Luisa de Marillac, Carta 0638: A las Hermanas del Hospital General

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Nantes

Hoy, 13 de julio de 16581

Mis queridas Hermanas:

He recibido dos paquetes de cartas que han dirigido ustedes a Sor Enriqueta2 y con ellas he visto querían ahorrarme un poco de trabajo no dándome a mi directamente tanta noticia. Si les parece bien voy a imitarlas no escribiendo más que una carta para toda su Compañía, a la que ruego renueve su buen ánimo de servir a Dios y a los pobres con mayor fervor, humildad y caridad que nunca; trabajando por mantener el recogimiento interior en medio de sus ocupaciones, especialmente en la de estar sometidas al beneplácito divino, abandonadas a la Providencia y no entregadas a un cuidado ansioso por conocer todos los movimientos de nuestro espíritu, lo que con frecuencia termina en virtud imaginaria, pone de mal humor y por haber trabajado demasiado, lleva finalmente al hastío por la sólida virtud. Les digo esto, queridas Hermanas, para consolar a las que no se hubieran entregado a ese cuidado ansioso, y para iluminar a las que se dolieran de que las ocupaciones exteriores las aparten de tal manera de obrar. La perfección no consiste en eso, sino en la sólida caridad.

Es verdad, queridas Hermanas, que el gran trabajo que tienen ustedes me da compasión; pero regocíjense en Nuestro Señor con la esperanza casi cierta que tengo de que pronto se verán aliviadas; les ruego que continúen siendo edificación para el prójimo, consuelo de los afligidos y alivio para los enfermos.

Sor Andrea3, tiene usted un gran motivo para alabar a Dios por las gracias que concede a su buena madre y a toda su familia, y al decirle esto me parece que estoy sabiendo noticias de usted, porque de ordinario, Dios se cuida de los parientes de aquellos que le son fieles.

En cuanto a Sor Ménage4, creo recordará que con frecuencia le hemos comunicado noticias de sus hermanas y de toda su familia, desde que su buen padre murió; al presente todos están bien de salud gracias a Dios. Es verdad que ha habido gentes de armas en Serqueux, pero felizmente Dios les ha librado, y tenemos que darle gracias por todas las mercedes que su bondad nos concede. Quiero creer que no se olvidan ustedes de pedir por la salud de nuestro muy Honorable Padre y que lo hacen también por el feliz viaje de los Señores que han marchado a Madagascar, a los que se cree en seguridad. Cuatro de nuestras Hermanas5 que están en Calais, para asistir a los pobres heridos, están quizá más necesitadas de oraciones que todas las demás (las de aquí) las saludan, como yo lo hago, y soy en el amor de Nuestro Señor, queridas Hermanas, su muy humilde hermana y servidora.

P.D. Me han causado una gran alegría dándome brevemente cuenta de su oración; esto me hace creer que cuando a Dios le plazca concederles más tiempo, serán ustedes tan fieles en lo mucho como lo han sido en lo poco.

Para la enfermedad de Sor Ana6, hay que ponerle una gota de aceite de ruda en el oído, por la noche antes de acostarse, tapándolo con un poco de algodón; no hay nada mejor.

  1. Enriqueta Gesseaume, que había estado 10 años en Nantes.
  2. Andrea Marechal (ver C.436 n.1).
  3. Francisca Menage (ver C.430 n.3).
  4. Francisca Manceau, Margarita Ménage, María Poulet y Claudia Muset marcharon a Calais en junio de 1658. Las dos primeras murieron a fines de julio siguiente (como consta de la carta escrita por las otras dos el 3 de agosto).
  5. Ana de Vaux, nacida en 1629 en Ardivilliers; entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad en diciembre de 1651.

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