Régis Clet, Carta 53: A Sus Hermanos De Comunidad

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Francisco Régis CletLeave a Comment

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Author: Francisco Régis Clet .
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Fin de 18101 ó comienzos de 18112

Porque Jesucristo vino al mundo, no para juzgarlo, sino para sal­varlo, que los misioneros se guarden de echar en olvido la caridad de Jesucristo, la virtud de la paciencia de que nos ha dado ejemplo, o de dejarse llevar de un falso celo por la justicia y, en consecuencia, recha­zar como privados de toda esperanza a los pecadores que tienen una conciencia confusa, o que se han endurecido en la impenitencia y no han reaccionado a las advertencias reiteradas que han recibido; en lugar de indignarse contra ellos, que los reciban con mayor misericor­dia como lo hacen los buenos padres con sus hijos extraviados.

«Hijos míos, dice san Juan, no amemos sólo de palabra y de boca, sino de verdad y de obra». Que los misioneros apostólicos se pregun­ten pues, si cuando se trata de la salvación de las almas, saben entre­garse de lleno al trabajo, no temblar ante el peligro, no desanimarse en las pruebas, no dejarse vencer por las contradicciones, no sucumbir bajo el peso de las persecuciones, «porque las obras son la verdadera prueba de la caridad».

Que si a pesar de todo los misioneros tienen que reprocharse, debi­do a sus malas disposiciones, haber comprometido por sus numerosas faltas el ministerio que se les había confiado, que se avergüencen de ello y experimenten una viva confusión a la vista de los ejemplos de Nuestro Señor Jesucristo y de los varones apostólicos, y que se apli­quen a corregir lo que ha sido condenable en su conducta, que lloren ante el Señor, porque su misericordia está siempre preparada a perdo­narnos los pecados.

«Revistámonos pues, como elegidos de Dios, santos y bienamados, de ternura y de misericordia, de bondad, de humildad, de paciencia»; porque «nosotros debemos, nosotros que somos más fuertes, sostener la flaqueza de los débiles y no complacernos en nosotros mismos».

En la administración de las cosas sagradas, no esperan recompensa humana… (texto mutilado)…; pues no hay nada más vergonzoso para los ministros de Dios y los pastores de almas, que buscar sus propios intereses, nada tan criminal como exigir algo, lo que no quiera Dios, por la administración de lo sagrado, algo así como concluir, directa o indirectamente, un convenio o contrato cualquiera por la administra­ción de un sacramento o de otro deber sacerdotal; sino que sea sufi­ciente a los misioneros entregarse por completo a la obra de Dios, con todo el ímpetu de su corazón, poner su mayor felicidad en ganar almas para Jesucristo, para presentárselas a Dios como ofrendas agradables en la corte celestial, como prendas de sus méritos; y no serán privados de su recompensa en esta vida. Porque los misioneros fieles no sólo gozarán de una mayor paz y tranquilidad, que se cifran en el testimo­nio de la conciencia, sino que se verán así rodeados de la protección divina en la adversidad, y llenos en su espíritu de los bienes celestia­les. Que las riquezas de la salvación, la sabiduría, la ciencia y el temor de Dios sean todo su tesoro.

Con el mayor interés nos preocupamos de notificar a todos el decre­to de la Sagrada Congregación llegado hace poco y publicado textual­mente aquí y que nos dice a todos bajo qué patronato nos debemos poner, en quién debemos ante todo confiar, y qué indulgencias se pue­den ganar.

Por consiguiente, a petición del Vicario Apostólico ya en la provin­cia de Chen-sy como en la de Hu-koang, Su Santidad establece como patrona principal a la Bienaventurada Virgen María, y concede a la fiesta de su Concepción todas las prerrogativas pertenecientes a las fiestas de los patronos principales; también ha constituido como patrón secundario a san Francisco de Asís, y su rito fue elevado a doble de Pri­mera clase con Octava y Conmemoración del mismo Santo para ambos cleros en los lugares dichos, sin obligación de oír misa o abstenerse de obras serviles el día de la Fiesta.

Asimismo en otro decreto declaró (Pío VI) que los fieles de las Pro­vincias de Sham-si, Shem-si y Hu-qam puedan ganar todas las indul­gencias de la Orden de los Hermanos Menores, con las obras acos­tumbradas. Con qué obras y en qué días se podrán ganar dichas Indulgencias, se ve claramente indicado en un calendario impreso en el Vicariato.

Si en la Misión se encuentran decretos o Cartas Circulares del Padre Manuel Conforti,3 emitidas mientras fue Vicario Apostólico, como hasta ahora no han sido aprobados por la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, no podrán ser usados.

Dado en nuestra residencia4 el día 22 de octubre de 1801. Fr. Ant. Alois. Ord. Minorum, Episcopus Anthedonensis, et Vicarius Apostoli­cus Sham-si et Shem-si».

Nota.

Que la fiesta de la Concepción de la B.V.M. sea en virtud de un indulto fiesta de primera clase para Hu-koang, y por consiguiente tenga preferencia sobre el segundo Domingo de Adviento (falta el resto).

 

  1. CARTA 53. Casa Madre, original en latín (Bazos n. 52).
  2. Fragmento no fechado de una circular del Padre Clet, publicado a finales de 1810 ó comienzos de 1811, con ocasión de las Ordenanzas e Instrucciones de Monseñor Landi, OFM, Vicario Apostólico de Chen-si y administrador de Hu-Koang, con fecha 22 de octubre de 1810, estableciendo el Patronazgo de la Santísima Virgen, etc. Faltando en la cita buena parte de la cir­cular, damos en un Apéndice a la presente carta el texto original, que benévolamente nos ha comunicado el Reverendo Padre Kilian Menz, OFM, misionero en U-Chan-fu (Chan-tong).
  3. Manuel Conforti, cfr. Carta 13, nota 2.
  4. Como Mons. Landi murió el 26 de octubre de 1811 en Tong-eul-keu, después de unos dos años de enfermedad, con periodos de mejoría, parece que había abandonado Kieu-Ki-ts’uen, en Ki-hsien, para establecer su residencia en Tong-eul-keu (Nota del Padre Kilian Menz).

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