Luisa de Marillac, animadora de las Cofradías de la Caridad

Francisco Javier Fernández ChentoAsociación Internacional de Caridades, Luisa de MarillacLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Elisabeth Charpy, H.C. · Traductor: Centro de traducción, Hijas de la Caridad, París. · Año publicación original: 2002.
Tiempo de lectura estimado:

Cuando en 1625 Vicente de Paúl acepta la dirección espiritual de la Señorita Le Gras, soltera Luisa de Marillac ¿sospechaba el lugar que iba a ocupar en su vida? Creo que no, pues en aquella época Luisa le parecía una mujer preocupada, escrupulosa. La Señorita Le Gras necesita hablar con frecuencia con su director espiritual, soporta con dificultad sus ausencias de París. Esta mujer tiene un pasado doloroso: ignora quién es su madre. La familia de Marillac ha marginado a esta niña de nacimiento ilegítimo; a Luisa la han casado después, a pesar de que quería ser religiosa. Desde diciembre de 1625 es viuda, con la carga de un hijo de 12 años. San Vicente necesitará varios años para descubrir la verdadera personalidad de Luisa de Marillac que había sido perturbada por la enfermedad y la muerte de su marido, creyendo que Dios la castigaba así por no haber sido fiel a la promesa que había hecho de ser religiosa. Pero, poco a poco, va a encontrar su equilibrio. Vicente le aconseja y la pone a trabajar en favor de los pobres. Entonces, a lo largo de los días, va apareciéndole la profundidad de la vida espiritual de su dirigida, su facilidad de contacto con las personas que encuentra, su benevolencia, y también su rapidez para comprender las situaciones y su sentido de la organización.

1. Primer compromiso

En mayo de 1629 Vicente de Paúl lanza una llamada a Luisa de Marillac. ¿Aceptaría ir a Montmirail para visitar las Cofradías de la Caridad, establecidas en esta ciudad y en las aldeas circundantes? Esta propuesta deja a Luisa totalmente libre para su respuesta:

El R. P. de Gondy me ordena que vaya a verle a Montmirail en diligencia […] ¿Le dice su corazón que venga, Señorita? Si es así, habrá que partir el miércoles próximo en el coche de Chalons […], y tendremos la dicha de vernos en Montmirail.1

Luisa, después de una breve reflexión, da su consentimiento a la llamada de su director. Dado que su hijo Miguel estaba como pensionista en el Colegio de San Nicolás de Chardonnet se siente libre para administrar su tiempo. ¿Es consciente Vicente de que Luisa acepta un compromiso que va a llevarla lejos, muy lejos? Es probable, pues es un verdadero envío a misión el que le dirige para su viaje.

Le envío las cartas y la memoria que serán menester para su viaje
Vaya, pues, señorita, en nombre de Nuestro Señor.
Ruego a su divina bondad que ella le acompañe
que sea ella su consuelo en el camino,
su sombra contra el ardor del sol,
el amparo de la lluvia y del frío,
lecho blando en su cansancio,
fuerza en su trabajo
y que, finalmente, la devuelva con perfecta salud y llena de obras buenas.
2

Después de este primer viaje, Vicente de Paúl pide a Luisa de Marillac que visite las diferentes Cofradías de la Caridad establecidas en la región de la Isla de Francia, alrededor de París, pero también más lejos como Montmirail. El estudio de las cartas de Vicente de Paúl a Luisa de Marillac muestra que, a partir de esta fecha, el lenguaje cambia. Los términos utilizados ya no son ma fille (hija mía), sino Mademoiselle (Señorita). Vicente habla, no ya a su dirigida, sino a su colaboradora. Luisa se convierte en la visitadora de las Cofradías de la Caridad.

2. La visita de las Cofradías de la Caridad

Cuando Vicente de Paúl escoge a Luisa de Marillac como colaboradora para la obra de las Cofradías de la Caridad, tiene ésta 38 años. Mujer nerviosa, rápida, Luisa no ha tenido nunca muy buena salud. Esto no va a impedirle viajar. A menudo, es Vicente quien la envía o quien le transmite las llamadas de las Damas de la Caridad.

Las razones del envío son múltiples: para animar a los miembros de la Cofradía, para resolver las dificultades en muchos lugares, para volver a poner en marcha una Cofradía de la Caridad que va mal como en Villeneuve Saint Georges, para ayudar a poner en marcha una cofradía como en Beauvais, Liancourt…

2.1. Preparación de la visita

Toda visita requiere una preparación, preparación material, preparación espiritual.

En general, las Cofradías de la Caridad se ponen en marcha al final de una misión predicada por San Vicente o por los Lazaristas. El lugar es conocido, las costumbres de los campesinos o del párroco influyen a veces en el funcionamiento de la cofradía. A Luisa le gusta recibir de «Monsieur Vincent» o de sus cohermanos las informaciones que habrían de ayudarle en sus gestiones.

Antes de toda partida, Luisa participa en la Eucaristía y confía su visita al Señor de la Caridad. Recibir a su Señor en la comunión la fortalece. En diciembre de 1629 pone por escrito lo que ha sentido antes de su partida para Asnières:

El miércoles de las Témporas de Navidad, salí para ir a Asnières; temiendo hacer el viaje a causa de mis enfermedades, me sentí fortalecida a la vista de la obediencia que me hacía ir allá; y en la Santa Comunión de aquel día, me sentí impulsada a hacer un acto de fe.3

La misión que se le ha confiado la vive como un acto de fe. Es consciente de ser enviada para un bien que la supera. El 5 de febrero siguiente (1630), Luisa de Marillac, durante la eucaristía, se siente impulsada a profundizar más en el sentido de su misión:

En la Sagrada Comunión me pareció que Nuestro Señor me daba el pensamiento de recibirle como al esposo de mi alma, y aun, que esto me era ya una forma de desposorios.4

En ese día, aniversario de su boda con Antonio Le Gras, esposo escogido por la familia, Luisa recibe de Dios al esposo de su alma y la comunión del Cuerpo de Cristo viene a sellar esta unión que le invita a dejarlo todo para seguir a su Esposo. Y prosigue en su informe:

(…) y me sentí tan fuertemente unida a Dios en esta considera­ción que para mí fue extraordinaria, y tuve el pensamiento de dejarlo todo para seguir a mi Esposo y de mirarlo de aquí en adelante como a tal, y de soportar las dificultades que encontraría como recibiéndolas en comuni­dad de sus bienes.5

Luisa se siente llamada a vivir con el Señor «una comunidad de bienes». Como Él, está ahora dedicada a los miembros del Cuerpo de Cristo; como Él, tendrá que soportar las dificultades de la vida. Ante esta luz que la fascina, puede releer el Evangelio de Mateo: Lo que hicisteis al más pequeño de los míos, a mí me lo hicisteis. Esta gracia de los desposorios místicos, Luisa la recibe en un acto de pobreza, queriendo ser totalmente dependiente de Dios en «la acción misionera que emprende».6

A lo largo de los años, Luisa profundizará esta comprensión del sentido de la misión que ha recibido y se esforzará por compartirla con todas aquellas con quienes habrá de trabajar. Explicará a las Hijas de la Caridad que toda misión recibida de Dios es para su gloria y para el bien de los pobres:

Se acordarán que han de buscar lo primero a Dios y su gloria y después, el interés de las personas con las que tienen que actuar, para servirlas lo mejor posible, atendida la disposición de su espíritu […] Y sobre todo se guardarán mucho de hacer como cosa suya particular las obras en las que Dios nos hace el honor de emplearnos, ya sea por vana complacencia, satisfacción u otras miras de vanidad a las que con frecuencia debemos renunciar.7

Para Luisa de Marillac, toda misión entre los miembros dolientes de Cristo no es un asunto personal. Esta misión hay que vivirla juntas, como Iglesia. Pedir consejo, hacer verificar lo que se dice, lo que se hace, es para Luisa de Marillac una necesidad. La Misión no le pertenece.

2.2. El viaje

Luisa de Marillac utiliza para sus viajes los medios de locomoción habituales. Las pequeñas distancias las recorre, a menudo, a pie (en el siglo XVII no daba miedo recorrer 10 ó 15 Km.) o a caballo. Para los viajes más largos usa la «diligencia», coche poco confortable, deteniéndose en los relevos de trayecto (lugar donde descansan los caballos). En estos albergues, Luisa descubre la promiscuidad. Constata también el precio bastante caro de las comidas. Su experiencia le servirá para aconsejar a las Hijas de la Caridad en el momento de sus viajes:

Cuando lleguen rogarán a la posadera les dé alguna habitación pequeña para retirarse y acostarse solas. …Y como de ordinario el pan cuesta caro en los mesones, harán bien en comprar uno grande en la panadería y tener así lo suficiente.8

A lo largo del viaje, Luisa de Marillac, cuando ve el campanario de una iglesia, acostumbra a enviar a su buen ángel a saludar al Maestro en su tabernáculo. Las Hermanas aprendieron su sencilla oración:

Oh mi querido ángel, ve, te suplico, donde Jesús mora. Di a este Divino Salvador que lo adoro, que le amo con todo mi corazón. Invita a este adorable prisionero de amor a que venga a mi corazón, a que fije en él su morada. Este corazón es demasiado pequeño para albergar a tan gran Rey, pero quiero agrandarlo mediante el amor y la Fe.

Como nos ocurre a todos, en el viaje de Luisa hay tiempos de lectura, de intercambio con los vecinos y momentos en que se apodera el sueño.

2.3. La visita

Cuando llega a los lugares, Luisa debe buscar un alojamiento. Parece que quiere guardar toda su libertad, por lo que raramente va a la casa de la presidenta o de uno de los miembros de la Cofradía. Va al albergue como en Neufville o en Pont Saint Maxence, o a casa de un particular, a casa del Señor Ricard en Beauvais, en casa del Señor Caille, el panadero de Verneuil.

La visita comprende dos partes que se complementan: Luisa dedica tiempo y pone los medios para descubrir la vida y el funcionamiento de la Cofradía, y se esfuerza por infundirle un nuevo dinamismo. A través de los encuentros con los miembros de la Cofradía y de las visitas a los pobres en sus domicilios, Luisa va a percibir lo que se vive y cómo se vive. Su espíritu de observación y su sentido del discernimiento le ayudan mucho. Su competencia en muchos campos le permitirán dar respuestas concretas.

Todas estas mujeres, comprometidas en la Cofradía de la Caridad en sus aldeas, están llenas de buena voluntad, pero bien pronto aparecen dificultades de relación entre ellas, percepciones diferentes sobre la manera de servir a los pobres, interrogantes sobre quiénes deben ser acogidos por la Cofradía. Luisa de Marillac las escucha con mucha atención. Los informes de sus visitas son muy explícitos.

a. Las dificultades relacionales

Estas dificultades son frecuentes y conciernen prioritariamente a aquellos o aquellas que tienen responsabilidades en la Cofradía:

Se ve bastante cordialidad entre las Hermanas (cuando Santa Luisa relata las visitas a las Cofradías de la Caridad y habla de Hermanas -sœurs-, se refiere a las señoras de dicha cofradía). Algunas de ellas critican a veces la conducta de las de la Junta -‘las oficialas’-.9

Entre los miembros del Despacho de la Cofradía, se encuentra la Tesorera, encargada del economato. Ésta da cada día a la que prepara la comida el dinero necesario para comprar el alimento. En Verneuil existe una dificultad de relación con esta tesorera, a la que se considera demasiado autoritaria:

Se quejan de que la Tesorera es difícil y no se aviene fácilmente al parecer de las demás.10

En Sannois, la Tesorera, llena de buena voluntad, quiere hacerlo todo ella misma. El resultado es que las demás mujeres de la Cofradía ya no se sienten interesadas:

Las Hermanas de esta Caridad se han enfriado un poco en sus prácticas y con frecuencia han dejado de hacer la visita a los enfermos en el día de su turno, porque la Tesorera tiene tan buena voluntad que se ha encargado ella de preparar el puchero en lugar de las de turno.11

Luisa de Marillac necesitará mucho tacto para hacer comprender a las Tesoreras su cometido, y encontrar el equilibrio entre demasiada rigidez o demasiada buena voluntad. La acción de unas no debe ser una molestia para las demás. Hay que saber desaparecer para dejar a las otras que actúen.

La acción del Procurador12 es contestada a veces, pero las mujeres no se atreven a decir nada a este hombre encargado de la administración de los bienes de la Asociación:

En Franconville, el Procurador de la Caridad ha prestado dinero a 25 personas mediante garantía, y parecía dispuesto a seguir haciéndolo si se presentaba la ocasión; las señoras de la Junta no se atreven a llevarle la contraria porque es muy tajante.13

Luisa comprende las dificultades de relación, pero reconoce la necesidad de tener alguien que sepa administrar. Le gustaría que en todos los lugares la relación con el procurador sea como en Bulles donde, según anota en su informe:

el procurador administra casi todo con mucha caridad, es muy entendido y quiere mucho (la obra).14

¿Cómo llevar a unos y otros a trabajar juntos? Para Luisa, hay que saber pasar por encima de las diferencias personales cuando se trata del bien de los pobres.

Las dificultades relacionales se deben a veces a las querellas mantenidas en los pueblos entre los habitantes. ¿Cómo llegar a superarlas? En el pueblo de Neufville Luisa de Marillac ha observado la acción muy positiva de la presidenta de la Cofradía:

Con frecuencia se dan pequeñas enemistades entre las Hermanas que perjudican su ejercicio puesto que algunas no quieren ir acompañadas por aquéllas con quienes han tenido algún roce; pero la Superiora pone a veces remedio a esto.15

Es una alegría para Luisa constatar que en Pont Saint Maxence el ejercicio de la Caridad es benéfico, no solamente para los enfermos sino también para todo el pueblo:

Son muy cordiales entre ellas y aficionadas al ejercicio de la caridad, al que sus mismos maridos las impulsan; dichas Hermanas han observado que desde que está establecida la Caridad, el pueblo es mejor.16

Luisa de Marillac gustará releer con todos los miembros de la Cofradía el pasaje del reglamento referente a las relaciones mutuas, pasaje que no dudará comentar:

Se querrán mutuamente unas a otras, como hermanas a las que Nuestro Señor ha unido con el lazo de su amor.17

b. El servicio de los pobres

Luisa de Marillac se muestra muy atenta a la manera como las Damas llevan a cabo su servicio entre los enfermos. En sus informes anota los menores detalles. En Bulles, pone de relieve la exactitud en las visitas:

A los pobres enfermos de Bulles se les visita tres veces al día y se les lleva la ración ordinaria ya condimentada, pero no a todos por igual, ya que cada una de las Hermanas quiere llevar de su casa lo que mejor le parece para dar gusto a los enfermos.18

En Verneuil, le parece que se visita muy de tarde en tarde los enfermos:

A los pobres se les sirve todos los días como lo prescribe el reglamento; pero no se les lleva la ración hasta eso de las once.19

En Pont Saint Maxence, se ha interrumpido la visita durante el tiempo de la epidemia, lo que suele hacerse por medida de prudencia. Luisa desearía que las Damas fueran más madrugadoras y un poco más generosas en lo que aportan:

Las Hermanas de la Caridad visitan a los enfermos fuera de las épocas de contagio, pero no les llevan el caldo hasta mediodía y más bien poco.20

La manera de servir a los pobres es a veces fuente de tensión entre los miembros. El primer reglamento, el de Châtillon, que sirvió de modelo a los reglamentos de las cofradías establecidas después, es muy explícito:

La que esté de día, después de haber tomado todo lo necesario de la tesorera para poder darles a los pobres la comida de aquel día, preparará los alimentos, se los llevará a los enfermos, les saludará cuando llegue con alegría y caridad, acomodará la mesita sobre la cama, pondrá encima un mantel, un vaso, la cuchara y pan, hará lavar las manos al enfermo y rezará el Benedicite, echará el potaje en una escudilla y pondrá la carne en un plato, acomodándolo todo en dicha mesita; luego invitará caritativamente al enfermo a comer, por amor de Dios y de su santa Madre, todo ello con mucho cariño, como si se tratase de su propio hijo, o mejor dicho de Dios, que considera como hecho a sí mismo el bien que se le hace a los pobres.21

Pero los lugares, las circunstancias, pueden dar lugar a modificaciones en este programa tan concreto:

muchas de las Hermanas el día en que les toca, hacen el gasto a su capricho sin atenerse al reglamento.22

En Sannois, la Superiora de la Cofradía, de acuerdo con la tesorera, simplifica el servicio y se limita a dar dinero a los enfermos.23 En Franconville, Luisa observa que raramente se da carne a los enfermos. La misma situación existe en Conflans:

Han dado dinero a los enfermos con el beneplácito del señor Cura Párroco. Con frecuencia han dejado a los enfermos privados de carne.24

Sin emitir un juicio sobre todas estas prácticas que perjudican al bienestar del enfermo, Luisa de Marillac invita a las Damas de la Caridad a releer el reglamento de su Cofradía y a aplicar las directivas dadas.

c. El hacerse cargo de los pobres

Con frecuencia llega a oídos de la «Visitadora» esta pregunta: «¿De quién debemos hacernos cargo? ¿Quiénes son los verdaderamente pobres? ¿Qué hacer cuando los enfermos que piden los cuidados de la Cofradía poseen bienes?». Pregunta siempre actual. Luisa de Marillac se muestra muy atenta a los múltiples interrogantes de las Damas de la Caridad.

En Sannois, las Damas se preguntan sobre la necesidad de la Cofradía en ese pueblo.

Tienen dificultad con la recepción de los enfermos y dicen que no sería necesaria la Caridad en Sannois si no hay que admitir nada más que a los que no tienen absolutamente nada porque son muy pocos o ninguno los que se hallan en tal situación.25

Se somete al parecer de Luisa un caso que ha debido de presentarse en otros lugares:

Se ha dado el caso de una mujer enferma que tenía algunos bienes pero se los había dado a algunos de sus familiares antes o durante su enfermedad, sin saberlo las Hermanas de la Caridad, y éstas se preguntaban si debían asistir a tales enfermos en tales circunstancias porque esta dona­ción podía haber sido hecha intencionadamente.26

En Neufville, la población reacciona ante la poca rapidez de las Damas para admitir a los pobres a los cuidados de la Cofradía.

En Neufville los campesinos murmuran que no se recibe lo bastan­te pronto a los enfermos, y los miembros de la Junta (oficialas) se ven impedidas para hacer lo que deben cuando se da el caso de enfermos que poseen bienes, aunque tan hipotecados que no pueden venderlos.27

En Gournay, los habitantes supervisan la utilización de sus limosnas:

La gente murmura que toman de las limosnas (el estipendio) para decir Misas.28

Ante todas estas cuestiones, Luisa de Marillac invita a los miembros de las Cofradías a reunirse para reflexionar juntos. En ese intercambio van a estudiar los diferentes bienes. Luisa de Marillac se muestra muy competente a nivel jurídico, utilizando los términos precisos. Distingue los bienes muebles que se pueden vender si es necesario (vestidos superfluos, vajilla de estaño, etc.) y la tierra y la casa. También en este punto se hace una distinción entre la tierra de la que el enfermo no puede ayudarse, es decir, una tierra de la que no puede sacar ningún provecho, bien porque no produce, bien porque ha sido hipotecada: «el arpende libre de cargas» (l’arpent franc et quitte), es decir, una tierra que no está gravada por ninguna carga o hipoteca y, por consiguiente, que es fuente de ingresos para su propietario:29

La solución que se les ha dado es que si los pobres enfermos tenían algunos muebles o ropas que no necesitaran, como vajilla de estaño u otras cosas parecidas, vino o alguna cantidad de trigo u hornada de pan, deberían venderlo antes de ser asistidos por la Caridad, y que si algún enfermo tenía parcelas de tierra de las que no podía disponer, habría que admitirlo a recibir los cuidados de la Caridad; no así si tienen un arpende libre de cargas.30

Otra cuestión importante se refiere a los donativos o legados hechos por los enfermos durante su vida o después de su muerte:

Han preguntado también si podrían asistir a enfermos que tuvieran algunos bienes o desearan darlos a la Caridad cuando murieran, o bien, si sanaban, servirse de dichos bienes para devolver lo que se hubiera gastado en ellos.31

Luisa da, en esta ocasión también, una respuesta muy concreta. El servicio emprendido en el seno de las Cofradías de la Caridad es un servicio gratuito, sin ninguna mira de retribución. Las Damas voluntarias no son asalariadas.

En cuanto a los legados, es preciso actuar con mucha prudencia. El enfermo no debe ser incitado por los miembros de la Cofradía; su acto debe ser totalmente libre. Las condiciones para aceptar el legado son claras: el enfermo no debe tener deudas, no debe tener herederos.

En su informe Luisa anota la respuesta que ha dado a las Damas de la Caridad:

Se les ha contestado que […] si se daba el caso de que hubieran asistido a un enfermo que a su muerte ofreciera dar a la Caridad lo que tuviera sin haber sido invitado a ello por las Hermanas, podrían aceptarlo, con tal de que dicho enfermo no tuviera acreedores ni herederos pobres.32

d. La vida espiritual

Luisa no termina su visita sin dirigir una mirada a la vida espiritual del grupo. Creo que debe hacer algunas preguntas, pues no parece que las Damas de la Cofradía hablen de ello espontáneamente. En su visita a Herblay, Luisa constata que las Damas de la Caridad están todavía en su primer fervor. Pero en Sannois, el impulso se ha enfriado un poco:

Dichas hermanas o por lo menos la mayoría, dejan la comunión mensual y necesitan que se las estimule con alguna predicación33

Por todas partes, Luisa observa con satisfacción la preocupación de todas estas señoras por acompañar a los enfermos en el momento de la muerte, procurando la presencia del sacerdote.

e. Resultado de la visita

Es quizá difícil hablar de resultados de la visita. Pero Luisa de Marillac toma nota de los compromisos tomados en numerosos lugares, como ser más fieles al reglamento, más atentas a la exactitud en el servicio:

En Conflans… la mayoría de ellas son muy afectas (a la Caridad) y todas han prometido observar el reglamento.34

Lo que no anota Luisa de Marillac es el entusiasmo que ha suscitado entre los habitantes. Mucho más tarde, evocará algunos recuerdos ante las Hijas de la Caridad. Una de ellas cuenta:

Una vez fue a un pueblo donde todas las mujeres quedaban tan consoladas de oírla que se lo contaron a sus maridos los cuales querían también ir (a escucharle); se les dijo que los hombres no iban allí. Ellos fueron y se escondieron debajo de la cama y en todos los rincones de la habitación y después preguntaban a ver si ella confesaba.35

En el momento de la partida, había una multitud para despedirla. Los niños se empujaban y reían. La misma Hermana prosigue su relato:

Y al regreso de esa región, toda la gente y los niños corrían tras ella; uno de los niños cayó bajo la rueda de una carreta, pero ella elevó su espíritu a Dios para pedirle por este niño, el cual ni siquiera fue herido, por lo que dio gracias a Dios.36

La venida de la Visitadora, de la Animadora, la deseaban en muchas Cofradías. Es San Vicente quien la mayor parte de las veces transmite las llamadas:

La señorita Tranchot desearía verla en Villeneuve-Saint-Georges, donde va mal la Caridad, y creo que Nuestro Señor le reserva a usted el éxito de esta buena obra. […]37

Unos meses más tarde llega una nueva invitación:

Ha sido para trabajar en la Caridad de Champigny, donde se requiere su presencia.38

Estando en Villeneuve Saint Georges, Luisa recibe una nota de Vicente de Paúl:

Infórmese, por favor, de cómo va la Caridad de Crosnes. Es una pequeña aldea alejada (de Villeneuve), algo así como la puerta de san Víctor de Notre-Dame, poco más o menos. Si tiene alguna cabalgadura para ir allá, no perderá el tiempo.39

3. Cualidades de la animadora

Nos podemos preguntar qué es lo que ha podido provocar tal entusiasmo entre las Damas de la Caridad. Ciertamente han descubierto en Luisa de Marillac cualidades que les han hecho comprender la importancia de su propio compromiso.

La escucha atenta de Luisa permitió a dichas Señoras expresar sus dificultades, sus interrogantes. Luisa fue descubriendo, a lo largo de sus encuentros con ellas, cómo la escucha necesita un gran olvido de sí misma. Aprendió a hacer callar la preocupación por su hijo (preocupación que aparece con frecuencia en sus cartas a Vicente de Paúl). Necesitaba estar totalmente disponible para prestar una atención sostenida a lo que se le decía. Aquellas mujeres comprendieron que Luisa de Marillac tomaba en cuenta todo lo que expresaban, que intentaba captar bien el fondo de su pensamiento. Esta escucha les permitió adquirir confianza en ellas mismas, pues se sentían reconocidas en lo que hacían. La sencillez con la que Luisa escuchaba todo, ofrecía a sus interlocutoras un verdadero consuelo y les ayudaba a encontrar soluciones a sus problemas o dificultades.

Las Damas de la Caridad quedaron impresionadas por su respeto hacia cada una. Jamás percibieron juicios severos sobre sus actitudes, sus comportamientos. Sabía hacer observar lo que no iba bien, pero con tal delicadeza, con tal amor al pobre, que sus palabras eran bien acogidas. Parece que Luisa de Marillac supo, más allá de las apariencias, descubrir y valorar las posibilidades de cada uno de los miembros de la Cofradía que visitaba.

La competencia de Luisa de Marillac en muchos campos facilitó sus consejos, sus decisiones. Ese tacto lo adquirió Luisa a lo largo de los años, informándose de personas especializadas en el campo jurídico o financiero, observando la manera de actuar de los médicos, y también mediante la lectura. Era consciente de que hay que saber y estar al día para enseñar a los demás.

4. Los escollos a evitar

Si Luisa de Marillac posee numerosas cualidades, si supo comunicar dinamismo a las Damas de la Caridad, tuvo que hacer frente a algunos escollos personales. La numerosa correspondencia con Vicente de Paúl permite descubrirlo.

Uno de los primeros escollos que acechaban a Luisa se da frecuentemente en quienes se comprometen a fondo en una misión entusiasmante. El riesgo consiste en querer hacer demasiado. Vicente de Paúl la previene:

¡Bendito sea Dios de que se encuentre mejor y del gusto que encuentra en trabajar por la salvación de las almas! Pero temo que haga todavía demasiado… Tenga cuidado, por favor, señorita. Nuestro Señor quiere que le sirvamos con juicio; y lo contrario se llama celo indiscreto.40

Luisa, sin duda, no ha comprendido la advertencia. Estando en Beauvais recibe una carta mucho más explícita:

¡Bendito sea Dios por haberla hecho llegar con buena salud! Tenga cui­dado de conservarla por el amor de Nuestro Señor y de sus pobres miem­bros, y evite trabajar demasiado. Es una astucia del diablo, con la que engaña a muchas almas buenas, el incitarlas a hacer más de lo que pue­den, para que luego no puedan hacer nada; y el es­píritu de Dios incita suavemente a hacer el bien que razonable­mente se puede hacer, a fin de que lo hagamos con perse­verancia y por mucho tiempo. Obre, pues, así, señorita, y obrará según el espíritu de Dios.41

Consejo de gran sabiduría, que el temperamento activo de Luisa tiene dificultad en integrar.

Otro escollo fue el desaliento ante las dificultades y los fracasos. Pues, si la acogida es calurosa en muchos pueblos, hay lugares donde no se desea su presencia. En Villepreux, el párroco no acepta que una mujer vaya a la parroquia a hablar a sus feligreses. Vicente la aconseja y le ayuda a aceptar ese rechazo:

Es muy difícil, señorita, hacer algún bien sin contrariedades; y puesto que debemos, en cuanto nos sea posible, consolar las penas de los demás, creo que haría usted un acto agradable a Dios si visitara al señor párroco, le presentara sus excu­sas por haber hablado a las hermanas de la Caridad y a las jóvenes sin su permiso, que usted quería hacer en Villepreux sencillamente lo mismo que había hecho en Saint-Cloud y otros lugares, y que esto le recordará su deber en el futuro, y que, si a él no le parece bien, no seguirá adelante. Y mi opinión es que así lo haga. Nuestro Señor sacará quizás más gloria de su sumisión que de todo el bien que podría haber hecho. Un hermoso diamante vale más que una montaña de piedras, y un acto de virtud de aquiescencia y de sumisión vale más que un mon­tón de buenas obras que se practican con los demás.42

Si es difícil aceptar el rechazo, Luisa reconoce también que no le resulta fácil mantener una actitud equilibrada ante las múltiples alabanzas que recibe. Confía sus inquietudes a Vicente de Paúl que le responde:

Continúe, entre tanto, tranquila y una su espíritu a las burlas, los desprecios y malos tratos que sufrió el Hijo de Dios, cuando se vea usted honrada y estimada. Ciertamente, señorita, un espíritu verdadera­mente humilde se humilla tanto en los hono­res como en los desprecios y hace como la abeja que fabrica su miel tanto con el rocío que cae sobre el ajenjo como con el que cae sobre la rosa.43

Luisa de Marillac, animadora de las Cofradías, quiso y supo ayudar a cada una de las mujeres implicadas en esta obra de Caridad a comprender su vocación en la Iglesia y en el mundo, y a cumplirla. Juntas vivieron la aventura de una fe comprometida al servicio de los pobres.

Fue, acogiendo la Palabra de Dios – el Amor de Cristo recibido más especialmente en la eucaristía – como Luisa encontró esa energía que le permitía comprometerse en la animación de las Cofradías. Llevó a cabo en su vida lo que Vicente de Paúl diría más tarde a uno de sus cohermanos nombrado Superior del Seminario Mayor de Agde:

Una cosa importante, a la que usted debe atender de manera especial, es tener mucho trato con nuestro Señor en la oración; allí está la despensa de donde podrá sacar las instrucciones que necesite para cumplir debidamente con las obligaciones que va a tener. Cuando tenga alguna duda, recurra a Dios y dígale: ‘Se­ñor, tú que eres el Padre de las luces, enséñame lo que tengo que hacer en esta ocasión’.44

  1. SV I, 72 / ES I, 135.
  2. SV I, 72-73 / ES I, 135-136.
  3. Visita de la Cofradía de Asnières – Diciembre de 1629 – SLM Corr. y escr. E. 16, p. 682.
  4. Visita de la Cofradía de Saint Cloud – 5 de febrero 1630 – Ibid.
  5. Visita de la Cofradía de Saint Cloud – 5 de febrero 1630 – Ibid.
  6. Visita de la Cofradía de Saint Cloud – 5 de febrero 1630 – Ibid.
  7. Instrucciones a las Hermanas enviadas a Montreuil sur Mer, Junio 1647 – Ibid. E. 55, p. 758.
  8. Prácticas que deben observar nuestras Hermanas mientras van de camino – Ibid. E. 75, p. 871.
  9. Visita de la Cofradía de Verneuil – SLM Corr. y Escr. E. 25, p. 696.
  10. Visita de la Cofradía de Verneuil – Ibid.
  11. Visita de la Cofradía de Sannois – Ibid. p. 682.
  12. El deber del procurador será administrar y negociar los asuntos relativos a los fondos temporales de la cofradía, con el consejo y dirección del señor párroco, de la priora, de la tesorera y de la otra asistenta; proponer, en cada una de las asambleas que se celebren a este efecto, el estado de los asuntos que lleve entre manos (reglamento de la Cofradía de Chatillon) – Síg. X, 577.
  13. Informe de la visita a Franconville, SLM, Corr. y escr. E. 17, p. 683.
  14. Informe de la visita a Bulles – SLM, Corr. y escr. E. 26, p. 700.
  15. Visita de la Cofradía de Neufville – Ibid. E. 26, 700.
  16. Visita de la Cofradía de Pont Saint Maxence – Ibid. p. 699.
  17. Proyecto de reglamento – Ibid. E. 31, p. 715.
  18. Visita de la Cofradía de Bulles – Ibid. E. 26, p. 700.
  19. Visita de la Cofradía de Verneuil – Ibid. E. 26, p. 698.
  20. Visita de la Cofradía de Pont Saint Maxence – E. 25, p. 699.
  21. SV XIII, 427-428 / ES X, 578.
  22. Visita de la Cofradía de Franconville – SLM, Corr. y Escr., E. 17, p. 683
  23. Visita de la Cofradía de Sannois – Ibid.
  24. Visita de la Cofradía de Conflans – Ibid. E. 17, p. 684.
  25. Visita de la Caridad de Sannois – Ibid. p. 683.
  26. Visita de la Cofradía de la Neufville – Ibid. E. 26, p. 700.
  27. Visita de la Cofradía la Neufville – Ibid. E. 26, p. 700.
  28. Visita de la Cofradía de Gournay – Ibid. E. 25, p. 697.
  29. Diccionario de Derecho y de práctica – Claude Joseph Ferrière – 3ª Ed., 1778 – Tome 1, p. 68 para ‘aider’ y p. 621 para ‘franc et quitte’.
  30. Visita de la Cofradía de Gournay – Ibid. E. 32, p. 717.
  31. Visita de la Cofradía de Gournay – Ibid. E. 32, p. 717.
  32. Visita de la Cofradía de Gournay – Ibid. E. 32, p. 717.
  33. Visita de la Cofradía de Sannois – Ibid. E. 17, p. 683.
  34. Visita de la Cofradía de Conflans – Ibid. E. 17, p. 684.
  35. Testimonio de Bárbara Bailly – Documentos de la Compañía, Ed. fr. p. 923.
  36. Testimonio de Bárbara Bailly – Documentos de la Compañía, Ed. fr. p. 923.
  37. SV I, 130 / ES I, 189.
  38. SV I, 159 / ES I, 216.
  39. SV I, 162 / ES I, 218.
  40. SV I, 84 / ES I, 146.
  41. SV I, 96 / ES I, 158.
  42. SV I, 81 / ES I, 143-144.
  43. SV I, 98 / ES I, 237.
  44. SV XI, 344 / ES XI, 344.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.