¿Qué tipo de Misión?

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luis María Martínez San Juan, C.M. · Año publicación original: 1997 · Fuente: Vincentiana.
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Presupuestos

El título nos sugiere el contenido de esta exposición. Efectivamente, tanto por razón de los principios y de la teología que la sustentan, como por razón de las circunstancias concretas de los receptores, esta tarea de evangelización extraordinaria que llamamos con la palabra clásica «misión» puede adoptar diversas modalidades. El mismo lenguaje que empleamos nos lo indica. Se habla de: predicar misiones, organizar misiones, hacer misiones, trabajar en misiones, o, simplemente de, misionar.

Nos hemos reunido estos días porque queremos buscar y encontrar nuestro «lugar» dentro de nuestras iglesias y de nuestros pueblos. En mi experiencia he visto que hay unos presupuestos que, viviéndolos con claridad, van a dar este fruto deseado. ¿Cuáles son estos?

El primero y básico consiste en evangelizar «desde» y «para» la comunidad. La Comunidad es y debe ser quien evangeliza (la misionera). Nosotros ofrecemos unas ayudas. No somos el fin, sino el instrumento; el medio.

Esto lo tenía muy claro San Vicente y para que no nos consideráramos demasiado importantes llega a llamarnos «mozos de carga» al servicio de los grandes obreros… Y. aunque hoy el marco teológico-pastoral ha cambiado y no se puede aplicar al pie de la letra, no está demás recordar otra advertencia de San Vicente. El nos aconseja:

Demostrar mucho honor y respeto a los señores párrocos y vicarios de los lugares adonde vayamos; no emprender nada contra su gusto, ni incluso sin habérselo dicho, sobre todo en las cosas importantes (XI , 103/XI, 30)

El segundo presupuesto es que debemos valorar la realidad y partir de ella. No vale un sistema, por bueno que sea, que aplicamos indistintamente a los diferentes lugares. San Vicente decía que el misionero necesita adaptarse a las circunstancias de las personas, de los lugares y de los tiempos [1, 227/l, 274].

Si que son necesarias unas líneas de acción y unas metas claras. Y para ayudar a plantearlas voy a hablar de un nuevo «modelo» de hacer misiones.

Observaciones:

El Modelo que voy a exponer está experimentado y se adapta bien a comunidades en situación de «cristiandad». Sin embargo, conocerlo para poder aplicarlo en la medida de las posibilidades, puede ser positivo y útil para todos.

El tiempo del que dispongo no me permite desarrollar todos los pasos que, por otra parte, tienen unas rezones profundas, un sentido, una lógica… Sin embargo, existen materiales donde este proceso está explicado y desarrollado.

Y, si no puedo detenerme demasiado en algunos aspectos que pudrían ser interesantes, siempre queda la posibilidad de dialogar en cualquier otro momento, para quien sienta interés.

Un estilo – una forma

I. Tiempo de preparación

1. Diálogo previo

El proceso de una Misión lo iniciamos normalmente con un primer diálogo entre los Responsables de Pastoral de lugar o de la zona que se pretende misionar (Equipo Arciprestal, Párroco/s/…) y alguno de los miembros del Equipo de Misioneros.

Hay una serie de puntos interesantes a tratar en este primer «diálogo». Los principales pueden ser:

1. Intercambiar ideas sobre el tema de la Misión. Poner en común inquietudes:

  • Por qué y/o para qué piden la misión. Qué esperan.
  • Qué podemos ofrecerles y cómo la entendemos nosotros.

2. Llegar a un acuerdo sobre planteamientos eclesiales básicos. Es importante percibir las coincidencias y las diferencias en el terreno teológico-pastoral.

3. Ver las posibilidades reales de un Plan conjunto.

2. Presentación

Es un primer encuentro con la parroquia que se va a misionar. En él ofrecemos un avance claro, aunque elemental, de lo que será el proceso de Misión.

Conviene que les quede claro que el proceso de Misión que presentamos (y lógicamente, también el de preparación) hay que adaptarlo a las circunstancias concretas del lugar a misionar, a las condiciones de las personas (cures y seglares) que se van a encargar de llevar el proceso adelante.

3. Evangelizar desde la realidad

Nuestra Misión pretende ser una «Evangelización desde la Realidad». Sabemos que Dios es el Dios de la vida y que no es ajeno al sufrimiento del hombre: «He visto la opresión de mi pueblo…. he oído sus quejas… me he fijado en sus sufrimientos». (Éxodo 3, 7). Con estas palabras inicia Dios la Historia de la Salvación.

La voluntad de dar respuesta a esta llamada de Dios y del hombre necesitado es el distintivo de la Misión, según San Vicente: «por eso todo el mundo piensa que esta compañía es de Dios porque se ve que acuda a las necesidades más apremiantes y más abandonadas» (SV Xll, 90/XI, 396). Por eso, si queremos ser fieles a San Viente hacer un planteamiento de la misión valorando la realidad es irrenunciable. Lo importante no es «nuestro plan». Lo importante es el plan de Dios que descubrimos en atención al Espíritu a través de los signos de los tiempos.

Si no hacemos esto, nuestra misión será «endoctrinamiento», conquista… Dios nos pide, como se recuerda en la teología actual, la inculturación de la fe. Y para esto es necesario que nos hagamos conscientes de la realidad.

Así que, este empeño de evangelizar «desde la realidad» nos lleva a reconocer que la semilla del evangelio produce sus frutos en la historia concreta de los hombres: «El reino de Dios ha llegado a vosotros» (Lc 11, 20). Es necesario descubrir las realidades positivas. Hay hechos («signos del Reino») que lo manifiestan.

Contraria a nuestro espíritu vicenciano es la autosuficiencia de quien cree que «evangelizar es sólo dar, y no es recibir». Un planteamiento así, puede hacer nuestra tarea inaceptable. Pero, sobre todo, no es nada evangélico. Como recuerda la EN, a la misión vamos a «evangelizar» y a «ser evangelizados». Y de verdad. Estas no pueden ser «palabras huecas».

Permitidme que recuerde dos acciones necesarias [pasos] en este contacto con la realidad:

A) Atender a la realidad

«Evangelizar desde la realidad» nos exige una atención cuidadosa para poder responder a las necesidades concretas de la Comunidad misionada y de los hombres con quienes vamos a entrar en contacto:

B) Para intentar transformar la realidad

Y para ello, hacer un «Plan» de futuro, realista (con-descendiente), posible, que cuente con todos tal y como son, progresivo (que no pretenda saltos imposibles). Pero ha de ser un Plan transformador. No se trata de decir «amén».

Por no alargarme no voy a referirme ahora a las «acciones concretas» que hay que llevar dentro del Estudio de la Realidad en distintas reuniones-encuentros con la parroquia.

Sí que conviene dejar claro que todo el proceso del Estudio de la Realidad finaliza con un tiempo de discernimiento:

Para la recogida de datos, es conveniente realizar un juicio critico [diagnóstico] de la propia realidad. Para esta labor de discernimiento hay que procurar un clima donde sea fácil escuchar a Dios y al pueblo. ¡Ojo con amordazarlos!

Tras este esfuerzo de «discernimiento», estamos en condiciones de formular los Problemas Clave del pueblo y de la Comunidad parroquial; problemas estos que vamos a abordar con la Misión.

Con el Estudio de la Realidad ha comenzado la Misión. La Comunidad Parroquial se ha situado en «estado de Misión».

4. Determinación de los objetivos

Tras este conocimiento de la realidad y teniendo en cuenta, por una parte, los «principios de la misión vicenciana», y por otra, las llamadas y retos que nos lanza la «realidad concreta»; vistas las necesidades concretas y el nivel humano y de fe de la comunidad, se formulan unos objetivos concretos.

5. Programa de la misión

En este momento estamos en condiciones de organizar un programa específico que, como he dicho, tiene que esforzarse en dar respuestas realistas y concretas. No existe el «ser humano en general»; existen personas concretas con inquietudes concretas, con necesidades concretas, con problemas concretos.

II. El tiempo fuerte de misión

A continuación, aunque de forma un poco libre, voy a seguir el esquema de Tiempo Fuerte de Misión, que sería ese esquema de «planteamiento de misión vicenciana» al que me acabo de referir. Advierto que voy a referirme a los pilares, principios, que sustentan el edificio de la misión, porque la forma concreta que adopta la misión puede variar según sea la realidad que encontramos.

¿Cómo vamos a trabajar en la misión? – Pues al estilo de Jesús. Para eso, vamos a ir, paso a paso, recordando el evangelio y viendo en qué va a consistir esta acción evangelizadora extraordinaria que llamamos con un término clásico «misión».

1º Días de encuentro: las Visitas

Cuando Jesús recorre nuestros caminos lo trace con un estilo. ¿Recordáis el diálogo con la samaritana? (Jn 4). Como sabéis el diálogo de Jesús con esta mujer, que no era una mujer del grupo de los «fieles», fue un diálogo lleno de respeto.

Jesús no se impone. Entra con sencillez en el mundo de la mujer: «Ofrece» «con corazón’, teniendo en cuenta a la persona. De forma semejante actúa con Zaqueo. Sólo que, en el cave de Zaqueo, Jesús toma la iniciativa y se invite: Hoy quiero comer en tu casa.

La Misión va a comenzar así. Vamos a dedicar unos días [una, dos semanas, …] a visitar y a encontrarnos con sodas las personas del lugar a misionar. Vamos a saludarlas en nombre de la parroquia [de la comunidad católica]. Vamos a llevarles el programa de la misión, para que lo tengan de primera mano. Vamos así a hacerles una invitación directa.

Si las personas visitadas quieren entablar diálogo, nos detendremos. Si no, les saludaremos, les entregaremos el programa y seguiremos adelante…

Y todo, hecho con sumo respeto y siguiendo el consejo de Jesús: En cualquier casa en que entréis decid primero la paz a vosotros. Esto es lo que queremos «ser mensajeros de vida y de paz».

En resumen, todos los ambientes de la vida ordinaria de un pueblo, son lugares teológicos de Encuentro: la casa, la calle, los mercados, los bares, las escuelas, la consulta del médico… Dios pasa y se acerca a cada persona, a todos.

Hay que advertir aquí, que este primer momento del Tiempo Fuerte de misión lo aprovechamos también para la formación de agentes del lugar. Es una tarea imprescindible en toda misión que pone las bases de un tiempo fructífero de continuidad. Estos agentes del lugar, como veremos más adelante, colaboran en la última etapa de la misión.

2º Anuncio de la Palabra que nos salve

Así se presentó Jesús, diciendo: – «Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios: arrepentíos y creed la Buena Noticia» (Mc 1,15).

También a esta tarea, como Jesús, dedicamos unos días. En ellos buscamos:

  • En un mundo lleno de males noticias, traer la alegría de la Buena Noticia de Dios.
  • En un mundo duro, de malos hechos, hacer que se note con más fuerza que Dios ha comenzado a reinar y que, unidos a El, podemos ir haciendo desaparecer la injusticia, la mentira, la falta de honradez, el dolor, el mal…

Buscamos hacerlo procurando que el ambiente de Buena Noticia se contagie a todos. Y no sólo a través de la predicación, que es lo importante durante una semana, sino a través de el «anuncio persona a persona» que provocamos. entre todos.

Pero, como acabo de decir, el anuncio lo realizamos principalmente a través de la predicación. Predicación que adquiere diversas formas y contenidos según las edades. Es muy diferente un encuentro de personas mayores, o un encuentro de adultos, o las reuniones de jóvenes y de niños, o el compartir con los matrimonios jóvenes. Queremos que esta predicación sea, ¡cercana y viva! Y contamos con distintos temarios para ello.

Para que así sea, dividimos a la población en tantos grupos de edades o de «tipos de personas» cuantos nos parecen necesarios para llegar a tocar el corazón de cada persona.

En la predicación , y de forma distinta según sea el grupo, colaboran [incluso la coordinan], tanto las Hermanas como los Seglares.

Es este un tiempo para la llamada a la conversión. Es una llamada personal a todos a cambiar actitudes del corazón que no nos están ayudando. Porque hoy, en un mundo de oportunistas, son más necesarias que nunca las personas buenas: Personas de corazón limpio, que luchan por la paz, preocupadas por la justicia… hijos de Dios. El Papa, además, repite que son necesarias personas expertas en humanidad.

En el tiempo que dedicamos expresamente a la predicación (una semana, normalmente) realizamos también una llamada a una serie de celebraciones; tales como: el Pregón de la Misión, la Celebración Penitencial, las Celebraciones de Niños, la Celebración Mariana, la Celebración del Sacramento de la Unción y otras celebraciones con los mayores, la Asamblea del Pueblo de Dios, el día de la Comunidad-Familia…

Pero quiero advertir que, al no ser la celebración un elemento constitutivo en la tradición vicenciana y al encontrarnos con el problema de la excesiva sacramentalización en detrimento de la evangelización, las celebraciones las hacemos si las vemos necesarias y si creemos que van a llegar al pueblo y provocar un movimiento de conversión al Evangelio. De lo contrario, las dejamos de lado.

Todas estas tareas corresponden, como dije, al segundo momento del Tiempo Fuerte de Misión. Y duran normalmente una semana.

3º Grupos de Encuentro

El tercer momento del Tiempo Fuerte de Misión, el momento último, lo dedicamos a reunir a la comunidad en «pequeños grupos». Grupos que llamamos de Encuentro, porque se trata de que las personas se encuentren unas con otras, consigo mismas, con las raíces de su fe, con Dios… Son reuniones que se realizan por las casas de los vecinos.

Escuchemos a San Pablo:

Salud a Prisca y Aquila [matrimonio], mis colaboradores en la obra de Cristo Jesús, que por salvarme la vida se jugaron la suya; no sólo yo les estoy agradecido, sino toda la iglesia de los paganos. Saludos a la comunidad que se reúne en su casa (Rom 1 6, 3-5).

Como sabéis aquella primera iglesia que comenzó a actuar en medio del mundo descreído se reunía para animarse unos a otros y vivir unidos en la fe y en la caridad en pequeños grupos. Y lo hacían de forma sencilla, en los lugares habituales de convivencia, en las casas…

Algo así acostumbramos a hacer durante «5 días» en la misión. Esto, en principio, parece complicado y difícil. Pero, al final, es lo que mejor sale y lo que más acaba gustando. Porque, en grupo pequeño, resulta más fácil personalizar la fe y profundizar en ella. Es el aspecto más catequético de la misión. No olvidemos que San Vicente pretendió una misión de corte «catequético». Estas catequesis en grupos familiares, como veremos más adelante, continúan normalmente tras el Tiempo Fuerte de Misión.

Desde el Tiempo de Preparación motivamos a las personas de la comunidad parroquial a que se ofrezcan para alguna de estas tareas:

1. Poner a disposición su propia casa.

2. Animar uno Grupo de Encuentro.

Intentamos hacerles ver que la tarea no es difícil. Les aseguramos que el Equipo de Misioneros que vendremos de fuera les ayudaremos a prepararse y les «acompañaremos».

A pesar de todo, no es fácil que se constituya el grupo de «agentes del lugar» (Animadores) hasta que, en la primera parte del Tiempo Fuerte de la misión, les empujamos nosotros.

III. El tiempo de continuidad

Habéis podido observar cómo la terminología tradicional que viene usándose en la C. M. desde Bogotá, ha quedado ligeramente transformada. En vez de hablar de pre-misión, misión y posmisión, aquí hemos hablado de preparación, tiempo fuerte y continuidad.

Este lenguaje no se debe a un capricho intelectual. Brota de una reflexión y observación pastorales. Queremos evitar que al término de la misión se pueda decir por fin, ya terminó /a misión». ¡Y no! La dinámica misionera o evangelizadora no debe estar ausente en una comunidad cristiana nunca. Por eso, desde nuestro punto de vista, la misión es un proceso que 1) se prepara, 2) tiene un momento más intenso (Tiempo Fuerte) y luego, 3) continúa…

Una pregunta importante, ¿cuándo comienza la continuidad? Según la dinámica de la que vengo hablando, en el Tiempo Fuerte de Misión, e, incluso, en el Tiempo de Preparación. No obstante, hay en nuestro plan de trabajo un momento especial para poner las bases de la continuidad. Es lo que llamamos [cm;1]Asamblea del Pueblo de Dios.[cm;0]

Un día antes de que finalice el Tiempo Fuerte de Misión reunimos a toda la comunidad parroquial y se da a los distintos grupos de la comunidad parroquial la oportunidad de expresarse. Esta Asamblea del Pueblo de Dios es una celebración de la Fe en el Espíritu que sopla donde quiere.

Como decía un obispo italiano «los curas hablamos demasiado y no hemos escuchado al pueblo». En la Asamblea se trata de lo contrario, de que tome la voz el Pueblo. Pero, como creyentes, sabemos que a través del Pueblo se puede manifestar el Espíritu. Al terminar la Asamblea es bueno poder afirmar: «el Espíritu de Jesús y nosotros os decimos». Este es un buen principio para llegar a unas conclusiones de la Misión y a unos compromisos. Y es este el mejor principio para organizar la continuidad.

Y dicho esto, permitidme recordar, ahora que estamos en familia, que las grandes Instituciones Vicencianas surgen para la misión.

Nuestra pequeña Compañía es de la Misión y para la misión; la institución seglar que son las Damas surge en la misión y para desarrollar la caridad tras la misión; este grupo especial de seglares que son las Hijas de la Caridad tiene su sentido en el intento de San Vicente y Santa Luisa de acrecentar en la continuidad el fruto de la misión en su doble vertiente catequética y de servicio. Y los Seminarios vienen a ser una respuesta necesaria que intuye San Vicente en su preocupación por la «continuidad»…

El observaba que no podía perdurar el fruto de las misiones sin unos buenos sacerdotes. «Lo más importante de nuestra vocación es trabajar por la salvación de las pobres gentes del campo, y todo lo demás no es más que accesorio; pues no hubiéramos nunca trabajado con los ordenandos ni en los seminarios de eclesiásticos, si no hubiésemos juzgado que esto era necesario para mantener al pueblo y conservar el fruto que producen las misiones cuando hay buenos eclesiásticos, imitando en esto a los grandes conquistadores, que dejan una guarnición en las plazas que ocupan, por miedo a perder lo que han conquistado con tanto esfuerzo» (Xl, 133/XI, 55).

¿Qué venimos haciendo nosotros en este tiempo de continuidad? Tareas distintas, que intentaré resumir en seis categorías:

1. Ofrecer información, para eso debemos estar preparados, presentando «guías accesibles» para que la propia comunidad continúe realizando su propio plan de continuidad. Para esta labor es necesario que nos tomemos en serio el «estudio» para la misión que nos lleve a un cierto nivel de especialización. Esta labor tiene algún parentesco con la que realizaba San Vicente de cara a los sacerdotes: ayudar, orientar, aconsejar…

2. Continuar la formación de agentes, siempre y cuando nos lo soliciten, teniendo con ellos encuentro puntuales de 2 o 3 días. De todas las formas, suele ser normal que volvamos a las Comunidades parroquiales misionadas. Pero siempre contando con el beneplácito del párroco. Si no es así, evitamos volver.

3. Es normal que continúen los Grupos. Y como normalmente faltan materiales sencillos para uso del pueblo, continuamos brindando materiales adaptados a los Grupos, que varían según sus circunstancias y su edad.

Un sector especialmente interesante e importante es el de los «matrimonios jóvenes» que tienen hijos (a veces también consortes) a los cuales se les encarga «evangelizar». [¡Qué siga desarrollándose la dinámica evangelizadora!].

Tampoco esta tarea la realizamos al margen del párroco. Y eso si, si el párroco lo solicita, organizamos, juntamente con él, un Plan de continuidad.

4. Acciones con jóvenes y niños, encaminadas a llenar los vacíos que deja la catequesis parroquial ordinaria.

5. Tareas de revisión y de planificación, al final y al comienzo de un curso.

6. Muy tímidamente y cuando nos lo permiten, ayudamos a poner en marcha servicios caritativo/sociales. Aquí, pienso, tiene la familia vicenciana un terreno virgen que debería cultivar con esmero, respetando la autonomía de las diócesis y procurando la «coordinación».

De vez en cuando, con distintas modalidades, nos llaman los párrocos para reanimar a las comunidades. En algunas provincias de España está organizado este servicio también extraordinario con las llamadas Renovaciones de la Misión. (Para tareas de este tipo reclaman de modo especial a los Seglares o a las Hermanas).

IV. Otras alternativas

Quizá hayáis observado que este planteamiento podríamos inscribirlo dentro de la categoría que en pastoral catequética se denomina «inductivo», o «ascendente», o, «antropológico». Pero la sabiduría pastoral nos hace pensar que en algunos lugares y circunstancias, es más conveniente realizar un planteamiento diferente, de tipo «más kerigmático», «descendente». Este segundo planteamiento no hay duda que puede ser en algunos ambientes más positivo. Aunque también queremos afirmar que, según nuestra modesta experiencia, en otros ambientes resulta inviable.

Si realizamos un planteamiento de tipo kerigmático, juzgo, no obstante, imprescindible que se tengan en cuenta los tres momentos claves de que he hablado. O sea, no debe prescindirse ni de un tiempo dedicado al encuentro «persona a persona», ni de un tiempo de grupos, ni de un tiempo para el Anuncio/predicación.

¿Cómo organizar estos tres momentos? ¿Qué tiempo dar a cada uno de ellos? Repito, dependerá del tiempo de que dispongamos, del ambiente general del pueblo, y de la situación humano-cristiana en que se encuentran las personas que vamos a misionar.

En algunas Provincias, por planteamientos teológico-pastorales, se ha determinado organizar la misión comenzando con una semana de grupos. Por ser esta una dinámica que, comenzando en la pequeña comunidad, desemboca en la Comunidad grande. Las así llamadas «comunidades de caridad», «gruppi de ascolto» o «asambleas familiares»… están colocadas en primer lugar; la predicación, en segundo lugar…

Bien. Como dicen las matemáticas, el orden de los sumandos no altera la suma. Si vemos que es necesario un planteamiento más «kerigmático», podría variarse tanto el mensaje a proclamar como el orden de cada uno de los tres momentos que acabo de describir. Lo importante es dar al pueblo el alimento que mejor pueda dirigir y presentarlo de forma que lo reclame y que le llegue.

En otros términos, debemos huir de absolutizar o, lo que es peor, de absolutizarnos. Los únicos absolutos en misiones son Dios, su Cristo y su Evangelio. Y en la vertiente más humana, la Iglesia y la persona humana.

O sea que, en conclusión, en la organización de una misión:

1. Es necesario mantener el principio vicenciano de la adaptación. Debemos mantener el espíritu «ágil» para adaptamos a las circunstancias de lugar, de tiempo y a las personas.

2. Debemos organizar el Acto de la Misión en conformidad con el principio que nuclear de la Historia de la Salvación: la con-descendencia y tener los mismos sentimientos de Jesús el cual no hizo alarde de su categoría, se vació de si mismo descendió y pasó por uno de tantos (ver Fil 2, 5s). La vivencia de este principio nos llevará:

  • Al encuentro y diálogo con las personas [visita, cercanía].
  • A una predicación [Anuncio] sencilla y adaptada.
  • A provocar «encuentros de las personas» en grupo.
  • A escuchar al Espíritu presente en el Pueblo de Dios.

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