San Vicente y la obra de los galeotes (III)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. DESCUBRIMIENTO DEL TRATO SIN PIEDAD EN SU CUSTODIA Y CUIDADO

Luis Abelly en la biografía de Vicente de Paúl narra este des­cubrimiento que le tocó el corazón, modificó su mirada y susci­tó en él un movimiento de compasión eficaz y organizada. Esta fue su respuesta a la brutalidad, falta de piedad y compasión que observó en los funcionarios de las cárceles desde 1618, cuando el señor Vicente comenzó sus visitas a los presos. Enseguida, en 1619, el general de las galeras de Francia, Felipe Manuel de Gondí logró su nombramiento de Capellán Real de las galeras. Vicente lo aceptó y sus visitas a la cárcel se hicieron más fre­cuentes, escuchaba sus penas, comprendía sus carencias, perci­bía sus necesidades, les consolaba y proveía a sus necesidades en la medida de lo posible.

Abelly nos describe su actitud con los pobres prisioneros: «Llegado que fue a aquel lugar, vio el espectáculo más lastimo­so que pueda imaginarse: criminales doblemente desgraciados, tan abrumados por el insoportable peso de los pecados, como por la sobrecarga de las cadenas; agobiados por la miseria y los sufrimientos, y a quienes se les negaba la atención y el pensa­miento de su salvación, y se les inducía sin cesar a la blasfemia y a la desesperación. Era un remedo del infierno: allí sólo se oía hablar de Dios para renegar de él y deshonrarlo, y así la mala disposición de aquellos desgraciados encadenados convertía en inútiles y sin fruto todos los sufrimientos. El señor Vicente, movi­do por un sentimiento de compasión para con los pobres forza­dos, trató de consolarlos y atenderlos lo mejor posible: usó de todo lo que la caridad le sugirió para serenar sus espíritus y hacerlos capaces por ese medio del bien que deseaba procurar a sus almas. Para eso se dedicaba a escuchar sus quejas con mucha paciencia, compadecía sus penas, los abrazaba, besaba sus cadenas y procuraba, mientras pudo, por medio de ruegos y amonestaciones a los cómitres y demás oficiales, que fueran tratados con más humanidad, insinuándose así en sus corazones para ganarlos más fácilmente a Dios».

Su primera acción fue actuar sobre los funcionarios para que el trato fuese más humano; a la vez, buscó otras personas que los visitasen y asistiesen: Damas de la parroquia de san Nicolás de Chardonet y miembros de la Compañía del Santísimo Sacramen­to, quienes les proporcionaban consuelo y la ropa necesaria para estar vestidos con la dignidad propia de una persona. Satisfechas estas necesidades básicas, comenzó a organizar misiones para su cuidado espiritual. Movido por su celo compasivo, se dirigió hacia Marsella sin otro objetivo que visitar las galeras.

Abelly explica y comenta la finalidad del viaje: «Quiso Dios que hiciera aquel viaje para conocer mejor el desgraciado esta­do de los pobres forzados, con el fin de facilitarles algún leniti­vo para los sufrimientos del cuerpo y algún remedio para las necesidades de sus almas, cosa que realizó más adelante envian­do Sacerdotes de la Compañía a Marsella». La pluma y autori­dad narrativa de Abelly precisa: «De vuelta en París, se conside­ró obligado a ir a visitar a los criminales condenados a galeras. Los halló en una situación mucho más deplorable todavía que los que había dejado en Marsella. Estaban encerrados en las mazmorras de la Conciergérie y de otras cárceles. Allí estaban pudriéndose, a veces durante largo tiempo, comidos por gusa­nos, demacrados por la debilidad y la pobreza, y completamen­te abandonados en el cuerpo y en el alma».

En 1632, los presos de la «Conciergerie» fueron trasladados al muelle de la Tournelle, en la Parroquia de san Nicolás de Chardonenet. El párroco sería su capellán. A este mundo peni­tenciario inhumano fue Vicente de Paúl para poner una nota de humanidad implicando a otras personas en la misión. La Compañía del Santísimo Sacramento se encargaría de la asistencia en las cárceles; sus miembros magistrados cuidarían de la gestión de los establecimientos penitenciarios para eliminar de ellos injusticias y desórdenes. Éstos se preocupaban de las condicio­nes materiales como: alimentación, lechos y cuidado de los pre­sos enfermos, llegando a crear para ellos un hospital. Su apoyo moral y espiritual como capellán de galeras quedó asegurado: visitas regulares, misiones organizadas, función religiosa todos los domingos.

El descubrimiento de las necesidades provoca en Vicente de Paúl un movimiento de compasión eficaz y organizada, impli­cándose e implicando a otros.

CEME

Mª Ángeles Infante

 

 

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