Significado del Estado de Caridad en San Vicente de Paúl (II)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. UN ESTADO DE VIDA (VOCACIÓN ESPECÍFICA)

La caridad, que para cualquier cristiano es «la participación del amor de Dios en el hombre, comunicada por Cristo mediante la efusión de su Espíritu, es para el Sr. Vicente la expresión del amor Dios en nosotros y, de nuestro amor a Dios y a los pobres, y para la Compañía un estado de vida, expresión y contenido del don total a Dios de las Hijas de la Caridad, en y para el servicio a Cristo en los pobres y, por tanto, expresión de nuestro ser más verdadero, nuestra vocación.

Rastreando los escritos de Vicente de Mil, podernos encontrar que la expresión literal «ESTADO DE CARIDAD» está recogida al final de una conferencia a sus Misioneros sobre la Caridad, del 30 de mayo de 1659. Recordemos sus palabras:

» ¡Oh Salvador; que viniste a traernos esta ley de amar al pró­jimo como a sí mismo, que tan perfectamente la practicaste entre los hombres, no sólo a su manera, sino de una firma incomparable! Sé tú, Señor, nuestro agradecimiento por habernos llamado a este estado de vida de estar continuamente amando al prójimo, sí, a este estado y profesión de entrega a este amor; ocupados en el ejercicio actual del mismo o en disposición de ello, abandonando incluso cualquier otra ocupación para dedicarnos a las obras caritativas! De los religiosos se dice que están en un estado de perfección; nos­otros no somos religiosos, pero podemos decir que estamos en un estado de caridad, ya que estamos continuamente ocupados en la práctica real del amor o en disposición de ello.

¡Oh Salvador.’ ¡Oué.feliz soy por estar en un estado de amor al prójimo, en un estado que de suyo te habla, te suplica y te presenta incesantemente lo que hago en favor de él! Concédeme la gracia de conocer mi dicha y de querer mucho este estado bendito, para que contribuya de este modo a que esta virtud aparezca en la Compañía ahora, mañana y siempre. Amén’.

Quiero resaltar la importancia de este texto, reflejada en el hecho de ser una oración de san Vicente, de esas que de forma espontánea le surgían en muchas de sus conferencias a Padres y Hermanas. Es una oración con grandísimo contenido, que expresa concepción de Jesucristo que tenía el Sr. Vicente, que genera su pro­pia experiencia de fe —su carisma—, experiencia que comunica a los miembros de las Instituciones que fundó, dándoles así el espíritu propio de las mismas, especialmente a la Congregación de la Misión y a la Compañía de las Hijas de la Caridad.

Dirigiéndose al Salvador, Vicente de Paúl explicita, de forma clara y sencilla, lo que es para él el estado de caridad: estar conti­nuamente amando al prójimo, en el ejercicio real del amor o en disposición de estarlo. Este estar dedicados a las obras caritativas en favor de los pobres se convierte en un estado de vida al que nos llama Jesucristo, que vino a traernos la ley de amor al prójimo como a uno mismo y la practicó de forma incomparable. Y esta es nuestra vocación.

Llama la atención, que en un fragmento tan corto, de una larga alocución del Padre Vicente, repita siete veces la palabra estado: estado de vida, estado y profesión, estado de perfección, estado de caridad, estado de amor al prójimo, un estado que de suyo…, esta­do bendito.

Es significativo que hable de un bendito estado de vida, que hace que la virtud de la caridad brille siempre en la Compañía. La distinción entre «virtud» y «estado» también la hace en otras ocasio­nes referida a otras virtudes y a otros estados, incluso al estado de perfección. Por ejemplo, hablando a los misioneros sobre la indife­rencia, les dice: «Han v que distinguirla en dos partes: primero, la acción de indiferencia; y segundo, el estado de indiferencia… No se trata solamente de una virtud; en cierto modo, se trata de un esta­do que la comprende y en donde ella opera; es un estado, pero es menester que esta virtud sea activa en él.

Igualmente, dice Vicente de Paúl que hay que establecer diferencia entre estado de perfección y ser perfecto y razona: no se es perfecto por estar en estado de perfección, puesto que al estado de perfección se entra por la profesión de los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencias mientras que la perfección consiste en unir nuestra voluntad con la de Dios hasta tal punto que la suya y la nuestra no sean, propiamente hablando, más que un mismo querer y no querer».

Estas apreciaciones me parecen importantes, pues siendo la vir­tud de la caridad propia de todos los cristianos no lo es el vivir en estado de caridad, propio solamente de aquellos a los que Dios llama a él, como es nuestro caso. EL estado de Caridad se consti­tuye así en vocación específica, en estado de vida en la Iglesia, el cual, para las Hijas de la Caridad, se traduce en la entrega total a Dios sirviendo a los pobres como misión recibida del mismo Dios. Escuchemos al Sr. Vicente hablando a nuestras primeras Hermanas:

«Pero lo que me impresiona sensiblemente y lo que tiene que conmoveros poderosamente para que apreciéis el servicio de los pobres, es… que Dios, desde toda la eternidad, os había escogido y elegido para esto. ¡Dios mío! ¡Cómo nos tiene que impresionar esto! Sí, es verdad. Dios desde toda la eternidad tenía sus pensa­mientos y sus designios sobre vosotras y en vosotras, y desde toda la eternidad estabais en la idea de Dios para el estado en que estáis actualmente; ¡Qué verdad es que desde toda la eternidad tenía Dios el designio de utilizaros en servicio de los pobres! ¡qué felici­dad, hijas mías, y cómo la consideración de esta misión eterna de Dios sobre vosotras tiene que ayudaros a que sepáis agradecer la elección que de vosotras ha hecho! ¡Pensad mucho en ello!’

También el estado de caridad es la vocación de los misioneros de la Congregación de la Misión, que están continuamente ocupa­dos en la práctica real del amor al prójimo o en disposición de ellos y a quienes el fundador les dice: «…Dios ha suscitado a esta Compañía, como a todas las demás, por su amor y beneplácito.

Todas tienden a amarle, pero cada una lo ama de manera distinta: los cartujos por la soledad, los capuchinos por la pobreza, otros por el canto de sus alabanzas; y nosotros, hermanos míos, si tenemos amor, hemos de demostrarlo llevando al pueblo a que ame a Dios y al prójimo, a amar al prójimo por Dios y a Dios por el prójimo. Hemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su caridad inmensa y paternal…«.

Por supuesto que la caridad como virtud se vivirá y ejercerá en el estado de Caridad, pero éste no se identifica sólo con esa virtud: se puede ¡debemos, como cristianos! ser caritativos y no estar lla­mados a vivir en estado de Caridad. Y, tristemente podemos estar llamados a vivir en estado de Caridad y no ser continuamente cari­tativos con el prójimo. Nos advierte Vicente de Paúl que por llevar el nombre de Hijas de la Caridad no se está en estado de Caridad, sino que es preciso esforzarse en el ejercicio de la misma hasta la muerte y obrar conforme al nombre que llevamos. Ahí está nuestra bienaventuranza: en estar donde la Compañía nos envíe, en la situa­ción que nos da pertenecer a ella -que todo lo consagra al servicio de los pobres- donde podemos vivir el espíritu propio ofreciendo afanes, trabajos y hasta la misma vida por la Caridad. Leamos esto en una carta del padre Vicente a Sor Ana Hardemont, el 10 de Agosto del 1658: «¡Bienaventuradas aquellas almas que mueren en el ejercicio de la caridad, sin contentarse con el nombre que llevan. Y usted, hermana, que se llama también Hija de la Caridad, puede considerarse feliz de estar en un sitio y en una situación, en que puede ofrecer sus afanes, sus trabajos y su misma vida por la car­dad, para obtener esa misma corona y quizás otra mayor”.

De igual forma, en una de sus conferencias a las Hermanas, el sr. Vicente exclama que son desgraciadas las que desmienten con su vida su profesión de servicio a los pobres y les dice que serían desgraciadas si, «por vuestra culpa, perdierais vuestra vocación, o si, por vuestra cobardía, no os esforzaseis en adquirir la perfec­ción que Dios quiere en aquellas que le sirven en este estado

Para Vicente de Paúl, la caridad se constituye en estado de vida, atravesando la existencia de quienes Dios ha llamado a ese estado. Es la vocación propia de la Compañía, por la que el Sr. Vicente da gracias a Dios y anima a las Hermanas a ser felices, dando gloria a Dios sin envidiar otros estados de vida. Es una vocación particu­lar que, como toda vocación es siempre don de Dios y nunca con­quista. De nuestra parte está la respuesta en fidelidad a ese don, res­puesta sólo posible en el ejercicio de la caridad, en el amor afectivo y efectivo, en la entrega total a Dios sirviendo integralmente a los pobres.

Hablar de estado de caridad, en San Vicente, es hablar de un nuevo modo de vida en la Iglesia, una forma nueva de entender el seguimiento a Jesucristo, una vocación distinta a la de los laicos, los religiosos y los pastores; es una forma de ser cristianos, que permi­te responder a la llamada común a la santidad, viviendo la perfec­ción en el grado supremo de la caridad para con Dios y para con los pobres.

Cristina Calero

CEME 2015

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