San Juan Gabriel Perboyre: una puesta en escena

Francisco Javier Fernández ChentoJuan Gabriel PerboyreLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Joseph Loftus, C.M. · Traductor: Alfredo Herrera, C.M.. .
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Presentación

Perboyre era un tipo especial. La amenaza de persecución y las otras dificultades de la vida misionera en la China profunda le fortalecieron y le enardecieron.1

San Juan Gabriel Perboyre ha sido con frecuencia, al menos para este lector, «un santo de escayola»; un santo que te miraba desde su cruz en el momento de su muerte y te inspiraba, quizás por su heroísmo, pero sólo de una forma sobrentendida aunque sin invitarte a imitarle. Las cartas revelan un individuo muy complejo. Lo que se muestra muy interesante no es su martirio, que pudiera entenderse como un desafortunado incidente, sufrido en verdad con una fe extraordinaria, sino la manera en que este hombre afronta tan alegremente las dificultades de su vida misionera tan particular. Por eso he querido en este artículo centrarme en la situación de la misión de China en el momento de la llegada del Santo y estudiar algunos de los temas de aquellos días.

En principio esperaba investigar los métodos de catequesis adoptados por Perboyre en su labor misionera de China. Sin embargo, tenía muy poco material que estudiar y las mismas cartas eran una fuente muy escasa en que basar el trabajo. Este es un tema de investigación importante y espero, si el tiempo me lo permite, continuar estudiándolo. Preferí en cambio examinar la misión de 1835 cuando llegó Perboyre a China y me di cuenta que había gran cantidad de material que explorar. Las cartas describen un hombre luchando con los retos de una misión que era en general muy diferente de lo que él esperaba. De momento, he decidido intentar descifrar las varias facetas que componían la situación misionera de Perboyre. He querido hacer esto porque me he dado cuenta, desde la lectura de las cartas y otras fuentes secundarias, que la situación del año 1835 era muy diferente de lo que me imaginaba. También las cartas causan mucha confusión cuando se leen desde el punto de vista eclesial, que aunque siendo parte de nuestro concepto de la misión de la Congregación en China, en realidad es posterior a la muerte del Santo.

Hay un aspecto de este artículo que puede confundir al lector no familiarizado con la fonética china. Algunos estudios del Santo adoptan una fórmula arcaica en cuanto a la trascripción de los nombres chinos de personas y lugares. Usan las transcripciones idiosincrásicas del mismo Perboyre o los modelos franceses del siglo19.

El gobierno chino adoptó su propia trascripción normalizada en los años 1950 (llamado Pinyin), que es generalmente utilizada para la trascripción de nombres chinos. Así Pekín (francés) o Pe’king (Wade Jiles) se trascribe Beijing. Para este estudio he preferido, citas aparte, usar Pinyin.2 Esta opción puede resultar ambigua para el lector vicenciano, pero creo que será más útil a la larga y permitirá a nuestros investigadores conectar más fácilmente con la corriente principal de estudios sobre la historia de la Iglesia en China.

Un comentario final sería decir que este artículo está apoyado sobre una base muy limitada ya que no tengo acceso a los materiales que hubieran ilustrado este estudio, precisamente las cartas de los contemporáneos del Santo. También están muy limitadas las fuentes secundarias. Espero que este pequeño intento de insertar la misión china del Santo en su contexto social e histórico será un motivo más para tener en mayor estima su santidad.

Me gustaría haber dado detalles más concretos de los lugares donde trabajó Perboyre, pero fue imposible reconstruirlos desde las cartas, y sospecho que la información que existe en fuentes secundarias no se entrega.

China, el sueño y la realidad

Esta China es tan diferente de otros países que de no estar uno en el lugar nunca estaría bien informado de sus asuntos.3

Hasta el momento en que bajó del «Royal George» en Macao, el Imperio chino existía para él sólo como lugar de héroes y demonios, de ropa teñida en sangre y de cordeles que habían estrangulado a su hermano de congregación Francis Régis Clet, C.M., quince años antes. China era también el país al que su hermano de congregación había intentado llegar y murió sin conseguirlo, y mucho más, la tierra hacia la que dirigía su celo misionero la rejuvenecida Iglesia francesa. Una idea romántica del martirio, más que un conocimiento real del país que iba a ser su casa, había impulsado su vocación misionera. Durante los próximos cinco años conocería la realidad china mientras que al mismo tiempo retendría la sensación de «haber sido enviado desde Francia». Paradójicamente, al olvidarse de la idea romántica del martirio, fue preparándose para el martirio que iba a sufrir. Se podría decir que su heroísmo no estuvo en el modo con que recibió la sentencia de muerte el 11 de septiembre de 1840, sino en la lenta evolución de su visión misionera, que se fue formando en los cinco años anteriores. Había entendido que China era diferente y que aceptando esas diferencias estaba preparado para cuando llegaran los emisarios del Emperador DaoGuang con los despachos que confirmaban su sentencia. Generaciones de misioneros de China, inspirados a su vez por el heroísmo del Santo han tenido que hacer la misma transformación, aunque no todos llegaron a poseer la misma paz de espíritu.4

Cuando Perboyre puso pie en suelo chino llegó a una nación en la última fase de una alegre oposición a las corrientes que estaban formando el orden mundial del siglo 19. La revolución industrial y la paz europea impulsaban la economía global; China, si se hubiera abierto a este impulso, sería un socio natural en el desarrollo del comercio. La autosuficiencia económica del Imperio chino, con las presunciones acerca de su posición en el centro del panorama político global, no ofrecía buenas relaciones a los nuevos modelos del comercio mundial o a la creciente importancia europea y más tarde, al poder americano.

En 1835 reinaba en China el emperador Dao Guang, indolente y de corto alcance.5 Era el sexto monarca de la Dinastía Qing, extranjera y nada popular. Tuvo no sólo que contender con las invasiones de extranjeros, aunque ya insignificantes, sino también tuvo que vérselas con las revueltas de los campesinos, históricamente una señal de trastornos dinásticos.6 A pesar de estas presiones, la estima mundial del imperio le permitía pensar que él era el único actor serio en la escena mundial y que no necesitaba nada del extranjero. Por consiguiente, aceptaba tributos de los emisarios de otros países, como si fuera un padre que acepta benignamente un regalito hecho por un hijo en la escuela de párvulos. Le daba igual si el tributo venía de un príncipe indonesio o del poderoso Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Como su posición era incomparable con la de los líderes de cualquier estado bárbaro, no concebía un tratado comercial y rechazaba todos los intentos de diálogo entre iguales. Las presiones de cerrazón al comercio internacional, con la demanda de productos chinos en Occidente sin la correspondiente demanda en China de bienes manufacturados en Occidente, necesariamente originaron en China un comercio ilegal de manufacturas occidentales, y con el tiempo impulsaron un comercio ilegal de un producto que los chinos querían, el opio. Las consecuencias de esta situación irregular fue terminar con el aislamiento de China y forzarla, después de 1840, a la apertura de sus puertas a los comerciantes y misioneros que llegaban hasta sus fronteras. No obstante, en 1835 el Imperio chino aun mantenía el semblante de su anterior grandeza y los comerciantes así como los misioneros, sin tener la ayuda militar de sus gobiernos, tuvieron que postrarse ante el trono celeste o arriesgar castigos. Los tratos que los extranjeros podían hacer a favor propio eran frecuentemente ilegales y sujetos a la caprichosa interpretación de los oficiales centrales y locales. El comercio con opio7 ilegal podría continuar al descubierto por cierto tiempo y, de repente, se cortaba con gran coste para los comerciantes,8 mientras los misioneros podían seguir con su trabajo en público un día, y al día siguiente encontrarse ante una ejecución sumarísima.9 Ésta era la China adonde llegó Perboyre, y su muerte coincidió con el final del régimen.

Francia y Portugal, el contraste de dos situaciones

… mientras la familia de San Vicente está sufriendo tan seria prueba en Portugal, en Francia se está recuperando y está fortaleciendo su espíritu en el Señor.10

La vocación misionera de Perboyre estaba tomando forma definitiva en un tiempo muy especial para el catolicismo de Francia. Después de las Guerras napoleónicas la Iglesia francesa empezó a recobrar su fuerza. Lo que surgió fue una Iglesia confiada aunque demasiado consciente de haber superado enormes dificultades. Una expresión notable de la recuperación de la Iglesia fue su ímpetu misionero. Surgieron nuevas estructuras misioneras, algunas eran reformas de instituciones prerrevolucionarias, otras eran de creación totalmente nueva como respuesta a las nuevas circunstancias. Por ejemplo, en 1816 las nuevas Misiones Extranjeras de París enviaron los primeros misioneros a China después de 1807, y en este mismo periodo, una nueva asociación, la Obra de la Propagación de la Fe fue fundada en 1822.11 La Congregación de la Misión, restablecida en Francia en 1820, participaba de esta nueva confianza. La Congregación, con deliberada intención, ponía énfasis en continuar las tradiciones anteriores a la revolución12 pero también se adaptó a las nuevas formas misioneras de los tiempos. Entre todas las posibilidades apostólicas que se presentaban, optó por la misión francesa en China, que ya había sido aceptada, con poca ilusión, por los Paúles franceses en 1784.13 En 1835 ya había seis Paúles franceses en la misión, dos más llegaron con Perboyre y, antes de su muerte, siete más se habían unido a la empresa misionera.

Había otra Misión vicenciana en China el año 1835. Los portugueses habían llegado al mismo tiempo que los franceses como sucesores de las Misiones jesuitas portuguesas en Macao, y más tarde en Beijing. La posición, especialmente en Macao, estaba más asegurada que la de los paúles franceses ya que eran parte del gobierno, patrocinador de la Misión portuguesa con fondos de la Reina de Portugal. Ese favor no conllevaba tanta grandeza como en siglos pasados pero localmente aun era importante. Aunque Portugal tenía poco poder internacional, aun podía intervenir con éxito en los asuntos de la Iglesia, y lo hacía continuamente, exigiendo derechos, lo que en conjunto se denominaba el Padroado,14 concedido a Portugal en tiempos de más crecimiento en la historia del país. En 1783 dos paúles portugueses de Goa llegaron a Macao para establecer un seminario allí, y después, en 1801, otros dos marcharon a Beijing para hacerse cargo de la Misión portuguesa con base allí. La Congregación fue suprimida en Portugal en 1833 y, aunque dos paúles portugueses más vinieron a China después de la llegada de Perboyre, la Misión portuguesa, en la forma de protección gubernamental en que había existido, estaba en 1835 en serio declive, tiempo en que había once paúles portugueses en la Misión china, de los cuales siete trabajaban en Macao.15

El misionero francés que llego a Macao en 1835 fue protegido por el ferviente entusiasmo misionero en su patria pero no podía depender de la protección de su gobierno. Por entonces la contienda, apoyada por el gobierno, para conseguir influencias en China, no había comenzado. Europa estaba en un momento de expansión, pero los países tradicionalmente influyentes en Asia, Portugal y España, ya no eran los centros del poder; sus puestos eran tomados por Inglaterra y por Francia. Cuando Perboyre llegó a China, sus cohermanos franceses eran «advenedizos» si se les comparaba con los portugueses «establecidos»; y aunque las relaciones eran amistosas entre los dos grupos y se ayudaban en su campo de trabajo, los próximos cinco años tendrían continuos chantajes por el puesto de las dos Misiones. Tanto era así, que el primer peligro que tuvo Perboyre no fue la hostilidad de los paganos mandarines sino el posible antagonismo de las autoridades católicas de Macao, exigiendo privilegios anticuados.16

La Iglesia china en 1835

En 1835 la situación de la Iglesia en China era alarmante, aún cuando el número creciente de misioneros para China iba creciendo y estaban conteniendo la baja del número de católicos. Todas las cifras sobre este periodo tienen que ser tomadas como indicadores más que como números absolutos, porque estaba claro que la edad dorada se terminaba. La misión fundada por Ricci en Beijing, con su influencia en las clases cultas, había desaparecido como resultado de la controversia de los Ritos17 y, aunque había alguna presencia de cristianos en la corte en 1835, aquella misión estaba muerta.

La situación en las provincias era complicada y diversa. La Iglesia, que anteriormente tenía hasta 300.000 miembros extendidos por el emperio, ahora tenía unos 200.000. El clero local, en general procedía de los mismos sencillos orígenes que el pueblo y recibía solamente una formación limitada. No les había sido posible mantener la influencia de la Iglesia cuando no vinieron más misioneros de fuera. Al mismo tiempo, los misioneros Protestantes habían empezado a verse en la escena y, mientras sus esfuerzos no eran un peligro para las Misiones Católicas bien establecidas,18 ellos promovían una estrategia misionera alternativa para China que más tarde tuvo grandes éxitos. Persecuciones esporádicas y locales debilitaron más las comunidades. Perboyre estaba admirado al encontrar una creciente vida de la Iglesia en Fujian, que no correspondía a su visión romántica de la Iglesia perseguida, pero en otros lugares, comunidades bien formadas habían desaparecido completamente. Además de estas situaciones, también las divisiones internas dentro de la Iglesia la hacían más incapaz para afrontar las dificultades de aquel tiempo.

Había, bajo el sistema del Padroado, desde 1690 hasta la persecución de 1842, tres diócesis en China: Beijing, Nanjing y Macao. Teóricamente se extendían a las nuevas provincias actuales. En la práctica su jurisdicción efectiva estaba imposibilitada por la situación política de China, antagonismos entre las misiones nacionales, inhabilidad de Portugal para enviar misioneros y fondos suficientes a las diócesis y el deseo de Roma de cambiar a una forma de administración más adecuada a las necesidades actuales. La política europea imposibilitó anular el Padroado y la solución de Roma fue dar la administración de todas las provincias a los vicarios apostólicos. Estos quedaban sujetos a la inmediata jurisdicción del Papa, y así no caían bajo el Padroado. Este arreglo permitió a Roma obtener el control de las misiones y conseguir sacarlas del control inefectivo de Portugal sin enfrentarse directamente con las autoridades portuguesas.

Para cuando llegó Perboyre a China, la Sede de Macao había estado vacante hasta el nombramiento de Jerónimo de Matta, C.M., miembro del personal del Seminario de San José, en 1845. Beijing había estado vacante durante 17 años, y un administrador, Cayetano Pires Pereira, C.M., que era obispo de Nanjing, estaba rigiendo la diócesis. Pires no había sido capaz de obtener permiso para dejar su puesto en la Oficina de Astronomía del Emperador. Por lo tanto la Diócesis de Nanjing estaba también sin obispo residente, siendo administrada por un Vicario General, Domingos-José de Santo Estevam Henriques, C.M., quien con frecuencia estaba enfermo, y finalmente volvió a Portugal.19

Como las Diócesis, así estaban también las Vicariatos, esparcidos por China central, y a cargo de varias congregaciones religiosas (sin incluir a la C.M.). Estas estructuras de una administración más contemporánea tenían la fuerza de conseguir un desarrollo ordenado de la misión, pero de hecho, existían sólo en el papel ya que no tenían personal para regirlas. La nueva estructura de vicariatos estaba añadida al ininteligible rompecabezas de distritos administrados por la sociedad de misiones que los había establecido. Estos distritos no estaban totalmente dentro de la jurisdicción del Vicario Apostólico de la provincia en la que estaban situados, ya que los anteriores derechos de autoridad en la misión no habían sido derogados con el nuevo arreglo. El resultado fue un sistema de administración que era totalmente complejo y la llegada de una nueva generación de misioneros de Europa después de las guerras napoleónicas puso el tema de la reforma administrativa como de urgente enmienda.

Los Padres Paúles, sucesores de la Misión jesuita

Las Padres Paúles franceses que llegaron a Beijing en 1784 tomaron posesión sólo de una parte de la gran misión Jesuita en China, la Misión francesa. La Misión francesa jesuita se había separado de la Misión jesuita (principalmente portuguesa) en 168520 y fue protegida por la Corona francesa. Su centro de operaciones era la Iglesia del Santo Salvador, el BeiTang en Beijing, e incluía un gran número de distritos de misión diseminados por una extensa área del centro y del este de China. Los Padres Paúles franceses nunca tuvieron suficiente personal para administrar esta dispersión de distritos de misión. En 1820, el superior de la misión, Louis François Marie Lamiot, C.M., fue expulsado de Beijing y se fue a Macao. Durante los 15 años siguientes el superior de la misión de Beijing era un padre paúl chino, Mathew Xue, C.M. quien, temiendo la persecución, cambió la casa central de la misión de Beijing a Xiwangze, en Mongolia. Este último dejó la responsabilidad de la misión a Joseph Martial Mouly, C.M. en 1835. En 1829, Jean Baptist Torrette, C.M., llegó a Macao. Era el primer padre paúl enviado desde Francia después de reestablecimiento de la Congregación en Francia, y después de la muerte de Lamiot fue el Procurador y responsable efectivo de la Misión.21

Los Padres Paúles portugueses en 1784 habían establecido en Macao el Seminario de San José, en el colegio jesuita del mismo nombre. Era natural por lo tanto que su paisano Mons. Gouvea, Obispo de Beijing, les invitara a hacerse cargo de la Misión portuguesa (jesuita). La base de operaciones fue la Iglesia de San José, la DongTang en Beijing. Las dos misiones nacionales eran muy distintas, con sus finanzas independientes y sus programas de formación. La misma misión, en 1835, sólo estaba nominalmente bajo la autoridad del recién nombrado Superior General.22 Sin embargo Clet había trabajado en lo que era realmente territorio de la Misión portuguesa y, más tarde, hizo Perboyre lo mismo. La diferencia entre los dos fue que la Misión francesa estaba comenzando un periodo de fuerte crecimiento mientras que la portuguesa se encontraba en serio descenso.

Perboyre era el número cien de los Padres Paúles que trabajaban en China; la mayoría de sus predecesores eran chinos, 25 eran portugueses y 17 eran franceses.23 No obstante, las misiones vicencianas del periodo son de estilo francés o portugués. Hasta el mismo Perboyre no quería ser parte de la Misión china.24 Esta desgana tenía más que ver con mostrar que había sido enviado desde Francia para la Misión de China en vez de la portuguesa, lo que no era un resentimiento contra nada chino. La localización de la Iglesia china sería más tarde un problema; pero en 1833 el tema era diferente. El nuevo entusiasmo misionero en Europa hizo urgente y posible la reorganización de los territorios de misión chinos. La pregunta que se hacían Perboyre y sus compañeros, aunque él nunca se la hizo escuetamente, era ésta, ¿cuál de los dos grupos de paúles europeos pondría el estilo de misión en China: los establecidos portugueses o los fortalecidos franceses?

La Misión donde Perboyre fue destinado25

La Misión francesa atendía a 40.000 fieles26 pertenecientes a comunidades de más de siete provincias: Mongolia, Zhili,27 Shandong, Henan, Hubei, Jiangxi y Zhejiang. Aunque estos distritos estaban diseminados por muchas provincias y vicariatos, que por razón de pertenecer a la Misión francesa estaban bajo la jurisdicción de la Diócesis de Beijing. Manifestando una grande sensibilidad y rectitud, Perboyre escribió una amable carta de presentación a su cohermano João de Franca Castro e Moura, C.M., quien, aunque viviendo en la Provincia de Shandong, era entonces Vicario General de la vacante diócesis de Beijing.28 Además, el jefe de la Misión vivía en Macao, pero independiente del Seminario de San José. Allí, desde su base, el Vicario General mantenía una fluida correspondencia con sus cohermanos por toda China y aparentaba ser capaz de dar algo de realidad administrativa y supervisión financiera a la Misión, a juzgar por las cartas de Perboyre. También era Director del Seminario, continuación del Seminario de la Misión francesa en Beijing que Lamiot trasladó a Macao en 1820. Tenía tres paúles, dos chinos29 y un francés30 como asistentes suyos. Perboyre trabajaba con un grupo de compañeros paúles, responsables de los distritos de cuatro provincias: Henan, Hubei, Jiangxi y Zhejiang. En otra carta, con clara intención de propagar la vocación misionera en casa, Perboyre describe la transformación producida por la presencia de sus cohermanos franceses31 y, por omisión, da la impresión de que poco se había hecho antes de la llegada de estos misioneros. No era esta la situación .

Los paúles chinos habían estado trabajando en los distritos durante todo el tiempo que estuvieron ausentes los misioneros franceses. Aunque eran pocos, su territorio era inmenso y las persecuciones severas. Por eso, grandes extensiones del territorio estaban abandonadas. La llegada de más sacerdotes del extranjero y el nombramiento del nuevo superior permitían una mejor reestructuración de la Misión (aunque parecía una nueva refundación), pero hubiera sido imposible que los cuatro extranjeros consiguieran algún fruto sin los paúles chinos y los catequistas que realizaban gran parte del trabajo.

Personal

La Padres Paúles de China en 1835 eran de nacionalidad china, portuguesa y francesa. Los nueve franceses eran relativamente jóvenes (una media de 30 años) y habían llegado recientemente, el primero, Torrette, (n. 1801), que desembarcó en Macao en 1929. Los once portugueses eran en general de más edad (media de 50 años) y con mucha más experiencia. Uno de los maestros del idioma chino de Perboyre, Joachim Gonsalves, C.M., era un notable sabio, y su diccionario latín-chino tuvo muchas ediciones.32 El grupo mayor, los 18 chinos, (media de 40 años), podrían haber dado dirigentes de la misión, pero el nivel de formación que recibían y las expectativas de los misioneros extranjeros (y de sus superiores europeos) no les daban fácilmente esa posibilidad. El clásico ejemplo de visión miope fue el cambio de autoridad de la Misión francesa en Mongolia, de un experto administrador de 54 años a un recién llegado, Mouly, de 28 años.

La misión de Perboyre

En tiempos del Emperador Kanghi (sic) los cristianos tenían iglesias en muchas ciudades; ahora están en poder de los paganos, y los cristianos están esparcidos por los campos, especialmente en Honan (Henan), donde contamos entre los habitantes de los pueblos con apenas 20 personas de Pekín, dedicados al comercio y a la relojería en la capital de la provincia. Así que aquí, como en Francia, tenemos la dicha de ser misioneros de la pobre gente del campo.33

Los distritos de la Misión francesa en Henan,34 y después en Hubei, eran los campos de misión de Perboyre. El superior de la misión era François Alexis Rameaux, C.M. y, con la llegada de Perboyre, tenía a su disposición cinco cooperadores para cuidar de las comunidades católicas extendidas por un área del tamaño de Francia. Estas comunidades incluían no sólo las directamente dependientes de la Misión francesa sino también, respondiendo a peticiones de Pires, las comunidades de Henan que estaban bajo la administración de Nanjing. El Obispo de Nanjing regía Henan, pero según el mismo Perboyre, esa provincia no era parte de la Diócesis de Najing,35 su vecina del este. Hubei era parte del Vicariato de HuGuang, (ahora Hubei y Hunan), pero en 1835 el Vicariato estaba vacante y estaba administrado por el Vicario Apostólico de Shanxi/Shaanxi.36 Aunque las cartas de Perboyre tenían un matiz positivo, la necesidad de reorganización era obvia. Había voluntad de cambio y, por enero de 1838, Perboyre estaba ya imaginando lo que de hecho sería el tipo de misiones de la Congregación en el sur de China.37

Perboyre tenía una misión difícil, aunque no tuviera alguna otra preocupación más. La Iglesia de Henan, y más tarde la de Hubei, habían estado abandonadas desde la supresión de los Jesuitas y todo lo que siguió este hecho. Los distritos estaban muy separados y los viajes misioneros que hacía eran físicamente muy duros. Cada una de las misiones,38 aunque descritas en términos muy optimistas en sus cartas, no pueden haber sido fáciles, dado el anterior abandono. Su salud no era buena. Al llegar a su centro de Henan estuvo enfermo durante tres meses,39 «enmendando la plana» a la decisión del médico parisino de permitir a Perboyre ir a China. Más tarde sufrió de un hernia, que no era poca cosa, dado su mucho trabajo. Su dominio de la lengua china se discute pero, dada su sencilla presentación en Macao, su edad, su propio humilde juicio acerca de su fluidez, debió ser bastante correcta. Su descripción del compañero chino como el encargado de la tarea de predicar provenía de una necesidad y no de una sencilla modestia de Perboyre. De una nota en la publicada Correspondance,40 la defensa de sus habilidades lingüísticas parece haberse originado de la necesidad de mostrar que su silencio durante la interrogación era una imitación de la paciencia de Jesucristo no una simple incomprensión de la lengua. No es necesaria tal defensa, ya que la heroicidad de la vida y de la muerte de Perboyre no requiere una forzada comparación con la pasión de Cristo.

Lo que falta en las cartas de Perboyre es alguna evaluación de los puntos fuertes y de los débiles en los métodos que fueron usados. No hay tampoco referencias a dudas sobre su sentido de la propia estima. Quizás ésta es una perspectiva demasiado moderna para aplicarla a la clase de cartas que existen o pudieran subsistir de aquel tiempo. También es verdad que nuestra época actual se goza o consuela conociendo los pies de barro de sus héroes. Las ideas negativas de Perboyre sobre su propia labor o sobre sí mismo no se encuentran en las cartas. Un apunte sobre estas nos podría ayudar a entender su conflicto más fácilmente. La ausencia de sus más privados pensamientos, sobre sus virtudes más profundas, tienen que ser explicadas desde sus opiniones escritas sobre temas suplementarios y no por escritos originales sobre sí mismo.

Compañeros personales de Perboyre41

  • Rameaux, François-Alexis (n. 1892) Superior de la Misión;
  • Baldus, Jean-Henri (n. 1811);
  • Bai, John, C.M. (n. 1774);
  • Wang, Andrew (n. 1798);
  • Song, Paul, C.M. (n. 1774).

A partir de 1838:

  • Ceng, Paul, C.M. (n. 1803)
  • Yang, Andrew, C.M. (n. 1803)

Una lista de los compañeros de Perboyre en Henan y Hubei, reconstruida de sus cartas.

Los compañeros de comunidad de Perboyre eran, después de salir de Macao, chinos y franceses. Mientras estuvo en Macao aprendió chino con el bien preparado Gonsalves, y hasta enseñó francés en el seminario portugués. No obstante cuando llegó a la misión, sus relaciones con los compañeros portugueses, a juzgar por sus cartas, parecen haber sido profesionales más que personales. Su única carta conocida a su compañero portugués Costa, muestra respeto y tacto, pero no la calurosa calidad que uno ve en sus otras cartas. No tenemos cartas escritas a compañeros chinos, y si en realidad hubo alguna, es difícil conocer sus relaciones con ellos por su correspondencia. Las cartas de Perboyre están llenas de referencias a estos hombres, y es agradable la naturalidad de sus descripciones. No encontramos una formalidad política moderna en sus referencias a los cohermanos, pero tampoco se encuentra ninguna falta de consideración para sus compañeros chinos. Sus menciones muestran un juicio sincero sobre las virtudes y defectos individuales. Un ejemplo, su consejo a Torrette referente a un compañero metido en unos escándalos sin especificar es sabio y respetuoso, sin ninguna tendencia a hacer declaraciones generalizadas sobre los compañeros chinos.42 En otra ocasión menciona la falta de voluntad de los Paúles chinos de buscar la oveja perdida,43 pero sus comentarios no tienen un tono despectivo que pudiera parecer un desprecio. Desde el principio de su misión en Henan, tuvo como compañero a John Bai, C.M., que más tarde se trasladó con él a Hubei. Bai (ordenado en 1832) había estado trabajando en Hubei pero un escándalo público causó un cambio necesario. Las cartas de Perboyre sugieren que recibió consejo44 de otros (incluido su compañero chino Song) para mejor ayudar al sacerdote con problemas, y los dos trabajaron bien juntos, y Bai se benefició de esta relación. De todas formas, Perboyre parece haber tenido una buena amistad con sus compañeros chinos.45 Bastante sorprendente, dado su cariño a la memoria de Clet, Perboyre no llama la atención al hecho de que Paul Song, C.M. (n. 1774) había sido compañero de trabajo de Clet durante muchos años. Después, en su prisión, recibió un gran apoyo de otro compañero chino, Andrew Yang, C.M., que había estudiado en Macao y trabajó en la misión poco antes del arresto de Perboyre.

Sus relaciones con sus hermanos franceses eran muy complejas, como podría esperarse. Era el mayor de vocación de todo el grupo y había sido Director del seminario interno, tradicionalmente un puesto alto. Al poco tiempo de llegar a Macao hizo un comentario fuerte acerca de un compañero de viaje desde Francia en una carta a su hermana Antonieta.46 El lenguaje duro no es propio suyo, y puede ser el resultado de meses de forzosa familiaridad en el barco. Sin embargo la fuerza de las palabras nos hace pensar en la identidad del sacerdote. Dos Paúles viajaron con él desde Francia, Joseph Gabet (n. 1808) y Joseph Perry, (n. 1808), ambos abandonaron la Congregación después. Desafortunadamente, ya que él realmente nunca dice que el compañero censurable era un paúl, y había otros sacerdotes en el barco, es imposible decir más. Sus otras observaciones sobre compañeros eran amables y mostraban estima verdadera y una agradable humildad ante sus paisanos (la mayoría) más jóvenes. Rameaux, que era de la misma edad pero algo más joven de vocación y experiencia en el sacerdocio, quería tenerle a él como su superior pero Perboyre firmemente rechazaba esa posibilidad47 y parece auténtico que se sentía feliz sin tener esa responsabilidad. Las cartas dan poca información de su compañero Baldus, y es en las cartas a Torrette donde vemos señales de la mayor franqueza. Eran de la misma edad y fueron ordenados hacia el mismo tiempo, aunque Perboyre era más antiguo en vocación. Fuera de las noticias sobre gastos hay una serie de cartas en las que Perboyre comenta sobre permutas y agregaciones de nuevos territorios que pudieran ser ofrecidos a la Congregación. Torrette claramente tiene otro pensamiento sobre este asunto y hay señales de tensión entre ellos. En una ocasión Perboyre se enfadó cuando Torrette envió algunas de las cartas más ordinarias a París para publicarlas en Annales de la propagation de la foi sin permiso.48 En otra ocasión, sin mucho tacto podría decirse, sobre un procurador anterior que era considerado por sus contemporáneos como inútil porque nunca había estado en China.49 Ya que el procurador, Torrette, no había llegado más allá de Cantón, el comentario iba a causar ofensa. No era propio de Perboyre escribir así, y en una carta posterior, una arrepentido, Perboyre escribe agradeciendo a Torrette por haber corregido su falta. La última carta de Perboyre a su Provincial, felizmente, era de un talante cordial, ya que Perboyre fue encarcelado poco después y, por coincidencia, Torrette murió un día después de Perboyre, aunque por causas naturales.

Conclusión

La vida de los misioneros en China es siempre de apostolado; se pasa entre fatigas y peligros; durante tres cuartos del año atraviesan amplias regiones para cuidar la comunidades, predicar, administrar los sacramentos etc., viviendo pobremente en un país donde los ricos, en general, viven bien y los pobres no tienen un puñado de arroz para alimentarse.50

Los cinco años de Perboyre en China pertenecen a un periodo de transición en la misión de la Iglesia allí. La transición transcurrió de modo muy diferente después de su muerte. Venía él de una Iglesia de mártires con un deseo bastante romántico de ser mártir. Quería imitar a Clet y dar su vida por la exótica misión por la que su hermano había muerto intentando llegar. La realidad que encontró al pisar China era mucho más complicada de lo que imaginaba: autoridades portuguesas hostiles en Macao, distritos en Fujian que parecían más católicos que en la Europa que dejó, y comunidades en Henan que simplemente se derrumbaban por abandono en vez de fortalecerse con la sangre de los mártires. Vio rivalidades nacionales entre sus compañeros europeos y una estructura administrativa incapaz de atender a las posibilidades evangélicas del nuevo vigor de los misioneros franceses. Encontró también debilidades humanas entre los compañeros de trabajo, franceses y chinos. Vio una China tan sofisticada como la Francia que dejó aunque teniendo diferencias enormes entre ricos y pobres. Sufrió sus propias enfermedades físicas y un trabajo abrumante que suponía viajar largas distancias para cuidar de pequeñas comunidades. Una persona diferente hubiera quedado sin ilusión por la diferencia entre su visión soñada en París de una misión en la misteriosa China y la menos romántica realidad de su apostolado en Henan y Hubei en 1835-1836. Que él se entusiasmó en vez de amargarse con sus experiencias, sugiere que era de verdad «un tipo especial», merecedor de nuestra veneración y de nuestra imitación.

La persona que emerge de las cartas no es un «santo de escayola» o uno cuya vivencia es importante sólo para China. Su historia tiene una aplicación más universal. Es, en cierto sentido, todo un Paúl, y con esa realidad, llega la esperanza de que nosotros podemos aspirar a su tipo de santidad pulida en el misterio de la vida diaria. Ésta no es una novedosa idea quizás, pero original e inspiradora en cualquier caso en que se aplique. El Perboyre que se encuentra en las cartas es un hombre que usa un simple principio en la difíciles circunstancias de China hacia 1835 y que llegó a ser por su conducta un modelo para nosotros. Por sus vivencias se convirtió en el hombre que hoy conocemos como San Juan Gabriel Perboyre, C.M.

Bibliografía

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  • Van DenBrant Joseph (ed). Correspondance; Saint Jean Gabriel Perboyre, Congrégation de la Mission, Rome, Detti, 1996.
  • Van DenBrant, Joseph. Les Lazaristes en Chine, Imprimerie des Lazaristes, Pékin, 1936.
  • Ward Fay, Peter. The Opium War, The University of Carolina Press, Chapel Hill, North Carolina, USA, 1975, 1997.
  1. Peter Ward Fay, La Guerra del Opio, p. 102.
  2. Hay algunos nombres, como Macao y Cantón que, por razón de ser más conocidos, no siguen esta normativa.
  3. Correspondance, 87, con Jean Baptiste Torrete, C.M., en Macao, p. 241.
  4. Peter Ward Fay, op. cit. Peter W. Fay indica que otros misioneros estuvieron perturbados por las dificultades que, en cambio, ennoblecieron a Perboyre. A uno le gustaría comparar las cartas de Perboyre con las de aquellos compañeros suyos, Rameaux o Baldus.
  5. Kenneth Scott LaTourette, A History of the Christian Mission in China, 1929, p. 286.
  6. Estas revoluciones culminaron en los años 1850 con la desastrosa Rebelión de Taiping, durante la cual se perdieron 20.000.000 vidas.
  7. Perboyre tiene sólo una referencia sobre el comercio que tendría tanta influencia sobre su muerte; no parece haber advertido las consecuencias que la importación tendría para China.
  8. Fue la destrucción de 20.000 cajas de opio (comercio ilegal en China) en junio de 1839 lo que precipitó la primera Guerra del Opio y pudo haber impulsado la decisión de ejecutar a Perboyre.
  9. Perboyre se sorprendía de la floreciente y libre actividad de la Iglesia en la Provincia de Fujian que describe en la carta 73. Sin embargo, el misionero, cuyo ministerio le impresiona tanto, Roch-Joseph Carpena-Díaz, O.P., Vicario Apostólico de Fujian, fue forzado a huir en 1837 y la creciente misión fue destruida.
  10. Correspondance, 72, a Jean Castro, C.M. en la Diócesis de Peijing, p. 154.
  11. Kenneth Scott LaTourette, op. cit, p. 203.
  12. Correspondance, 67, a Pierre Martín, C.M. en Paris, p. 137.
  13. Aunque técnicamente la «Misión francesa» formada por la Congregación terminó con la Revolución, usaré el término para describir la misión de la Congregación fundada desde Francia ya que las Misiones de la Congregación incluían una misión distinta fundada desde Portugal. La última será considerada como la Misión portuguesa.
  14. El «Padroado» era una colección de privilegios y responsabilidades sobre la administración de la Iglesia en el Imperio portugués, concedido al Rey de Portugal en el siglo XV por la Santa Sede. Una concesión parecida existía en España llamada Patronato. Su responsabilidad incluía ayudar con fondos y proteger las Misiones en territorios portugueses y el derecho de nombrar obispos. Cuando el Imperio portugués estaba en alza, el sistema tenía alguna utilidad, pero desde el principio del siglo XIX Portugal ya no fue capaz de cumplir en efecto con los deberes del Padroado, pero insistía en sus privilegios. Se consideraba a China como parte de la esfera de influencia portuguesa y los misioneros de China tenían que viajar a través de Lisboa. Macao era, desde el principio, el lugar de tránsito para entrar en China. Por eso, aún en su declive como potencia mundial, Portugal podía ejercer un tanto de desproporcionado control sobre las misiones chinas con su poder político real.
  15. Perboyre dice que había cinco paúles entre el personal del seminario de Macao. No puedo explicar el desacuerdo en materia de cifras.
  16. De hecho, examinando sus cartas, Perboyre no sufrió ninguna molestia en Macao, pero Torrette había sido expulsado en 1832 durante un año, y el asunto del Padroado no estaba aclarado. Habla en algunas de sus cartas de la posibilidad de viajar a través de Manila. Esta era una alternativa posible para el viaje a China si Macao estaba cerrado a los misioneros que no se habían embarcado para China en Lisboa como Portugal insistía.
  17. En el siglo XVII surgió una polémica entre los misioneros acerca del uso de ciertos ritos para honrar a Confucio y a los antepasados. Los ritos mismos tenían unas relaciones religiosas ambiguas y la polémica capturó el interés del pueblo. Las personas cultas claramente los interpretaban como cultura nacional, los menos cultos los consideraban en sentido religioso. Roma, después de muchos y duros debates, prohibió a los católicos tomar parte en esas ceremonias. Como los ritos eran parte integral de la vida pública, la prohibición decía que los de nivel elevado, generalmente empleados del estado, no podían entrar en la Iglesia. El Cristianismo quedaba confinado a los marginados de la sociedad. La prohibición no fue levantada hasta 1939.
  18. Perboyre no hace mención de ellos, aunque también estaban en Macao.
  19. Van DenBrant, Joseph, Les Lazaristes en Chine, p. 35.
  20. The Catholic Encyclopaedia, Volume III, Online Edition, «The Church in China.»
  21. La «cadena de responsabilidad» en la misión es difícil de reconstruir por las cartas de Perboyre, pero parece que Torrette había sido originalmente el Procurador y Cabeza de la Misión francesa; fue nombrado Provincial de la Misión francesa en 1835. No está claro que relación tenía esto con la Misión portuguesa.
  22. El recién llegado Perboyre estaba ansioso por restablecer la autoridad internacional del Superior General; ver Correspondance, 79, a Jean Baptiste Torrette, C.M., en Macao, p. 212.
  23. Había un paúl irlandés, Robert Hanna (1762-1797), que entró en la comunidad en Francia y llegó a Beijing con Lamiot en 1794.
  24. Correspondance, 96, a Jean Baptiste Torrette, C.M., en Macao, p. 283.
  25. Las cartas de Perboyre fueron una fuente pobre de información sobre la misión. No era el superior, y sus cartas a Torrette o al Superior General no son informes oficiales. Así que en su correspondencia hace observaciones generales o referencias específicas que en general no hacen referencia a la misión.
  26. Alphonse Hubrect, C.M., La Mission de Peking et les Lazaristes, p. 258.
  27. La moderna Hebei con Beijing y Tianjing.
  28. De camino a Henan, Perboyre escribía a Castro una cariñosa carta de presentación, Correspondance, 72, a Jean Castro, C.M., en la Diócesis de Pekín, p. 152.
  29. Joseph Li, C.M. (n. 1803), llamado también Chen, y Mathew Zhao, C.M. (n. 1810), en aquel tiempo aun clérigo. Ambos habían vivido en Francia, por un año al menos.
  30. François-Xavier Timothée Danicourt, C.M. (n. 1806), que después llevó a las primeras Hijas de la Caridad a China en 1848.
  31. Correspondance, 77, a M. Candeze, Vicario General de Saint Flour, pp. 200-205.
  32. Su ciencia era sobresaliente cuando uno recuerda que estaba estrictamente prohibido enseñar chino a los extranjeros. Esta prohibición estaba en aquel tiempo obstaculizando el desarrollo del comercio internacional en el cercano Cantón.
  33. Correspondance, 89, a Pierre Martin, C.M., en París, p. 250. Perboyre está haciendo de la necesidad virtud (ver nota 16).
  34. Será un buen trabajo publicar un mapa de estos distritos. El autor no pudo reconstruir los lugares sólo por medio de las cartas.
  35. Correspondance, 77, a A. M. Candeze, Vicario General de Saint Flour, pp. 200-205.
  36. El detalle puede ser inútil para el lector de Occidente, pero desde 1837 en adelante muchas de las cartas de Perboyre, especialmente las cartas para el encargado de la misión, Torrette, eran ideas sobre la división de los territorios para ayudar a los fines de la Congregación.
  37. Correspondance, 90, a Jean Baptiste Torrette, C.M., in Macao, p. 253.
  38. Para reseña de una misión típica, ver Robert Maloney, C.M., Seasons in Spirituality, p. 176.
  39. Correspondance, 89, a Pierre Martín, C.M., en París, p. 244.
  40. Ver nota 2, ibid., 86, al Abad Lacarière de la clerecía de Saint-Eustache de París, p. 234.
  41. Sería interesante hacer una lista a estilo de catálogo de los Paúles en China en 1835. La mayoría de las listas dividen al personal en grupos nacionales, lo cual obscurece una visión clara de la composición de las comunidades locales de entonces.
  42. Correspondance, 78, a Jean Baptiste torrette, C.M., en Macao, pp. 207-208.
  43. Ibid., 90, a Jean Baptiste Torrette, C.M., en Macao, p. 259.
  44. Ibid., 80, a Jean Baptiste Nozo, Superior General, en París, p. 218.
  45. Las cartas de Perboyre, en general son una fuente pobre de información sobre sus actitudes. Escribía con frecuencia a hombres que no conocían a los compañeros chinos personalmente y no daba noticias íntimas sobre ellos.
  46. Tengo en este país un enemigo particular, con quien tengo que andar con cuidado; es el peor individuo que conozco; no es chino, es europeo. Fue bautizado de joven y más tarde fue ordenado sacerdote. Ha venido con nosotros desde Francia a China en el mismo barco. No dudo que me sigue a todas partes, y que causará mi ruina si caigo en sus manos. Correspondance, 69, a su hermana Antonieta, en París, p. 144.
  47. Ibid., 80. a Jean Baptiste Nozo, Superior General, en París, p. 218.
  48. Ibid., 96, a Juan Baptiste Torrette, C.M. en Macao, p. 282.
  49. Ibid., 87, a Juan Baptiste Torrette, C.M. en Macao, p. 242.
  50. Ibid., 86, a A. M. l’Abbe Lacarière du clergé de Saint-Eustache de Paris, p. 235.

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