Luisa de Marillac, Carta 0282: A mis queridas hermanas Sor Juliana y Sor Hellot

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Luisa de Marillac .
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Hijas de la Caridad, siervas de los pobres

(París)

(abril 1649)

Mis queridas hermanas:

Las encuentro un poco perezosas puesto que me hacen los encargos sin escribirme ni darme noticias de la Casa; quizá sea porque no saben que me gusta piensen ustedes que es necesario hacerlo, aparte de que me proporcionarían una gran satisfacción. No es, queridas hermanas, que no tenga un gran consuelo por la bendición que Dios derrama sobre su gobierno y que no le dé gracias por ello de todo corazón. Pero bueno es que la virtud de la sumisión y dependencia se haga visible. Me parece que ella1 se mantiene en la práctica de todas las cosas y que cada una cumple con su deber y deja que las demás cumplan con el suyo, según la costumbre ordinaria y las necesidades de los tiempos, que no podemos saber cuánto van a durar, ni si será acaso más de lo que pensamos, lo que no permita Dios a causa de los pobres que tanto necesitan que llegue el fin. En cuanto a mí, sigo bien, gracias a Dios, pero nunca he sentido tanto la guerra como desde que estoy en la ciudad. Pensaba poder regresar hoy después de que ayer esperaba una buena comida que no tuve, porque Sor Hellot estuvo predicando el ayuno en casa de la señora de Mortemar2 y poco ha faltado para que Sor Bárbara3 no haya retado a quien se ha sentido muy ofendido por ello,4 y hoy, por no sé qué otro motivo me ha ocurrido lo mismo en casa de la señora de Marillac;5 pero ni lo uno ni lo otro me han Impedido tener una buena comida.

Les ruego que se enteren y me lo digan cómo está el señor Lamberto6 a quien han tenido que sangrar dos veces.

Alabo a Dios de que Sor Lorenza7 vaya mejor; díganle que me tiene a su lado y ofrezco con ella a Nuestro Señor sus padecimientos por las necesidades públicas.

Les ruego, queridas hermanas, que si alguna Hermana de la ciudad va a confesarse, aunque no sea más que una, avisen al señor Lamberto o al señor Du Chesne,8 estoy segura de que su caridad se tomará la molestia de Ir a casa. Pensaba que Sor Francisca9 iba a venir; les ruego que lo haga mañana por la mañana, por temor de que cualquier circunstancia me obligue a salir, porque, de todas las que tenía que ver, todavía no he visto más que a la señora Presidenta de Lamoignon ¡tan ocupado anda todo el mundo!

¡Qué felices las consideraba a ustedes ayer lejos del gran tumulto que teníamos aquí! Nunca me sentí tan dependiente y tan poco dueña de hacer mi voluntad como ahora, de lo que alabo a Dios de todo mi corazón, que no deja de pensar en el consuelo que va a tener cuando regrese junto a mis queridas hermanas. A todas las saludo con afecto lleno del deseo de su perfección y santidad, y soy en el amor de Nuestro Señor, queridas hermanas, su muy humilde hermana y servidorA

P D. Les ruego que no dejen salir juntos a todos los cerdos y sobre todo que no se vayan al huerto para que podamos verlo reverdecer pronto. Me figuro que se cuidarán de la comida de la vaca y de los demás animales, pero tengan en cuenta que el exceso les perjudica más que (la frase está sin terminar).

  1. Se refiere a la Compañía de las Hijas de la Caridad
  2. Señora de Mortemart, parienta de Luisa de Marillac (ver C. 182 n. 1).
  3. Bárbara Bailly, que acompañaba a Luisa en aquella circunstancia.
  4. Luisa habla en tono humorístico y hace broma de que nadie las ha invitado a comer
  5. La señora de Marillac, la joven (ver C. 243, n. 2).
  6. Señor Lamberto (ver C. 22, n. 1).
  7. Lorenza Dubois (ver C. 475, n. 1).
  8. Señor Du Chesne (ver C. 166, n. 4).
  9. Francisca Le Roseau (ver C. 284, n. 2).

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