Luisa de Marillac, Carta 0587: A mis queridas hermanas Sor María y Sor Clemencia

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hijas de la Caridad, Siervas de los Pobres Enfermos

Chars

Hoy, 5 de julio de 16571

Mis queridas Hermanas:2

Y en particular a usted, Sor María, les aseguro que las he compadecido en todas las penas y dificultades que sé han tenido. Esto es para usted, querida Hermana, una señal del amor que Nuestro Señor le tiene, ya que la ha escogido para que le honre usted en sus sufrimientos. Lo único que temo es que, no habiendo tenido usted experiencia sobre la forma de comportarse, se haya apartado del respeto que debe al señor Cura, y que la gente se haya servido de tal ejemplo, como me dice usted en su carta, lo que seria muy enojoso y habría que repararlo, diciendo a todos los que fueran a hablarle de ello: El señor Cura es dueño absoluto de la dirección de los sacerdotes y del pueblo de su parroquia. El señor, que es el Duque de Luynes,3 ha dado ese curato al señor Garson4 y en él debe permanecer. Por eso, Hermana, aunque yo tuviera poder para hacerlo, me parecería ofender a Dios el intentar que volviese a Chars. ¿No sabe usted que le está prohibido el tener apego a quien quiera que sea lo mismo que familiarizarse con ningún hombre? Siendo esto así, debe usted alegrarse de lo ocurrido, pues ese buen señor estaba demasiado habituado a frecuentar el hospital.

En cuanto a lo que me dice, me parece muy bien que Sor Clemencia vaya a pedir el dinero al señor Cura para la compra de sus modestas provisiones, y si ella se lo pide, hagan como lo acuerden juntas antes de comprar. Una y otra saben muy bien, queridas Hermanas, que en cualquier lugar en que se encuentren han de practicar siempre la sobriedad, tanto en la cantidad como en la calidad de los alimentos, como se hace aquí en la Casa.

Para la escuela, debe ser usted, Sor María, por varias razones; y usted, Sor Clemencia, será la que cuide de los pobres enfermos, tanto en el hospital como en el campo, no siendo nunca demasiado numerosos estos últimos; esto le facilitará tanto más el poder atenderlos con su caridad y mansedumbre acostumbradas. No es que Sor María no pueda, para satisfacer su caridad, ir a verlos también y prestarles algún servicio en lo que pueda, con tal de no perjudicar a las niñas de la escuela, a quienes ha de continuar instruyendo en el temor y amor de Dios, más que en enseñarles a hablar mucho de ello.

No les recomiendo la unión y respeto de una con otra, porque me parece puedo estar tranquila de que así lo practican. Les ruego guarden completo silencio sobre lo ocurrido. Si cree usted Sor María, que el señor Cura está disgustado con usted, pídale humildemente perdón. En cuanto a los rumores que hacen correr los que creen es Jan S.,5 ustedes no hablen nunca, nunca. Lo único que pueden llegar a saber es si esa persona se permite aconsejarles nada que sea contrario a su religión. Y si les dijera algo que ustedes no entendiesen, díganmelo y yo no dejaré de consultar a nuestros Superiores, para poder comunicarles lo que tienen que hacer, o ellos mismos se servirán comunicárselo.

Bendigo a Dios, querida Hermana, por la gracia que su bondad le ha concedido de que no siguiera usted su pensamiento de emprender el viaje: ya lo hará usted cuando llegue el momento. Les ruego, queridas hermanas, sigan lo que el señor Portail les ha ordenado para sus confesiones, y no teman nada, pese a los consejos que otros pudieran darles. Digan esto mismo a las que con tanta insistencia piden el regreso del señor Garson; me parece que obrando así no le prestan buen servicio.

Saluden de nuestra parte a todas las que les parecen animadas de tan buena voluntad y sírvanlas de buen ejemplo e instrucción.

Adiós, queridas Hermanas, créanme siempre en el amor de Nuestro Señor, suya hermana y servidora.

  1. C.587 Rc 3 lt 529. Carta autógrafa.
  2. María Poulet (ver C. 451, n. 3). y Clemencia Ferré (ver C. 40, n. 1).
  3. El Duque de Luynes era jansenista
  4. El señor Garson había sido enviado a otra parroquia.
  5. Luisa de Marillac designa de esta manera a los jansenistas.

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