Los mártires de la Familia Vicenciana en el siglo XX: Panamá (1989)

Francisco Javier Fernández ChentoHistoria sin categorizarLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: John Prager, C.M. .
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Introducción

En 1968 los militares tomaron el poder en Panamá. El dictador Omar Torrijos gobernó el país hasta su muerte en un accidente de avión en 1981. Después de algunas luchas internas en 1983, el General Manuel Noriega tomó el control del país. Originalmente aliado de los Estados Unidos, poco a poco se fue separando cada vez más. En 1988 Estados Unidos impuso un embargo a Panamá arruinando la eco­nomía del país. Noriega se lanzó a una represión cada vez más brutal. En 1989 estaban previstas las elecciones. Los obispos y algunos miem­bros del clero (en particular los cohermanos) hablaron con gran fuerza contra el abuso de poder, la violencia y la represión. El P. Nico van Kleef fue asesinado el 7 de Mayo de 1989, día de las elecciones.

Estos trágicos acontecimientos fueron encubiertos, se amenazó a los testigos y la encuesta judicial fue suspendida hasta el fin de la inva­sión. La procesión de sus funerales fue perturbada: los chóferes de los autobuses recibieron amenazas si llevaban a las gentes que deseaban participar en el cortejo fúnebre, había soldados a todo lo largo del camino, la procesión fúnebre fue perturbada por el ensordecedor ruido de aviones militares que sobrevolaban a bajo nivel sobre la multitud.

Después de la llegada de las tropas de los Estados Unidos que pusieron fin al régimen, el soldado que había asesinado al P. Nico fue condenado por crimen. Los cohermanos pidieron clemencia, pero tam­bién la clarificación de los acontecimientos (encubrimiento, por qué había sido asesinado, etc.) jamás se llevó a cabo una investigación.

Mártires de la Congregación de la Misión

1. Padre Nicolás VAN KLEEF, C.M., miembro de la Provincia Orien­tal de Estados Unidos, nació el 18 de Abril de 1937 en Woerdan (Países Bajos) y falleció el 7 de Mayo de 1989 en Panamá.

Poco después de su ordenación fue enviado como misionero a Guatemala. En 1965 fue destinado a San Pedro de El Pino, Panamá. Un año más tarde tuvo un accidente de carretera que, al dañarle con­siderablemente la columna, le dejó paralizado de cintura para abajo.

A petición de los Superiores aceptó regresar a Holanda para seguir una terapia, con la condición específica de que le permitirían regresar a Veraguas, ya que los pobres le necesitaban. Durante su estancia en Holanda le proporcionaron un coche adaptado a sus necesidades. De regreso a Veraguas la comunidad arregló para que un joven le acompañara en su trabajo pastoral, ayudándole del coche a la silla de ruedas y a desplazarse de un lugar a otro. A pesar de su hándicap, el P. Nico desarrolló sus actividades fielmente; celebraba la liturgia, administraba los sacramentos, daba clases de francés y matemáticas, atendía a quienes iban a consultarle, visitaba las granjas, proyectaba películas religiosas, promovía los deportes entre la juventud, redactaba e imprimía el boletín parroquial, participaba como miembro del Senado Diocesano y era Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral. Se le conoció por la frase que repetía con frecuencia: «Quiero ser la Buena Noticia».

El P. Nico fue martirizado durante la dictadura del general Manuel Antonio Noriega en Panamá. En los días anteriores al martirio la dictadura militar apoyaba la elección presidencial y la situación en Panamá era muy tensa. Los derechos humanos eran violados y ante esta realidad el impulso misionero de los Vicencianos en Panamá era hablar en defensa de la dignidad de la vida humana. En su última homilía el P. Nico proclamó: «En una comunidad donde se combate el mal, el engaño, la mentira, la murmuración… donde se defienden la justicia, la paz y la verdad, en esa Comunidad se practica la Fe en la Resurrección».

El 7 de Mayo de 1989, día de las elecciones, el P. Nico se encaminaba a celebrar la misa del Domingo y, como era su costumbre, llamaba a los fieles a la Misa con el altavoz que tenía en su coche. Un miembro de la Guardia Nacional Panameña paró el coche del P. Nico, entró en el mismo y se sentó detrás del P. Nico apuntando a su cabeza con un rifle. Aunque ese día al P. Nico se le impidió proclamar la Palabra de Dios desde el púlpito, la proclamó con su sacrificio y martirio. En el camino hacia el cuartel general de policía el soldado disparó un tiro en la nuca al P. Nico. El día siguiente falleció.

Eran muchos los testigos de lo que el P. Nico quería decir a los hombres y mujeres a quienes servía. Un testigo resume la realidad de su muerte: «En el reino de Dios debe haber respeto, paz, justicia. En Panamá no hay nada de esto. Tenemos un mártir, buscamos implantar el reino de Dios».

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