Momentos difíciles 4: Málaga, 1936, siete meses de prisión

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Juan Estébez, C.M. · Año publicación original: 1937 · Fuente: Anales Madrid, Julio, 1937 pp. 381 y ss.
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1.- Hacia la cárcel

1936: Julio, 18: por la tarde que empezó el Movimiento, mandó el Superior al criado y al Hermano a la calle para ver lo que pasaba. Volvieron pronto diciendo que la cosa estaba muy mal. Entre otros edificios, ardía la calle entera de Larios. Al día siguiente marcharon todos los Padres y quedamos en casa solos los dos hermanos… y no sabiendo a donde ir nos marchamos al monte, donde nos dimos con el P. Gorospe, y desde allí veíamos lo que hacían los rojos… Al ver que nos miraban y venían los rojos hacia nosotros huimos y nos refugiamos en un chozo, donde se hallaba el P. Villalaín, el que luego se marchó a Primo Lógica.

1936: Julio, 22: ya andaban los camperos buscando gente de derechas para matarlas como a conejos, por lo que le entró mucho miedo al dueño del chozo y me dijo que fuera de las comidas, estuviera todo el tiempo en el bosque, porque le comprometía mucho.

1936: Julio, 24: se presentó una comisión preguntando por un individuo, que allí no estaba, y al verme a mí preguntaron que quien era yo; pero un amigo de toda la confianza de ellos me garantizó y libró en aquella ocasión.

1936: Julio, 16: y llegó el domingo, que no se me olvidará nunca. Habían anunciado los periódicos que el Gobernador facilitaba a los trabajadores de otras provincias la vuelta a sus pueblos, y nuestro hermano pensó en aprovecharse de esta protección. Yo no le quise dejar solo, y con un guardia de asalto que vino, nos presentamos los tres al Gobernador, el cual dijo que no se podía ir a Galicia; y para que estuviésemos más seguros nos metieron en el calabozo, después de registrarnos rigurosamente.

2.- Entre los barrotes de la prisión.

Llegada la noche se presentaron varios coches para llevarnos a la cárcel. Como los rojos todos querían mandar, todos querían gloriarse llevándonos en el coche que cada cual señalaba… Por fin montamos en uno de línea, custodiados por guardias de asalto. ¡Oh Dios, qué viajecito!. A cada paso oíamos un ¡alto! de las patrullas, que apuntaban con los fusiles y decían: «Son fascistas, a fusilarlos». Pero los guardias contestaban: «más alante se les fusilará»… Por fin entramos en la cárcel, después de tomarnos la filiación, y nos metieron en una sala donde había unos 40 presos. Y allí pasamos unos 20 días, a los principios sin mantas ni colchoneta, durmiendo en el suelo; pero Dios nos dio el consuelo de rezar todos los días el Rosario y oír la plática de un Padre jesuita que compartía nuestra prisión.

3.- Las famosas y terroríficas sacas.

1936: Agosto: luego nos cambiaron a un patio; y entonces empezó el período de las tremendas sacas. El día 21 de agosto echaron a todos los rojos presos a la calle, para fusilarnos a todos los derechistas juntos en el patio. Iban ya fusilados unos 60, cuando entró un sargento gritando que de parte del Gobernador y del Comité no sacaran más… Refunfuñando de la orden, al fin cedieron. Dos días más tarde, dormía yo tranquilo, cuando me despertaron los milicianos que estaban llamando á un canónigo de Córdoba, vecino mío, para que declarase; después de él salieron otros 90 presos de derechas, que fueron las víctimas de la segunda saca. El día 30 sufrimos otra saca de más de 80; y el 31 otra nueva, de más de 90 víctimas. Y así otros días: siempre que la Aviación Nacional bombardeaba a Málaga. Pero más que los fusilados sufríamos los que aguardábamos nuestra muerte en la próxima saca… Algunos de los presos se pusieron locos y otros se tiraron de los corredores y se mataron, pues oíamos a los rojos vanagloriarse de los tiros que habían pegado a los canallas fascistas, y presenciábamos los gritos, las lamentaciones de nuestros compañeros y los disparos que recibían. Con estas impresiones y por hallarme desnudo del todo al lado de una ventana sin cristales me entró un temblor como si me hubiera entrado la tremesiña…

1936: Septiembre: hubo todavía otra saca más horrible… El 24 de septiembre fusilaron a 120 hombres y 8 mujeres; y cuando estaban los aeroplanos de España por encima de nosotros vinieron un grupo de milicianos gritando: «ahora venimos por todos los canallas; ¡a formar la brigada!». Nos obligaron a subir todos al salón para cogernos mejor. Gracias a que fingiendo un paseo de conversación íntima con el padre Jesuita, estábamos confesados, y Dios nos daba valor con su gracia; pero con todo eso, aquellos días la comida se nos convirtió en veneno cuando la podíamos tomar, pues con frecuencia no había a quien repartirla, porque se hallaban unos gritando y otros llorando… ¡Aquello era horrible!. Mas quiso el Señor librarnos en aquella ocasión como igualmente lo hizo el día en que millares de personas alborotadas penetraron en la cárcel gritando: «Hoy todos al matadero». A mí me habían nombrado cabo de la brigada 6ª, porque decían que tenía cara de bueno y aprovechando esta influencia mandé que mi brigada, cerrada por dentro en la habitación-salón, no respirase ni siquiera tosiese. Aquella turba de rojos intentaron ver por la mirilla del salón nuestro, pero estaba sujeta por dentro y nada vieron; aplicaron luego el oído a la puerta, pero nada tampoco oyeron, por lo que se imaginaron que allí no había ya nadie… y nos dejaron en paz y con vida.

4.- De camino hacia el Barco-Cárcel.

Cuando abrieron las puertas dos cabecillas rojos, se movieron a compasión y se quedaron con nosotros queriendo libertarnos a todos, cada día unos 4 ó 5. Los días primeros salieron algunos, pero no pudieron poner mas en libertad al ver las dificultades que ponía el Comité; pero consiguieron que el comité mismo viniera a la cárcel el cual ordenó que nos trasladasen al barco, Marqués de Chávarri, que había en el puerto convertido en cárcel, allí lo pasaríamos mal, pero por entonces habíamos salvado la vida, que vale más que todo. ¡Cuántos abrazos llevaron entonces nuestros buenos salvadores, a los que debíamos vida después de la Providencial,

En tres camiones vigilados por otros dos de guardias civiles fuimos trasladados a la cárcel flotante… ¡Qué triste ver a aquellas madres y a aquellos hijos besar a sus esposos y padres presos!… ¡Cómo caían aquellas lágrimas, cómo se daban aquellos abrazos, tal vez los últimos! y que no tenía allí a nadie que me viera llevar y me llorara, tuve sentimiento de pena y entonces recurrí a la Santísima Virgen en varias advocaciones, pero especialmente a la de mi tierra… Después de esto cuanto más horrores veía, mas serenidad tenía y confianza en salvarme.

5.-En el Marqués de Chávarri.

Aquí entramos el 29 de septiembre y en ese mismo día comenzaron nuevas calamidades. Nuestra cama era el duro suelo acabado de baldear; en los tres primeros días no comimos nada; compadecido un oficial mandó dinero para que nos comprasen comida, el cual llegó pero se lo quedaron los milicianos y no vimos comida alguna. Gracias a poquito de chocolate y a unas mantas que me había cogido de los que llevaron a matar pude pasar así aquellos días. Cuando los familiares de los presos, ante aquella situación, determinaron llevarles la comida, los guardias rojos se comían lo que más les gustaba de ella; y yo que no tenía nadie que me lo mandase tuve que acercarme a alguno de los prisioneros, de cuya caridad pude vivir. Además de esto padecíamos muchos malos tratos. No podíamos subir a cubierta; para lavarnos regularmente en ella teníamos que subir sin camisa, y guardar así como también para las necesidades más necesarias del cuerpo. Como por no darnos facilidades estábamos hasta tres días en tales apuros, nos veíamos precisados a remediarlas en las bodegas. En cada colchoneta, que luego nos pudimos acarrear, dormíamos 5 ó 6, sin que pudiéramos darnos vuelta alguna; por lo que se desarrolló una gran miseria y después el contagio de la sarna que obligaba a deshacerse la piel de tanto rascarse. En aquella colchoneta, puse mí comedor, mi taller de petacas de palma, mi matadero de bichos, mi banco y mí oratorio… Y… otras más… ¡Qué poco necesita un hombre para vivir!.

1936: Octubre: al entrar en esta cárcel flotante nos habían asegurado que no sacarían de ella a nadie; pero nos engañaron y el 14 de octubre sacaron de entre nosotros a 5 Sacerdotes y los fusilaron en el muelle, pero antes nos obligaron a todos a gritar: «Mueran los fascistas», grito que debió apenar a aquellos mártires de Cristo.

6.- Declarando ante el tribunal rojo.

Después de cuatro largos meses de prisión fui conducido a declarar ante el tribunal del Comité rojo. Y me preguntó el que hacía de juez:

-¿Tú por qué estás aquí?-Pues, mire usted, yo vine Madrid unos días antes de las elecciones a buscar trabajo y como ha habido tanta huelga no lo he podido encontrar y así me cogió el movimiento.

¿No tienes residencia?. -No, porque como se me terminó el dinero, tuve que andar de aquí para allí, donde podía.

¿Y quién te metió en la cárcel?. -Pues mire usted, un guardia de asalto, quien nos acompañó a mí y a un compañero al Sr. Gobernador a que nos diese un salvoconducto para volver a nuestra tierra, y como no había circulación me mandó a la cárcel para que estuviese allí más seguro como protegido.

¿Y usted no tiene aquí ningún conocido o amigo que le garantice?. -No señor, porque como le dije iba de acá para allá y como no tenía dinero… nadie se me hizo amigo-

1937: Enero: el 15 de enero fui llevado de nuevo ante el tribunal, me leyeron mis declaraciones, y la que había hecho de mí el guardia de asalto… y después de hacerme otras cuantas preguntas, se miraron unos a otros, tocaron una campanilla y dieron con mis huesos otra vez en el barco… ¡Dios me tenía preparadas otras penalidades!.

7.- Las escenas de dos bombardeos… a bordo del Chávarri…

También en el barco-cárcel fui nombrado cabo de la 3ª brigada de presos. Acababa de volver a encargarme de mí mando cuando empezó un horrible bombardeo; se oía silbar y estrellarse las bombas; un submarino rojo se arrimó de miedo a nuestro barco, el cual daba tales botes que parecía hundirse; los presos todos se aterrorizaron; unos se escondían en los rincones de las bodegas, otros se cubrían con las colchonetas o se ponían debajo de hierros; sobre nosotros cayeron cascotes del espigón del muelle volado por la trilita; por lo que muchos cayeron desmayados; y entonces, ayudado por Dios, pude tomar una botella con agua y me puse a reanimarles. Pero esto era como preparación para sufrir otra prueba todavía más dura.

Durante otro bombardeo a Málaga le tocó también algo de él a nuestro buque: todo él se cubrió de metralla, parte de su barandilla cayó al mar, y el agua empezó a colarse entre nosotros. A mí lado cayó un tablón… pero milagrosamente a nadie hizo daño la metralla sino a un miliciano que hacía guardia y al cual mató .Por suscripción le compramos una corona funeraria, y esta sencilla medida nos libró otra vez de la muerte, porque cuando vinieron a repetir la saca para tomarse las represalias por el bombardeo sufrido, los otros guardias rojos se opusieron terminantemente diciendo que nuestro barco había sido más castigado que la Ciudad… y se marcharon.

8.- De enfermero y de Juez de Paz.

Entre los presos que en el barco había se contaba un señor muy acomodado, viejo y enfermo, el cual fue más duramente tratado que los otros. Se llenó de miseria, y cono el Gobernador le había quitado las maletas, no podía mudarse; yo me puse a sus órdenes, le cuidé cuanto pude, conseguí del Sr. Gobernador que le mandase las maletas, pero esto me mereció que infundiese sospechas de ser fascista. Un espía que entre nosotros había, el mayor granuja que alumbró el sol y al que yo trataba por tenerlo siempre contento, informó favorablemente de mi. En nuestro barco metieron presos también a muchos milicianos rojos, entre los que se contaban hasta tenientes y capitanes; ya es de suponer la clase de gentuza que serían, por lo que armaban cada lío y riñas con los propios rojos y con los buenos detenidos, que aumentaban las angustias de la prisión; por lo que todo eran dar voces al cabo de al brigada para que pusiera paces… pero yo contestaba que no me hacían caso, porque así no ponía mala cara a los míos ni a los rojos, y de esta forma no quedaba descubierto, según era mi intento evitar.

9.- Entre ¡Vivas a España! La Liberación.

1937: Febrero: teníamos que sufrir la última prueba, bien pesada por cierto. Los días 5, 6 y 7 de febrero se recrudecieron las amarguras; durante estos tres días ni vimos el pan ni probamos siquiera el agua: en ayuno absoluto. Por otra parte se notaba un intenso bombardeo en toda la ciudad; nos imaginábamos que estábamos en capilla. El horror se apoderó de todos. Convencidos de nuestra muerte ya inevitable y próxima, unos cuantos más animosos cogimos seis palos y un montón de botellas y nos preparamos a morir gloriosamente, después de haber descalabrado a cuantos rojos pudiéramos… Percibimos como acercándose hacia nosotros un ruido confuso, que luego notamos eran aplausos… ¿Qué había sucedido?. En esta zozobra angustiosa nos hallábamos cuando advertimos atolondradas carreras sobre la cubierta del buque… y… seguidamente un «¡Arriba España!», dulce y atronador… Eran los aplausos y carrera de la España triunfante sobre la tiranía roja malagueña, que venia a libertar a los pocos restos de derechas que guardaban las cárceles.. Sentimos ensanchar el pecho… y luego nos abrazamos todos, libertados y libertadores; y lloramos… ¡Dios triunfaba y nos libertaba y el ejército de Franco!… A Dios la gloría… y a Dios estoy obligado a consagrar más fielmente mi vida, pues a Él se la debo!».

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