Es necesario hacer comprender a las jóvenes de Saint Fargeau2 que piden ser recibidas en la Compañía de las Hijas de la Caridad, que no se trata de una religión ni de un hospital del que no se mueve una; sino que hay que ir continuamente en busca de los pobres enfermos a diferentes lugares y haga el tiempo que haga, a horas fijas. Que se visten y alimentan muy pobremente, sin cubrir nunca la cabeza como no sea con una toca de tela cuando es muy necesario. Que no pueden tener otra intención al venir a la Compañía que la de venir puramente para servir a Dios y al prójimo. Que hay que vivir en ella con continua mortificación de cuerpo y espíritu, que han de tener la voluntad de observar exactamente todas las reglas y particularmente una obediencia sin réplica; que sepan también que, aun cuando salen por París, no les estará permitido ir a hacer ninguna visita a sus conocidos sin permiso. Que han de aportar la cantidad necesaria para el viaje y el primer hábito. Que la experiencia nos ha hecho ver que las jóvenes que se unen a las Hermanas que están en los lugares alejados, antes de que se las reciba y vista aquí en la Casa, no suelen dar resultado, porque se figuran que no tendrán que hacer otra cosa distinta a la que empezaron a hacer.
La señora Duquesa de Ventadour3 pide dos Hermanas, pretendiendo que no serían demasiadas para servir a sus pobres; al decirle yo que cuatro serían demasiadas, si Dios se sirve devolver la salud a las dos que ya están allí, me ha contestado que si al señor Vicente le parece bien, se podrían mandar dos a San Pedro4, y que siendo dos establecimientos cercanos uno de otro, podrían de vez en cuando cambiar de aire, lo que podría ser útil para la salud y hasta para las disposiciones de ánimo. No obstante, sin tener en cuenta esa propuesta, hemos pensado mandar una, por la necesidad urgente de nuestras Hermanas que están las dos enfermas5. Suplico humildemente al Hermano Ducourneau6 haga ver la presente carta a nuestro muy Honorable Padre, nos dé noticias suyas7 y si su caridad juzga a propósito que enviemos una Hermana a La Fère lo más pronto posible, Sor Juliana Allot8 es la propuesta.
La mayoría de nuestras Hermanas querrían que no se hiciera el embarque para Madagascar9 sin ellas.
- C. 618 Rc 2 lt 561. Carta autógrafa. Dorso: enero 1658 (o.l.). Más que de una carta, se trata de una nota enviada al Hermano Ducourneau sin duda en contestación a una pregunta suya, hecha de parte del señor Vicente. Así se deduce de la carta de éste, unos días después, a las Hermanas de Saint-Fargeau (SVP, Vll, 49; Síg. Vll, 48).
- Ver C. 575 en que se habla de esta fundación.
- La señora de Ventadour (ver C. 306 n. 6).
- Saint-Pierre-du-Mont, a unos cincuenta Km. de Sainte-Marie-du-Mont.
- Isabel Jousteau y María Papillon (ver C. 481 n. 3 y 493 n. 3).
- Hermano Ducourneau (ver C. 161 n. 1).
- Del señor vicente.
- Juliana Allot estaba ya en la Compañía de las Hijas de la Caridad en agosto de 1655 (acta de erección de la Compañía SVP, Xlll, 576; Síg. X, 717) En 1660, continuaba en La Fère.
- Se estaban preparando para marchar a Madagascar cuatro Sacerdotes de la Misión y un Hermano(ver SVP, Vll, p 60 y 86 entre otras ; Síg. Vll, 55 y 79).







