Para una inculturación de la vida consagrada en el contexto malgache

Francisco Javier Fernández ChentoMisiones «Ad gentes»Leave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Benjamín Ramaroson, C.M. · Traductor: Martín Abaitua, C.M.. · Año publicación original: 1997 · Fuente: Vincentiana.
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Inculturación, he ahí una palabra en boga, de moda en la «jerga eclesiástica», una palabra coronada con un aura y de una gran audiencia. Y todo el mundo cree conocerla y piensa que hace inculturación. Pues bien, si hay un dominio en el que se debe ser muy prudente es el de la Inculturación. Este artículo sólo será una contribución humilde. Así, las páginas que siguen no pretenden desarrollar una teoría acerca de la inculturación de la vida consagrada, tanto más cuanto que los análisis hechos conciernen sobre todo al contexto malgache. Sin embargo, pueden ayudarnos a tener una idea de la dificultad de la inculturación, y al mismo tiempo de su riqueza.

Subdividiré mi exposición del siguiente modo: Introducción general, que tratará de centrar el problema (inculturación, una urgencia, un reto y una cuestión apremiante de vocabulario a propósito de la inculturación). Y en segundo lugar, trataré un tema particular de la vida consagrada para ilustrar nuestro propósito: la vida comunitaria en relación con las categorías malgaches de fiavánana y de fianakàviana.1

A) Introducción

I. Inculturación: urgencia, reto, deber.

)Cómo permanecer cristiano, sobre todo religioso, en el contexto actual «sin alienarse@ y sin desdecirse de sí mismo, para hallar su verdadero lugar y no ser un «contratestimonio» para los demás? Resumiendo, )cómo ser plenamente religioso y plenamente malgache? En cuanto a mi, en este fin de siglo en el que en todas partes las Congregaciones celebran su centenario de llegada a Madagascar y, sobre todo, en el que el reclutamiento se hace por todas partes y en gran número, no puedo menos de sentir cierta inquietud al pensar en el futuro: )cómo serán esas Congregaciones? El único problema grave que se plantea es pues el de la inculturación: esas Congregaciones, ciertamente internacionales, serán malgaches o no lo serán nunca. Es lo que está en juego en el porvenir de esas Comunidades en Madagascar, tanto más cuanto que los miembros son cada vez en mayor número malgaches. Hay que ayudar a esos miembros a llevar una vida plenamente consagrada al Señor y plenamente malgache, porque, si no se logra eso, hay peligro de tener unos miembros en los que una parte de su ser y de su vida permanece todavía al margen de la consagración, y de ahí la duplicidad en la forma de vivir la entrega al Señor. No resulta sorprendente ver a religiosos que hacen esto o lo otro perturbando la vida de comunidad (relación muy ambigua con la familia …), y todo seguramente a escondidas … Eso crea unos conflictos interiores para el interesado y problemas para la comunidad. Así, la tarea de expresar la vida consagrada en la cultura y por la cultura donde se está actualmente es uno de los grandes desafíos del porvenir de la vida consagrada, ante la diversidad de los medios. Por eso la lnculturación es un deber urgente2 para todas las congregaciones. No es discrecional; es una exigencia de nuestra misma fe. Sin inculturación, la fe quedará en la superficie sin profundidad ni compromiso personal e incluso en peligro de resultar un contratestimonio. El ejemplo del segundo voto lo ilustra, la gente lo entiende con dificultad … Sin inculturación, no habrá verdadera implantación. Pablo VI declaraba a los Obispos de África a propósito de eso:

«A ustedes les toca hacer vivo y eficaz el encuentro del cristianismo con la antigua tradición africana. Es entonces cuando se podrá hablar de verdadera implantación de la Iglesia. Se trata de suscitar o de profundizar una nueva civilización, a la vez africana y cristiana. Y Nos afirmamos con ustedes, que ese proyecto es realizable con la gracia de Dios. . . «.3

El Instrumentum laboris de la asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos se expresa así sobre el tema de la inculturación:

«La inculturación no constituye un nuevo método de evangelización, es más bien un concepto alrededor del cual se articula todo proyecto de evangelización. La inculturación parece ser en la actualidad como un deber urgente de la Iglesia de Africa«.4

Mons. Juan Guy,5 llorado Presidente de la Conferencia Episcopal Malgache, durante su intervención en el Sínodo Africano de Roma hizo algunas precisiones a propósito de la inculturación:

«No estamos en el estadio de la reivindicación; ahora se trata de concretar las orientaciones teóricas … el camino está abierto en buena parte … Pero, al tratarse de ‘una nueva lnteligencia de la fe’ Aes necesario el discernimiento».6

Entonces, )qué significa inculturar, y, más en concreto, la inculturación de la vida consagrada?

II. Cuestión de vocabulario

a. Lo que no debe ser la inculturación

La inculturación no debe ser una especie de folklorismo. No es vistiéndose como los autóctonos o viviendo en chozas como se hace inculturación. Pero hay que saber el por qué de todo eso. Otro ejemplo: no es eligiendo a un malgache como superior como se hace malgache a la comunidad, pensando que él, al menos, quizá conozca el alma malgache. Hay que hacer más que eso. A todas esas actitudes y a otras yo las llamo «folklorismo», es decir, así no se sale del plano pintoresco. En esa misma línea se puede llamar también folklorismo a la inculturación de ciertos ritos en las profesiones religiosas, porque con harta frecuencia se queda en lo que es superficial y en lo que es bello sin ir a lo esencial. El rito es sólo el epifenómeno de la inculturación profunda. Aún cuando los ritos están íntimamente unidos a la cultura, no constituyen lo esencial de ella. Un rito cultural no se cristianiza con un simple traslado a una celebración cristiana. Lo más importante es ponerse a buscar los verdaderos valores que pueden estar integrados en la fe. Los ritos generalmente no son más que portadores de una inspiración, de una mística … Hay que adentrarse en ella para salir del folklorismo.

La lnculturación tampoco es la adaptación,7 esto es, tratar de «darle colorido local, partiendo de los «fomba» (costumbres), al mensaje evangélico, sobre todo en el terreno litúrgico. Existe el peligro de entender por adaptación el mezclar muchas cosas y hasta de hacer sincretismo.

Finalmente, la inculturación no es volver al pasado, no es favorecer una actitud «retrógrada» poniendo de relieve a los «fomba». Definir la inculturacíón como una vuelta ciega a prácticas antiguas es pervertir su sentido.

De ahí, hay que reconocer que el proceso de la inculturación no se hace de la noche a la mañana.8 Se necesita mucho tiempo, porque no se trata de una simple adaptación exterior, sino de una última transformación de los valores auténticos por su integración en lo que es la fe y el enraizamiento de ésta última en la cultura.9 No es sólo y únicamente una transformación de las mentalidades, sino, sobre todo, una encarnación total de la fe, así pues en concreto aquí de la vida consagrada.

b. Lo que es la inculturación

Antes de definir lo que es la inculturación, tratemos de ver lo que es la cultura, lugar de la inculturación. «Gaudium et spes» en el n1 53 la ha definido así:

Con la palabra cultura se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones, para que sirvan de provecho a muchos, e incluso a todo el genero humano (‘2).

En otros términos, la cultura es el universo humanizado que crea, consciente o inconscientemente, una colectividad. Es la presentación por la colectividad de su pasado y de su proyecto de futuro, que sus instituciones y de sus creaciones típicas, de sus costumbres y de sus creencias y de sus comportamientos característicos, de su manera original de comunicar, de trabajar … En una palabra, la cultura designa la forma de comportarse de la colectividad y de cada uno de sus miembros, de pensar, de juzgar, de percibir y de ser percibidos.

El mensaje evangélico.

Llegados a este punto, es bueno también afirmar de entrada la distinción radical del mensaje evangélico en relación con toda cultura. En efecto, la fe en Cristo no es el producto de ninguna cultura; tiene su origen en una revelación de Dios (Jn 1.13). La fe nunca puede identificarse con una cultura. San Pablo predicaba ya la radical distinción de esta verdad de fe en relación con las culturas de su tiempo (Co 1.22-23). Así pues, la Iglesia no se identifica con ninguna cultura ni aún con la cultura occidental a la que está unida por su historia.

Sin embargo, afirmado este principio de distinción, no hay que creer que entre el Evangelio y las culturas, se da pura, y simplemente separación y distinción. Si este fuera el caso, no merecería la pena de hablar de inculturación. Cristo mismo vivió en una cultura particular y a lo largo de la historia la Iglesia se ha encarnado en medios socioculturales determinados. Entonces, )en qué consiste la inculturación?.

Proceso de la lnculturacíón

Dicho esto, no dudo inmediatamente en subrayar que es un proceso muy complejo. No es una recepción mimética del cristianismo.

«El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1.14). En estas palabras de San Juan está anunciado lo que hoy se llama la inculturación. Dios se hizo hombre para que los hombres lleguen a ser sus hijos. Por la encarnación Jesús es sady Andriamanitra no olombelona, ou tena Andriamanitra no tena olombelona (Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre). Es así como el catecismo tradicional define la Segunda Persona de la Trinidad. Pienso que esta fórmula es interesante, cuando se quiere definir lo que debe ser una inculturacìón. Aquí, como en la fórmula concerniente a la Segunda Persona de la Trinidad, no hay que invertir el orden de los dos miembros de la frase. En la conjunción de coordinación sady … no, el primer miembro es el que establece el dato principal y abre un movimiento descriptivo en el que el segundo miembro, atraído por un encadenamiento natural, viene a añadir una especificación suplementaria y en cierto modo nueva10 (es el proceso ilustrado por la parábola del pan y de la masa: la parábola del grano que brota solo, mientras el sembrador duerme (Mc 4, 26-29), y el de la levadura en la masa (Mt 13.33). Nunca es una absorción. Por eso la inculturación no debe ser una adaptación, sobre todo, externa, sino una verdadera transformación de los valores culturales auténticos por su integración en el cristianismo y el enraizamiento de éste último en las diversas culturas. Pues consiste en fecundar desde el interior de la fe los valores culturales. Esta fecundación necesitará con toda seguridad una purificación, para que estos valores estén conformes con las exigencias del Evangelio. Jesús no vino a abolir sino a completar, a perfeccionar. Pero hay que decir también en este perfeccionamiento «lo que se debe conservar de lo que es de Dios@. Mc 7). Para este punto es interesante la aclaración del documento Ecclesia in Africa. Hace falta una teología completa de la Encarnación en sus tres dimensiones: histórica, Pascual y, finalmente, pneumática (n1 60-61). Con bastante frecuencia se olvidan estas dos últimas dimensiones. Por eso, con bastante frecuencia se cae en el folklorismo o en el adaptacionismo o en una actitud retrógrada.

Seguidamente, en el dominio de la inculturación, hay que saber distinguir entre unidad y uniformidad.

Esto nos lleva a una exigencia de un buen discernimiento: )cómo se debe concebir la inculturación de la vida consagrada?

III. Inculturaclón de la vida consagrada

Ante todo debemos reconocer que la vida religiosa no ha llegado a Madagascar en estado puro, sino bajo el vestido, -que, por otra parte, es más que un vestido externo- de una cultura- europea principalmente. Esto tiene mucha influencia sobre el proceso de inculturación.

Después, es bueno señalar que la inculturación de la vida religiosa debe ser el fruto de la ínculturación de la fe. Progresa con ella. No puede hacer caso omiso de ella con el peligro de ser artificial y frágil sin enraizamiento. Se ve difícilmente cómo podrían trabajar los religiosos en una Iglesia particular, si el conjunto de esa Iglesia no está sensibilizada. Ciertamente los institutos pueden ser motores, pero el motor no basta, para que exista un vehículo es necesario el coche entero. Por consiguiente, no es conveniente que una comunidad religiosa se transforme en laboratorio de inculturación que escape a la autoridad eclesial.

Para que no haya desviaciones, es bueno recordar los criterios fundamentales que han sido destacados por el Concilio para la renovación de la vida religiosa (P.C. 2): las cinco fidelidades: a Cristo y al Evangelio, al espíritu del Fundador, a la vida de la Iglesia, al Mundo, con sus necesidades y aspiraciones y mejor adaptación a las exigencias de los tiempos y lugares. Al margen de esos criterios, hay peligro de que no haya una inculturación auténtica y eclesial.

Como ven, para hacer bien la inculturación, hay que conocer bien las dos identidades: Identidad de la vida consagrada e Identidad malgache: «sady relijiozy no malagasy» (plenamente religioso y plenamente malgache), una vida religiosa fundada sobre el patrimonio idéntico, esencial, constitucional, pero expresada en la cultura auténticamente malgache.

B) Fihavànana-fianakàviana-vida comunitaria

Es a partir de estas dos categorías «fihavànana y fianakáviana» que yo trato de vislumbrar lo que puede ser una inculturación de la vida comunitaria. )Por qué fihavánana-fianakáviana?. Todas las relaciones entre los miembros de la sociedad, la organización de la vida en general, se fundan en el Fihavànana, sobre el Fianakàviana. No se puede desdeñarlas, si se quiere reflexionar sobre el tipo de relaciones que hay que establecer en la vida comunitaria.

Vista tal perspectiva, es sobre todo la aproximación antropológica entrevista en un ángulo más bien socìal que psicológico o filosófico la que servirá de guía en la búsqueda. Pero es bueno subrayar ya desde ahora señalar que es desde una visión de conjunto como yo emprendo mi análisis, porque cada tribu y cada clan tiene sus especificidades que yo no puedo abarcar totalmente en este brevísimo estudio.

De ahí que el problema será tratado de la forma lo más concreta posible sin por eso quedar únicamente en el plano de la observación. Para poner de manifiesto el fin del análisis: hacer resurgir sady relijiozy no Malagasy (la inculturación de la vida consagrada: ser plenamente consagrado y plenamente malgache), trato de descubrir que puede existir cierta analogía entre los tres términos fianavànana-fianakàviana- vida comunitaria. Para llegar a eso, voy a subdividir así la exposición: origen-­fundamento-estructura y aspectos-finalidad y valores- medios. Pero hay que decir de antemano que todos los puntos son solidarios y complementarios. He escogido este procedimiento sólo por pura comodidad.

Vocabulario-Origen

La mayor parte de los autores que han hecho estudios sobre el fihavànana y el fianakàviana reconocen que estas palabras son difícilmente traducibles al francés.

«El fihavànana encierra tantos aspectos y se expresa bajo tantas formas que es imposible expresarlo con una definición única, clara y límpida».11

Por esto para comprenderlas, es mejor partir del pensamiento sugerido por estas palabras fihavànana y fianakàviana.

Entre los malgaches, se piensa con bastante frecuencia que el fihavànana va de por sí. Todo malgache lo vive y lo comprende sin tener que explicarlo, pues toda su existencia no se explica nada más que desde el interior de ese universo. No hay en la vida de un malgache nada que no esté impregnado de fíhavànana. El fihavànana es pues el lazo que une al hombre malgache a su universo:

«El fihavànana es una realidad propia del humanismo malgache: el decir, el obrar y el ser malgache vibran desde la profundidad de esta realidad, fuente de relaciones múltiples, donde dominan el afecto y el amor, conciencia de un saber-vivir y de un valor propio que seria, en la vida del malgache, la expresión típica de su manera de estar-en-el-mundo».12

Es pues interesante tratar de conocer el origen de esta realidad profunda entre los malgaches. Algunos refranes nos lo pueden explicitar. «Ny olombelona ohatra ny ladim-boatavo ka raha fotorana iray thany» (los hombres son como las ramificaciones del tallo de las calabaceras: si la miramos de cerca, en el fondo, sólo hay un tallo).13 Para un malgache, lo que hace la persona es la «relación» realizada en el seno del fihavànana. Ante todo, el malgache es esencialmente miembro de una comunidad. Él se define, ante todo, como miembro de la sociedad en la que vive sin ser absorbido, y eso gracias al fihavànana. Es lo que se puede llamar personalidad corporativa. Ese tejido de relación se extiende hasta los antepasados, fuente de la corriente vital en tanto que responsables de su transmisión.

«Por lo tanto frente al prójimo, en una relación normal, el malgache cree en una especie de simpatía universal que le permite considerar al otro como un padre, un hermano mayor o un hermano menor…».14

Como podemos ya comprobar finavànana puede ser aplicado a varios niveles de relaciones. La naturaleza del fihavànana, su verdadera identidad dependerá por tanto de la naturaleza y de la cualidad de esa relación. Según el estudio hecho por Mons. Randriambololona esa relación que es el fihavànana está constituída por tres elementos: parentesco, amor, vínculo.15

Veamos ahora lo que se entiende por fianakàviana. El fianakàviana es lo que se puede llamar el fihavànana ara-ara­píankáviana (literalmente fihavànana por nacimiento; el parentesco, el vínculo, aquí, está fundado en la consanguinidad). De ahí puede estar uno tentado de pensar que fianakàviana es algo cercano a la familia europea. Se puede uno equivocar, porque este fianakàviana puede ser muy extenso. Por ejemplo, sucede que se considera del mismo fìanakàviana la gente de la misma tribu…. La noción es muy elástica; sin embargo es más restringido que el fihavànana más limitado, que se puede considerar como una «relación» dentro de una sociedad en el sentido más amplio de la palabra. Los orígenes de esta «relación» pueden ser varios. Por eso, con bastante frecuencia los mismos malgaches que se consideran «del mismo fianakáviana«, se preguntan entre ellos: mifanínona, es decir, )en qué nivel de la línea te sitúas? Es ese vínculo el que determina la relación, y al mismo tiempo también su identidad en el interior del fianakàviana, como alguien que tiene un «origen seguro» (tsara fototra). De ahí la importancia de la genealogía (tetiàrana) para saber vuestro lugar en la linea y determinar al mismo tiempo vuestros derechos y deberes.

En cuanto a la Comunidad, que antes de ser una construcción humana la comunidad religiosa es un don del Espíritu. Es, gracias al amor de Dios dìfundido en los corazones por el Espíritu (Rm 5,5), como la comunidad religiosa nace a través del carisma del Fundador/a, y gracias a él/ella la comunidad se construye como una verdadera familia reunida en nombre del Señor.16 Por lo tanto, se puede concluir que la comunidad es de origen divino. Ha nacido, no de la voluntad de la carne o de la sangre, no de simpatías personales o de motivos humanos, sino de Dios, de una vocación divina, de un atractivo (Cf Jn 1.13). Vivir en comunidad es una Vocación. De ahí el lugar importante de la fe. En efecto, es la fe la que permite a los religiosos/as responder a esa llamada, a esa vocación y ver a los demás como hermanos o hermanas según los casos:

«El religioso no es sólo un llamado, según una vocación individual, sino que es también un Aconvocado», es decir, un llamado junto con otros, con los que comparte la existencia cotidiana«.17

Fundamento

Si se observa la vida diaria, el fundamento del fihavánana, ante todo, son los intereses que unen al grupo. En efecto su modalidad es el «dando-dando@ (atero ka alao).

Por el contrario, para el fianakàviana, el fundamento es el amor que une a los miembros. Este amor se realiza plenamente en el matrimonio que crea la familia (ray aman-dreny sy ny zanaka: padres e hijos) o en el fati-drà (vínculo de sangre, un rito por el cual dos personas se unen y llegan a ser «consanguíneos» para dejar bien señalado que están bien unidas). La fianakàviana sobrepasa con mucho el «dando-dando» del fihavànana.

Como ya hemos señalado, la vida consagrada se sitúa en la línea de la fe. Un religioso es el que desea vivir profundamente su bautismo siguiendo los consejos evangélicos. El fundamento de la vida comunitaria está ahí: el Evangelio, la vida evangélica radical. La caridad cristiana es la que anima las relaciones entre los miembros, es decir, el don de sí y la acogida del otro para una comunión. Por eso se dice que la comunidad es ante todo un lugar donde uno llega a ser hermano y hermana. Por ello nunca es estática como un fianakàviana, en el cual se ha nacido hermano y hermana. Esta es un devenir. Aquella es una vocación que hay que «crear»; tiene necesidad de madurar y de desarrollarse en la fe; necesita un camino. Cristo, en su misterio pascual es el modelo de esta caridad. Como Él, el religioso debe amar a su hermano como Él nos ha amado. La caridad del religioso es participación en la caridad de Cristo. Aquí es donde se realiza lo que más arriba hemos llamado «mifanìnona» a propósito del origen del «fianakàviana». En efecto, el origen del vínculo de los miembros de una comunidad es único: «samy zanak’Andriamanitra (todos hijos de Dios), samy relijio-zi, zanak’i … oh; Zanak’i Md Vincent Depaul» (religioso, hijo/a del Fundador, ejemplo: AHijo» de San Vicente de Paúl). Esto se desarrolla viviendo diariamente el carisma particular de la comunidad, ya que se pertenece a la misma raíz@ (fototra tray thany, fototra tombonana).

Estructura

Al subrayar que el fundamento del fihavànana es el interés, podemos ya concluir que son las obligaciones y los derechos los que estructuran las relaciones en el seno del fihavànana. Esto es lo que a menudo se llama firahalahiana (fraternidad). Los hàvana (los miembros del grupo) deben comportarse como hermanos y hermanas. Los dina (estatutos) son para indicar los derechos y obligaciones, la forma de vivir esta fraternidad, y quienes no respetan esas dina son excluídos e incluso se hacen excluir ellos mismos.

El fianakàviana está fundamentado sobre todo en el vínculo de la sangre, que crea la comunión proveniente de las diferentes alianzas (fanambadiana (matrimonio), fatidra (ver la explicación más arriba). Todo eso es lo que estructura las relaciones dentro del fianakàviana. Hay los Ray aman-dreny (padres), que son la fuente, y los zanaka (hijos), que tienen el deber de realizar esas alianzas. Por el contrario, en la vida comunitaria, es bueno distinguir dos elementos, que de hecho só1o son uno: unión y unidad entre los miembros para una comunión.18

El prìmero, más espiritual, que hace la unión. Es la fraternidad o comunión fraterna, que nace de corazones animados por la caridad. Este elemento pone de manifiesto sobre todo la comunión de vida y la relación interpersonal. El segundo elemento, más visible, que forma la unidad es la vida en común o vida de comunidad, que consiste en llevar una vida común fundada en las Reglasl9. Esto necesita un verdadero progreso para una liberación Interior, única vía para una verdadera comunión.

En las comunidades religiosas, existen ciertos documentos que indican de forma más precisa cómo vivir el Evangelio. Tienen la cualidad de transmitir la voluntad de Dios para aquellos a quienes el Espíritu llama a seguir a Cristo por el camino abierto por el Fundador o Fundadora. Estos documentos son las Reglas-las Constituciones. No se trata aquí de poner en el mismo plano el Evangelio y las Constituciones; estas son precisamente para ayudar a vivir radicalidad del Evangelio. Tienen diversas funciones; entre ellas, la no menos importante, es la organización de la vida de la comunidad: la vida fraterna. Sin embargo, esta vida fraterna es diferente del firahalahiana (fraternidad), que se halla en el fihavànana. Se funda en la caridad evangélica. Al lado de esta caridad evangélica, está el carisma enseñado por el Fundador que cada miembro se esfuerza en realizar. Los votos que, no son más que la señal de una total entrega al Señor, estructuran igualmente la vida fraterna en comunidad: «consagrados juntos, descubren cada día que su seguimiento de Cristo obediente, pobre y casto es vivido en la fraternidad…»19

Finalidad y Valores

El origen, el fundamento y la estructura ya ilustran la finalidad del fihavànana para la armonía de la vida en sociedad. Y si esta armonía es adquirida, la comunidad está segura, y esta seguridad es la que garantiza el aina; así la vida resulta la felicidad de todos. Por ello la «vida es dulce» mamy ny ama. Es necesario preservarla de todos los riesgos y de todas las incertidumbres; de ahí el fihavànana, la buena relación, convivencia. La finalidad principal del fihavànana es pues el aina, la vida. Pero siguiendo siempre el principio de que el fihavànana, en realidad, está fundado sobre el interés, que puede llegar hasta el egocentrismo; el malgache no duda al decir: «raha maty aho, matesa Rahàvana, raha maty Rahàvana, matesa ny omby ao am-bala» (si debo morir que uno de mis hàvana muera antes, pero si uno de los hàvana debe morir, que los bueyes en el redil mueran antes). Los valores que se hallan en el fihavànana tienen todos unas relaciones directas con el Aina: el firaisan-kina (solidaridad) es requerido a todos los miembros para mostrar que uno es del mismo aina. Sin esto el fiainana20 (manera de disponer del aina) no es posible.

La estructura de la familia demuestra ampliamente que el fianakàviana es para la perennidad del Aina tombonana (la vida), para que el anaran-dray (el nombre de esta línea de familia) continúe. Por ello el valor principal del fianakàviana es el tsimisara-mianakavy, la búsqueda de la comunión.

La finalidad de la vida religiosa es la comunión con Dios, es decir, vivir la vida de Dios, el aina divino, la vida de unidad de las Personas de la Trinidad. La vida comunitaria es el signo profético del aina divino (vida divina), que une a todos los miembros. En efecto, la vida comunitaria debe ser la expresión de la comunión trinitaria y de la comunión eclesial. Esta comunión se realizará plenamente en la escatología. Pero, la comunidad, como signo, está ya llamada a vivirla. Por eso, hemos dicho más arriba que la comunidad es el lugar, donde día a día se realiza el paciente paso del yo al nosotros. Ese paso no es posible, sino en la gratuidad del don de sí. Pero la comunidad no es un ghetto encerrado en sí mismo. Existe para la misión, para el Reino (Mc 3.14): Jesús llama a sus discípulos a permanecer con El, esto es, a formar vida comunitaria, e inmediatamente les envía a proclamar la Buena Noticia. La vida de comunidad es inseparable del apostolado, de la misión.

Misión

No podemos hacer aquí una recopilación de todos los medios que ayudan a los miembros a vivir el fihavànana o el fianakàviana o el fiaraha-miaina (la vida comunitaria); escogeremos solamente algunos puntos.

No puede haber un verdadero fihavànana sin la confianza, tal como lo subraya este refrán: ny ahiahy tsy hiavànana (la desconfianza no conduce al verdadero fihavànana). Por ello «vale más un verdadero amigo que un mal havàna (miembro del mismo fihavànana (ny havandratsy tsy mahaleo sakaiza tiana). Esta confianza necesita una fidelidad en los dinà, fanèkena (alianzas). La confianza lleva a un verdadero respeto de la vida.

Para mantener el fihavànana es bueno señalar aquí las diferentes ocasiones durante las cuales todos los hàvana se reúnen para un verdadero firahalàhiana (fraternidad), fiestas (lànona), entierros (fandevènana), sàotra ou jòro«21 (ritos)…

En el fianakàviana, el espíritu de familia fundado en la acogida y en la participación recíproca, la confianza mutua es necesaria para llegar a una verdadera comunión.

Sin la oración la vida religiosa no tiene sentido, pues pierde el contacto con la fuente. Se vacía de su sustancia y no puede alcanzar su finalidad, que es la comunión, signo de la comunión trinitaria. En esta vida de comunión, es necesario que el perdón mutuo, la acogida y la participación fraterna estén en el centro de la vida. De ahí el lugar importante en la vida comunitaria de la Eucaristía y del sacramento de la Reconciliación.

Conclusión

El cuadro siguiente podría resumir lo que hemos propuesto hasta aquí.

TEMAS Fihavánana Fanakáviana Comunidad-Fiaramiana
ORIGEN Relaciones Sociobiológicas Relación de orden biológico(la sangre)

Razana- mifaninona- fototra-totiárana

(genealogía)

Espíritu SantoFe

Fundador/a

Vocación

FUNDAMENTO Intereses Amor- afecciones Caridad evangélica
ESTRUCTURA-ASPECTOS Derechos- deberesDina (estatutos)

Firahalahiana

(Fraternidad)

Fomba (usos y

costumbres)

Alianzas (matrimonio-fati dra: alianza por la sangre) ConstitucionesVida fraterna/carisma

Comunión

FINALIDADVALORES Aina (vida) Firaisan-kina(Solidaridad) Aina (vida)Tsimisara-mianakavy

(Comunión)

Educación

Vida divinaSantidad

Signo profético

Misión

MEDIOS Confianza mutuaFidelidad a los dìna-lanona

(Fiesta)-saotra (sacrificio)-Fandevenana (funerales)

Espíritu de familiaFidelidad Oración, Eucaristía,Reconciliación…Unión con Cristo Fidelidad al carisma
  1. Más adelante veremos el sentido de estas palabras.
  2. Cf. JUAN PABLO II, Redemptoris Missio, nE 52.
  3. PABLO VI, DC 74 (1997), p. 951.
  4. Sínodo de los Obispos Asamblea especial para África, Instrumentum laboris.
  5. Mons. Juan Guy RAKOTONDRAVAHATRA acababa de fallecer.
  6. Mons. Juan Guy RAKOTONDRAVAHATRA en DC n1 2094, p. 486.
  7. JUAN PABLO II, Redemptoris Missio, n1 52.
  8. Idem n1 52: «La inculturación es un proceso lento que abarca toda la extensión de la vida misionera…».
  9. Idem n1 52.
  10. Cf. C. GIRAUDO.» Prière eucharistique et inculturation. Nouvelle Revue Théologique 116 (1994), p. 183.
  11. Mons. RANDRIAMBOLOLONA Ph., Fihavànana, camino hacia la comunión» en Aspects du Christianisme à Madagascar (ACM) 1990, p. 253.
  12. H. RAHARILALAO, Eglise et fihavànana a Madagascar. Ambozontany, 1991, p. 132. (Lo subrayamos nosotros). A. RAHAJARIZAFY, en cuanto a él, subraya así el fihavànana. Todo hombre con quien se vive es un hàvana (unido por la sangre y el afecto), y toda relación con él, no se concibe y no se regula sino como un acto de fihavànana. A. RAHAJARIZAFY, «Sabiduría malgache y teología cristiana» en Personalité africaine et catholicisme. Presencia africana, París 1962, pp. 104-105. Pues el fíhavànana es la base de todas las relaciones personales, familiares, sociales.
  13. Se puede presentar un número impresionante de refranes, pero he escogido uno para no hacer pesado el texto; él manifiesta ampliamente la concepción. La cultura malgache es oral, son por tanto estos proberbios los que transmiten los valores..
  14. Mons. RANDRIAMBOLOLONA F., idem, p. 254.
  15. Idem. p. 257.
  16. Congregación… Idem, p. 15.
  17. Congregación… Idem. n1 44.
  18. Por ello, la vida comunitaria ha sido traducida al malgache por fiaraha-miaina(literalmente unión y unidad de vida).
  19. Idem. n1 21.
  20. En efecto, en malgache es bueno distinguir aina y fiainana. En francés ambos se traducen por vida. Aina es el soplo; con el prefijo fi es la vida cotidiana (H.M. DUBOIS «La idea de Dios entre los antiguos malgaches» en Anthropos XXIV (1929), pp. 281-331, XXIX (1939) pp. 751-774 y también H. RAHARILALALA op. cit. pp. 183-186. Por ello es bueno traducir la palabra de Cristo: «Izaho no lalana sy fahamarinana ary aina en lugar de fiainana.
  21. El espacio y el tiempo no nos permiten hablar extensamente de estos momentos importantes de la vida en el interior del fihavánana.

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