Angers
Hoy, 4 de julio de 16581
Señor:
Tengo que confesarle que no hay mortificación más humillante para mí que la que me proporcionan nuestras Hermanas al hacer tan mal uso de los consejos que su caridad no deja de darles. Espero, señor, con la gracia de Dios, que se opere algún cambio, o bien que El con su bondad nos proporcione el medio de conseguir uno notable para impedir que el mal vaya en aumento. Le agradezco humildemente, señor, la orden que ha dado usted a Sor Claudia2 de registrar los pretendidos paquetes para retirar de ellos lo que no pertenezca a la persona que se supone los ha hecho. Es verdad que cuando nuestras Hermanas marchan de aquí no pueden llevar consigo todo lo que han de necesitar; si la cosa es así, no puede decirse que sea culpable. Sea como quiera, me alegro de que nuestras Hermanas hayan visto este ejemplo para que no se introduzca nada que no esté bien.
No me atreveré a decir a Sor Jacobita3 que su hermano ha dejado a su padre, porque sería para ella un dolor muy grande. Puesto que de momento no necesita nada, esperaremos a que el invierno esté más cerca para ayudarle a que pueda abrigarse. Por muy contenta me daría, señor, si llegáramos a tener dos jóvenes de las condiciones que su caridad nos anuncia.
En este momento, señor, recibo el aviso que su caridad se ha tomado la molestia de darme acerca del viaje de sus buenas Angevinas4 , a las que veo conoce admirablemente bien. No dejaré, señor, de hacer lo que me ordena respecto al señor Vicente, quien me ha manifestado tomar parte en nuestro agradecimiento hacia usted, cuyos motivos van aumentando día tras día. Tengo que confesarle, señor, que es un gran consuelo para mi el ver (como si no le conociera) que, a pesar de merecerlo, no nos abandona usted.
Lo que su caridad me dice acerca del padre y la madre de la buena joven que nos ha dejado, nos servirá de mucho para impedir la tentación que podría asaltarla con este motivo. Me serviré de ello, Dios mediante así como de los demás consejos que tiene la bondad de darme, y por los que le doy humildemente las gracias, señor.
No tenemos noticias de la marcha de nuestra Hermana5 para Richelieu, lo que me preocupa un poco. El señor Vicente le ruega con todo respeto que si ve usted a Sor Claudia en disposición de renovar sus votos, le conceda esa caridad, sólo por un año, que es como se acostumbra a hacer de ordinario. Importa mucho que conozca las obligaciones que lleva consigo esta santa acción y la estima que debe tener por ella, aunque sean solamente votos simples; la ignorancia ha perjudicado mucho a otras, o más bien la falta de convicción de lo que suponían. Tengo muchos motivos para considerarme culpable de todas las faltas que cometen nuestras queridas Hermanas, y por ello imploro la asistencia de sus santas oraciones para que me alcancen misericordia, suplicándole humildemente, señor, me honre siempre creyendo que soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidora.







