Luisa de Marillac, Carta 0696: A Sor Maturina Guérin

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luisa de Marillac .
Tiempo de lectura estimado:

Hija de la Caridad Sierva de los Pobres Enfermos

En el Hotel-Dieu (Hospital) de La Fère

Hoy, día de Todos los Santos, 16591

Mi muy querida Hermana2

Tengo mucha pena por haber dejado pasar tanto tiempo sin contestar a su segunda y última carta, en la que he visto la diligencia que ha puesto usted en cumplir el ruego que le había hecho antes de marchar, por lo que le doy las gracias de todo corazón.

La fiesta que celebramos hoy le contesta por boca de Nuestro Señor al proclamar a sus apóstoles la última bienaventuranza, al punto que sin duda e parece a usted el más importante, y que es la calumnia. Es su propio interés el dar a conocer El mismo la verdad, como su bondad ha hecho ya en ocasiones semejantes, que usted conoce, en otros lugares. No deje querida Hermana, de escuchar todo lo que se diga y decírmelo, pero qué los que le hablen puedan ver que lo único que suele doler y hacer que se busque la propia justificación, aunque se sea culpable, son las verdades más lo que se dice con falsedad, hay que dejarlo correr en paz, sin preocuparse y dejando a Dios el cuidado de justificarnos.

Como las Hermanas no se comunicaban mucho entre sí, es posible que la Hermana3 que ha quedado le diga a veces como verdades lo que no son más que meras sospechas. Lo que me mueve a decirle esto, es la venta que se ha hecho ya que pudiera tomarse una cosa por otra. Alabo a Dios con todo mi corazón por el cambio que ha encontrado usted en ella y le suplico le siga concediendo esta gracia.

No ha hecho usted mal, querida Hermana, al visitar por primera vez a las Señoras y creo que la costumbre de conocerse y tratarse que exista en ese lugar cómo en otras localidades pequeñas, no la obligará a usted a hacerles otras visitas sucesivas. Reciba las que ellas le hagan como hechas a los Pobres y en el luchar en que éstos se encuentran, no en la habitación de ustedes. Así, la cosa no será contraria a las reglas; o quizá en la capilla, porque no sé bien cómo está dispuesto ese hospital.

Estamos muy agradecidas al señor Cura; no he dejado de dar a conocer al señor Vicente su caridad. No creo encuentre mal que sigamos su parecer, contenido en el primer párrafo de esta carta, como sabe usted que hago siempre en cosas de importancia. Dígame, usted, por favor, si no ha encontrado ahí su libro de ingresos y gastos, desde la marcha de la señora Nodriza4 (del Rey); porque durante el tiempo en que ella estuvo ahí, creo que esto corría a su cargo o al de la persona encargada por ella de tal cometido. No dejaré, sin embargo, de escribir a Sor Marta5 para saber cómo lo hacía ella. Lo que le dije a usted de la ropa es lo que me hace creerlo así. Estoy un poco extrañada de que el señor Cura no haya dado un testimonio más claro de la inocencia de nuestra Hermana. Me temo que no esté del todo satisfecho de este establecimiento porque no se le haya dado cuenta de todo.

Se extraña usted, querida Hermana, de que los que parecían más desedificados son los que mejor aceptan a las Hermanas; la verdad, que sólo Dios conoce, es la que les obligaría a ello, aun cuando no estuvieren dispuestos a hacerlo. Es uno de los efectos de la protección de la divina Providencia, en la que las Hijas de la Caridad deben poner toda su confianza, no en los poderosos ni en los sabios y menos aún en nuestra propia diligencia.

Tenemos también mucho que agradecer a ese buen señor Le Mairre que se toma la molestia de ayudarla, recomendándola ante la Reina para el cobro de sus asignaciones. Creo es necesario que sepa ese señor que sólo se nos deben las de dos años y que, por consiguiente, nuestras Hermanas han recibido todo lo del tiempo anterior.

Tengo la plena seguridad, querida Hermana, de que ha hecho usted cuanto ha podido y en la forma en que Dios quiere, en justicia, y no me preocupan ni los resultados ni la continuación. Lo que sí me preocupa es saber cómo se ha ordenado la venta de la ropa y de los trajes de los soldados y si no se ha dejado el importe a beneficio del hospital.

Si necesitan lancetas, dígamelo. No sé si la Hermana nos ha dejado algunas de ser así, se las enviaré. Si no, habrá que comprarlas, como ella hacía, comprar aquí todo lo que necesitaba. No me dijo de qué era el dinero que me dejó, y que me entregó en la misma puerta antes de salir para su largo viaje6. Unicamente me dijo que había 20 francos para una casulla y, efectivamente, los he encontrado.

Creo, querida Hermana, que al celebrarse la Exposición y Bendición del Santísimo Sacramento en la iglesia, donde queda Reservado, conviene dejar que sigan asistiendo las señoras y otras mujeres, ya que eso no lo dispuso solamente Sor Marta; pero ha hecho usted muy bien en advertir a ese buen hombre que no se quede después de las oraciones ni vaya a horas en que perturbaría el cumplimiento de sus reglas. Por lo que se refiere a las pensionistas, considere usted cuál es su necesidad y su importancia y dígame lo que haya pensado; con eso, preguntaré a Nuestro Muy honorable Padre lo que a él le parece y se lo comunicaré a usted. Creo que encontrará usted todos los papeles de Sor Marta, porque ella sabe muy bien el orden que hay que llevar en los hospitales y mucho me extrañaría que hubiese omitido inscribir los nombres, naturaleza, fecha de entrada, salida o muerte de los enfermos, ni, con exactitud, los ingresos y gastos. Escribo unas letras a Sor Juliana 2; Si le cuesta leerlo, podrá usted hacerle esa caridad si ella se lo pide, y la de enseñarle a escribir.

Espero que tiene usted la caridad de acordarse de todas nosotras en sus oraciones; por su parte, no dude de las de todas nuestras Her-manas, que continúan lo mismo que usted las dejó, aunque las enfermas están mejor, gracias a Dios.

Ya está colocado el depósito del agua, y creo que pronto tendremos la comodidad completa. Ayúdenos a dar gracias a la divina Providencia por la bondad que tiene con la Compañía, y créame en su santo amor, mi querida Hermana, su muy humilde y afectísima hermana y servidora.

  1. C. 696 Rc 3 It 632. Carta autógrafa.
  2. Maturina Guérin (ver C. 326 n. 2). Al principio de la carta, Luisa de Marillac hace alusión a la persecución que Maturina había tenido que sufrir en Liancourt. Colmada de humillaciones hasta ser privada de los sacramentos durante cuatro meses, demostró tanta prudencia y constancia que el señor Vicente estaba admirado
  3. Juliana Allot (ver C. 618 n. 8).
  4. La señora Petra du Four, primera nodriza de Luis XIV. Por orden de la Reima, pidió al señor Vicente Hijas de la Caridad para asistir a los soldados heridos en La Fère (SVP, X, 197 Síg. IX/2, 806, Conf. Esp. n. 1518) y continuó luego ocupándose del Hospital.
  5. María Marta Trumeau (ver C. 72 n. 4).
  6. Viaje a Cahors

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *