Hija de la Caridad Sierva de los Pobres Enfermos en Arras
Nov. 30 de abril de 16581
Mi querida Hermana:2
Me parece que tengo que quejarme de lo que usted se queja de mi, porque le he escrito varias veces desde su carta en que me hablaba de los votos, y como la recibí muy próxima al día de la Renovación y que mi carta no hubiera llegado a tiempo, nos contentamos con acompañarla ante Nuestro Señor en espíritu, con gozo y consuelo; no sólo por este acto en si, sino por la generosidad que place a su bondad concederle, en medio de la prueba penosa que El permite para que así le sirva con mayor pureza y desinterés, y por su fidelidad en perseverar. Me extrañan un poco, querida Hermana, los pensamientos que le vienen a la mente contra la seguridad que yo tengo de su afecto y la que tiene usted que tener del mío, porque puedo decirle que nunca me ha parecido usted más de Dios y con mayor amor a su vocación que ahora ¿Qué más podría desear de usted, sabiendo la manera con la que obra al servicio de nuestros Amos, por la que Dios sea bendito eternamente? Ruego a Sor Radegunda3 que haga otro tanto, demostrándoles gran cordialidad. Le envío la letra de cambio que hemos extendido por las 100 libras. No se encuentra ya folículo, pero le envío dos libras de sen -barato, pero que los médicos aceptan- y media libra del más caro. No podemos decirle de momento la fórmula para hacer el espíritu de vitriolo, porque no la sabemos. Aquí tiene lo que nos han vendido para hacerlo, según nos ha dicho el tendero. Sor Felipa4 dice que no recuerda otro remedio para la hidropesía, si no es purgar a menudo y a veces con goma quino-purgante. Si puedo enterarme de otra cosa, se la diré.
Me he alegrado mucho de que nuestro muy Honorable Padre le haya escrito, por el consuelo que creo le ha proporcionado. En nombre de Dios, querida Hermana, no deje entrar ya más en su espíritu ningún temor de que yo esté descontenta, puesto que tengo la más completa seguridad de que usted no tiene intención alguna de descontentarme y que, al contrario, parece que Dios aumenta las gracias que le otorga, complaciéndose en su fidelidad en medio del sufrimiento y en la confianza que tiene usted en su Providencia. Ruego a Nuestro Señor que le continúe esas gracias y conceda a Sor Radegunda la de ser fiel en la práctica de sus reglas y en todo lo que respecta a la perfección de su vocación.
El señor Vicente está un tanto indispuesto; pidan mucho a Dios que nos lo conserve, para su mayor gloria. Nuestra hermana Sor Juana María5 nos dejó la víspera de San Marcos, después de haber sufrido mucho. Bastaría con conocer las disposiciones de Nuestro Señor en esta enfermedad y en su persona, así como en los cuidados que se le han proporcionado hasta su muerte y aún después de ésta, para amar a la Compañía. Ha sido la primera en ocupar el edificio nuevo. No dudo de que le harán ustedes la caridad de pedir a Dios el descanso de su alma, y de que crean que soy, en el amor de Nuestro Señor, querida Hermana, su humilde hermana y servidora.
P.D. Ha hecho usted muy bien en escribir a sus padres puesto que se le presentó la ocasión de hacerlo.







