Régis Clet, Carta 05: A Su Hermana María Teresa, En Grenoble

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Francisco Régis CletLeave a Comment

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Autor: Francisco Régis Clet .
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15 de octubre, día de tu santo, 1792

Querida hermana,

Este trozo de carta es para comunicarte que llegué al lugar de mi residencia sin percance ninguno; no he sido reconocido en ruta duran­te 30 días de viaje. Durante ese tiempo he gozado de buena salud salvo un estreñimiento tan persistente que he pasado 16 días sin ir al excu­sado y 8 días más de la misma forma.

Lo que al parecer ha impedido que me hiciera daño fue que en todo ese tiempo he comido muy poco.

Ahora estoy alojado en una casa bastante grande,1 pero toda en rui­nas: se va a trabajar sin descanso para repararla, y siendo toda de madera no será malsana para el invierno, que por otra parte es lleva­dero en este país.

Una nueva carrera se presenta: renovar el espíritu de religión en antiguos cristianos que están dejados de la mano de Dios desde hace años, y convenir infieles. Ésa, espero, va a ser mi ocupación hasta la muerte. Ya estamos pues separados en este mundo de aquí abajo, pero cuál no será nuestra alegría al volver a vemos en el cielo, que es sin duda tu ambición, como la mía.

Pido al Padre Daudet algunos artículos que necesito; pienso que tendrás a bien suministrar el dinero necesario para ello: si tus medios no te lo permiten, trataré de pasarme sin ellos. Te ruego que pienses que suministrándomelos contribuirás con ello a la salvación de las almas.

Me encomiendo otra vez a tus oraciones, a las de mis hermanos y hermanas, a quienes darás muchos recuerdos de mi parte. Diles algo por mí a mis sobrinos y sobrinas, sobre todo al que está en tu casa. Tampoco olvido a mi cuñado y demás parientes, entre otros al señor Gagnon y familia; el señor Gigard y amigos y amigas tuyos no son olvidados a su vez, aunque el detalle me parece inútil.

El portador de ésta parte sin dilación para Macao; me veo forzado a concluir. Adiós, querida hermana, siempre tu afectuoso hermano,

Clet, S. de la Misión.

  1. La residencia de la que habla el santo se encuentra en Teheu-Chang-Lu-Kia, cerca de Ling-­Kiang-Fu (Kiang-si). He aquí lo que escribía el Padre Th. Reymers, C. M. En L’Ami des Missionaires du Kiang-Si Septentrional, n. 7, julio-noviembre de 1920, p. 88: «Era un oratorio cons­truido hace más o menos 200 años por los mismos cristianos en forma de una casa china semejando a un Ts’e-tang (templo de Antepasados). Un gran salón en medio servía de iglesia y estaba rodeado de tres habitaciones a cada lado. Los cristianos que habían construido este orato­rio no habían olvidado nada: los artesonados, que servían de separación entre el salón-capilla y las habitaciones, eran de madera esculpida y estaban copiosamente dorados. El Bienaventurado Francisco Régis Clet y otros santos misioneros vivieron en esta casa y celebraron en esta capilla el divino Sacrificio».

    Por su parte Mons. Ferrant, C.M., ha escrito: «La memoria del mártir está allí viva (en Tcheu-­Chang-Lu-Kia); la tradición ha trasmitido el recuerdo de sus virtudes, sobre todo de su oración fervorosa y de su mortificación proverbial. Sobre la corteza de un alcanforero gigantesco, todavía en pie detrás de la capilla, el Padre Clet había grabado una cruz, delante de la cual se retiraba a meditar. Este pequeño jardín, cuyo cercado ocultaba de las miradas indiscretas de los paganos, se había convenido en objeto de su predilección: y bajo el espeso follaje de este árbol gustaba recitar el breviario y rezar el rosario» (Mongesty, o. c., p. X).

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