SAN VICENTE DE PAÚL y BERULLE (III)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:

PARTE SEGUNDA: INFLUENCIAS BERULIANAS PREMISAS HISTÓRICAS

Para facilitar una comprensión realista de la influencia de Bérulle en la mentalidad de san Vicente de Paúl presento los siguientes datos:

Primero, en las cartas y escritos que conservamos de san Vicente la primera cita que hace de Bérulle es en una repetición de oración a los misioneros en octubre de 1643 y en una carta a santa Luisa del 5 septiembre 1648. ¿Por qué tan tarde? Por la rivalidad entre Bérulle y el omnipotente Richelieu. Éste no le perdonó su política internacional. Bérulle, junto con Miguel de Marillac, era jefe del partido devoto con unas ideas políticas a nivel nacional e internacional. A nivel nacional Richelieu estaba de acuerdo con el partido devoto en hacer una Francia fuerte y unida por el catolicismo, anulando el calvinismo francés; y pre­mió a Bérulle con el capelo cardenalicio. Pero Bérulle y el parti­do devoto también piensan en una sociedad de cristiandad cató­lica unida en lucha internacional contra los protestantes. Y esto no puede ni oírlo el Ministro-Cardenal. Para Richelieu, la idea de Bérulle de una lucha de la Europa católica contra los herejes pro­testantes, era algo medieval. Él tenía ideas más modernas: la razón de estado le empujaba a unirse a los protestantes contra la casa de Austria, católica, pero que amenazaba con estrangular a Francia. La enemistad con Bérulle y sus amigos le duró hasta que murió el 4 de diciembre de 1642. Era peligroso, por ello, citarle o encomiarle’.

Por otro lado, la idea de alcanzar a Dios a través de la teología mística, desconfiando de la teología especulativa, le llevó a Bérulle a ser sospechoso de seguir la mística de los alumbrados con­denados en España por un decreto de 1628. Sospecha afianzada por su amistad con Saint-Cyran; amistad que continuó con los oratorianos después de morir Bérulle, contagiándoles el rigorismo jansenista. San Vicente no toleraba estas ideas ni para las Hijas de la Caridad y los misioneros ni para el pueblo que misionaba.

Si a todo lo anterior se une que, en sus escritos, Bérulle repi­te cansinamente las ideas y usa un lenguaje alambicado en su mística y un francés de estilo poco pulido en los años en los que Malherbe y la Academia Francesa propugnaban un lenguaje riguroso, claro y preciso, se comprende que sus libros no se ree­diten porque ya no se leen y que sus obras completas tarden 15 años en ver la luz. San Vicente sintió la influencia de Bérulle en los diez primeros años de su estancia en Paris, pero en adelante, sin negar que leyera sus libros, conversó con sus sucesores y sus discípulos: Condren, Bourgoing, Bourdoise y los sacerdotes de San Nicolás, Olier y los sulpicianos. Pero todos ellos evolucio­naron las ideas de Bérulle de acuerdo con su mentalidad y las cir­cunstancias sociales y espirituales, del mismo modo que lo hará san Vicente.

Segundo dato, en la época en la que Vicente de Paúl, buscan­do la santidad de una manera sincera, avanza en la oración y en la vida espiritual y frecuenta el círculo Acarie, la influencia beruliana es profunda. Pero en el pensamiento de Bérulle hay dos eta­pas claras: la primera, con influencias platónicas, es continuado­ra de san Agustin, el Pseudo-Donisio y los renano-flamencos Harfius, Taulero, Ruysbroeck. En esta etapa predomina el teo-centrismo que lleva al hombre a una divinización a través de la abnegación y el anonadamiento. Pero entre 1604 y 1609 comien­za a introducirse Cristo en su espiritualidad hasta culminar en 1622, cuando prepara los Discursos del Estado y las Grande­zas de Jesús. Bérulle consideró su descubrimiento del cristo-centrismo tan importante como el descubrimiento copernicano del heliocentrismo. Sin borrar del todo en su espiritualidad la influencia nórdica, Bérulle le dio una característica muy perso­nal, evolucionando continuamente alrededor del voto de esclavi­tud a Jesús y a María, del papel del Oratorio en la reforma de la Iglesia, del significado del sacerdocio y del sentido de la Encar­nación del Hijo de Dios. También este Bérulle influyó en san Vicente.

Tercer dato, muchas de las ideas expuestas por Bérulle, aun­que él les diera una característica personal, eran el alimento común de todos los hombres devotos que buscaban la santidad. Muchos rasgos son comunes a Bérulle, a la Imitación de Cristo, a Granada, a santa Teresa de Jesús, a san Juan de la Cruz, al Padre Rodríguez, a san Francisco de Sales y especialmente a san Ignacio de Loyola. La fuerza de la Devoción moderna y la espi­ritualidad renano-flamenca aún estaban activas en los comienzos del siglo XVII. ¿De quién tomó san Vicente los rasgos de su espi­ritualidad, modificada por él mismo, por ejemplo, la visión pesi­mista de la naturaleza humana que flotaba en la cristiandad desde san Agustín o el anonadamiento y desprendimiento inte­rior de uno mismo tan caros a san Juan de la Cruz o el vaciarse de uno mismo para llenarse de Dios que ya había aconsejado la Imitación de Cristo (L. IV, c. 15, n. 3) o el ejemplo de la tierra baldía si no se trabaja que expuso a los misioneros (XII, 726) y que santa Teresa de Jesús había puesto en sus Avisos?

En cuanto a Vicente de Paúl conviene tener presente tres datos. El primero lo tomo del P. Dodin: que las cartas que con­servamos son tan sólo la octava parte de las que escribió; que casi nada conservamos de las charlas que dio a los ordenandos, a los sacerdotes de las Conferencias de los Martes, a las Damas de la Caridad, a las Visitandinas y a otras religiosas. Y de todo lo que habló a los misioneros lo que conservamos sólo iluminan los cinco últimos años de su vida. Segundo, que, como era lo común entonces, san Vicente no suele citar las fuentes de donde toma sus afirmaciones; lo cual nos impide conocer las influencias que recibió, más, cuando las fuentes se presentan de muy diversas formas. En este punto a mí me asaltan dos interrogantes: ¿Cuál fue la influencia de Juan Duvergier de Hauranne, en san Vicen­te, pues fue quien tradujo al latín las primeras Constituciones?16 Y ¿cuál fue la influencia de santa Luisa de Marillac en su direc­tor? Ella, de mentalidad metafísica, como Bérulle, había asimi­lado muy bien sus escritos, había frecuentado la compañía de las dos mejores discípulas de Bérulle, las carmelitas Magdalena de San José y Catalina de Jesús y había hecho los Ejercicios guiada por el Oratoriano P. Ménard. Y no se olvide que santa Luisa entregaba a su director los resúmenes de sus oraciones y pensa­mientos. Tercero, que Vicente de Paúl no fue un especulativo ni escribió ningún tratado de espiritualidad, a no ser las Reglas, y esto ayudados por otros compañeros. Según el H. Ducourneau, lo que decía eran cosas comunes, sin embargo, su formación en teología, espiritualidad y derecho era buena, aunque no tenga la originalidad de Bérulle, Condren, Olier o san Francisco de Sales, teniendo en cuenta que cuando los cita, asume sus comparacio­nes y razonamiento, pero permanece independiente. No es discí­pulo de nadie en sentido estricto.

Benito Martínez. CEME 2008

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *