Lucía Rogé: Apertura del seminario interprovincial en Roma

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Lucía RogéLeave a Comment

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Autor: Lucía Rogé, H.C. .
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Sor Lucía Rogé, H.C.

Sor Lucía Rogé, H.C.

8 de diciembre de 1976

La apertura de este Seminario Interprovincial es un aconteci­miento en la historia de la Compañía, que ha trabajado siempre en conseguir la unión, por eso nos sentimos tan felices al mostrar todas juntas nuestra gratitud al Señor. Puestas bajo la protección particular de la Virgen María, volvemos nuestros ojos hacia ella, en este 8 de diciembre.

¿Qué tiene que decirnos, en esta ocasión, nuestra maestra de vida espiritual? A ustedes, las jóvenes, que vienen para prepararse a servir a su Hijo en la Familia de san Vicente, me parece que les dice, en pri­mer lugar, ábranse, ábranse a la gracia para la obra que Dios quiere realizar en ustedes y a través de ustedes. Ábranse a su Palabra. Ábranse a la Palabra de Dios para acogerla en su corazón como la Virgen María. Ábranse al trabajo de su gracia, para disponerse a hacer su voluntad, cualesquiera que sean los intermediar& por los que esta voluntad se les comunique. Ábranse al trabajo de formación al que están invitadas, ábranse unas a otras en una búsqueda de verdadera caridad fraterna.

El segundo punto que la Virgen me inspira que les diga es, humí­llense. En efecto, la humildad es la característica del espíritu vicenciano; juntamente con la sencillez y caridad, que es como nuestro nombre de familia en la Iglesia.

Humíllense por haber sido escogidas por Dios para esta vocación, la de hacerlo amar, haciéndolo presente en medio de los pobres. Sor­préndanse continuamente de esta elección de Dios sobre ustedes, reco­nozcan que para responder a ella, lo deben esperar todo de Él.

Humíllense. El tiempo de Seminario es un tiempo privilegiado para ello. Descubran en ustedes todos los resabios de suficiencia, de satis­facción de ustedes mismas, todos sus movimientos de susceptibilidad, de preferencia sobre sus compañeras.

Humíllense de estar todavía tan preocupadas de ustedes mismas, cuando, en realidad, desean estar al servicio de los pobres.

Humíllense, como lo hizo la Virgen María, si quieren entrar de verdad en la espiritualidad de sierva del Señor y de los pobres.

En este camino de imitación de la Virgen María, la tercera recomen­dación es: entréguense.

Entréguense a Dios, sin reserva, y a Él, en la persona de los pobres. Entréguense enteramente a Él y desde este primer día del Semina­rio. No se reserven nada.

Entréguense a Él en el renunciamiento, disponibilidad, mortificación interior y exterior, en la pobreza, de la que más tarde harán voto y que, en realidad, debe abarcar todas sus facultades y todo su ser, corazón, inteligencia y voluntad.

Sí, ábranse a la gracia como la Virgen María en el misterio de la Encarnación. Déjense captar por la Palabra de Dios, permítanle que las transforme y que opere en ustedes la verdadera conversión.

Humíllense, como María, a fin de ser en verdad, siervas del Señor, cuya pequeñez mira, y con las que va a hacer maravillas cerca de los pobres.

Entréguense finalmente, al Dios que viene, que ya ha venido y que mendiga su amor. Entréguense a Él en la persona de los pobres y, como la Virgen María, para salvar a los hombres porque los ama; así serán ustedes las misioneras que la Iglesia espera hoy día.

Y fomenten la alegría. San Vicente, escribiendo a santa Luisa, en 1634, le exponía la dificultad de recibir a una Hermana melancólica.

Lean y mediten la Exhortación del Santo Padre, Pablo VI sobre la Alegría. Mediten sobre todo, estas palabras: «¡En Dios, todo es alegría porque todo es don!».

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