Régis Clet, Carta 19: A Pablo Song, C.M.

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Francisco Régis CletLeave a Comment

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Autor: Francisco Régis Clet .
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29 de mayo de 18051

Reverenciado Padre y muy querido hermano,

La gracia de Nuestro Señor Jesucristo esté siempre con nosotros.

Su carta me ha producido a la vez alegría y dolor: alegría porque su salud es buena; dolor porque su regreso se aplaza aún hasta la sexta luna. Han transcurrido ya, en efecto, ocho meses desde su partida hacia la provincia de Ho-nan donde le esperaban 400 confesiones; mas es seguro que, para oír 400 confesiones, no hacen falta ocho meses. Por eso, viendo que tardaba tanto en volver, me habían entrado temores de que hubiese contraído alguna enfermedad. Cierto, no le acuso de pere­za, pero me imagino que ha oído varias veces las confesiones de algu­nos distritos, sin darse cuenta de que, mientras parte el pan con prodi­galidad a ciertos cristianos, hay otros muchos que perecen de hambre por no haber nadie que les dé de comer. Los tres distritos vecinos de Tcha-Yuen-Keu no han recibido asistencia desde hace tres años; otros dos, algo más alejados, hace cuatro años o más; en cuanto a los otros, hace dos años que están sin administración de sacramentos.

Le suplico que vuelva lo antes posible. Aun así, no es mi intención verle, por acelerar el regreso, desempeñar superficialmente el ministe­rio. Lo que deseo es que, acabado el trabajo, sin ceder a los varios pretextos que no faltarán por parte de los cristianos, sin dejarse detener por sus ruegos, fundado en el bien aparente que podría hacer entre ellos, se ponga en camino para venir aquí. Es el deseo de nuestro Padre Superior, quien me ha señalado expresamente que durante el verano, cuando necesita suspender el trabajo por el excesivo calor, debíamos reunimos para tratar asuntos que interesan a nuestra santificación personal o a la administración de la misión. Por eso, y para acomodarme a esta instrucción, que por otra parte considero necesaria, no puedo consentir que vaya a visitar al Padre Carlos Yang.2 Yo deseo verle cara a cara y hablarle abiertamente. Mas ¿cuándo podría ser, si no es en tiempo de vacaciones, que en nuestras regiones cálidas cae en verano? Además, necesito dinero con urgencia. Es verdad que tenemos las sapecas de una colecta hecha por los cristianos para remediar nuestra indigencia, y que ya están gastadas en gran parte, pero no nos queda casi nada. El que yo traje y el que me llegó por usted o por el señor Tchang lo envié para liquidar un préstamo de 40 taéis hecho el año pasado. He devuelto 25 al señor Tchang y ahora adivine si me queda mucho. Y me hacen falta con urgencia, no sapecas, sino plata. Pues debo despachar un correo a nuestro Vicario Apostólico y para este largo viaje, el peso en sapecas es demasiado alto; se necesitan lingotes de plata que se cambian con facilidad. Este viaje dura unos dos meses, y quiera Dios que pueda despachado lo antes posible para que vuelva antes.

Supone que debo emprender un viaje a Kian-Si con el Padre Hoang;3 es un rumor falso. No tengo por ahora ningún asunto en esta provincia; para el otoño enviaré al Padre Hoang al puesto que le ha señalado su superior, es decir a Macao, en chino Gaomuen, pues no puedo tenerle aquí. Existe un rumor más fundado, según el cual, por delegación de S. E. el Vicario Apostólico yo estaría encargado de la visi­ta general de la provincia de Hu-Koang, pero bien pensada la cosa espe­ro a este fin una nueva orden de Mons. nuestro Vicario Apostólico.

Le envío lo que me pidió, a saber, la parte estival del breviario y su gabán. En cuanto a los Santos Óleos, aún no hemos recibido los nue­vos: sírvase, pues, con parsimonia de los antiguos que le quedan.

Para los cristianos de Hoang-long-tang, si ellos vienen a verle, le basta con las facultades para Ho-nao, donde no hay ningún caso reservado. Por el contrario, si va usted a ellos, lo que quizá no sea tan fácil, haga uso de las facultades para Hu-Koang. Si no me equivoco, se las he concedido ya en nombre de S. E. el Señor Obispo de Anthédon;4 mas para mayor seguridad, se las confiero en su nombre por la pre­sente…

Cuide mucho de que todos los cristianos sepan conferir el bautis­mo, pero en cada distrito designe a un hombre o dos, y a una mujer, que estén instruidos, para que se encarguen de bautizar a todos los niños nada más nacer (moralmente hablando, quiero decir).

Observe que, en Hu-koang, no puede dispensar de la disparidad de culto en los matrimonios que se contraigan ni en los ya contraídos, si no es en el supuesto de que los niños nacidos de estos matrimonios se educan o educarán en la religión católica. Informe a los cristianos de Hu-koang sobre la obligación que tienen de abstenerse durante la cuaresma de huevos y lacticíneos. Esta obligación, según opinión común de los teólogos, se debe entender tal cual, a menos que haya poderosas razones para tomar los referidos alimentos. En este caso, hay que obtener la dispensa, si el sacerdote está presente; pero si se encuentra ausente, basta con la epiqueia, es decir, la interpretación moral de la ley. Lo mismo se aplica a la consumición de carne en días prohibidos.

El correo de usted recibirá quizá de mi parte 300 ó 400 sapecas para el viaje: si se presta a devolverlas, no se las acepte.

No creo que me quede otra cosa que decir, sino declararle todo el afecto de mi corazón.

De su Reverencia

muy humilde y obediente servidor.

Clet, i. s. d. l. M.

El Padre Tchang volverá pasada la quinta luna.

P.S. He escrito en latín por ser más preciso el sentido de esta len­gua. (Dé la vuelta al pliego).

P.S. Es preciso exhortar a los cristianos a que aprendan el catecis­mo titulado: Ching-sse-uen-ta5 (Catecismo de los Sacramentos), pero con cuidado también de no obligarles y forzarles a aprenderlo. El Padre Ghislain me lo dejó escrito en esos términos, y sólo obligado por mi insistencia me envió la plancha grabada de este catecismo. Consul­te de hecho a los teólogos, y verá que sólo se debe exigir de nuestros cristianos saber lo que es estrictamente necesario para la recepción de los sacramentos. San Pablo dice: «Non plus…»6 («No saber más de lo que es preciso, sino saber con moderación»). Yo también he distribui­do este catecismo, pero en cuanto a hacerlo aprender, no he sobrepa­sado los límites de una exhortación.

  1. CARTA 19. Casa Madre, original (Baros nº. 13).
  2. Yang (Carlos), sacerdote secular, nació en Yang-tien (Ho-kien Fu); lo ordenó probable­meme Monseñor Gouveia, obispo de Pekín. El Padre Clet lo señala misionando en la parte por­tuguesa de Ho-nan de 1805 a 1807 (cfr. Cartas 19, 21 y 28); misionó en Su-tcheú, Hai-men, Tch’ong-ming (Kiang-su) de 1809 a 1814. Fue llamado a Pekín. Murió en 1821 en Ta-kuo-kia­ichoang, 18 leguas al suroeste de Sien-hsien. Enterrado primero fuera de la aldea, lo está en la iglesia desde 1900 (Cfr. Clergéchinois aun Kiang-nan, p. 61, n. 72. Información recibida del R. P. Paul Bornet, S. J.).
  3. Según parece, puede identificarse al Padre Hoang con el Padre Ozanon (cfr. Carta 21, nota 1). No había por estas fechas sacerdote chino alguno por nombre Hoang en Hu-pé; por otra parte, resulta chocante que haya al mismo tiempo dos sacerdotes a los que el Padre Clet no puede rete­ner en la misión, siendo el número de sacerdotes tan reducido, ¡porque los superiores los recla­maban a los dos en Macao! El Padre Ozanon se llamaba Ho en chino, mas nada impide que al salir de Setchoán tomase el nombre de Hoang: no sería la primera vez que un misionero se cam­biaba el nombre.
  4. Antonio Luis Landi, OFM, nació en Signa (Toscana), el 26 de julio de 1749; entró en los franciscanos el 16 de octubre de 1766; llegó a Macao en 1783, con destino a Chen-si; fue deteni­do en Hu-koang en 1784 y llevado a Pekín: pasó varios meses preso, siendo liberado el 9 de noviembre de 1785; exiliado en Filipinas, vuelve a China en 1789 y misiona en Chang-tong. Pre­conizada obispo de Anthédon, y coadjutor de Monseñor De Mandello -Vicario Apostólico de Chen-si- el 24 de febrero de 1802. fue consagrado por Pascua de 1804, accediendo el 13 de junio siguiente. Murió en Tong-eul-k’eú el 26 de octubre de 1811 (J. De Moidrey. Confesseurs… p. 21).
  5. Este Ching-sse-uen-ta es el Cheng-che yao-li del Padre d’Ollières, S. J. Doctrina necesa­ria de los sacramentos (Cfr. Pfister. p. 905).
  6. El verdadero sentido de Rom. 12, 3 es más bien: «No elevarse más de lo que conviene, sino tener los sentimientos de una justa modestia».

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