Sed hospitalarios

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Flores-Orcajo · Año publicación original: 1985 · Fuente: CEME.
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asd«Querido amigo, qué leal­mente te portas en todo lo que haces por los hermanos, y eso que para ti son extra­ños; ellos han hablado de tu caridad delante de la comu­nidad de aquí. Por favor, provéelos para el viaje, como Dios se merece». (III Jn 5-7).

«Procuraremos acoger con ánimo abierto en nuestras casas a los hermanos de Con­gregación, a los sacerdotes y a otros huéspedes.

Trataremos con generosidad a los necesitados que nos pi­dan ayuda, esforzándonos en sacarlos de sus apuros. Extenderemos gustosos nues­tro trato fraterno a todos los que están asociados a nosotros en la vida y en el trabajo». (E 15,2.4).

La extensión del Estatuto comprende a todas aque­llas personas con las que hay que usar de hospitalidad por motivos de fraternidad o caridad, pertenezcan o no a la Congregación. Siguiendo el ejemplo de San Vicente que no despedía a nadie sin un gesto de generosidad, los Misioneros recibirán afablemente a todos los que llamen a sus puertas solicitando de ellos la ayuda nece­saria y conveniente.

1. «Honrar la gran bondad de nuestro Señor».

Era proverbial, ya en su tiempo, la buena acogida que el Santo dispensaba a los sacerdotes y seglares que deseaban ‘hacer ejercicios espirituales en casas de la Congregación. Exhortaba, además, a los encargados de recibirlos que no rechazasen a nadie, aun con gravamen económico para la comunidad:

«Si tuviéramos treinta años de existencia y, por recibir a los que vienen a hacer el retiro, sólo pudiéramos existir quince, no por eso deberíamos dejar de recibir los. Es verdad que los gastos son considerables, pero no pueden ser mejor empleados; y si la casa se ve en apuros, Dios sabrá encontrar los medios para ayudarla, como hemos de esperar de su Providencia y bondad in­finitas». (XI 602).

Es bien conocido el caso de aquel hermano que, habiéndose acusado en el capítulo de faltas de haber des­pedido a un ejercitante para otro día distinto del que había deseado empezar sus ejercicios, con el pretexto de que ya había demasiados, San Vicente le interrumpió y le dijo:

«Hay que honrar la gran bondad de nuestro Señor, que acogía a todos los penitentes en cualquier tiempo que se presentasen». (XI 32).

2. «Lo peor sería tener que dejar de ver a esas pobres gentes».

iCiertos rasgos de caridad para con los pobres de­muestran el grado de amor y de acogida que San Vicente proporcionaba a los más desgraciados. Este ejemplo del Fundador ha de ser imitado por sus hijos espiritua­les. En una ocasión, refiriéndose a los enfermos menta­les que residían en San Lázaro, dijo:

«Demos gracias a Dios, hermanos míos, de que haya confiado a esta comunidad el cuidado de los locos y de los incorregibles… Cuando entramos en San Lázaro, tuvimos un juicio, en el que se ventilaba si nos echaban nos dejaban en casa. Me acuerdo que entonces me planteé a mí mismo esta pregunta: Si hubiera que dejar ahora esta casa, ¿qué es lo que te cuesta o te costaría más?, ¿qué es lo que te causaría mayor disgusto y pena? Y me pareció entonces que lo peor sería tener que dejar de ver a esas pobres gentes y verme obligado a dejar su cuidado y servicio». (XI 715).

3. «Facilitar a vuestros huéspedes la unión íntima con Dios».

La hospitalidad y buena acogida, dispensada a las personas que nos visitan, no pueden perturbar la vida comunitaria. De ello nos avisan sabiamente la experien­cia y los consejos de Pablo VI:

«Dadas las excesivas ocupaciones y las tensiones de la vida moderna, conviene dar una particular importan­cia, junto al ritmo de la plegaria cotidiana, a esos inter­valos más prolongados de oración que estén distribuidos en diversos períodos, según las posibilidades y la natu­raleza de vuestra vocación. Si además, según vuestras Constituciones, las casas a las que pertenecéis practican ampliamente la hospitalidad fraterna, tocará a vosotros regular la frecuencia y el estilo, con el fin de evitar cualquier perturbación inútil y facilitar a vuestros hués­pedes la unión íntima con Dios». (ET 35).

  • ¿Practico la caridad con todos los pobres que llaman a la puerta o los despido con palabras duras como a personas indeseables?
  • Cuantos visitan mi comunidad, ¿encuentran en ella el ambiente de oración y de trabajo necesario para un encuentro más íntimo con Dios?

Oración:

«Dios bueno y misericordioso, que alimentas a todas la criaturas, concédenos amar eficazmente a los hermanos gil, se acercan a nosotros, a fin de que ellos puedan servirte con mayor libertad y alegría. Por Jesucristo nuestro Señor”.

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