Sor Rosalía Rendu, el fuego de la caridad

Francisco Javier Fernández ChentoRosalía RenduLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Eva Puelles, H.C. · Año publicación original: 2010 · Fuente: Diario "La voz católica", de la Arquidiócesis de Miami.
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Las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, fundadas en 1633 en París, gozamos de un gran privilegio al tener en los altares a nuestros fundadores San Vicente de Paúl, canonizado por el Papa Clemente XIII en 1737, Santa Luisa de Marillac, canonizada por Pío XI en 1920, y Santa Catalina Labouré, la vidente de la Virgen de la Medalla Milagrosa, canonizada por el Papa Pío XII en 1947.

Además han sido beatificadas las cuatro Hijas de la Caridad mártires de la revolución francesa en Arras: María Magdalena Fontaine, María Francisca Panel, Teresa Magdalena Fantou y Juana Gerard, por el Papa Benedicto XV. El Papa Juan Pablo II beatificó en 1984 a dos Hijas de la Caridad, mártires de Angers: Sor Ana María Vaillot y Sor Odile Baumgarten.

Ahora, el 9 de noviembre del presente año, en la Plaza de San Pedro, Su Santidad beatificó a Sor Rosalía Rendu (Jeanne Marie).

Jeanne Marie Rendu nació en la localidad de Confort (departamento de Ain), Francia, el 9 de septiembre de 1786. El mismo día es bautizada en la iglesia parroquial de Lancrans.

Sus padres eran Juan Antonio Rendu y María Ana Laracine. A los pocos años muere su padre, y los tres hijos quedan bajo el cuidado de la madre. Era la época de la Revolución, tiempos difíciles. Recibió la primera comunión de forma clandestina. Hizo sus estudios en el pensionado de las Ursulinas en Gax, a varios kilómetros de Confort. Tenía sólo 16 años cuando se entregó a Dios y a los pobres, ingresando en la Compañía de las Hijas de la Caridad el 25 de mayo de 1802.

Durante toda su larga vida pudieron verse reflejadas en ella las virtudes de San Vicente de Paúl. La caridad la impulsó no sólo a socorrer sin descanso todas las miserias, sino también a llevar a cabo gestos verdaderamente heroicos. Su nombre y su acción se encuentran en el inicio de todas las obras caritativas que florecieron en la primera mitad del siglo XIX, como la Sociedad de San Vicente de Paúl.

Federico Ozanam, fundador de la Sociedad, fue uno de sus amigos privilegiados. Sor Rosalía conoció muy bien el espíritu, la generosidad y el amor de Ozanam a los pobres. Ella tuvo la dicha de ver reunirse varias veces, en su casa de la calle L’Epée de Bois, a los primeros hermanos de San Vicente de Paúl, y de sentir cómo se avivaba y propagaba el fuego de la caridad. Los jóvenes venían en grupo o individualmente a su casa a buscar consejos, orientaciones, para luego ser mensajeros de la caridad. A través de su experiencia orientó el apostolado de este grupo, fue su consejera y logró que se expandiera por todas partes. Las virtudes que durante su vida practicó Sor Rosalía fueron: la fe, la esperanza, la caridad, la fortaleza, la justicia, la pobreza, la castidad y la obediencia.

Murió, literalmente agotada por los 54 años pasados al servicio de los pobres, el 7 de febrero de 1856. Su tumba, en el cementerio Montparnasse, de París, continuamente visitada, está siempre adornada de flores. Hay una inscripción que dice: «A la bondadosa madre Sor Rosalía: sus agradecidos amigos los pobres y los ricos».

Este sentimiento de gratitud obedece al amor que manifestaba a los pobres, ayudándoles en sus apremiantes necesidades. Pero también supo atraer a los ricos, moviendo sus corazones y recursos para mitigar los sufrimientos de los pobres, transmitiéndoles la mística vicenciana: «Cristo está presente en el pobre». En el barrio en que vivió, al que tanto amó y ayudó, una avenida lleva su nombre.

Causa de beatificación

El 7 de noviembre, la Consulta de Médicos de la Congregación para las Causas de los Santos dio el «parecer favorable» sobre una curación obtenida por la intercesión de Sor Rosalía, por ser extremamente rápida, completa, duradera y científicamente inexplicable. Los pasos siguientes serán la aprobación del examen de los Teólogos, de los Cardenales, y el parecer decisivo del Santo Padre.

El 12 de abril de 2003 fue leído el decreto de aprobación del milagro obtenido por intercesión de Sor Rosalía Rendu, en presencia del Santo Padre; del P. Robert P. Maloney, Superior General; de Sor Juana Elizondo, Superiora General, y del P. Roberto D’Amico, Postulador de las Causas de los Santos para la Familia Vicenciana.

La persona curada milagrosamente por intercesión de Sor Rosalía es Sor Teresa Béquet (nacida en 1910, en Perros-Guirec, Bretagne, Francia). En 1942 comenzó a tener dolores en las articulaciones, que llegaron a dejarla inválida. Perdió también la visión de uno de los ojos. Los médicos, sin poder formular un diagnóstico preciso, afirmaron que era una enfermedad neurológica progresiva de carácter grave, con problemas motores y de sensibilidad, etc. La terapia utilizada en aquella época no era efectiva ni adecuada para obtener la curación.

El 1º de febrero de 1952, cuando toda la comunidad invocaba la intercesión de la Sierva de Dios, Sor Béquet obtuvo la curación repentina: todos los signos patológicos desaparecieron inmediatamente.

Éstas fueron las palabras del Papa en la homilía de la misa de beatificación de Sor Rosalía:

«En una época atormentada por conflictos sociales, Rosalie Rendu se hizo con alegría sierva de los más pobres para restituir a cada uno su dignidad, a través de la ayuda material, de la educación y de la enseñanza del misterio cristiano, moviendo a Frédéric Ozanam a ponerse al servicio de los pobres. Su caridad era creativa. ¿De dónde sacaba la fuerza para hacer todo lo que hizo? En su intensa vida de oración y en el rezo incesante del rosario, que no abandonaba nunca. Su secreto era sencillo: como auténtica hija de Vicente de Paúl, al igual que otra hermana de su época, santa Catalina Labouré, vio en todo hombre el rostro de Cristo. ¡Demos gracias a Dios por el testimonio de caridad que la familia vicentina no deja de ofrecer al mundo!»

Damos gracias a Dios por el buen ejemplo y heroicidad de nuestras Hermanas, que a través de una vida humilde y sencilla, llegaron a la santidad. Nosotras, Hijas de la Caridad de las dos comunidades de Miami –Misión San Vicente de Paúl, y Ermita de la Caridad–, nos unimos a toda la Compañía representada en los cinco continentes en este acontecimiento ecclesial:

Sor Rosalía, te pedimos intercedas para que el carisma vicenciano continúe presente en la Iglesia, con nuevas y entusiastas vocaciones entregadas totalmente a Dios para el servicio de Cristo en los pobres.

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