Hoy, lunes (marzo de 1656]1
Sírvase su caridad, mi muy Honorable Padre, acordarse de su pobre hija que esperaba haber podido confesarse esta mañana, no habiendo habido nada que la pudiera impedir prepararse, por la gracia de Dios. Lo que ha podido parecer enfermedad, no ha sido sino precaución contra el mal y excesivo cuidado de mi conservación; verdad es que también era para conservarme en estado de poder tomar el mayor tiempo que me fuera posible. Al escribir, me doy cuenta de este ruin papel y la libertad con que lo estoy haciendo. Le pido perdón por ello, mi muy Honorable Padre, y si me hace el favor, su bendición, en espera de la de la misericordia de Dios, por mediación de su caridad, de quien soy, mi muy Honorable Padre, su muy pobre e indigna hija y servidora.







