Preparación de la misión (Pre-Misión)

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: John Kennedy y Arthur Kolinsky · Fuente: Vincentiana.
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Intentaré presentar en esta ponencia el trabajo de la «Pre-Misión» que hemos desarrollado como paso preliminar a la misión como tal, y que normalmente va dirigida a los fieles de una parroquia con una población considerable de inmigrantes de habla hispana. Tiene dos partes principales: l. Preparación del equipo misionero. 2. Preparación de cada parroquia.

Preparación del equipo misionero

La reunión de Visitadores Vicentinos en Bogotá en Enero de 1983, con el tema principal «Misiones Populares», renovó el interés en nuestro apostolado principal como vicentinos, la Evangelización de los pobres. La Provincia de Filadelfia respondió poco después asignando a un grupo de cohermanos a un equipo de renovación de parroquias», que tuvo un éxito inmediato. Poco después, en el año 1985, el P. Jerry Mahoney, Provincial, decidió que teníamos que evangelizar a uno de los grupos cristianos más numerosos y más necesitados de los Estados Unidos, inmigrantes de lengua Hispana. Pidió a los Padres John Kennedy y Art Kolinsky que empezasen este trabajo, ya que ambos hablan español.

Con el fin de prepararnos para este apostolado, visitamos primeramente el Comité Católico para los Hispanos en sus tres sedes que corresponden a los límites geográficos de nuestra Provincia:

  • Nueva York – Noreste
  • Miami – Sureste
  • Sur – Oeste-Central

Estas visitas fueron sumamente provechosas. En primer lugar, los directores de cada región se alegraron mucho al comprobar que los Vicentinos estaban deseosos de participar en el apostolado de habla hispana. Y en segundo lugar, recibimos consejos muy útiles, y nos dieron los nombres de Obispos que nos recibirían en sus diócesis con los brazos abiertos.

El trámite siguiente fue visitar las diócesis que nos recomendaron: Brooklyn, Rockville Center, Nueva York, Allentown, Miami, Venice, Tampa, Kalamazoo, en todas ellas dimos misiones seguidamente. Como estas noticias favorables sobre estas actividades vicentinas recientes se iban esparciendo y en respuesta a las llamadas de los cohermanos vicentinos de otras Provincias, durante los próximos años tuvimos misiones además de en las diócesis citadas más arriba, en las diócesis de Brownsville, Midland-Odessa, Chicago, y Los Angeles. Recibimos también invitaciones de América Latina, y como resultado ratificamos un compromiso de seis años (tres meses cada año) con Panamá, donde Tom Sendlein era el Director de la «Misión Nacional», por el que nos comprometíamos a misionar todos los rincones del país y por el que 1 . implicábamos a sacerdotes, religiosos y miles de laicos entre los años 1988 y 1993. Y en los años 1994 y 1995 dimos también misiones en barrios periféricos de la República Dominicana.

Por consiguiente, después de haber designado áreas para las misiones, aprendimos técnicas observando cómo actuaba el equipo de renovación angloparlante (el de Tom Krafinski) y después de obtener informes de las Provincias de habla Hispana, principalmente de Colombia, vimos que nuestra preparación era adecuada para empezar la tarea. Así que empezamos.

Preparación para la Misión

Para preparar la misión en una parroquia, tratamos de visitarla varios meses antes de comenzar la misión. Esto no es siempre posible, especialmente cuando la parroquia está muy distante, por ejemplo en California, mientras estamos dando misiones en Nueva York. Sin embargo frecuentemente nos arreglamos para hacer una visita preliminar, en la mayor parte de los casos solamente uno de nosotros, para poner en marcha la preparación remota.

La preparación fundamental, y primera, va dirigida siempre a los sacerdotes de la parroquia. Y como casi siempre vamos a parroquias que nos recomiendan los Directores Diocesanos de los Hispánicos, encontramos sacerdotes que se alegran vernos, que desean conocer nuestros planes y están preparados para arremangarse y tomar parte en la misión. (¡Que distinto de lo que sucedía anteriormente, en que el párroco solía aprovecharse de la presencia del misionero para irse de vacaciones!).

Una vez asegurada la cooperación de los párrocos, programamos el plan de la misión, haciendo resaltar el papel del laico, y pedimos una reunión con los miembros de la parroquia. Les explicamos que es su misión, no nuestra, y que ellos, no nosotros, construirán la misión o la destruirán. Si tenemos la suerte de hacer esta primera visita en un fin de semana, acudimos a todas las misas del domingo, anunciamos la misión, les fijamos las fechas y pedimos voluntarios. Sabiendo que no todos los feligreses desearán tomar parte activa en la misión, les ofrecemos una opción: Distribuimos unas tarjetas, les pedimos que pongan sus nombres y dirección, y que indiquen su elección: pueden elegir ser misioneros que salen a la calle y visitan a las familias con nosotros – o bien ser «misioneros de oración», comprometiéndose a rezar todos los días de la misión por sus amigos y vecinos que van visitando las casas, como «pescadores de hombres», usando las mismas palabras de Jesús.

Los católicos de los Estados Unidos están acostumbrados a recibir llamadas en sus casas de los Evangélicos, Mormones, y Testigos de Jehová, pero no de los Católicos. Por ello les viene muy bien unas sesiones de instrucción y animación sobre este particular. Nosotros les animamos a que profundicen en la doctrina básica católica, por si se encuentran con indagadores curiosos, pero que no entren en polémicas. Se les informa que el fin principal de la campaña de puerta a puerta es invitar a la gente a la misión, no convertir. Ellos visitan como amigos y vecinos. Estas reuniones preliminares van dirigidas a inculcarles esta convicción.

Como de ordinario no podemos estar en la parroquia en el tiempo de la preparación, pedimos al párroco que preparase a alguna buena persona laica, o a algún religioso, o podría ser él mismo para este trabajo. Nunca nos lo ha rehusado nadie, y casi siempre a nuestra llegada a la parroquia para la misión nos encontramos con un entusiasta equipo de misioneros esperando nuestra llegada. En la mayor parte de los casos nos encontramos con cuarenta o cincuenta voluntarios preparados para lanzarse a la calle. Ha habido casos en que hemos tenido más de ochenta para esta ayuda.

Preparación Final

Intentamos siempre llegar a la parroquia unos días antes de que empiece la misión, y tratamos de reunirnos todas las noches con el equipo para tener las últimas sesiones preparatorias. Como nuestro equipo va dirigido a parroquias donde, de ordinario, los hispanos son numerosos, con frecuencia la mayoría, los misioneros voluntarios normalmente reflejan la composición étnica de la parroquia. Y la misión ha de tener en consideración tales estadísticas. Los misioneros reciben instrucciones para estar preparados a encontrarse indistintamente con familias hispanoparlantes o angloparlantes y deben advertirles que habrá algo para todos durante los días de la misión.

Esta última preparación con frecuencia toma forma de «manifestaciones estimulantes» de colegio. En algunos casos se preparan estrategias de dinámica para usarlas como pequeñas parodias para aclarar cómo deben actuar cuando hagan las visitas. Se pide a algún voluntario que haga el papel de diferentes tipos de familias: Católicos ejemplares, Católicos indiferentes, Cristianos de nombre, Protestantes, Casas de padres solteros, Alcohólicos, Indolentes, Enemigos de los católicos, etc.. Otros hacen el papel del equipo misionero, llamando a puertas imaginarias, saludando a los habitantes, y empezando desde ahí. La experiencia ha demostrado que es una forma muy eficaz y agradable de preparar a personas tímidas para abordar el tema de la religión con extraños.

El punto culminante de la fase preparatoria de la misión tiene lugar el domingo en que empieza la Misión. Esta es la ceremonia en que se transmiten los cargos. En cada una de las misas del domingo anunciamos quienes son los misioneros laicos voluntarios. Después de la comunión les pedimos que salgan y vayan al presbíterio, para que los fieles de la parroquia los vean y sepan quienes son. Es mucho mejor hacer esto en todas las misas del domingo que reunirlos a todos en una única ceremonia. De esta manera todos los fieles de la parroquia se dan cuenta de que algo muy extraordinario y muy especial está teniendo lugar en la parroquia. Se impone a cada misionero una crucecita de madera para que la lleve al cuello. Este es un momento muy emocionante para todos, y con frecuencia esta ceremonia atrae a más voluntarios a unirse al equipo misionero.

Aunque esta ponencia se limita a la fase de preparación de nuestras misiones, debemos aludir aunque sea de una manera muy somera a la Misión como tal, ya que para preparar a los voluntarios ellos deben saber a qué invitan.

La parroquia se divide en sectores, cada uno consiste en unos cuantos bloques de casas. Se forman equipos de tres voluntarios, teniendo cada grupo personas que hablan español e inglés. Se les proporcionan fichas de todos los católicos conocidos en el área que ellos visitarán. Estas visitas tienen lugar de 6:00 a 9:00 de la tarde, cuando las familias se encuentran en sus casas después de terminar el trabajo. Al entrar en la casa ellos mismos se presentan como representantes de la Iglesia Católica local e invitan a sus anfitriones a que vayan a la misión. «Pero… ¿qué es la Misión?

El Misionero responde: «Mañana a las 7:00 de la tarde habrá una misa y la celebrará el Padre tal o tal en la calle tal, en frente de la casa del Señor Rodríguez. ¿Puede Vd. asistir?.

Tal suceso novedoso atrae de ordinario atrae grandes multitudes. Es algo diferente. Los altavoces hacen llegar nuestro mensaje a muchos oídos. La policía con frecuencia nos acompaña para controlar el tráfico, o también para bloquear la entrada de coches con el fin de evitar ruidos durante la celebración de la misa.

De esta manera nuestros misioneros están bien informados de todo lo referente a la misión: Visitas a las casas el lunes por la noche, misas al aire libre los martes, más visitas por otras calles los miércoles, más misas al aire libre los jueves, reunión con los misioneros para hablar de las actividades de la misión los viernes.

Se continúa este plan de trabajo por espacio de tres semanas, dedicando los sábados a las actividades con los jóvenes. Por fin, una última semana en la iglesia, con liturgia, reconciliación, sermones, siempre una procesión Mariana, y la clausura de la misión con una fiesta … música, danzas, tamales, etc., etc., etc.

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