Susana Guillemin: Repetición de oración, 30 de abril de 1963

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Susana GuilleminLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Susana Guillemin, H.C. .
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Susana Guillemin, H.C.
Susana Guillemin, H.C.

A las Hermanas que van a emitir los votos por primera vez

Jamás criatura alguna ha respondido a la llamada de Dios como lo hizo la Santísima Virgen María. Su «Fiat» fue simplemente el tiempo fuerte, la expresión exterior de una existencia totalmente entregada, totalmente dada al Señor. Desde el primer instante en que tuvo, a la vez, consciencia de sí misma y de Dios, hasta el momento en que todo consumado, acepta pasar por la muerte para ir a unirse eternamente con El, la Virgen amó al Señor con un amor puro y sin mezcla del que no podemos comprender la inefable pureza.

Ese mismo Dios que llamó a la Virgen, las llama a ustedes también, Hermanas, al don absoluto y sin división de ustedes mismas. Su vocación no es una elección o una decisión de parte suya; es sencillamente la respuesta a la elección y voluntad de Dios. Durante los días de recogimiento que acaban ustedes de vivir, si han dírigido una mirada a su pasado, habrán podido y habrán debido maravilarse de la conducta de Dios con ustedes. ¡Con qué cuidado celoso, con qué amor divino ha dispuesto todas las cosas: familia, ambiente, educación, acontecimientos… para que pudieran oír su llamada y para que tuvieran la posibilidad y la fuerza de responder a ella! Con la misma convicción que la Virgen, pueden ustedes decír: «ha mirado la bajeza de su sierva». Sí, la mirada de Dios las ha seguido y las ha conducido hasta ese momento.

Fortalecidas con esa predilección, con esa voluntad divina, van ustedes a pronunciar los santos votos que confirmarán su  respuesta a la llamada y pondrán en ustedes la serial de su pertenencia a Dios.

Tomen en serio sus compromisos con el fin de poder vivirlos en fidelidad, a imitación de la Virgen su modelo.

María vivió pobre, sufrió en Belén y Egipto las dificultades de los pobres; sufrió por ella y por su Hijo más todavía. Acepten ustedes como Ella las privaciones y sufrimientos de la pobreza: han renunciado a los bienes de este mundo, no intenten proporcionárselos. Como dice la Imitación de Cristo, «prefieran tener siempre menos que más». Y permanezcan desligadas, desprendidas de lo poco que tengan. Tendrían ustedes que estar siempre dispuestas a darlo todo…

María vivió en una admirable pureza. Dios pudo reflejarse en ella sin encontrar la menor sombra que se lo estorbase. Reinó en su espíritu, en su corazón, en su alma de la que penetró todas las’ potencias sin que ninguna de ellas se le sustrajera. ¡Que también en ustedes reine así el amor del Señor! Que su cuidado más continuo sea el de purificarse de cuanto pudiera ser un obstáculo a ese Amor.

Toda la vida de la Virgen fue un perpetuo asentimiento a la voluntad divina. Todas las circunstancias de su vida, relatadas en el Evangelio, podrían reducirse a una sola palabra: obedeció. Entren ustedes resueltamente en ese camino de la obedienda; tomen la resolución de someter al Señor toda su vida, en los menores acontecimientos de cada día como en las grandes circunstancias. Sólo la obediencia podrá darles la certeza de que se encuentran dentro de la voluntad de Dios. Si se apartaran de la obediencia, la paz y la bendicíón del Señor se alejarían de ustedes.

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