Novena a la Virgen Milagrosa 2012: Día 3º

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Comunidad de Misioneros Paúles de Pamplona-Iglesia · Año publicación original: 2012.
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Es creyente el que cumple lo que oye

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MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos un día más a esta iglesia de La Milagrosa y al pie de este altar. El Señor es quien nos invita a escuchar su Palabra y a compartir su Mesa. En tres verbos resume el apóstol Santiago la actitud del creyente: Oír, Hablar y Cumplir; a lo que Jesús, Maestro de Catequistas, añade que el creyente tiene que nacer de nuevo todos los días. Con esta convicción, en compañía de la Virgen, nazcamos de nuevo para Dios y para la Humanidad.

ORACIÓN COLECTA

Oh Dios,
que has constituido a la Virgen María,
modelada por el Espíritu Santo,
en primicia de la nueva creación,
concédenos abandonar nuestra vida lejos de ti y de los hermanos
y abrazar la novedad del Evangelio,
cumpliendo el mandamiento nuevo del amor.
Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura de la Carta del apóstol Santiago (1,19-27)

Hermanos míos queridos, ya estáis instruidos. Con todo, que cada uno sea veloz para escuchar, lento para hablar, y para enojarse. Porque la ira del hombre no realiza la justicia de Dios. Por tanto, dejad de lado toda impureza y todo resto de maldad y recibid con mansedumbre el mensaje plantado en vosotros, que es capaz de salvaros la vida. Pero no basta con oír el mensaje hay que ponerlo en práctica, de lo contrario os estaríais engañando a vosotros mismos. Porque si uno es oyente del mensaje y no lo practica, se parece a aquel que se miraba la cara en el espejo: se observó, se marchó y muy pronto se olvidó de cómo era. En cambio el que se fija atentamente en la ley perfecta, que es la que nos hace libres, y se mantiene no como oyente olvidadizo, sino cumpliendo lo que ella manda, ése será dichoso en su actividad.

Si uno se tiene por religioso, pero no refrena la lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía. Una religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre consiste en cuidar de huérfanos y viudas en su necesidad y en no dejarse contaminar por el mundo.

Palabra de Dios

Salmo responsorial (Sal 18, 8. 9. 10. 15)

Tu Palabra, Señor es la verdad,
y tu ley nuestra libertad

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel e instruye a1 ignorante.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable;
los mandatos del Señor son verdaderos y enteramente justos.
Que te agraden las palabras de mi boca y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón, Señor, roca mía, redentor mío. R/.

Lectura del santo Evangelio según San Juan (3, 1-7)

Había un hombre del partido fariseo, llamado Nicodemo, una autoridad entre los judíos. Fue a visitar (a Jesús) de noche y le dijo:

– Maestro, sabemos que vienes de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él.

Jesús le respondió:

– Te aseguro que, si uno no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Le responde Nicodemo:

– ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer?

Le contestó Jesús:

– Te aseguro que, si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. De la carne nace carne, del Espíritu nace espíritu. No te extrañes si te he dicho que hay que nacer de nuevo.

Palabra del Señor

 Texto previo a la homilía:

«… La pregunta planteada por los que escuchaban a Jesús es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» Sabemos la respuesta de Jesús: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.» (Porta Fidei, 3).

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

  • Tanto el documento del Papa como la Carta de Santiago y el Evangelio de Juan son modelos de literatura realista y de buena comunicación.
  • El Papa, con la Biblia en la mano, ha concebido la fe como una obra de Dios y del creyente. A este respecto, escribe san Agustín: «Señor, quiero creer y quiero comprender». En consecuencia, tengo que estudiar la fe, que no es otra que la Persona de Jesús.
  • La carta de Santiago, documento de gran realismo en la literatura del NT, ha dicho que seamos oyentes y ejecutores del Mensaje de Dios, no sea que nos suceda lo que al necio, que se miraba al espejo y preguntaba de quién era el rostro que veía. Y nos ha recordado que la verdadera religión, a los ojos de Dios Padre, es «mirar por los huérfanos y las viudas en apuros y no dejarse contaminar por el mundo».
  • Nicodemo era un doctor de la Religión judía y, como tal, un hombre muy hecho.
    La propuesta que hace Jesús a Nicodemo, y que nos hace a nosotros hoy, es que el reino de Dios no se formará por la imposición de una Ley externa, sino por la creación de un hombre nuevo. Por eso, se quedó de piedra Nicodemo cuando le dijo Jesús que tenía que nacer de nuevo (romper con el pasado y comenzar una nueva vida de calidad diferente; dejarse llevar por el espíritu como hombres nuevos dispuestos a amar hasta el fin, hombres libres, cuya vida será la práctica del amor, la entrega de sí mismos…). Sin embargo, todos sabemos la cantidad de veces que nacemos al cabo del día. Los italianos dicen que una persona nace cuando coge su vida en sus propias manos.
  • María supo hacer vida esos tres verbos de oír (la oyente de la Palabra), hablar (en himno profético de alabanza y de denuncia, o en palabra concisa: «haced lo que Él os diga») y cumplir («dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen»). María supo entrar en la novedad propuesta por su Hijo, supo nacer de nuevo al proyecto de Dios, al don de sí misma, al dejarse llevar y habitar por el Espíritu, a ser nueva criatura.
  • ¿No tendremos que morir a un modo de ser cristianos para serlo de otro?

Conclusión práctica: Examinar cómo vivimos la fe expresada en ritos y devociones o también en obras de caridad, donde radica la verdadera religión.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Sacerdote: Dios Padre, escucha siempre las súplicas de sus hijos. Firmemente arraigados en Cristo, le decimos:

Lector: Señor, purifica y fortalece la fe de tu Iglesia, para que sea primicia de la humanidad reconciliada y atraiga a todos los hombres hacia ti. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector: Ayúdanos a vivir el Año de la Fe para que seamos fortalecidos en nuestra confianza de que nunca defraudas a los que en ti se abandonan. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector: Por los que han acertado en sus palabras, los que han conseguido consolar a los tristes y por todos los que dan testimonio con su fe. Roguemos Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector: María, Madre de la esperanza, ¡camina con nosotros! Enséñanos a proclamar al Dios vivo, ayúdanos a dar testimonio de Jesús, haznos serviciales con el prójimo y acogedores de los pobres. Roguemos al Señor.

Asamblea: «Oh María, sin pecado concebida….» (cantado)

Sacerdote: Escucha, Padre, nuestras oraciones, colma de bienes a los que te buscan y a todos danos tu paz y tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LOS DONES

Al venerar la memoria de la bienaventurada Virgen María,
que se identificó plenamente
con el sacrificio de la nueva Alianza,
te presentamos, Señor, estos dones,
para que nos concedas, por tu gracia,
caminar siempre en novedad de vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO

MARÍA, LA NUEVA MUJER,
PRIMERA DISCÍPULA DE LA NUEVA ALIANZA

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque a Cristo, autor de la nueva Alianza,
le diste por Madre y asociada a la Virgen santa María,
y la hiciste primicia de tu nuevo pueblo.
Pues ella, concebida sin pecado
y colmada de tu gracia,
es en verdad la mujer nueva
y la primera discípula de la nueva Alianza.
Ella es la mujer alegre en tu servicio,
dócil a la voz del Espíritu Santo,
solicita en la fidelidad a tu Palabra.
Ella es la mujer dichosa por su fe, bendita en su Hijo
y ensalzada entre los humildes.
Ella es la mujer fuerte en la tribulación,
firme junto a la cruz del Hijo
y gloriosa en su salida de este mundo.
Por eso,
con todos los ángeles y santos,
te alabamos, proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo…

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Señor, Padre santo,
que diste a la Virgen santa un corazón nuevo,
concédenos, por la virtud del sacramento que hemos recibido,
ser fieles a la inspiración del Espíritu Santo
y configurarnos cada día más con Cristo, hombre nuevo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.

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