Régis Clet, Carta 38: A Pablo Song, C.M.

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Francisco Régis CletLeave a Comment

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Autor: Francisco Régis Clet .
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17 de febrero de 1809.1

Estimado Padre y muy querido hermano,

¡La gracia de Nuestro Señor esté siempre con nosotros!

Me veo obligado a escribirle en latín, porque creo que no ha enten­dido bien el sentido de mi carta en francés. Le pedía que no se entre­gara a un trabajo desmedido, para que su salud no se viera afectada. Nunca se me había ocurrido pensar que perdiera usted el tiempo en diversiones, y no comprendo cómo las palabras de mi carta le han podido hacer creer que sospechaba le gustaba el juego, y que dedicaba poca actividad a la administración de los distritos de Tien-kiao-keú: pues yo sabía que estas cristiandades no han sido visitadas desde hace unos siete arios, y que hay asuntos muy embrollados que no se arreglan en breve tiempo. Me ha entristecido tanto el sentido que ha dado a mi carta que, he llegado a creer que el miedo a mis reproches haya podi­do empujarle a un exceso de trabajo, y haya causado con ello la enfer­medad que le obliga a estar en reposo. Entiéndalo de una vez por todas, querido hermano, nunca me he quejado de que mis colaboradores se dejaban llevar de la ociosidad, sino más bien de que trabajaban dema­siado; porque me doy cuenta de que sobre todo en China, donde hay tanta penuria de sacerdotes, es mejor para la salud de las almas vivir que morir. Por eso debemos observar con gran fidelidad las reglas que nos han sido dadas a este propósito por nuestro bienaventurado padre san Vicente, c. XII, art. 11, de nuestras Constituciones comunes, que le aconsejo lea.

Y ahora sus preguntas:

1° Dice que hay que suprimir el préstamo en la provincia de Hu­koang. No lo entiendo bien. El préstamo no es malo en sí, qué digo, está aprobado, aconsejado, aun casi prescrito tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; tan sólo debemos tener cuidado en suprimir los abusos, prohibiendo a los cristianos recibir nada además del capi­tal, fuera del caso del lucrum cessans (provecho no logrado) o damnum emergens (daño sufrido a consecuencia del préstamos). Nuestro deber es examinar la naturaleza, las condiciones, las circunstancias de los contratos lucrativos, de cualquier nombre, que los chinos concluyen entre si, a fin de no declarar injusto y usurero lo que es justo, o de declarar legítimo lo que es usurero e injusto, y este examen no es tarea fácil.

……………….. aquí está rasgada una parte de la carta……………….

Lao-ho-keú (se trata de venta de grano en el mercado de Lao-ho­keú). He obligado a los que venden grano a crédito, es decir «fang­leang-che», a percibir sólo el precio medio de la 3a luna, hecho el des­cuento del kio-tsien, es decir de los denarios requeridos para el transporte del grano al mercado vecino. He fijado la época de la terce­ra luna porque muchos, interrogados sobre esto, me han respondido que la intención común de los que reservan su grano para venderlo en primavera, es venderlo durante la 3a luna: si pues ahora no observan esta regla, eso proviene, no de ignorancia, sino de un deseo inmodera­do de lucro. He visto a algunos que querían cobrar el precio de la 7a luna, porque aquel ario la escasez de trigo había hecho subir mucho el precio del pao-ku de la 7a luna, pero yo los he reducido al precio de la 3a luna, porque nadie se queda con el grano para venderlo en la 7a luna. He visto otros abusos pero no los recuerdo; sobre ellos podría usted leer la relación, si los registros de los cristianos no se hubieran que­mado.

Los que en otoño no reciben de sus deudores el pago del grano ven­dido a crédito en la primavera, podrán al ario siguiente cobrar algún interés de su capital, si tiene lugar la razón del lucrum cessans o dam­num emergens.

En cuanto a la mujer de la que me habla, no le puedo contestar nada cierto, porque no expone con claridad el caso. Tan sólo digo esto en general, que el derecho no autoriza el interés del interés (interés com­puesto); de suerte que si alguien tiene un título a percibir algo más que el capital, este interés, no pagado, no puede nunca convertirse en fondo principal o capital.

Por lo que se refiere a la carta de Su Gracia el Vicario Apostólico, respondo al primer punto, que nuestros cristianos observen la regla que prohibe a los cristianos recitar en chino las oraciones que el clero recita o canta en latín; nada pues que reformar aquí sobre este punto. Segundo que este «viacrucis» es una devoción por la cual los cristia­nos honran los misteriosos de Nuestro Señor Jesucristo; mas para eri­girlo se necesita un manual chino que no tenemos. Cang sien-cheng me dijo que el obispo de Pekín había establecido esta devoción en su igle­sia. Tercero, por crimen contra la naturaleza hay que entender cierta­mente la sodomía. Cuarto, no es la edad de 12 años, sino la edad de discreción la que ha sido fijada por el Vicario Apostólico para contra­er esponsales. Pero ¿qué debemos entender por edad de discreción? Yo no sé si en China la discreción suficiente para contraer esponsales puede ser anterior a la edad de 12 años. Quinto, en cuanto a la recep­ción de las jóvenes prometidas en la casa del suegro, le ruego demues­tre mucha dificultad en permitirla, porque de ahí resultan a menudo graves inconvenientes, a veces crímenes atroces, y matrimonios invá­lidos, debido a la afinidad de primer grado que proviene del comercio ilícito con el suegro o hermano.

Para los casos de conciencia:

1.° …………………… falta parte de la carta……………………………..

2°. El colono que no paga el alquiler anual libremente fijado debe ser tenido por culpable de injusticia, a no ser que obtenga una rebaja libremente consentida: digo libremente, si para conseguirla usa de fraude, p. e. declarando falsamente que ha cosechado menos, cuando ha cosechado más; esta reducción basada en el fraude no se considera libre y voluntaria por parte del propietario (le los campos). Por lo demás, al oír la confesión de un colono, debe obligarle a pagar el alqui­ler completo, sin prestar oídos a las quejas sobre la fijación injusta del alquiler anual, lo mismo que, p. e. no se escucha a los criados que se quejan de la insuficiencia del salario anual y luego recurren a la com­pensación oculta. Pero cuando oye la confesión del propietario de los campos, debe preguntarle si no reclama de sus colonos un alquiler exa­gerado; igualmente p. e. el que ha cobrado un préstamo a cuenta de un interés pagadero, debe ser obligado a entregar el interés prometido, porque este hombre no es juez del título por el que el prestamista exige tal interés por el dinero prestado; tras lo cual hay que preguntar al pres­tamista qué título posee para exigir este interés; y si no tiene un título legítimo, hay que obligarle a restituir el interés percibido.

3°. El que quiere real y sinceramente transportar el grano a Lao-ho­keú para sacarle un precio más alto, se halla quizá en el caso de lucrum cessans (provecho perdido), si se le obliga casi a venderlo a su precio. Digo quizá, porque los dos años precedentes, y éste, el grano está a bajo precio en Lao-ho-keú, de suerte que estos arios el que encarece su grano bajo pretexto de (poder) venderlo más caro, no me parece que esté en seguridad de conciencia. Ahora bien, cuando el precio de Lao­ho-keú es realmente más alto, él no puede cobrar ese precio, porque el transporte del grano exige gastos bastante considerables, y estos gas­tos se han de deducir del precio de Lao-ho-keú; hay que examinar, pues, en cuánto sobrepasa el precio de Lao-ho-keú al de Chang-tsin­hien; además, habrá que rebajar todavía algo de ese precio, por razón del peligro de naufragio y riesgos del transporte fluvial, peligro que se evita al vender el grano en casa.

4°. Todos los teólogos de nota piensan que el pago anticipado del precio no es razón legítima para disminuir el precio de las mercancías; y que el pago diferido no es razón para subirlo, a menos que de ello resulte un lucrum cessans (ganancia cesante), cosa que ocurre rara­mente, porque la venta a crédito multiplica los compradores, y si por una parte parecen perder, por otra ganan, por el número de compra­dores. Porque si los comerciantes sólo vendieran al contado, los com­pradores serían mucho más raros, y las mercancías se estacionarían en sus almacenes; me parece, pues, que se debe eliminar la mala cos­tumbre de vender la libra de carne (al contado X denarios) y a crédi­to 55 denarios.

……………… el texto está de nuevo mutilado … (El 5° caso concierne a un

deudor pobre, a quien un acreedor sin piedad ha embargado los uten­silios de trabajo. El pobre no ha pecado contra la justicia al pedir a la autoridad legítima que le haga restituir estos utensilios)… Pero este hombre habría hecho mejor recurriendo a intermediarios, que habrían resuelto el asunto sin gastos; por donde me parece que este pobre ha pecado contra la caridad, pero no contra la justicia.

6°. Se trata de un hombre que en un alquiler justo determinado recibe tierras de otro para cultivar; y después subarrienda una parte fijando un alquiler más alto. Hay que examinar, 1) si este alquiler no es excesivo en sí. Si la subida no es injusta en sí, hay que examinar cómo puede ser que el gerente de las tierras pague un alquiler inferior. Quizá se trate de tierras a medio cultivo, que hace muchos años se die­ron a cultivar a una familia por un alquiler débil y justo y que el pro­pietario se descuidó en aumentar después; en esta hipótesis el colono no es injusto al subarrendar a un precio mayor, si al menos no ha usado de fraude, astucia y mentira para impedir que el propietario aumente el precio de su alquiler.

7°. Los ricos pecan contra la caridad no haciendo nunca préstamos gratuitos a los pobres; a menos que sus limosnas sean tan abundantes, que equivalgan más o menos al préstamo gratuito que tendrían que hacer. Pero es difícil en concreto evaluar su obligación en esta materia; por eso el rico entrará difícilmente en el reino de Dios.

No existe ninguna fórmula determinada para la aplicación de las indulgencias. Basta p. e. con hacer la señal de la cruz sobre las meda­llas y rosarios. Los objetos indulgenciados pierden las indulgencias, 1° a consecuencia de una alteración considerable; 2° por muerte de la per­sona en favor de la cual se ha aplicado la indulgencia; 3° si el objeto se regala a otro; 4° si lo ha prestado con la intención de ceder a otro las indulgencias que se ganan.

Si aprueba usted mi doctrina, no me alegraré por ello; si la desa­prueba, no me entristeceré.

Le ruego que obedezca al médico, ya que quizá no me ha obedeci­do a mí. Ahora haga penitencia por el exceso de trabajo: porque el que vive de médicos, vive de miseria. No emprenda ningún trabajo hasta que haya recobrado las fuerzas.

Reciba los saludos respetuosos y amistosos del Padre Cang y del catequista Qon. El Padre Ho le saluda personalmente. En cuanto a mí, soy todo de usted y con entera dedicación….

P.S. Salude nominalmente al médico Gai, a quien espero para cons­truir la casa, si llega el dinero. También a la familia Uen, que me es por cierto querida, y que practica la caridad con usted.

Advierta que es malo dedicarse a las obras serviles los días de fies­ta porque está prohibido; por lo tanto los niños y criados que se ven forzados a trabajar en esos días deben ser excusados y absueltos, si desean de todo corazón abstenerse de estas obras serviles. Otra cosa es si se trata de algo prohibido por ser malo; pues entonces niños y cria­dos tienen que resistir a los padres.

Y también que en las restituciones el peligro para nosotros surge de una parte y de otra, pues no me pertenece de ninguna manera pronun­ciarme en favor de Pablo contra Pedro ni a favor de Pedro contra Pablo… etc.

  1. CARTA 38. Casa Madre, original (Baros n. 31).

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