie­re, pero su voluntad les traiciona. Caen una, dos veces y tres veces, como Jesús. Y nos dicen: Por favor, ¡ayúdame a salir! Cristo mismo, en cada persona que sufre adicción, nos está pi­diendo ayuda. Grita desde la cárcel, desde el suburbio, desde la calle. Su familia ya está harta y ni quiere oír hablar de ella. En­séñanos, Jesús, a no cansarnos nunca, a estar atentos, a verte a Ti en estos hermanos y hermanas.

Padre nuestro…

Canto:

El Señor es mi fuerza, mi roca y salvación (bis)
Iluminas las sombras de mi vida, al mundo das la luz.
Tú me haces vivir en confianza, seguro en tu poder.

10ª Estación: Llegados al lugar de la crucifixión. Jesús es despojado de sus vestidos.

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Juan (19,23-24):

Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de sus vestidos e hicieron con ellos cuatro lotes, uno para cada uno. Deja­ron aparte la túnica. Era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza de arriba a abajo. Los soldados llegaron a este acuerdo: No debernos dividirla; vamos a sortearla para ver a quién le toca. Así se cumplió este texto de la Escritura: Dividieron entre ellos mis vesti­dos y mi túnica la echaron a suertes».

Testimonio:

Nació en el 66 y parece que tuviera 60 años. Es una mujer rumana. Lleva cinco meses en España. Se le murió el marido reciente­mente. De esta forma se vio despojada de su apoyo y amor. Dejó la fábrica de piezas de automóvil en la que trabajaba. Con el sueldo malamente la daba para comer. Aquel trabajo la despojaba de su dignidad. Ha emprendido una aventura nueva. Viene a España, apenas sabe el idioma y las costumbres. Se ve despojada de sus raíces, de su historia, de su mundo. Y anda dependiente de las ayudas de Cáritas para comer y albergarse.

Ciertamente hay gente, cerca de nosotros, que la sacudida de la crisis, les deja al desnudo, como Jesús.

Oración:

Señor: que contemplando a tantos seres humanos despojados y desnudados, se convierta nuestro corazón al compartir solida­rio.

Canto:

Cristo te necesita para amar, para amar.
Cristo te-necesita para amar (bis)
NO TE IMPORTEN LAS RAZAS NI EL COLOR DE LA PIEL.
AMA A TODOS COMO HERMANOS Y HAZ EL BIEN (BIS)

11a Estación: Jesús es clavado en la Cruz

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Marcos (15,25ss.):

«Era mediodía cuando lo crucificaron. En el letrero estaba escrita la causa de su condena: El rey de los judíos. Crucificaron con Él a dos bandidos, uno a la derecha y el otro a la izquierda. También los que estaban crucificados con él, lo insultaban».

Lectura-reflexión:

Al contemplar a Jesús crucificado, no dejo de pensar en los jó­venes de nuestros barrios. Han nacido en una época de bonan­za, les hemos dado todo hecho, tienen los mejores medios. A la hora de estudiar, les hemos pedido que sean los mejores. Sin embargo, el fracaso escolar aumenta. Se encuentran desmoti­vados. El colegio, los estudios, les aburren. Hemos crucificado con tanto consumo, las ganas e ilusiones juveniles.

Y cuando han conseguido terminar una carrera, a casi la mitad (43%) les espera él paro. ¿Para qué sirve tanto estudiar? ¿Dón­de están esos trabajos tan estupendos? Algunos consiguen ser becarios, otros un contrato por pocos meses. Así no pueden hacerse planes. Y los sueldos, una miseria en muchos casos. ¡Cómo van a salir así de casa de sus padres!

Estamos crucificando a la juventud española. La resignación se ha apoderado de ellos. No les queda mas que la noche y el botellón para ahogar penas.

Oración:

Padre nuestro…

Canto:

TE PEDIMOS PERDON, SEÑOR
POR EL BIEN QUE NO HEMOS HECHO,
POR LO QUE HEMOS HECHO MAL
SEÑOR, PIEDAD.

12a Estación: Jesús, dando un fuerte grito, expiró

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Lucas (23,33b-34.39-46)

Los crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónales, que no saben lo que hacen». Era la hora de nona cuando se oscureció el sol, y toda la región quedó en tinieblas. La cortina del santuario se rasgó por me­dio. Jesús gritó muy fuerte: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto, expiró.

Lectura-reflexión:

Señor, ¡cuántos muertos silenciosos y silenciados intenciona­damente en nuestro mundo de hoy! Son muertos sin nombre, porque no interesan o porque desgraciadamente muchos de ellos no lo tienen.

¿Qué han hecho esos 30.000 niños que cada día mueren cruci­ficados de hambre en África? ¿Qué culpa tienen de haber naci­do también en África esos 22 millones de hombres, mujeres y niños para que se les crucifique en la cruz del hambre y la po­breza? ¿Qué han hecho esas personas de Irak, Palestina, Libia, Congo, Costa de Marfil… entre otros países, para que mueran en la cruz de la violencia? ¿Qué han hecho esos chicos y chicas que son violados y empleados en las redes de trata humana para complacer los apetitos más infames de gente sin escrúpu­los? ¿Y los niños soldado, y los niños esclavos, y los niños ven­didos para extraer de ellos órganos para la venta? ¿Qué han hecho esas mujeres que mueren lentamente en la cruz del mal­trato diario, al verse no reconocidas ni queridas? ¿Qué han he­cho, en definitiva, esos millones de niños y niñas que nacen ya muertos en una cruz construída a base de analfabetismo, explo­tación laboral, falta de afecto y falta de los medios imprescindi­bles para tener una vida digna y feliz?

13ª Estación: Jesús, muerto y asesinado, es bajado de la Cruz y colocado en brazos de su Madre

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Lucas (23,50ss.;2,51):

«Un senador, de nombre José de Arimatea, se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo, lo envolvió en una sába­na y lo puso en un sepulcro excavado en la roca».

«María su madre, conservava todas estas cosas en su corazón».

Lectura-reflexión:

María recibe en sus brazos al hijo destrozado. La serenidad sin­gular de su pálido semblante transfigura las llagas. El cuerpo estigmatizado recobra una extraña belleza. Nada más acariciar­lo, María ya puede llorar. Y, sollozando, exclama: «Hijo mío, hijo, mío, ¿qué te han hecho? Tú les anunciaste una gran liberación, ¡y mira el fracaso que te han impuesto! Tú curaste a tantos con tus manos, ¡y mira cómo te las taladraron! Hijo mío, hijo mío, ¿qué te han hecho? Tú devolviste a tantos la vida, ¡y mira cómo se han unido para quitarte la tuya! Tú hiciste sólo el bien, ¡y mira el mal que te han causado! Hijo mío, hijo mío, ¿qué te han he­cho? ¿Qué más debiste hacerles que no hiciste? ¿No les diste el cuerpo, los vestidos y la vida? ¡Y mira cómo te han clavado en la cruz! ¿Qué más debiste hacerles que no hiciste? ¿No les diste toda tu sangre? ¡Y mira, cómo te han perforado el corazón! Re­posa, hijo mío, porque tu Padre, por tu vida, por tu entrega y por tu muerte ya se apiadó y dio la salvación al mundo.

Oración:

Dios te salve, María…

Canto:

MADRE DE LOS POBRES,
LOS HUMILDES Y SENCI­LLOS,
DE LOS TRISTES Y LOS NIÑOS,
QUE CONFÍAN SIEM­PRE EN DIOS

14ª Estación: Jesús es puesto en el sepulcro

Invocación:

P/ Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
R/ que por tu santa Cruz redimiste el mundo.

Nuevo Testamento:

Del Evangelio de Juan (19,40ss.):

José y Nicodemo «tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas, con los perfumes, según es costumbre enterrar entre los judíos. Había un jardín en el sitio donde lo crucificaron, y en el jar­dín un sepulcro nuevo, en el que nadie había sido enterrado todavía. Allí, por estar cerca, pusieron a Jesús, a causa de la Preparación de los judíos».

Lectura-reflexión:

El sepulcro es lugar de silencio. Me hace pensar en la multitud de buena gente que, en medio de esta crisis que sacude a la gente trabajadora, son espacio de reposo y esperanza. Pienso en Óscar que abre los locales de su asociación a chavales difíci­les para que puedan encontrar calor y amistad. Pienso en Carlos que hace filigranas para no echar a nadie de su pequeña em­presa. Con sacrificios salen adelante. Pienso en Sonia y el cari­ño que le echa a sus niños en el cole. Muchos de ellos viven en casa el drama de la amenaza, el despido, el desahucio. Pienso en Bea que calladamente va cuestionando a sus compañeras de trabajo para hacerlo más habitable y humano. Pienso en las vo­luntarias de los talleres de Cáritas que escuchan pacientemente a los golpeados por la crisis. Pienso en Ángel y la pasión que le pone al sindicato como herramienta de lucha y defensa de los derechos que se van perdiendo.

Óscar, Carlos, Sonia, Bea, las voluntarias de Cáritas, Ángel… son sepulcros donde se está incubando la vida nueva del Resu­citado. Su amor y servicio callado a los demás es tierra fértil donde está ya rompiendo la semilla de la vida nueva regalada en Jesús Resucitado. Ellos son señales de la Pascua en medio del mundo obrero de hoy.

Oración:

Señor: Que nunca nos falte la fe ni la esperanza; que no se nos acabe el amor. Tú, que has dado la vida para que todos vivamos plenamente, haz que nos convirtamos al Amor y sea­mos causa de vida y felicidad para todos nuestros hermanos y hermanas.

Canto:

VICTORIA, TU REINARÁS
OH CRUZ, TU NOS SALVARÁS.
El Verbo en ti clavado, muriendo nos rescató.
De ti, madero santo, nos viene la redención.
Extiende por el mundo tu Reino de salvación.
Oh, cruz fecunda fuente de vida y de bendición.

Mas, al tercer día…


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