Oración vocacional en el día de la fundación de la Congregación de la Misión

Francisco Javier Fernández ChentoOraciónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Equipo de Pastoral Vocacional (Paúles-Hijas de la Caridad) · Año publicación original: 2015.
Tiempo de lectura estimado:

Ambientación

(Preside la oración el libro de las Constituciones de la CM)

Hoy es un día muy especial para nosotros. Un momento para considerar dos elementos esenciales a la luz de esta celebración: el proyecto de vida de Jesús y el proyecto de vida de Vicente de Paúl.

Son los que dan sentido a nuestras vidas. Son los que configuran nuestra vertiente cristiana y vicenciana a la vez.

Pidamos al Espíritu que nos ilumine para actualizar lo que significan estos dos proyectos en nuestra existencia, con valentía y autenticidad.

Canto de entrada

Este es el día en que actuó el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¡Aleluya, aleluya!

Que lo diga la casa de Israel:
es eterna su misericordia.
Que lo diga la casa de Aarón:
es eterna su misericordia.
Que lo digan los fieles del Señor:
es eterna su misericordia.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
“La diestra del Señor es poderosa,
es excelsa la diestra del Señor” (bis).

Salmo 46

Antífona:
Protégeme, Dios mío, me refugio en Ti.
Protégeme, Dios mío, me refugio en Ti.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la Tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Antífona:
Protégeme, Dios mío, me refugio en Ti.
Protégeme, Dios mío, me refugio en Ti.

Plegaria

Si tú me dices “¡ven!”, lo dejo todo..
No volveré siquera la mirada
para mirar a lo que más quiero…
Pero dímelo fuerte, de tal modo

que tu voz, como toque de llamada,
vibre hasta el más íntimo recodo del ser,
levante el alma de su lodo
y hiera el corazón como una espada.

Si tú me dices “¡ven!”, todo lo dejo.
Llegaré a tu santuario casi viejo,
y al fulgor de la luz crepuscular;

mas he de compensarte mi retardo,
difundiéndome, ¡oh, Cristo!, ¡como un nardo
de perfume sutil, ante tu alltar!

(Adaptación de un poema de Amado Nervo)

Para contemplar y compartir

“Gracias doy a nuestro Señor Jesucristo, que me fortaleció, de haberme juzgado fiel al confiarme el ministerio, a mí que fui blasfemo y perseguidor violento, mas fui recibido a misericordia porque lo hacía por ignorancia en mi incredulidad. Y sobreabundó la gracias de nuestro Señor con la fe y la caridad de Cristo Jesús”.
(1 Tim 1, 12-14)

“¿Quién me separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, la espada? Persuadido estoy que ni la muerte ni la vida… ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor”.
(Rom 8, 35-39)

“Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo como hombre, vivo en la fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó a la muerte por mí”.
(Gal 2, 20)

“Era el mes de enero de 1617 cuando sucedió esto; y el día de la conversión de san Pablo, que es el 25, la señora de Gondi me pidió que tuviera un sermón en la iglesia de Folleville para exhortar a sus habitantes a la confesión general. Así lo hice: les hablé de su importancia y utilidad, y luego les enseñé la manera de hacerlo debidamente. Y Dios tuvo tanto aprecio de la confianza de aquella buena señora que bendijo mis palabras, y todas aquellas gentes se vieron tan tocadas de Dios que acudieron a hacer confesión general. Seguí instruyéndolas y disponiéndolas a los sacramentos. Fuimos luego a otras aldeas y nos sucedió como en la primera. Se reunían grandes multitudes, y Dios nos concedió su bendición por todas partes. Aquel fue el primer sermón de la Misión”.
(XI, 700)

“La decisión personal de seguir a Jesús lleva a la persona al encuentro con otros hombres y mujeres que viven esa misma experiencia en la comunidad cristiana. La fe no es un asunto privado. Esa misma llamada a la fe nos llega normalmente a través de la comunidad cristiana, de la Iglesia, y nos integra en ella; de lo contrario la fe acabaría en la propia persona y moriría con ella. Esa comunidad “dice” su fe (credos, dogmas, enseñanzas) y “celebra” su fe (liturgia, ritos, sacramentos)”.

Canto

No fijéis los ojos en nadie más que en Él.
No fijéis los ojos en nadie más que en Él.
No fijéis los ojos en nadie más,
no fijéis los ojos en nadie más,
no fijéis los ojos en nadie más que en Él.

Porque solo Él nos puede sostener,
porque solo Él nos puede sostener.
No fijéis los ojos en nadie más,
no fijéis los ojos en nadie más,
no fijéis los ojos en nadie más que en Él.

Peticiones

  • Para que el Papa, los obispos y toda la Iglesia cuiden y ayuden a las personas vocacionadas. Roguemos al Señor.
  • Para que las divisiones entre los pueblos sean derribadas por la fraternidad entre todos. Roguemos…
  • Para que todos nosotros nos sintamos interrogados por el sacerdocio común y ministerial, y lo acojamos como proyecto de vida. Roguemos…
  • Para que cada Comunidad se preocupe de acoger y cuidar las diferentes vocaciones que Dios siembre a nuestro alrededor. Roguemos…

Padrenuestro

Oración final

¡Oh, Salvador!
Gracias por haber fundado
la Congregación de la Misión.
Hoy, al reconocer tus dones,
te pedimos que la sigas bendiciendo
con nuevas y generosas vocaciones.

Canto final

Enséñanos a amar,
Vicente de Paúl,
al pobre, nuestro hermano
como lo amaste tú. (bis)

No sabemos sufrir con los que sufren,
rehusamos llorar con los que lloran.
Ignoramos la voz que nos suplica
y la mano que hambrienta nos implora.

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