19 de agosto día de mi nacimiento de 18101
Padre y muy querido hermano,
La salida de un correo para Nan-tang me proporciona una ocasión demasiado favorable para no aprovecharla. Voy sin ningún otro exordio al grano de lo que le tengo que decir.
Me indicaba en una de sus cartas que había escrito a propósito de mí a Mons. el Vicario Apostólico de C. s .,2 en un tono lleno de modestia, y que me invitaba a hacer otro tanto. Le escribí en efecto, como bien sabe, y no sé la impresión que habrá causado mi carta en su espíritu, pues la que acabo de recibir del dicho Vicario Apostólico es de una fecha anterior. Pero la de usted ha sido vista con ojos bien distintos de lo que sin duda se esperaba usted.
He aquí lo que me dice Monseñor el propio Vicario Apostólico:
«hoc distinto, raroque praeocupationis titulo, seu epitethon paulo ante, haud sine ingenti animi mei admiratione decoloravit me R.P. Joseph Ghislain qui insuper (quo instinctu percitus, nescio) mendacii, malignitatis, praecipitantis et obliqui cordis in missionarios nota animose me inurere non dubitavit in tantum ut communi dictionum aut phrasium significatione ab ipso neglecta vel non intellecta, cavillatoris, potiusquam meorum absque fallacia verborum levaminis gratia ejus fidei et probitatis concreditorum aequi bonique explanatoris partes sibi assumere videretur. At nil horum vereor, et majora his paratus sum excipere et tolerare, dummodo haec adeo ne increvisse noscantur, ut auctoritas, quam defensitare ad animi tumorem minime est referendum, vel laedi aut respui contingat».3
Le escribo estas palabras con el ruego insistente de que no haga de ellas ningún uso manifiesto en la carta que está quizá a punto de escribir a Monseñor el Vicario; porque eso sería echar leña al fuego; y al contrario, nosotros tenemos la obligación de hacer lo posible por apagarlo. En cuanto a mí, me ruega que no ande difundiendo mis quejas ni le crea preocupado contra mí; el segundo reproche tiene algún fundamento. Pero creo poder desmentir el primero, porque no he hablado de ello más que a los que de ninguna manera podían ignorarlo; y, sabiendo que envía mi carta a Macao, pedía con insistencia que no se hiciera ningún uso de ella ante el Padre Marchini,4 prefiriendo sufrir antes que apelar a ciertos recursos, que ordinariamente agravan el mal en lugar de destruirlo. Dicho Monseñor no se retracta directamente de lo que antes me ha imputado, pero parece desengañado, lo que ya es bastante en un superior con respecto a un inferior, y me devuelve todos mis antiguos poderes.
Se queja bastante vivamente del Padre Chen, siendo acusado por el señor proadministrador de haber prohibido a los cristianos de Mienyang-tchéu recibirle, lo que él niega rotundamente. Más enérgicamente aún se queja de uno o dos catequistas acusados falsamente de decir que el proadministrador se las vería mal, y que le romperían las piernas, si se le ocurriera ir a visitarlos.
El catequista a quien se atribuyen tales despropósitos es un hombre muy dulce al que conozco hace tiempo, y también piadoso. Es cierto que se negó a recibir en semejante ocasión al proadministrador, pero por la sola razón de que su casa se encontraba en un estado deplorable a causa de la inundación, cosa que era verdad.
Los señores Propagandistas (misioneros de Propaganda Fide) pretenden que 3 ó 4 distritos de Kin-tchéu-fu les pertenecen. Cuando el Padre Chin fue a verlos, les dijo que declararan sencillamente y como delante de Dios por quién eran administrados desde antiguo; y respondieron: por los Jesuitas franceses; les pidió un testimonio por escrito que le entregaron de grado, y cuya copia le envío, quedándome con el original para remitírselo a quien de nosotros vaya a verlos, para hacer uso de él si es necesario.
De esta manera distribuyo a nuestros hermanos de comunidad. Envío al Padre Chin a Kiang-sy, de donde salió el Padre Tchang hace ya casi dos arios para ir a Kiang-nan, y del cual no tengo noticias desde su salida hacia esta provincia. Envío al Padre Ho a nuestros distritos del llano desde Cu-tching hasta Han-yang-fu. Su dulzura corregirá todo lo que pudo haber de áspero por parte del Padre Chin. El Padre Dumazel se quedará en la casa para formarse en la lengua, restablecer y consolidar su salud resquebrajada Entretanto oirá las confesiones necesarias que se presenten. Formará según pueda en la lengua latina a 4 ó 5 alumnos de bastante buena esperanza, quienes siguiendo bajo la vigilancia de su maestro y director se formarán al mismo tiempo en la piedad hasta el momento de enviarlos a Pekín.
El Padre Song, cuya endeble salud no le permite hacer el trabajo rápido, lleva dos años y medio en Chang-tsing-hien, de donde no ha vuelto todavía. Volverá, creo, en el transcurso de la octava luna y visitará los distritos vecinos a nuestra residencia. Yo voy a Ho-nan, donde mi presencia es necesaria por causa de ciertos contratos en los que otros no podrían desenvolverse, ni a mí tampoco me resultará nada fácil sin mancharme.
Mi salud parece lo bastante restablecida para emprender este viaje sin peligro. Y además, se muere y se le entierra a uno allí donde se encuentra: por lo demás, ya me puedo morir impunemente, porque tengo un sucesor que reparará todos mis yerros, y a quien le ruego encarecidamente que dé mi sucesión pura y simple, lo que equivale a la súplica de que le ponga como superior en mi lugar. Yo no he encontrado el secreto de hacerme querer ni de hacerme temer. Estoy muy cansado de mandar; yo sirvo todo la más para obedecer.
No tengo casi viático que dar o recibir. Recogemos poco de nuestras tierras, y este año sobre todo casi nada para el sostenimiento de la casa. No hay maíz por causa de la sequía, que acabará también con el pao-ku, si no se termina pronto. Ahora estamos haciendo rogativas para obtener lluvia.5 Tendremos que comprarlo casi todo, y todo es caro. Mire a ver si tiene lo suficiente para ayudar a nuestra pobreza.
Todavía nos falta un operario evangélico; envíenos, pues al Padre Tching,6 a quien nos había prometido el año pasado, y que podrá correr y trepar por las montañas en mi lugar.
Los Padres Chin y Ho, que no le escriben, me encargan que le presente sus muy humildes respetos.
Desde la muerte de nuestro hermano Qon7 nuestra escuela gratuita está vacante; y seguirá vacante todavía por un año, porque somos demasiado pobres para sostener los gastos que exige su mantenimiento. Además no tenemos a mano a ningún hombr,e para ocupar esta posición.
Sería una caridad grande que nos enviaran al menos un misal inquarto, ya que es pesado servirse de misal in-12.
Le ruego que nos devuelva en la primera ocasión el cáliz que le mandé el pasado ario para su arreglo y reconsagración.
Tenemos una pequeña cristiandad en los confines de Kiang-sy que está situada en Kiang-nan; le ruego pida a Monseñor de Nan-king las facultades comunicables a quien- yo»envíe a esta provincia. Le recordará al mismo tiempo la carta que le escribí hace algunos meses, en la que le pedía la renovación de la facultad de confirmar y de dispensar en disparidad de culto. Observe: estas dos últimas facultades son necesarias también para el Padre que se enviare a Kiang-sy.
Adjunto en una carta al Padre Lamiot una nota de libros y estampas para nosotros y nuestros cristianos. Espero que tome nota de esta demanda, total o parcialmente, según sus posibilidades; pues no dudo de su buena voluntad.
No me queda, me parece, más que asegurarle los votos diarios que hago por su conservación, y de los sentimientos de veneración, respeto, afecto, adhesión ex toto corde in Dño (de todo corazón en el Señor), en los que tengo el honor de ser…
- CARTA 50. Casa Madre, original (Baros n. 45).
- Monseñor Landi, de Chen-si, cfr. Carta 19, nota 3.
- Traducción: «acuciado por no se qué instinto, el R.P. José Ghislain me ha denigrado con el prejuicio de esta rara tacha o motejo, sin que ello me admirase mucho; más aún, me acusa de mendaz y maligno, de ánimo avieso en lo que atañe a los misioneros; y lejos de dar a mis expresiones el crédito de una explicación benigna y equitativa, falazmente desatiende el sentido de las frases, malentendidas o tergiversadas. Mas nada de esto temo, y aun estoy presto a tolerar más, si de más soy objeto, siempre que no alcance un punto en que el orgullo hiera o desprecie la autoridad, y sea preciso defenderla».
- Marchini, cfr. Carta 13, nota 3.
- En una circunstancia análoga, la población de una aldea acudió al Bienaventurado Clet con un ruego de que obtuviese lluvia. Habiendo mandando luego a los cristianos al oratorio común, él mismo se encerró en su cuarto. Estuvo al menos dos horas orando, y al salir, con los ojos arrasados en lágrimas dijo a los cristianos que esperaban su respuesta: «Tendréis demasiada, demasiada…» En efecto, sobrevino una lluvia tan abundante, que se convirtió en inundación (Demimuid, o.c. p. 305).
- Antonio Tching o Tcheng, C.M., nacido en 1778. Entró en el Seminario Interno de Pekín el 8 de marzo de 1805; hizo los votos el 9 de marzo de 1807; se ordenó sacerdote en 1809. En 1811 misionó Hu-pé. Va destinado a Kiang-si cuando muere el Padre Ciro Chen (1827). Muere en Sian-k’iao (Yoei-tcheú fu) el 22 de mayo de 1835.
- Ignoramos la razón de llamar el Bienaventuradado Clet a Qon hermano, coca que hace aquí por primera vez: ¿era donado? ¿Entró en la Congregación a la hora de la muerte? No hay otra mención alguna del hecho en ningún documento que conozcamos. Pudo acontecer que, en reconocimiento de sus servicios a la misión, como catequista y maestro de escuela, el Bienaventurado le permitiese hacer los votos a última hora.







