Panorámica de la provincia del Perú (1966)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión1 Comment

CRÉDITOS
Autor: Francisco Ruiz, C.M. · Año publicación original: 1966 · Fuente: Anales españoles.
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Ojeando el catálogo de nuestra congregación, vemos que Amé­rica es el continente donde la congregación se halla con el mayor número de provincias, viceprovincias, casas y personas. He ahí un hecho de actualidad: el desarrollo y la numerosa presencia de la congregación en las naciones americanas. El historial de este des­pliegue parte de 1830, la fecha de las apariciones de la Milagrosa.

¿Hay razón para relacionar el progreso de la congregación en América con las apariciones de la Milagrosa? Existen motivos para que, después de observar el desarrollo de nuestra congregación en tierras americanas, volvamos los ojos de la reflexión a la historia de las apariciones de la Virgen a Santa Catalina. En efecto, entre los asuntos que la Virgen trató con su confidente, unos se refieren a la doble familia de San Vicente. En los hechos predichos por la Virgen y que motivaron la caída de Carlos X, fueron muchas casas religiosas perjudicadas, y, sin embargo, las dos casas madres, la de las Hijas de la Caridad y la de los sacerdotes de la misión, fueron respetadas. Al anunciarle a la Virgen días peores, dice: «Serán días de gran desgracia. Dios, sin embargo, por mediación de la Virgen, protegerá a las dos comunidades.» Al concluir el P. Daydí, C. M., la exposición de lo tratado entre la Virgen y su vidente, se expresa así: «La Santísima Virgen le aseguró que cuando hubiese regulari­dad y resplandeciera el espíritu de los santos fundadores, una nue­va comunidad se agregaría a ella, y las Hijas de la Caridad se extenderían por todo el mundo de un modo extraordinario con la bendición de Dios.»

Deducimos de lo expuesto que la presencia progresiva de los misioneros de San Vicente en América se debe a una bendición es- pedal de Dios, que a favor de la doble familia vicentina obtuvieron la Virgen Santísima y San Vicente. Esto, que es verdad para toda América, es una íntima convicción que tenemos con relación al Perú.

Vamos a trazar un ligero esbozo histórico de la congregación en el Perú y una vista panorámica de su estado actual.

Datos de historia

En 1960, la provincia vicentina del Perú publica, en homenaje al tricentenario de la muerte de San Vicente y de Santa Luisa, un documentado folleto recogiendo todo lo referente a las Hijas de la Caridad y a los sacerdotes de la congregación de la misión en el Perú. Es la fuente principal de nuestra información.

El entonces Visitador, P. Valentín Alcalde, expone que tres mi­radas de atención y de bondad tuvo San Vicente para con el Perú. Se refiere a las tres regiones de donde sucesivamente provinieron los misioneros: París, Barcelona y Madrid.

Antes de formarse la actual provincia vicentina peruana se die­ron tres fases o etapas: francesa, catalana y madrileña, de las que vamos a hacer una ligera evolución. La primera es la más larga y quizá de proyección más intensa; la segunda, más movida y breve, y la tercera, más amplia y abierta.

A. Etapa francesa

El día 2 de febrero de 1858, en el Callao desembarcan del buque llamado «San Vicente de Paúl», con destino a Lima, cuarenta y cinco hijas de la caridad, dos sacerdotes lazaris­tas Padres Antonio Damprun y Juan Bautista Thielloud y el her­mano coadjutor Nicolás Deberle. ¿A qué se debía esta expedición caritativa y blanca? Se cuenta que una joven limeña, émula de Santa Rosa, deseando ser contada entre las hijas de la caridad, había de alejarse de su patria y partir para Chile, donde existían ya las blancas cornetas. Su padre se opone a que vaya a Chile; pero no a que ingrese en el instituto de las Hijas de la Caridad. Por esto se mueve y se preocupa hasta conseguir que la Beneficencia Pública de Lima entre en contacto con los superiores de las Hijas de la Caridad y vengan desde París para hacerse cargo de la aten­ción de los enfermos y de la dirección de los hospitales. ¡Hermoso comienzo del historial de la doble familia vicentina en el Perú!

En ese mismo año de 1858, se establece la primera comunidad vicentina de sacerdotes formada por los recién llegados como ca­pellanes de las hermanas. Años después, otro grupo de misioneros, procedentes igualmente de Francia, llega al Perú para hacerse car­go del seminario del Cuzco. En 1871, tanto las Hijas de la Caridad como los sacerdotes de la misión, sientan sus reales en Arequipa. Trujillo será la cuarta ciudad peruana que dé acogida a la congre­gación para encargarla la dirección del seminario diocesano.

Las casas mencionadas y otras comunidades, establecidas tanto en Perú como en Chile y en Bolivia, constituyeron la Provincia del Pacífico. A los cien años de la llegada de nuestros padres, la Pro­vincia del Pacífico se ve obligada a replegarse a Chile, dejando en el Perú las casas de Cajamarca, Arequipa y Orrantia.

Al evocar esta primera etapa de la historia de la congregación en el Perú, no debemos omitir los nombres de los padres vicentinos peruanos que fueron consagrados obispos: Monseñores Lissón, Am­puero, Guillén y Pérez Silva. Son el índice de la obra admirable que los padres franceses realizaron en el Perú. Junto a estos obis­pos ejemplares, debemos destacar que hombres de influencia, ca­balleros dignos, se formaron en los seminarios, que venían a ser mixtos, ya que durante los años de humanidades convivían los as­pirantes al sacerdocio y los que tan sólo aspiraban a profesiones liberales, medio de formación eclesiástica que dio muy buenos re­sultados, seminarios mixtos que fueron suprimidos y a cuya re­implantación parece inclinarse de nuevo la jerarquía eclesiástica de América.

Entre los numerosos sacerdotes franceses descolló el P. Duha­mel, cuya figura y fama de santidad ha recogido el distinguido peruano, miembro inamovible de la ONU, Víctor Andrés Belaunde, en el primer tomo de sus Memorias, titulado «Arequipa de mi infan­cia», donde dedica todo un evocador capítulo al colegio del P. Duha­niel, en cuyas aulas el autor respiró una sana formación humanista y religiosa. Arequipa le ha dedicado un popular parque, en cuyo centro se eleva un hermoso monumento con la estatua de bronce del P. Duhamel. Se le puede considerar como candidato a los ho­nores de los altares.

B. Etapa catalana

Al finalizar el año 1914, llega al Perú la primera expedición de nuestros hermanos de la provincia española de Barcelona. Mons. Ampuero, C. M., obispo de Puno (Perú), les confía la dirección de su seminario. Pero a la obra del seminario añaden el ministerio parroquial. Los seminarios y las parroquias serán los centros de acción de los Padres Catalanes durante su per­manencia en el Perú.

Desde el año 1914, año de llegada, hasta el año 1951, en que aban­donan esta nación, transcurren treinta y siete años, durante los cuales abren y clausuran distintas residencias.

Del seminario de Puno salen en 1920, habiendo pasado en él seis años. En el seminario de Arequipa permanecen la década de 1916 a 1926. En el seminario del Cuzco dirigen los cursos académicos du­rante el lustro de 1917 a 1922.

Por lo que a las parroquias se refiere, en 1919 se establecen en la parroquia de Mercedarias, Lima, y se hacen cargo de la pequeña iglesia de culto que existía en Miraflores y que convirtieron en toda una hermosa parroquia, en algún tiempo la mejor organizada del Perú. Años más tarde, regentan algunas parroquias del depar­tamento de Ica: Palpa, Nazca, Ingenio, Pisco. Se desprenden de to­das, excepto de la de Pisco. En 1924, se hacen cargo de la parroquia de Tarma, hoy Prelatura confiada a los PP. Misioneros del Corazón de Jesús, de nacionalidad alemana.

Al dejar el Perú, transmiten como en herencia a los Padres de la Provincia de Madrid: Miraflores, San Vicente de Surquillo, la parroquia de Pisco, la capilla del Corazón de Jesús, en Santa Cruz, hoy parroquia de la Asunción, y la parroquia compleja y amplia de Tlirma, donde una sola comunidad tenía tres residencias: la parro­quia en la ciudad, la escuela apostólica de la Rambla, en las afue­ras, y, en un pueblecito próximo, la residencia de Acobamba.

La mayoría de aquellos buenos Padres catalanes que aquí conocí y que trabajaron con afán de apóstoles, van rindiendo sus vidas ante el Señor, quien les premiará atendiendo a las fatigas numero­sas que aguantaron por la causa de su Iglesia. Recordaré al P. Pla­cencia y al P. Juan Payeras, quienes fueron los instrumentos para que se erigieran los templos de la Milagrosa, en Miraflores; la de San Vicente; en Surquillo, y la de la Asunción, en Santa Cruz. Con cariño especial evoco a los Padres, ya difuntos, Baltasar Cañellas y Eugenio Nacenta, a quienes admiré en Tarma y a quienes, en 1951, tuvimos que suceder. Ellos guiaron mis pasos durante meses. Veinticinco años—lo que se dice pronto y que supone gran heroís­mo—pasaron en Tarma estos dos beneméritos misioneros, y a ellos principalmente se debe el arraigo de la fe que aquí, en Tarma, han podido constatar los sacerdotes del equipo misionero pontificio al dirigir, en el año 1965, la misión regional del centro.

Durante los viajes que hice a España fui muy bien acogido—lo deseo exponer públicamente en ANALES—en las casas de Barce­lona, Valencia, Elche y Puerto Sagunto de nuestros hermanos ca­talanes, quienes con nostalgia y cariño recuerdan muchos de ellos al Perú, donde pasaron años de trabajo apostólico. Entre éstos, he de me’ncionar al P. David Bartolomé, rector que fue del seminario de Arequipa; al P. Mariano Pérez, que fue párroco de Surquillo, a los PP. Andrés Pons y Antonio Sastre, apóstoles en Tarma; al P. Juan Cirer, párroco de Acobamba; al P. Esteban Pons, párroco de Mercedarias, y a los PP. Binimelis, Miserach, Salvadó, Aubach, Coca, y a los ancianos PP. Antonio Cañellas, José Pous y Faustino Turmo. Que sus oraciones y sacrificios sigan fertilizando la buena semilla que aquí sembraron y contribuyan a un mayor florecimien­to de nuestra congregación en el Perú.

C. Etapa madrileña

En noviembre de 1935 salían de Cádiz, rumbo a Buenos Aires, teniendo como jefe de expedición al P. Lo­renzo Sierra, ocho misioneros. Eran los PP. Mariano Bartolomé, Nicomedes Escribano, Román Gil, Valentín Alcalde, Basilio Díaz-

L’bierna, Cesáreo Giráldez, Gregorio Subiñas y Luis García. Al des­lizarse el buque, mar adentro, se iba interponiendo una fría y os­cura niebla que borraba los perfiles de la costa. Mirando con ojos fijos la silueta borrosa de la bahía, ahí queda eso, dijo uno de los expedicionarios. «Y eso era España con sus problemas, a la sazón todo un enigma.» Quedaba cada momento más lejos y envuelto en niebla. Eso que ahí quedaba era algo muy querido y conocido. ¿Y cuál era lo otro, lo opuesto a eso? ¿Adónde iban y a qué? Al con­juro del Espíritu Santo, una vez más, camino de América, salía una expedición misionera para trabajar por el bien de la Iglesia en donde la reina santa, Isabel de Castilla, soñaba implantar el reino de Cristo. La Providencia, de nuevo, encendía en lo alto la estrella misionera que de España hacia América iluminaba el trayecto.

Esta expedición reforzó las comunidades ya existentes de Padres Paúles de Sucre en Bolivia y de Arica en Chile. ¿Cuándo y por qué se hicieron presentes los Padres Vicentinos procedentes de Madrid en las dos mencionadas comunidades? Es un interrogante que dejo abierto para el historiador de nuestra acción en América.

Con los ocho misioneros de esta expedición se hizo posible la fundación de dos nuevas residencias: la de Iquique, en Chile, y la de La Paz, en Bolivia.

Pasan los años, durante los cuales España vive heroicamente la cruzada de 1936-1939, y conviven en el Perú armónicamente la Pro­vincia del Pacífico y la Viceprovincia del Perú formada por los Padres catalanes. A las puertas del Perú, en Chile y en Bolivia, se hallan cuatro comunidades de sacerdotes vicentinos de la Provincia de Madrid, quienes por una especial ósmosis pasarán la frontera y terminarán por asentarse en el Perú, dejando las casas de Chile y de Bolivia. ¿Cómo sucede esto? Antes de proseguir, digamos que de los nueve que salieron de Cádiz en noviembre de 1935, falleció en Madrid el P. Sierra, y en Sucre, el P. Escribano. Los demás se hallan actuando, unos en España y los más en América.

En 1941, el P. Placencia, que residía en Miraflores, escribe al P. Timoteo Ibarlucea, superior de Arica, exponiéndole el proyecto de la fundación de un colegio en Chiclayo, fundación que no se hallan dispuestos a realizar los Padres catalanes.

Al año siguiente, los PP. Alcalde e Ibarlucea, haciendo un lar­guísimo e incómodo viaje, se presentan en Chiclayo, donde tratan sobre el terreno el asunto. En 1943, constituyen la comunidad de Chiclayo, los PP. Garro, Lanchetas y Prol. El año 1947, se les unió el Hermano Florentino Fernández, y ese año se colocaba la pri­mera piedra del colegio particular «Manuel Pardo», que se terminó de construir en 1951. Chiclayo es la primera comunidad de los mi­sioneros madrileños en el Perú.

La segunda comunidad fue la matriz de Miraflores, el año 1944.

Surge esta nueva fundación y surgen las siguientes por una serie de hechos providenciales. Es Dios, que iba dirigiendo los hilos hu­manos.

Al P. Alcalde, nombrado Vice-visitador de estas nuestras casas a propuesta de los superiores locales de las mismas, le interesa el Arzobispo de Lima, Mons. Farfán, para que se haga cargo de la parroquia de Miraflores, de la que se retiran nuestros hermanos catalanes. Al ver la disposición de ánimo de los Padres catalanes de ofrecer la parroquia de Miraflores al prelado, se piensa en un posible traspaso de dicha parroquia a los misioneros de Madrid. Aquilatando los términos, no fue un traspaso, sino un recoger del arzobispado la parroquia de Miraflores, que había sido ya entre­gada a la curia arzobispal. Con muy buen tino, el Arzobispo de Lima, que estaba muy satisfecho con el trabajo de nuestros her­manos, ofrece dicha parroquia a los sacerdotes de la misma con­gregación, aunque de distinta provincia. Así se continuaría la obra comenzada en la misma parroquia, la que está íntimamente ligada al progresivo desarrollo miraflorino. Años después, se suceden la fundación de lea y la aceptación de las casas que los Padres cata- kanes determinan dejar al irse a Honduras y a España.

Desde 1943, fundación de Chiclayo, hasta 1955, en que se crea la Provincia peruana, pasan doce años. Durante éstos, se levantan las fundaciones de Chile y de Bolivia, trasladándose sus individuos al Perú. Al erigirse canónicamente la Provincia, se cuentan con las residencias de Miraflores, casa provincial; San Vicente, en Surqui­llo; los colegios de Chiclayo e Ica, y las parroquias de Mercedarias, Tarma y la Asunción. Años después, un arreglo con la Provincia del Pacífico, añade a la flamante Provincia dos nuevas fundaciones: la de Orrantia y la de Arequipa.

Al pasar los años, se van sucediendo distintas expediciones de misioneros; pero ninguna como aquella de 1961 y 1962—bendición de San Vicente después del tercer centenario de su muerte—, ex­pedición en la que nada menos que diecinueve sacerdotes se presen­tan, todos de una misma promoción. Así iba creciendo esta nueva Provincia. Era ya Provincial el P. Timoteo Ibarlucea.

Casas y ministerios

Hagamos un viaje por las doce comunidades que, según el catá­logo de 1965, forman esta Provincia:

Arequipa

En esta ciudad del Sur peruano, existe la más pe­queña comunidad de nuestra Provincia y quizá la de mayor his­toria, paradoja de la Historia. Hubo años en que la congregación tuvo aquí tres comunidades: el seminario, el colegio y la capellanía de las hermanas. Hoy tan sólo existe la modesta casita de la Bene­ficencia, cedida para morada de los capellanes de las Hijas de la Caridad.

De Arequipa fue oriundo Mons. Lissón a quien ha consagrado una interesante biografía el P. José Herrera, considerándole como candidato a los honores de los altares. Actualmente, en Arequipa constituyen la comunidad dos sacerdotes y un hermano, quienes bien pueden ser considerados una representación de las Naciones Unidas, ya que uno es peruano; otro, español, y otro, boliviano. Atienden a las Hijas de la Caridad de Arequipa, Mollendo, Puno y a. los establecimientos el Instituto Chávez de la Rosa y el Hospital Goyeneche.

Ica

Si por carretera nos dirigimos de Arequipa a Lima, des­pués de más de doce horas de un rápido correr en auto, llegamos a la ciudad de Ica. El catálogo señala como año de fundación de esta comunidad, 1951. El objetivo principal es el colegio que ostenta el nombre de San Vicente; pero junto a esta actividad docente se halla la parroquia y la atención a varios anexos, como San Joaquín, Comatrana y Huacachina. Particularidad de esta casa es que tiene un regular número de alumnos internos, entre los cuales se hallan los que aspiran a misioneros vicentinos. Forman la comunidad doce sacerdotes y un hermano.

Pisco

De la carretera panamericana es preciso desviarse algo para ingresar en la vieja ciudad de Pisco, que recuerda la bebida nacional peruana, equivalente al aguardiente español. Esta nuestra fundación es herencia de nuestros hermanos catalanes, que aquí se establecieron en 1922. Estos últimos años la vida parroquial ha ad­quirido un mayor desenvolvimiento, más fuera de la ciudad que dentro, por razón de atender a los pueblecitos y haciendas de la Provincia. Allí se halla el P. Manuel Socorro, quien con su camio­neta semanalmente se desplaza por caseríos llevando el mensaje de Dios. En su haber tiene miles de bautismos, de confirmaciones, de primeras comuniones y cientos de matrimonios. Forman la comunidad cinco sacerdotes.

Chincha

Es un pueblo que hallamos en la carretera que nos conduce a Lima. Ha progresado notablemente merced al desarrollo agrícola de todo un fértil valle. Tiene dos parroquias. La de mayor población y prestancia es la de Santo Domingo, ubicada en la plaza de Armas y confiada a nuestra congregación desde 1961. En los cortos años que allí llevan nuestros hermanos han levando de nue­va planta el templo parroquial, de amplias proporciones, y se ha­llan en el problema del embellecimiento. Gracias a Dios el celo que despliegan es respondido por los feligreses, que sobre todo en los primeros viernes comulgan en bastante cantidad. Forman la comunidad cuatro sacerdotes.

Lima

Por la panamericana sur, que venimos siguiendo desde Arequipa, llegarnos a Lima. Es el centro costeño peruano. La con­gregación en esta amplia ciudad, en los llamados balnearios y en las barriadas cercanas es donde más se ha extendido. Aquí es donde se hallan la mayoría de las comunidades que forman la Provincia. Mencionemos a la ligera las distintas casas:

Parroquia de Mercedarias.—Se halla en el corazón de Lima, en los tradicionalmente populares barrios altos. En el Catálogo de 1965 figuran seis sacerdotes. Nunca fueron tantos. Data esta fundación del año 1919, año en el que Mons. Lissón la erigió como parroquia, confiándola a nuestros hermanos de Cataluña, y de quienes en 1950 la recibimos nosotros.

Parroquia de San Vicente de Paúl.—Se halla en el distrito po­pular de Surquillo. Forman la comunidad diez sacerdotes y un her­mano. Es también una parroquia con templo y casa heredada de nuestros antecesores los Padres catalanes.

Creo que fue en 1945 cuando fue erigida como parroquia.

Además de la parroquia existe una escuela parroquial de instruc­ción primaria y una escuela nocturna para adultos. Los numerosos colegios dentro de la parroquia: la Unidad Escolar Ricardo Palma, con miles de alumnos, donde tradicionalmente uno de los profeso­res de religión es uno de los vicarios de San Vicente; las numerosas asociaciones, el cine parroquial, la cancha abierta a los feligreses, la numerosa concurrencia al despacho comunican tal animación a la parroquia, que el P. Vicente de Maryemol la comparó en «La Prensa» a una muy concurrida estación de ferrocarril. En años pasados, el P. Abadía, que era su párroco, habló de la compleja vida parro­quial surquillana en distintos número de la revista «Reina de las Misiones».

Parroquia de la Medalla Milagrosa.—Se halla en el distrito de San Isidro, en la zona denominada Orrantia del Mar. Fue erigida esta casa por Mons. Pérez Silva cuando era Director Nacional de las Hijas de la Caridad y superior de esta residencia. Desde 1958 per­tenece a nuestra Provincia, año que dejaron Perú los Padres de la Provincia del Pacífico, hoy día Provincia de Chile.

Cuatro características hago resaltar de esta comunidad: 1º El bien equipado dispensario que al servicio de los pobres posee. 2º La atención a las Hijas de la Caridad, que como especial ministerio dispensa. 3º La erección del templo parroquial que se viene reali­zando y que nos dará una bella iglesia ajustada al espíritu renova­dor del Vaticano II; y 4º La existencia de una prometedora Con­ferencia de Caballeros de San Vicente de Paúl, que ojalá sea aurora del florecimiento de esta obra de bien religioso-social en todas nues­tras parroquias. Forman esta comunidad seis sacerdotes.

Parroquia de la Virgen Milagrosa—Se halla en la muy poblada ciudad de Miraflores y de la que se han ido desprendiendo diversas parroquias, la última de las cuales es la de la Virgen de Fátima, atendida por los Padres Jesuitas. Es el templo donde se viene rea­lizando el culto más intenso de todos nuestros templos. Es la aristócrata, la reina de nuestras parroquias. Forman la comunidad nueve sacerdotes y un hermano.

Bien merece, creemos, el título honroso de Basílica de la Mi­lagrosa y donde podría establecerse el centro difusor de su culto en todo el Perú, donde podría radicar el Consejo Nacional y la Dirección de las Hijas de María. Dejando otros detalles, sólo anoto gustosamente que pasan de 100 las urnas de la Milagrosa que van recorriendo una por una las casas de la feligresía.

Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción.—Se halla en el distrito de Miraflores y se erigió en 1952. Es el templo que hasta ahora posee la mayor capacidad de todas nuestras iglesias. En esta comunidad, cuya casa es la más cómoda y moderna, reside el Pa­dre Visitador Provincial, Timoteo Ibarlucea. Forman la comunidad seis sacerdotes y un hermano. Si nuestro Padre Provincial es considerado como el Director del Consejo Nacional de las Conferencias de San Vicente, siendo la Asunción su residencia, bien podría radicar aquí la dirección de dicho movimiento vicenciano.

Durante los domingos y fiestas, en pocas iglesias cumplirán con el precepto dominical tantos fieles como aquí en las nueve misas que se tienen.

Parroquia de Santa Catalina Labouré.—Es una parroquia en formación en la barriada muy poblada de Villa María Triunfo, a unos 17 kilómetros de Lima. El catálogo de 1965 asigna a esta pa­rroquia tres sacerdotes; pero como residentes en Surquillo.

El total de parroquias que llevamos reseñadas en Lima son seis, todas ellas superpobladas. Pero a estos datos, que se hallan en el catálogo de 1965, hemos de añadir los siguientes: una nueva parroquia en Nueva Esperanza, barriada vecina a la de Villa María. Triunfo, nueva parroquia, Santa Rosa, desmembración ahora de la de Santa Catalina; dos parroquias en la urbanización San Juan, atendidas ahora desde Surquillo, y otra nueva parroquia con el simpático nombre de Nuestra Señora de Belén, formada por parte de los feligreses que se hallan entre las dos parroquias nuestras colindantes: la de la Asunción y la de la Medalla Milagrosa. Total son cinco nuevas parroquias en formación.

Tarma

Salgamos de Lima por la carretera central que, esca­lando los Andes empinados, nos comunica con la esperanza del Perú, la exuberante región de la montaña o selva. En esta carretera, se halla la ciudad pujante de Tarma, otrora centro de acti­vidad múltiple de nuestra congregación, escenario de una vida apos­tólica amplia, cuando nuestros hermanos catalanes y en los pri­meros años de nuestra Provincia, y ahora asiento de un Colegio Nacional con el nombre de San Vicente, al que se halla reducida la labor de nuestros hermanos de congregación. La comunidad de Tarma se halla formada por siete sacerdotes, principalmente de­dicados al colegio y de un modo secundario a la atención de las Hijas de la Caridad de Tarma, de Jauja y a la ayuda parroquial solicitada por los encargados de la Prelatura.

Canta

De Tarma se puede llegar, retornando a cruzar la cordillera, a la pequeña ciudad de Canta, que se halla en la vertiente del Pacífico. Aquí se halla establecida una comunidad vicentina desde 1962. La componen—según el Catálogo de 1965—siete sacer dotes. Constituyen la comunidad parroquial, con asiento en Canta, desde donde se desplazan domingos y fiestas por una difícil zona geográfica de unos 18 pueblos, a los que espiritualmente debemos atender. Para eso cuenta la comunidad parroquial con dos camio­netas. ¿Cuándo será que el Párroco cuente con un modesto «carro» para su ministerio?

Santa Rosa de Quives

Si de Canta nos dirigimos a Lima, que se halla a 105 kilómetros, necesariamente hemos de pasar por el pueblecito de Quives, donde vivió unos once años Santa Rosa y a quien en el templo parroquial confirmó el Arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo. Por razón de estos recuerdos, es Santuario Nacional la Parroquia de Santa Rosa de Quives, también confiada a nuestra Provincia. Ya lleva años el P. Manuel Caneiro atendiéndola desde la matriz de Miraflores, que es su residencia. A esta parroquia se halla plegada la de Arahuay, que a su vez tiene algunos anexos.

En toda esta región —provincia de Canta, departamento de Lima— atendemos cuatro parroquias: Canta, Huamantanga, Arahuay y Qui­ves, parroquias que comprenden unos 25 pueblecitos, sin contar las haciendas enclavadas en la parroquia de Quives.

Planes a corto y largo plazo—De regreso a Lima, si damos cuen­ta de nuestra indagación a nuestro Padre Provincial, mostrando admiración por lo que viene realizando la Congregación en el Perú, es fácil que nos invite a subir a su «carro» y, con él al volante, re­correr las zonas de Orrantia, Santa Cruz, Miraflores, Surquillo, San Juan, Santa Rosa, Villa María y Nueva Esperanza, explayándose en fácil y amena charla, exponiendo las obras y proyectos que trae entre manos. Unos son a corto plazo, como el cine parroquial de la Asunción, los salones parroquiales de Nuestra Señora de Belén y de San Juan, terminar las iglesias parroquial de Orrantia, la casa de Villa María, el templo de Nueva Esperanza, la erección de las Conferencias de San Vicente de Caballeros, en nuestras parroquias, y otros planes son a largo plazo, como levantar las distintas pa­rroquias, en cuyos proyectos viene pensando y consultando.

Chiclayo

Después de escuchar y admirar al P. Timoteo, di­gámosle que nos despedimos para terminar el conocimiento de su Provincia con el mejor capítulo visitando Chiclayo. Siento especia­les simpatías por esta comunidad, quizá sea porque es la casa única de la Provincia que no conozco.

Fue la primera fundación, la semilla digamos, de esta promi­sora provincia. La comunidad chiclayana es la más numerosa, por lo que no es de extrañar que abarque una mayor amplitud minis­terial. El Catálogo de 1965 asigna a Chiclayo trece sacerdotes y un hermano.

Atiende esta comunidad: Colegio «Manuel Pardo», el más nume­roso de todos los nuestros; el Colegio Nocturno, enteramente gratis, para adultos; la Parroquia, unida al colegio; la Casa de la Cultura, orientada admirablemente por el P. Luis Casado; la ayuda parro­quial, según solicitan, tanto en la ciudad como en los pueblos veci­nos; la Parroquia de Tumán, una extensa hacienda con miles de trabajadores, donde diariamente realiza el P. Carmelo Belenguer confidencias. Me contó:

Conclusión

Con un sacerdote amigo y hermano de congregación tuve ciertas confidencias. Me contó:

—Sabes que en trance de morir me preparé a la muerte, ofre­ciendo gustosamente mi vida a Dios para que se afiance más y mejor nuestra congregación en el hospitalario suelo del Perú, don­de debe florecer-con rosas de Santa María el catolicismo.

—¿No aceptó Dios el ofrecimiento de tu vida por tan noble cau­sa?—le pregunté.

—No. Y es que vale tanto ante Dios, supone tanto bien para la Iglesia el establecimiento perfecto de la congregación en el Perú y la renovación espiritual de sus comunidades e individuos como lo desea Pablo VI y el Concilio, que mi vida, de muy escaso valor, no guarda proporción con las gracias que para lo dicho se re­quieren.

—Y ahora, ¿qué?

—Ya que no aceptó Dios el sacrificio de mi vida, tendré como ideal principal de mis oraciones y sacrificios esto que te he dicho.

Le leí este artículo que había escrito para ANALES, y después de oírle y comentar algunas ideas, me dijo:

—Añade que si Dios ha hecho por intermedio nuestro tanto bien, se hará mucho más si se perfeccionan los instrumentos que utiliza: las comunidades e individuos de la congregación. Escribe que si es bueno atender las misiones de Asia y de África, mirar por las naciones americanas es seguir una vocación hispana, colocarse bajo la protección de la Virgen y de San Vicente y secundar los deseos de los últimos Papas, quienes desean ardientemente el renacimiento espiritual de América.

Después de escuchar a este sacerdote hermano y amigo, escribí lo que antecede, creyendo cumplir con sus deseos, y que transmito a mis lectores.

Lima, febrero de 1966.

One Comment on “Panorámica de la provincia del Perú (1966)”

  1. No hay referencia al Seminario Nenor en Cajamarca dirigido por los Padres Lazaristas. Cuando y porqué termino su labor? Algunas memorias del Padre Pablo Gonzáles , Padres Riera, Ribera, Shagct, Migdonio Cabanillas etc.

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