Profetismo del carisma vicenciano a la luz de la doctrina social de la Iglesia (4)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: María Pilar López, H.C. · Año publicación original: 2009.
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4.- San Vicente y la Justicia

Otro rasgo característico del espíritu que San Vicente nos legó es que, además de percibir a los pobres como personas que tienen su dignidad y sus derechos, les debemos no piedad sino justicia.

En el documento «La justicia en el mundo», del Sínodo de obispos de 1971, leemos lo siguiente:

«En el Antiguo Testamento, Dios se nos revela a sí mismo como liberador de los oprimidos y defensor de los pobres, exigiendo a los hombres la fe en El y la justicia para con el prójimo. Sólo en la observancia de los deberes de justicia se reconoce verdaderamente al Dios Liberador de los oprimidos«.1

Para Vicente de Paúl los pobres son siempre y ante todo personas concretas que viven en una situación de miseria, de explotación, de marginación y de injusticia. Cuando funda las Caridades, la Congregación de la Misión, las Hijas de la Caridad lo hace para concienciar a sacerdotes y laicos de que a Dios se le ama o se le traiciona en los pobres.

Volvamos al documento, «La justicia en el mundo»:

«Pero el amor cristiano al prójimo y la justicia no se pueden separar. Porque el amor implica una exigencia absoluta de justicia, es decir, el reconocimiento de la dignidad y de los derechos del prójimo«.2

Recordemos alguno de los escritos de San Vicente sobre la relación entre caridad y justicia:

  • «Que la justicia vaya acompañada de la misericordia«3
  • «No puede haber caridad si no va acompañada de la justicia»4
  • «Los deberes de la justicia son preferibles a los de la caridad«5
  • «Que Dios nos conceda la gracia de enternecer nuestros corazones a favor de los miserables (los forzados) y de creer que, al socorrerlos, estamos haciendo justicia y no misericordia».6

Para Vicente de Paúl, la apertura a los pobres, su promoción integral, dependen primero de la justicia. Es una respuesta a un derecho de los pobres.

Como tantas veces ocurre, la posición del Señor Vicente fue revolucionaria en su época; él no fue un revolucionario, pero su pensamiento y su llevarlo a la realidad, chocaba con lo que la sociedad «bienpensante» creía y vivía.

Lo que en la época de San Vicente era inaudito, hoy lo encontramos en el Magisterio de la Iglesia como una exigencia de nuestro actuar como cristianos. Veamos algún ejemplo en el Compendio:

«Quien piensa conformarse a la virtud sobrenatural del amor sin tener en cuenta su correspondiente fundamento natural, que incluye los deberes de la justicia, se engaña a sí mismo: La caridad representa el mayor mandamiento social. Respeta al otro y sus derechos. Exige la práctica de la justicia y es la única que nos hace capaces de ésta. Inspira una vida de entrega de sí mismo»7

«Entre evangelización y promoción humana existen vínculos profundos. Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención, que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a la que hay que combatir, y de justicia, que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?».8

Justicia y caridad se hermanan y ayudan. La caridad, no quiere en forma alguna ocultar la obligación de la justicia, sino, por el contrario, dejar bien claro el reconocimiento del derecho que asiste a la persona. La caridad no anula las exigencias de la justicia sino que las hace más obligatorias. Pues la justicia se basa en el amor y tiende al amor.

San Vicente intervino directa e indirectamente en política, pero fue su vocación personal de evangelizador de los Pobres, y no otra cosa, lo que le llevó a intervenir en asuntos de carácter político; con ello solo busca el bien del «pobre pueblo que se condena y se muere de hambre».

Hermanas y hermanos, la neutralidad política no existe; en un mundo tan interrelacionado como el nuestro, cualquier acción cobra significado político, bien sea de forma activa, bien de forma pasiva. El silencio ante una situación injusta supone tolerar y permitir que la injusticia siga, es, (de forma pasiva) tomar partido por la injusticia.

En los escritos de San Vicente tenemos cantidad de ejemplos para mostrar como San Vicente inculcaba a sus hijos e hijas este sentido de la justicia y su defensa a favor de los pobres. Veamos solo un ejemplo el 21 de julio de 1657 escribe al P. Carlos Ozenne:

«Nuestro cónsul de Túnez ha sido expulsado por el rey, por no haberle querido conceder una cosa que iba en contra de su conciencia, y el de Argel está en la cárcel debido a la evasión de un comerciante de Marsella, que había fracasado en sus negocios, de un renegado y de otros tres o cuatro esclavos»9

Por fortuna, tenemos también la carta que el Santo dirige al P. Juan Barreu, el cónsul que ha sido acusado:

«Bendito sea el santo nombre de Dios por haberle encontrado digno de sufrir, y de sufrir precisamente por la justicia, ya que, gracias a Dios, no ha dado usted motivos para esos malos tratos!»10

Mis queridos hermanos y hermanas, el defender la verdad y la justicia y el sufrir por ello, es un elemento constitutivo de la acción de todo cristiano a favor de la expansión del Reino de Dios. Nosotros, los hijos de Vicente de Paúl, si queremos ser dignos de tal padre, debemos significarnos en ello y hacer vida lo que nos dice el documento de «La justicia en el mundo»:

«La acción en favor de la justicia y la participación en la transformación del mundo se nos presenta claramente como una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio, es decir, la misión de la Iglesia para la redención del género humano y la liberación de toda situación opresiva».11

No quiero terminar este punto sin hacer mención de que, el sentido de la justicia que tenía San Vicente, le lleva a prever la protección social de los empleados, algo inaudito en aquel tiempo. Tres siglos antes de que existiese la Seguridad Social, escribe a un Superior de la Congregación:

«Si pueden ustedes pagarle a su criado el salario de los cuatro meses de enfermedad, así como los gastos de medicinas y del médico, creo que convendrá que le paguen, ya que se trata de un hombre pobre y un buen servidor».12

Lo mismo hizo cuando unos obreros se accidentaron en una casa de la Congregación.13

Podríamos seguir con un sin fin de ejemplos de cómo nuestro Fundador fue un defensor a ultranza de la justicia y de los derechos de los pobres, yo podría seguir y ustedes me podrían ayudar a ello. Cerremos este punto diciendo que la vida de Vicente de Paúl está completamente abrasada por el fuego de la caridad, lo cual le lleva a afirmar que hay que acudir en auxilio de las necesidades de los pobres, ¿recuerdan el texto?

«… con la misma rapidez con que se corre a apagar un fuego«14

  1. Sínodo 1971: «La justicia en el mundo». Introd. 6
  2. Ibid., II, 6
  3. SV I, 464
  4. SV II, 48
  5. SV VII, 525
  6. SV VII, 90
  7. Compendio, 583
  8. Compendio, 66
  9. SV VI, 312
  10. SV VI, 310
  11. Sínodo 1971: «La justicia en el mundo». Introd. 6
  12. SV VI, 84
  13. Confrontar SV VI, 310
  14. SV XIB, 724

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