Luisa de Marillac, Carta 0692: A mi querida Sor Carcireux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luisa de Marillac .
Tiempo de lectura estimado:

de camino hacia Narbona

15 de septiembre de 16691

Mis muy queridas Hermanas:

Habiendo sabido que podía alcanzarlas y comunicarme con ustedes por el camino, no he querido dejar pasar esta ocasión de asegurarles a todas que el alejamiento del cuerpo no impide la presencia del espíritu entre las personas a las que el Señor ha unido con el lazo de su santo amor que es cada vez más fuerte a medida que va creciendo en nosotros. Y como es ese mismo amor el que las ha hecho escuchar suavemente la llamada al lugar al que se dirigen, no me cuesta trabajo creer que todo el camino les servirá de preparación para su conducta en el lugar en donde Dios las espera y donde les dará a conocer su voluntad por medio de las personas que les hablen por orden del Sr. Obispo de Narbona2.

Tengo que decirles, mis queridas Hermanas, antes de que lleguen a su destino, el consuelo que es para mí verlas en su claustro por esos caminos lo mismo que lo están por las calles de París. También tengo igual consuelo en saber que no hacen nada sino por orden de Sor María Marta3 quien, por su parte, no hace nada sin la orden de la Reverenda Madre María Teresa4 por lo que se refiere a los servicios que pueden prestar a su persona. Fuera de la diligencia, estén siempre las cuatro5 juntas, excepto en los momentos en que esas buenas religiosas quieran que estén ustedes con ellas.

Recuerde, Sor Francisca6, lo que notó usted a su vuelta de Richelieu y que no le pareció bien, aunque no fuese un mal, por la gracia de Dios. Si a su llegada tuviesen ustedes a Sor Marta, no las compadecería porque ella sabría ponerlas en marcha, pero si no la tienen redoblen su confianza en Dios. Y después de haberse persuadido de que van a recibir las órdenes de Monseñor, permanezcan en paz hasta que se les indique lo que tienen que hacer. Pero sobre todo como en ese lugar no conocen su forma de vivir pobremente, también en lo que se refiere al alojamiento, no deseen que se las trate de otro modo aunque sólo fuera con poca diferencia; no discutan pero expongan humildemente, con firmeza, con dulzura y con brevedad sus razones. Si se les pregunta su parecer, será para saber cómo se hace en París el servicio a los Pobres. Si se trata de un hospital, no olviden hacer pensar en los pobres vergonzantes que se quedarían sin asistencia ya que nunca irían al hospital por más que se les quisiera forzar; por eso el establecimiento de la Caridad es del todo necesario. No les digo esto queridas Hermanas, para que ustedes lo propongan las primeras, sino para que sepan que, llegando el caso, pueden hablar de ello.

Suplico a Nuestro Señor que las haga obrar en todo momento por su Espíritu, y soy en su santo amor.

  1. C. 692 Rc Des pièces… p. 671-672. Copia.
  2. Monseñor de Agde y de Narbona, uno de los hijos de la señora Fouquet (ver C. 369 n. 6)
  3. María Marta Trumeau (ver C. 72 n. 4). Va a Cahors.
  4. Madre María Teresa, Salesa, superiora del Monasterio de Santa María en Toulouse es la hermana del Obispo de Narbona.
  5. Francisca Carcireux, Ana Denoual y María Chesse que van a Narbona y María Marta que va a Cahors.
  6. Francisca Carcireux (ver C. 251 n. 2).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *