Lucía Rogé: Las Consituciones a la luz del 350º aniversario, una nueva etapa en la historia de la Compañía

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Lucía RogéLeave a Comment

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Autor: Lucía Rogé, H.C. .
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Sor Lucía Rogé, H.C.

Sor Lucía Rogé, H.C.

París, noviembre 1983

El 29 de noviembre de 1983, fecha fijada por nuestro Superior General para la entrada en vigor de las Constituciones, se abre una nueva etapa en la historia de la Compañía. En torno a esta fecha, ya precediéndola, ya siguiéndola, una serie de acontecimientos se im­ponen a nuestra atención. Dios los ofrece a nuestra reflexión para que los comprendamos e interpretemos, porque Él es quien continúa haciendo la Compañía. Como san Vicente, también nosotras podríamos decir:

  • No pensábamos… que la promulgación de las Constituciones fuera a llegarnos el 2 de febrero de 1983, bajo la mirada de la Santísima Virgen, haciendo posible su entrada en vigor, en la fecha del 350 aniversario.
  • No pensábamos… que esta entrada en vigor iba a ser seguida tres meses después por la Beatificación de nuestras Hermanas Mártires en Angers, durante la Revolución Francesa, que nos pone ante la confirmación de lo absoluto de la entrega que hemos de hacer a través de nuestra Regla de vida, hasta el don total de esa misma vida.
  • No pensábamos… que las primeras meditaciones sobre las Cons­tituciones iban a ser, al mismo tiempo, una preparación para nues­tras Asambleas Domésticas y Provinciales.

Tenemos que recoger esta especie de reto que Dios nos lanza. Él espera un nuevo impulso de toda la Compañía para vivir en plenitud la vocación que nos ha dado. Quiere un movimiento continuo de conver­sión en los planos personal y comunitario, para que crezca su reino de amor entre los pobres. Ya todas o casi todas ustedes han recibido, en sus Provincias, las Constituciones. Son definitivas y expresan la voluntad de Dios sobre nosotras.

I. UNA REVISIÓN DE VIDA

Por eso, las Asambleas Domésticas y Provinciales no serán ya como las anteriores un examen de las Constituciones para precisar los puntos fundamentales de la vocación, sino un examen de nuestra vida, para descubrir si es fiel al espíritu y a las exigencias de las Constitu­ciones.

La preparación de estas Asambleas implica dar respuesta a tres Cuestionarios. Los tres temas que tendrán que meditar y trabajar, per­sonalmente primero y después en comunidad, versan sobre:

  • el espíritu de la Compañía,
  • su misión de evangelización,
  • el estilo de vida de la Hija de la Caridad.

Se trata, pues, de una revisión de nuestra vida cotidiana, con miras a sintonizarla con la voluntad de Dios sobre nosotras, que se nos mani­fiesta en las Constituciones.

Después de la reflexión personal y de la oración, espero que nues­tras Asambleas Domésticas sean unas conversaciones fraternales sobre hechos de nuestra vida. Ya ven la importancia de descender a lo con­creto, para buscar la concordancia con lo que constituye nuestra voca­ción en la Iglesia.

II. UNA CONFRONTACIÓN DE NUESTRA VIDA CON LAS CONSTITUCIONES

En esta búsqueda de concordancia, es muy importante la lectura y la meditación de las Constituciones. Deben leerlas poniendo una aten­ción especial en varios elementos (se los voy a señalar con un poco de desorden).

1. Consideren las tres partes principales del plan y reflexión sobre el índice. La primera parte «Vocación y Misión de la Compañía» tiene en efecto una resonancia capital en las otras dos.

2. Mediten detenidamente en la cita introductoria de cada capítulo (generalmente está a mano izquierda). Reproduce el pensamiento de los Fundadores que ilumina el capítulo. Con frecuencia, se completa a lo largo del capítulo por otras que anuncian las diferentes partes com­prendidas en el mismo. De esta forma, se nos remite a los orígenes, al pensamiento de los Fundadores acerca de nosotras, a nuestra identidad dentro de la Iglesia, y se nos comunica el mensaje espiritual que hemos de revitalizar de continuo en nuestra vida. Lo mismo puede decirse de las demás citas que se encuentran diseminadas en el texto, siempre en letra cursiva.

3. Fíjense también en las palabras utilizadas:

— las que van en negrita. Veamos algunos ejemplos que explican lo que estoy diciendo.

Ya en la primera página, encuentran en negritas la expresión «La caridad de Jesucristo crucificado». Es la que siempre emplearon nues­tros Fundadores. Es indudable que conocían el texto de san Pablo, pero quisieron subrayar la relación que existe entre nuestra vida y el misterio de la Cruz y la Redención.

Otro ejemplo en las Constituciones, «Cuando sea preciso hacer opciones, se dará la prioridad a los verdaderamente pobres».1 Acabo de regresar de la India, y les aseguro que allí he visto a «verdaderamente pobres».

Más adelante, se llama de nuevo nuestra atención sobre expresiones como «la ascesis» que «prepara» los caminos del Señor.2 «La comunidad de oración», la «vida fraterna en común», que es «un lugar donde se vive el afecto, la estima y el respeto», o bien «en actitud de servicio», etc.

Como ven, en el procedimiento tipográfico se dan recursos para atraer nuestra mirada y con ello, excitar nuestra atención.

— También, encontramos algunas palabras nuevas, la expresión «voto especial» refiriéndose al voto de Servicio a los pobres. Otras expresiones remiten al lenguaje del siglo XVII, el de nuestros Funda­dores, porque expresa de manera más nítida el espíritu que ha de ani­mar a la Compañía, tales son las de «confianza en la providencia,3 «dejar a Dios… por Dios».4 La palabra «disponibilidad» ha sustituido a la de «indiferencia» empleada por san Vicente, la de «amistad» apare­ce varias veces5 como una forma de recordar el «se querrán unas a otras» y hacer una llamada al afecto mutuo. De esta forma, nuestra lec­tura meditada de las Constituciones debe preceder a nuestras Asam­bleas Domésticas, porque prepara la reflexión y el estudio que nos piden los cuestionarios.

III. UN COMPROMISO PERSONAL EN EL TRABAJO DE LA CONVERSIÓN

    El tema 1 está consagrado a profundizar en el espíritu de la Compa­ñía. Tienen ustedes que llegar al compromiso exponiendo cuatro convic­ciones que se desprendan para ustedes de la lectura de los Fundadores y de las Constituciones. Tendrán que reflexionar personalmente en ellas y confrontar en Asamblea Doméstica, en comunidad local, sus propias opciones y las de sus compañeras. Paralelamente, establecerán la rela­ción que existe entre esas convicciones escogidas por su comunidad y unos pasajes evangélicos que las fundamenten.

    Una tercera pregunta les pide que indiquen tres medios para adquirir y conservar ese espíritu. Quiere decir que tendrán que exponer los que les parezcan indispensables.

    Las dos preguntas restantes llevan a una revisión de vida, a un cambio de postura, a la conversión. Ya saben que de una Asamblea a otra pueden darse decisiones, hacerse opciones, promulgarse decretos; pueden uste­des, si así lo ven conveniente, presentar sugerencias a este respecto.

    El tema 2 se refiere a la evangelización de los pobres y a las activi­dades concretas o compromisos que pueda suscitar por parte nuestra.

    El tema 3 se refiere a nuestro estilo de vida de Hijas de la Caridad y a lo que debe caracterizarlo tomando el Evangelio como punto de refe­rencia. También en este aspecto, hay una revisión de vida y unos com­promisos o decisiones que prever para ponernos de acuerdo con las Constituciones, para llegar a una conversión. Se trata de que nuestra vida no desmienta lo que pretendemos ser y responda a la vocación de Hija de la Caridad que nos presentan las Constituciones. Todo queda implicado, palabras, acciones, actitudes, nuestra apariencia externa.

    IV. UNA RENOVACIÓN ESPIRITUAL DE CADA UNA Y DE TODA LA COMPAÑÍA

      La entrada en vigor de las Constituciones y Estatutos tiene que tener en nosotras la resonancia de una llamada a la conversión, como cami­no para la renovación espiritual de la Compañía; llamada a una especie de renacimiento con motivo de este 350 aniversario, a una revitalización al soplo de los orígenes.

      Debemos tener la seguridad de que es «la mano de Dios la que os las ha dado, ya que están llenas de las prácticas más santas, que Jesucristo enseñó a los que querían seguirle».6 Conversión significa para nosotras, la decisión de una vida radicalmente nueva. En efecto, parece llegado el momento de considerar la evolución de nuestra propia vida espiritual, jalonada por grandes momentos y por pequeñas etapas, desde nuestro bautismo. Nuestro ingreso en la Compañía de las Hijas de la Caridad, los votos pronunciados por primera vez, algunos Ejercicios Espirituales o Renovaciones que representaron mayor entrega, aquel cambio de desti­no o de oficio, aquellas penas o aquellas alegrías, ¿por qué no? han sido otras tantas llamadas a la conversión, al cambio de vida.

      El primer paso que hay que dar en el camino de la conversión con­siste en creer que es posible, con la gracia de Dios, y en acoger las Constituciones como las primeras Hermanas reunidas en torno a santa Luisa recibieron las primeras Reglas. Vieron en ellas, un don de Dios encaminado a empezar una vida nueva con Él y para Él.

      Consideremos esta Regla de Vida, como el medio para progresar en el amor, porque nos ofrece la posibilidad de una unión más profunda con la vida de Jesucristo a quien reconocemos y servimos en los pobres. Dejémonos asir, como santa Luisa, por la acción del Espíritu, dejémosle que nos transforme, tomando en serio estas Constituciones, y entremos en una vida nueva de Hijas de la Caridad. «Danos, Señor, un corazón nuevo».

      Esta conversión que Dios nos propone con la entrada en vigor de las Constituciones es una respuesta a su amor y se apoya en las «virtudes de estado».

      * La humildad

      El reto que nos lanza este acontecimiento quedará sin efecto en el sentido de nuestra renovación espiritual, si no nos decidimos a recono­cer que alejarnos de la fidelidad a las Constituciones es separarnos de Dios. Las Constituciones son para nosotras «un camino que Dios ha señalado; son los senderos por donde quiere conducirnos, y si os apar­táis, creed, hijas mías, que hay mucho peligro de perderse».7 Y en otro pasaje, explica que si se falta a la caridad fraterna, no sólo se que­branta la Regla, sino que se falta contra Dios, se comete un pecado. La humildad nos ayuda a reconocer nuestra flaqueza y nos inspira el deseo por amor y no por miedo de entrar en una vía de atención y fidelidad a las Constituciones.

      * La sencillez

      Esta conversión se apoya también en la sencillez que nos hace aco­ger, en el 350 aniversario, el don de una gracia particular. La sencillez que nos establece en el único deseo de agradar a Dios haciendo su voluntad. «Es que vuestras reglas vienen de Él, vuestra Compañía viene de Él, y Él os ha llamado para hacer lo que ha ordenado».8

      * La caridad

      En el ámbito de la Caridad, es como puede perseguirse la fidelidad a las Constituciones, mediante una conversión continua. El amor sostie­ne todo compromiso encaminado a combatir lo que llevaría consigo una desviación hacia el pecado. También es el amor, y sólo él, lo que puede ayudar a entrar en la ascesis, tal y como san Vicente y santa Luisa la conciben. «Abandonar la propia voluntad desde que se viene a la Com­pañía, no tener ningún pensamiento de poder satisfacerse en nada, estar en una continua y entera dependencia para ir, quedarse, para tener este oficio o aquel otro».9

      V. UNAS RESOLUCIONES CONCRETAS EN CADA COMUNIDAD

      Este 29 de noviembre de 1983 es, para toda la Compañía, el día de iniciar la conversión, a través de la conversión de cada una de nosotras, las que la formamos. Nos es imposible hacernos las sordas con Dios ante esta llamada colectiva e individual. Una segunda conversión se nos ofrece para avanzar en la entrega total, buscando solamente la voluntad de Dios y adhiriéndonos a ella, tal y como nos la presentan las Consti­tuciones, determinándonos irrevocablemente a entrar cada vez más en su amor.

      Corresponde a cada comunidad local, como nos corresponde a cada una de nosotras en particular, escoger las determinaciones que quiere tomar. A cada comunidad local, le incumbe reflexionar en los focos de atención que van a concentrar su impulso, su esfuerzo hacia ese crecimiento en el amor, según las exigencias de las Constituciones y Estatutos. Permítanme que les señale algunas líneas de reflexión a las que podremos dedicar una atención mayor.

      * Con relación al servicio de Cristo en los pobres

      Los verdaderamente pobres, a ser posible, los más pobres sí, pero insistiendo en nuestra manera específica característica de la vocación de Hijas de la Caridad de servirlos, es decir, «en las virtudes de estado»: humildad, sencillez, caridad, al estilo de Jesús Servidor, tomando como punto de referencia el Lavatorio de los pies, y también siguiendo el ejemplo de María, la Sierva del Señor, la que buscaba ante todo su voluntad, caminando aprisa a casa de Isabel su prima, consiguiendo inducir a Jesús a actuar en Caná, estando presente en el Calvario. Esta manera específica de entregarse al servicio de los pobres requiere por nuestra parte una reflexión sobre la ascesis que tan unida va con la acti­tud de sierva.

      * Con relación a los demás votos

      Los demás votos requieren también unas líneas de reflexión. El de pobreza se apoya en la confianza en la Providencia y conduce a un esti­lo de vida sencillo, vale así como ponerlo todo en común.10 El de obe­diencia, que es una llamada a la disponibilidad en pugna con nuestras resistencias. El de castidad revela la alegría de un corazón libre, aun cuando haya que superar cierta soledad, y nos recuerda la humildad de la prudencia. Los consejos de los Fundadores en materia de prudencia y vigilancia nos los recuerda hoy también el Concilio Vaticano II.11

      * Con relación a la vida fraterna

      Detengamos también nuestra atención y reflexión en la vida fraterna en común, terreno en el que tantos esfuerzos tenemos que hacer. La amistad de que nos hablan las Constituciones (el «se querrán unas a otras») tiene que hacerse visible a nivel comunitario. Es un signo que deben también percibir los que nos rodean y comparten nuestras activi­dades. Tenemos que darles el testimonio de atenciones entre nosotras, de servicialidad, de ser «mutualidad» o reciprocidad; signo de tolerancia o soporte mutuo, palabra que con tanta frecuencia encontramos en las Conferencias de san Vicente y que evoca tantas imágenes de la vida ordinaria. ¡Qué peligro para la nave de una catedral, sin el soporte de los contrafuertes que la sostienen! El agricultor avezado a sus tareas, coloca un soporte, un apoyo en el árbol frutal, para que no se rompa la rama cargada de fruto y no se eche todo a perder. El mismo san Vicen­te nos propone la imagen de la construcción, que no puede elevarse sino a condición de que cada ladrillo se apoye en otro que lo soporta. La tolerancia, que soporta y sostiene al otro, es verdaderamente la señal que permite reconocer la presencia del Señor entre nosotras.

      Las Constituciones vuelven a ofrecernos los mismos medios que los Fundadores nos pedían empleáramos, para que cada una de nosotras pueda convertirse en camino de Dios para su Hermana. Los intercam­bios, las comunicaciones espirituales, son esos medios. Señalemos explícitamente la revisión comunitaria, la caridad espiritual, la comuni­cación. La comunión nace de esa coparticipación, de esa comunicación de nuestra vida, hecha caridad.

      Ahí tienen algunas pistas de reflexión para su entrada en esta nueva etapa de la vida de la Compañía. Encomendémosela a la Santísima Virgen que ya quiso inaugurarla el 2 de febrero de 1983. Que ella nos atraiga, en pos de sí, en ese movimiento de adhesión por amor a la acción de su Hijo Jesucristo en nosotras.

      «Cuanto más unida estoy a Él, tanto más quiero a mis Hermanas», decía santa Teresa de Lisieux. Pidamos a la Santísima Virgen que nos consiga esa gracia particular de conversión al amor, amor a Dios, amor a los pobres, amor entre nosotras, gracia susceptible de comunicarse a las jóvenes. No olvidemos que Dios, en sus pobres, está esperando siervas.

      1. C. 1, 8.
      2. Cfr. Lc 3, 4-6.
      3. C. 2.7;3.53.
      4. C. 2.14.
      5. C. 2.6;2.17.
      6. IX, 294.
      7. IX, 295.
      8. IX, 296.
      9. IX, 294.
      10. C. 2.7.
      11. P.C. 12.

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