San Vicente de Paúl, un seguidor de la providencia de Dios (III)

Mitxel OlabuénagaEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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  1. ABANDONO EN LA PROVIDENCIA. EXPERIENCIA DE SAN VICENTE

Para san Vicente, su vivir de cada día fue una dinámica profunda de esperanza y confianza en Dios. Una confianza fruto de la esperanza que llena de fe, tal como he comentado más arriba. Esa confianza que tuvo Vicente, le llevó a creer que Dios nos concederá la gracia de llegar al cielo, con tal que nos sirvamos de los medios que Él nos da.

Esta confianza le llevó a aceptar los caminos de la Providencia, fueran los que fueran, aun los de la cruz, las enfermedades, la tristeza, los abandonos interiores. Él extrajo desde su experiencia personal y espiritual la lección de que hay que abandonarse a la Providencia por completo, lo mismo que el niño al cui dado de su madre. La confianza en Dios no tiene otro límite que el modelo del Hijo confiando en su Padre.

Vicente reconoce la voz de Dios, su voluntad, en los sucesos de cada día, los acontecimientos que se van dando son como los pasos por los que nos guía la Providencia.

San Vicente dirá:

¡Qué felicidad no querer más que lo que Dios quiere, no hacer más que lo que la Providencia nos va señalando en cado ocasión, y no tener nada más que lo que nos dé su Providencial.

No importan las circunstancias ni el signo de los acontecimientos. Debemos recibirlos todos con la misma «buena disposición», creyendo que todo lo que sucede es lo mejor para nos otros, aunque sea contrario a nuestros sentimientos.

La confianza absoluta en Dios, llevó a San Vicente a vivir la misma experiencia de san Pablo: con los que aman a Dios, con los que él ha llamado siguiendo su propósito, Él coopera en todo para su bien.

San Vicente nos dice que el gran secreto de la vida espiritual es poner en sus manos todo lo que amamos, abandonándonos a nosotros mismos para todo lo que Él quiera, con una perfecta confianza en que todo irá mejore. San Vicente tenía esta experiencia de sí mismo y de la vida de la Compañía.

Otro dato realista, que llama la atención, es que san Vicente tenía muy claro que la Providencia actúa y se manifiesta a través de la acción humana. La vida se desarrolla y realiza en la acción, san Vicente siempre fue un hombre de acción por seguidor de Cristo en el obrar y de contemplación por seguidor de Cristo en la relación con el Padre desde la oración.

La respuesta que dio san Vicente a la invitación de la Provi­dencia de Dios no fue el quedarse sólo en pureza de intención, ni siquiera en el campo de la indiferencia activa y pasiva.

San Vicente puso en marcha todas sus facultades que le con­dujeron a ANALIZAR, CONSULTAR, EXPERIMENTAR Y OBSERVAR todas las cosas desde Dios, desde la confianza en Dios. Se trataba pues de una búsqueda activa y de querer cum­plir conscientemente la voluntad de Dios.

San Vicente llegó a afirmar:

En resumen, el ejercicio de hacer siempre la voluntad de Dios es más excelente que todo eso, ya que comprende la indi­ferencia y la pureza de intención y todas las demás maneras practicadas y aconsejadas.

El motor de toda respuesta, del seguir paso a paso a la Provi­dencia de Dios, es el conformarse a Jesucristo, haciéndolo todo por amor a Dios.

Vicente seguirá afirmando:

«No basta con hacer las cosas que Dios nos ordena, sino que además es preciso hacerlas por amor de Dios; cumplir la voluntad de Dios, y cumplir esa misma voluntad de Dios según su voluntad, es decir, lo mismo que nuestro Señor cumplió la voluntad de su Padre durante su estancia en la tierra».

  1. LOS TESOROS QUE NOS PROPORCIONA LA PROVIDENCIA DE DIOS

Vicente de Paúl descubrió en el seguimiento de la Providen­cia de Dios unos tesoros de un valor incalculable, encarnados en Jesucristo que no son otra cosa que su gracia, sabiduría y pru­dencia, convertidos en derroche para con nosotros, dándonos a conocer el misterio de la voluntad del Padre3

Belén, Nazaret, Cafarnaúm, Jerusalén aparecen como escena­rios principales en los que Jesús da cumplimiento progresiva­mente a las profecías referidas a él mismo. En ningún momento adelanta su presencia, sino que espera a que el Espíritu del Padre le conduzca y le manifieste su voluntad. Tal ejemplo, arrastra a Vicente de Paúl a comportarse de modo similar en la medida que participó de la gracia, sabiduría y prudencia de Jesús evangeliza­dor de los pobres en dirección a descubrir cuál era la voluntad de Dios.

Una vez más, Vicente le habla a Codoing, recordándole que la gracia tiene sus ocasiones…, y vuelve a recordar que las pri­sas no son buenas compañeras de viaje, … Pongámonos en manos de la Providencia de Dios y no nos empeñemos en ir por delante de ella. Si Dios quiere darnos algún consuelo en nuestra vocación, es éste precisamente: que creo que, al parecer, hemos procurado seguir en todas las cosas a la Providencia y que no hemos querido poner el pie más que donde ella nos lo ha señalado.

José Vicente Martínez

CEME 2011

 

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