3 de septiembre de 18101
Padre y muy querido hermano,
La gracia de Nuestro Señor esté siempre con nosotros.
Como no me habla de su salud, presumo que está restablecida y de ello me alegro. Habría sido mi deseo que pudiese venir a la residencia antes del fin de la 8′ luna, porque si su regreso se atrasa hasta esa fecha, ello va a ser causa de que no encuentre en casa más que al Padre Dumazel. Entonces yo ya me habré marchado a Ho-nan; el Padre Ho al llano, y probablemente el Padre Chen a Kiang-sy, si su salud se lo permite: pero nadie está obligado a lo imposible. Le ruego con todo que vuelva lo antes que pueda, porque el Padre Dumazel no está aún bastante al corriente de la lengua, y las extremaunciones le resultarán un peso, lo mismo que ciertas confesiones necesarias, frecuentes en Tcha-yuen-kéu.
Le diré en voz baja que todo el mundo aquí se extraña mucho de su prolongada ausencia, y yo le disculpo por la debilidad de su salud. Me parece, a falta de otra información, que habrá podido oír incluso durante los calores una o dos confesiones al día. Aquí nosotros, a pesar del calor, hemos oído buen número de confesiones. Por lo demás, me imagino que habrá hecho lo que ha podido y debido, pues conozco la delicadeza de su conciencia.
La sequía ha reinado aquí como en otros lugares. Por eso, nada de arroz. La cosecha de pao-ku será mediocre. Así que somos pobres bajo todos los aspectos, y tengo bien poco que dar a nuestros viajeros, y que tomar para mi. En Qoang-tung (Cantón) también escasea el dinero; así que hemos recibido poco, en dinero y en efectos, de este país al regreso de los correos de Pekín. Sin embargo le envío algunas cosillas para agradecer en parte la bondad de Tso-siang, y de cuyo buen corazón soy yo también testigo. Le ofrecí dinero que él rechazó; le envié en agradecimiento muy pocas cosas, por las pocas que yo tenía.
El hermano dice que no tiene los remedios que usted pide, pero le envía la receta.
Yo le envío también nuevos Santos Óleos y nueva agua bautismal. Pero le ruego que lo traiga todo, lo mismo que la maleta de los ornamentos de misa, como se lo dije antes en una carta que le escribí expresamente y que habrá recibido…
Los Padres Tu (Dumazel), Chen, Ho le saludan muy amigablemente, pero hay grandes indicios de que no tendrán la satisfacción de abrazarle, al menos los dos últimos. Esperan que no los olvide ante Dios; ellos tampoco le olvidan a usted, esperando una ocasión mejor de verle. En cuanto a mi, sabe de mis sentimientos de afecto hacia usted, y con cuánta amistad y dedicación soy…
P.S. Diga, se lo ruego, a Tso-siang, a su madre y en general a toda la familia, que no olvido las atenciones que me dispensaron cuando estuve en su casa.
La caja pequeña contiene 1° los santos óleos; 2° el agua bautismal; 3° un pañuelo grande y dos pequeños; 4° un paquete de habas de san Ignacio; 5° dos navajas y dos tijeras; 6° yen-yo (ungüento para los ojos); 7° tchui-heú-san (remedio para la garganta, polvo para insuflar en ella); 8° la receta de remedios y ungüentos, y nada más.







