La trasmisión de la fe en la parroquia vicencianal. Dificultades y posibilidades

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Rosendo Palacios, C.M. · Año publicación original: 2006 · Fuente: XXXII Semana de Estudios Vicencianos (Salamanca).
Tiempo de lectura estimado:

1. Introducción: la institución parroquial, célula de la Iglesia universal

La institución parroquial nos proporciona una cercanía a cada persona, a las distintas edades, clases sociales y situaciones por las que pasa cada miembro del pueblo de Dios. La permanencia en el tiempo nos permite el contacto asiduo con las personas, el conocimiento adecuado socio-religioso-cultural y la posibilidad del acompañamiento personal y de entablar procesos suficiente­mente prolongados, que se muestran hoy imprescindibles en la evangelización. La encomienda recibida de la iglesia a través del Obispo, pastor de la iglesia particular, es una llamada a nuestra responsabilidad, y aviva nuestro celo misionero. La parroquia, como célula de la iglesia universal, es consciente de que la evan­gelización constituye su identidad más profunda, su dicha y su vocación1. La pastoral parroquial lleva a cabo una tarea iniciá­tica, de fundamentación, que es urgente hoy dada la situación de los bautizados en la Iglesia española. Se acabaron los tiempos del nacional-catolicismo donde la herencia y el ambiente contri­buían al menos, a una socialización de la fe. En esta situación de misión tenemos muy claro que el cristiano no nace, sino que se hace y que ningún adulto llegará a personalizar la fe sin saberlo ni quererlo. La tarea pastoral hoy es ¿cómo se hace un cristiano?; no tanto ¿cómo se bautiza a un convertido?, cuanto ¿cómo se convierte a un bautizado? La adhesión personal a la oferta de la fe no se hace ni por ósmosis, ni por contagio, que tiene siempre un sentido peyorativo y se lleva a cabo sin la participación de la mente y la voluntad. Es imprescindible el testimonio personal y comunitario que es fruto de la experiencia de Dios, y que provo­ca y convoca a la persona que está en búsqueda. La mediación parroquial, sin ser la única instancia, nos da esta oportunidad a la familia vicenciana.

2. La parroquia, plataforma de despliegue de nuestro celo apostólico

La parroquia, en su diaria variedad, demanda, configura y ali­menta la Caridad pastoral en los que se disponen a servir desde la fe, y enciende en el vicenciano el celo misionero, porque si la fe es fuego el celo es su llama. Así equipados, la parroquia requiere de nosotros: un diagnóstico de la situación socio-reli­giosa y sus causas; ahondar en las motivaciones para llevar la misión; llevar a cabo un tratamiento pastoral coherente.

2.1. Un diagnóstico de la situación socio-religiosa y sus causas

Para san Vicente Caminar al paso de la Providencia, implica hacer una lectura evangélica de la realidad y responderle a Él, que nos interpela desde esa realidad histórica2. San Vicente hace un diagnóstico de la realidad de su tiempo y apunta sus causas: El pobre pueblo se muere de hambre y se condena por no saber las verdades necesarias para salvarse3. He ahí una caridad abundante pero mal organizada4. No puede estar el Espíritu Santo en una iglesia que abandona a los pobres5. Entre las causas encontramos palabras duras de san Vicente hacia los sacerdotes implicados en esa situaciones: Cadáveres de misioneros, esque­letos de misioneros libertinos y comodones, sólo piensan en diver­tirse y comer; a esos hay que resistirlos6.

Hemos vivido y seguiremos viviendo cambios vertiginosos, profundos, irreversibles, irritantes, que nos han metido en una crisis de fe; si esta crisis se prolonga en exceso corremos peligro de que el mismo núcleo de la fe quede dañado. Díaz Salazar resume la situación en esta expresión certera: Se ha pasado de una religión vacía a un vacío de religión. Como dice Lammenais El signo más claro de esta situación de indiferencia e incre­encia no es que nos apasionemos por el error, sino que nos que­damos indiferentes ante la verdad. No estamos amenazados de herejía, porque no nos apasiona la verdad, estamos amenazados de apostasía silenciosa, hacia la indiferencia e increencia. Los obispos vascos se preguntan en la carta Pastoral de cuaresma del 2005 ¿Esto es el Caos o el Kairós? El Pueblo que se mantiene fiel, ¿es un «residuo» o es un «resto»? En momentos de cambio la fe o se personaliza o se pierde, aunque esa pérdida de fe quede disimulada en el ilustrado, por la ideología, y en el rudo, por la superstición. Ante esta realidad, de la que somos testigos diaria­mente en la parroquia, no podemos menos de recordar la impor­tante expresión de Juan Pablo II: La Pastoral de mantenimiento, no sólo es estéril sino que es culpable7. Porque o no analiza o se olvida de la realidad analizada.

Las flagrantes injusticias del mundo contemporáneo son mayor problema aún que la increencia, pues a su vez son causa de ésta. Ante esta realidad nos preguntamos ¿Qué responsabili­dad tenemos ante la increencia e indiferencia del mundo actual? ¿Qué responsabilidad tenemos como cristianos ante las injusti­cias? ¿Por qué los supuestamente evangelizados no evangelizan? ¿Cuántos de los asiduos a la Eucaristía, (domingueros), podemos considerar como alejados de la fe, indiferentes e increyentes? Son muchos los que dicen creer sin pertenecer a la institución eclesial, y también muchos los que, al parecer, pertenecen sin creer. ¿Será capaz la institución parroquial, nacida en tiempo de cristiandad para el mantenimiento, vivir en misión permanente como requie­ren las necesidades actuales y el Carisma vicenciano?

2.2. Ahondar en las motivaciones para llevar la misión

Las motivaciones son el motor, el nuevo ardor necesario para llevar la misión en momentos difíciles y surgen de descubrir el amor de Dios y la joya del reino en gratuidad8. La experiencia de Dios amor, principio de misericordia, es en san Vicente el motor de su conversión y el impulso de su celo apostólico, que tuvo unas con­secuencias personales, ministeriales, apostólicas, misioneras, fun­dacionales, como las de Jesús en el desierto. De san Vicente, pode­mos decir, que pasó de ser un hombre religioso a ser un hombre creyente. El P. Jaime Corera lo expresa diciendo que san Vicente pasó de organizar todo y todos para salvar su propia alma a orga­nizar todo y todos para la evangelización y servicio de los pobres.

Dos motivos nos da san Vicente para evangelizar que están hoy vigentes en la parroquia: la gran necesidad y la grandeza de la cosa: Un gran motivo que tenemos para evangelizar es ade­más de la gran necesidad, la grandeza de la cosa: dar a cono­cer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que el Reino de Dios está cerca y que ese Reino es para los pobres9.

El pedagogo requiere al mistagogo para que la evangeli­zación no sea ciega. Es lo que propugna K Ranher: El cristiano del futuro será místico o no será nada. Es la experiencia que trasmiten los santos y nos da la vida pastoral: que a la espesura de la historia, se va desde la hondura de Dios, y sin la segunda, la primera nos quema.El místico requiere a su vez al pedagogo, al testigo, al com­prometido y encarnado, para que la evangelización no sea manca: A la expresión de K. Ranher, hemos de añadir: el cristia­no del mañana será solidario o no será nada. Esta doble vertien­te la lleva a cabo el Carisma vicenciano cuando en el mismo encuentro y servicio liberador al pobre hace o vivifica la expe­riencia de Dios.

2.3. Llevar a cabo un tratamiento pastoral coherente

Ya no es suficiente en la parroquia proporcionar buena aco­gida; tampoco son posibles, ni convenientes las imposiciones. Es imprescindible que los creyentes, desde el corazón de la fe, seamos capaces de proponer la fe apoyados en el testimonio comunitario y a la vez con un programa pastoral coherente.

3. La parroquia, oferta permanente de pastoral misionera

3.1. La parroquia como una mano tendida al mundo

Haciendo la oferta de la evangelización, no un puño cerrado, sino una mano tendida con lo que implica de oferta permanente y gratuita, unidad y pluralidad de las cinco acciones pastorales simbolizadas en los cinco dedos. Esta mano ha de ser comunión, (dedo pulgar) comunidad, no colectividad: Así fueron los oríge­nes en el Paraíso. Así fue la Pascua judía. Así fue la Pascua Cris­tiana y así fue Pentecostés. ¿Para qué esta mano, si no tiene una misión? La iglesia es misión, (dedo índice). A través de la acción catequética, (dedo corazón), la catequesis es el corazón de la evangelización. A través de la celebración, que ratifica y celebra la Alianza (dedo anular). A través del servicio, (dedo meñique) que verifica la fe y el culto. La iglesia al servicio del Reino que se construye en el mundo.En el templo parroquial están simbolizadas estas cinco accio­nes: La Sede, lugar del que preside, que animado de la Caridad Pastoral, es principio de unidad y coordinación de la pluralidad del Pueblo de Dios. La pila bautismal, que es el origen de la misión común de todos los bautizados. El ambón de la palabra, luz para anunciar el Kerigma cristiano. La mesa del altar, símbo­lo de la fiesta y alianza de Dios con su Pueblo. El pórtico del templo, apertura al mundo como lugar de servicio.

La oferta cristiana responde a la demanda profunda del hom­bre. La adhesión personal por la fe unifica la vida y comporta la felicidad. La persona es comunión, koinonía, «ser-con», «ser-en relación». ¿Actualmente los creyentes somos testigos de frater­nidad? La persona es pensamiento, profecía: ¿En qué Dios cree­mos? La persona es misión: ¿Qué Dios anunciamos? La persona es fiesta: ¿Qué Dios celebramos? La persona es servicio: ¿A qué Dios servimos?

3.2. La Pastoral de conjunto en la parroquia

Pastoral de Conjunto es aquella pastoral que analiza la situa­ción y sus causas, a la luz de los signos de los tiempos; estable­ce unos objetivos coherentes en relación con el Reino de Dios; y organiza y vertebra de forma participativa las cinco acciones pastorales, para conseguir los objetivos propuestos; a través de procesos diversificados, articulados y convergentes hacia la comunidad.

Hay que evitar que la parroquia sea un cajón de sastre, donde todo cabe y a veces sin conexión ninguna. Hay que evitar también la improvisación, a merced de la genialidad del mago, que suele ser el sacerdote. Esto implica que se ocupe de las emergen­cias a costa de lo necesario. Lo urgente monopoliza los esfuer­zos e impide dinamizar el hilo conductor de la misión.

La pastoral de conjunto proporciona:

Procesos diversificados porque diversas son las situaciones de las personas que viven en la parroquia.

Procesos vertebrados, porque en pastoral no hay acciones mágicas, y necesitamos acciones coherentes, que se apoyen unas en otras, complementarias.

Procesos convergentes hacia la comunidad, porque evange­lizar es crear comunidad. Es importante que los carismas y los ministerios no se neutralicen en la iglesia, sino que se comple­menten. Que el sacerdote no se inhiba haciendo dejación de su ministerio y que el laico no quiera protagonismos indebidos. A su vez es muy importante que ni carismas ni Ministerios se des­gajen de la Comunidad eclesial y ésta de la comunidad humana; para poder vivir la dialéctica originaria del fermento y la masa, la luz y las tinieblas, la iglesia y el mundo.

La pastoral parroquial no funciona por imposiciones, sino por ofertas serias y esto supone una planificación y programación. Habrá que trabajar en varias bandas, en círculos concéntricos, convergentes hacia la comunidad, las pastorales paralelas, que no aceptan una convergencia hacia la comunidad son perjudiciales en las parroquias. Desde una buena vertebración y planificación, hay ciertos binomios que parecen callejón de polémicas sin sali­da, que devienen complementarios, tales como• masa-minorías, sacramentalizar o evangelizar, sacerdotes o laicos, testimonios o doctrina, contemplación o compromiso, pan o catecismo, etc.

Planificar implica vencer resistencias de los pesimistas, escépticos, espiritualistas, utópicos. Supone un talante participa­tivo ya desde el inicio con todo el pueblo de Dios: no trabajar sólo, oír, motivar, animar, iniciar, coordinar. Esto estimula la corresponsabilidad del laico. En toda planificación subyace un determinado modelo de iglesia, ( aquí cabe que el adjetivo vicen­ciana coloree, desde una sensibilidad propia del carisma, al sus­tantivo parroquia). Toda planificación requiere una cierta tensión que va desde «el ser» hasta «el deber ser», concretando y dosi­ficando bien «el poder ser». Esta tensión es el gozne de la pas­toral e incide frontalmente sobre el pastor, como don y tarea, y la comunica a través de la caridad pastoral y el celo apostólico con toda la comunidad.

La parroquia consciente de que su objetivo único es evange­lizar, ha de programar el proceso de la evangelización en sus tres acciones distintas y complementarias: la acción misionera, la acción catequética y la acción pastoral. Varias imágenes nos pueden ayudar, por su sencillez y profundidad, a describir el pro­ceso unitario de la Evangelización: La gestación de la persona, que va desde la unión de las primeras células (acción misionera), desarrollándose en el útero materno de la Iglesia (acción catecu­menal), hasta el alumbramiento del creyente. La imagen del ena­moramiento, desde el primer encuentro (acción misionera), pasan­do por el noviazgo (acción catecumenal), hasta la formación de la familia (acción pastoral). Tomada del Concilio Vaticano II, el pro­ceso de la vida consagrada: Postulantado, Noviciado y Profesión Religiosa. Y por último la imagen del árbol con sus tres partes diferenciadas: raíces, tronco y copa con sus flores y fruto.

Juan Pablo II, testigo privilegiado de la situación religiosa del mundo por sus viajes, destaca los tres momentos claros, distin­tos y complementarios en el proceso de la Evangelización: La evangelización misionera. Nueva Evangelización de raíz Cate­cumenal. Acción pastoral con comunidades vivas. La novedad es que hoy estas tres situaciones conviven juntas en un mismo territorio, en nuestras grandes ciudades y en cada una de las parroquias: No es fácil definir los confines entre atención pas­toral a los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no es pensable crear entre ellos barreras o recintos estancados… Hay que subrayar, además, una real y creciente interdependencia entre las diversas actividades salvíficas de la iglesia: cada una influye en la otra la estimula y ayuda. Las igle­sias de antigua cristiandad, por ejemplo, ante la dramática tarea de la nueva evangelización, comprenden mejor que no pueden ser misioneras respecto a los cristianos de otros países o conti­nentes si antes no se preocupan seriamente de los no cristianos en su propia casa. La misión ad intra es signo creíble y estímulo para la misión ad extra, y viceversa10.

3.3. La catequesis de adultos, en la situación actual, paradigma de toda catequesis, siempre necesaria y principio organizador de la pastoral parroquial11

En Pastoral es muy delicado hacer estas afirmaciones porque parece que es hacer dejación u olvido culpable de otras acciones también importantes, y puede parecer que se desacredita a los pastores responsables de ellas. Por eso hemos de subrayar tan fuerte como lo anterior que para hacer una catequesis de adultos seria, no se puede hacer sólo catequesis de adultos, y menos con base parroquial. La Catequesis de adultos demanda, configura y alimenta toda una planificación de la Pastoral de Conjunto en la Parroquia.

Iniciar un Catecumenado es disponerse a tiznarse y disfrutar viendo avivarse el rescoldo de la fe puesta por el Señor como gracia. Supone sentir lo acertado de la expresión de Machado aplicado a la fe del bautizado: Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas y me quemé la mano. El Catecumenado de adultos es un proyecto pastoral que esconde una dosis de seducción y encantamiento y puede quedar en una banalización si no se cuida, porque supone constancia, entrega y paciencia pastoral.La Catequesis de adultos al ir dirigida a personas capaces de una adhesión plenamente responsable, debe ser considerada como la forma principal de catequesis, a la que todas las demás, siempre necesarias, de alguna forma se ordenan12.

Resistencias que la pastoral de mantenimiento sigue ponien­do hoy para negarse a una catequesis sistemática son semejantes a las que le ponían a san Vicente cuando él invitaba a la cate­quesis. También la respuesta de san Vicente es válida hoy: ¿ Qué tenemos que ver nosotros con el catecismo? Somos cristianos, vamos a la iglesia, y oímos misa y vísperas; nos confesamos por Pascua, ¿Qué más necesitamos? San Vicente les respondía: Yo no he visto en la Sagrada Escritura que le baste a un cristiano con oír misa, vísperas y confesarse… Además qué fruto saca de la misa el que no sabe qué es la misa, ni de la confesión el que no sabe en qué consiste?13

4. Impulsados por el carisma vicenciano y los signos de los tiempos, destacamos cuatro puntos clave que han de configurar a la parroquia vicenciana

4.1. Concepto amplio y encarnado de evangelización

Evangelizar, es dar a conocer a Dios a los pobres, anunciarles a Jesucristo, decirles que el Reino de Dios está cerca y que ese Reino es para los pobres. Poner en marcha la Buena realidad. Jesús comenzó primero a obrar y luego a hablan La doctrina de Jesús hace lo que dice. Puede decirse que venir a evangelizar a los pobres no se entiende solamente enseñar los misterios necesa­rios para la salvación, sino hacer todas las cosas predichas y figu­radas por los profetas, hacer efectivo el evangelio14.

Esta definición de san Vicente sigue siendo genial y de plena actualidad aún después del Vaticano II y de los documentos magistrales que le han seguido. San Vicente deja expresado en el escudo de sus dos obras emblemáticas y complementarias su objetivo de hacer efectivo el evangelio: Me ha enviado a evan­gelizar a los pobres. La caridad de Cristo nos apremia.

La caridad es origen, lugar y meta de la evangelización: principio verificador de la fe y del culto. La Pastoral Caritativa es la Kénosis, encarnación, descendimiento del Anuncio Salvador. No es suficiente que yo ame a Dios, si mi prójimo no lo ama.

La sociedad de nuestro tiempo tiene muchos medios para «neutralizar» la Palabra de Dios e incluso amordazarla cuando le molesta. Es, sin embargo, más vulnerable al testimonio humilde, constante, comprometido, de la caridad practicada especialmente con los excluidos. Cuando anunciamos una doctrina que no es fruto evidente de la lógica, el testimonio del creyente es fundamental, él sale fiador con su vida de la veracidad de lo que anuncia.

Hoy más que nunca la iglesia es consciente de que su mensa­je social se hará creíble por el testimonio de las obras, antes que por su coherencia y lógica interna. La acción socio-carita­tiva no puede quedarse en un piadoso deseo, sino convertirse en un compromiso concreto de vida15.

La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción mate­rialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive » sólo de pan » una concepción que humilla al hombre e ignora precisa­mente lo que es más específicamente humano16.

No toda acción social es evangelizadora, son muchos los que viven de los pobres; cuando la acción social es vehículo del amor y está impulsada por la fe, podemos decir con san Juan: hemos conocido el amor: Sólo el amor es digno de fe17. El voluntario no creyente, que en definitiva no hace en el servicio una experien­cia de Dios, como el que celebra el rito sin fe, va vaciando de sacramentalidad a la iglesia y desde luego esa acción caritativa no evangeliza. La Caridad, cuando es motivada por la fe, tiene una especial fuerza evangelizadora.

¿Se distinguen nuestras parroquias por la organización y coordinación de la Caridad? El sujeto de la Pastoral socio-caritativa es toda la comunidad, presidida y coordinada por el párroco18. El sacerdote no puede hacer dejación ni delegación como no delegamos el culto. Para san Vicente la acción socio-caritativa forma parte del misterio de reconciliación, que es todo el pueblo de Dios, la iglesia entera, y que se expresa tanto en la lucha por la justicia como en la celebración del Sacramento de la confesión. La iglesia es en Cristo como Sacramento, señal e instrumento de íntima unión con Dios y de la unidad del género humano LG. 1. De ahí la práctica de san Vicente en las misiones de dejar organizada las Cofradías de caridad.

La Conferencia Episcopal Española en su programación trienal 1997-2000, nos propone un objetivo que rezuma el espí­ritu y la trayectoria vicenciana: Promover la reflexión y anuncio de Dios, que es Padre, en la vida de los hombres (Dios-Padre, principio misericordia). Favorecer la conversión por el sacra­mento de la Penitencia. Promocionar la acción caritativa y social y su necesaria coordinación como expresión de la misericordia de Dios-Padre, signo de comunión eclesial y elemento esencial en la evangelización.

Pasar de la mera asistencia a la promoción: La mera asis­tencia humilla porque crea dependencia y no libera ni da autono­mía a la persona. Que Dios nos conceda la gracia de enternecer nuestros corazones en favor de los miserables y de creer que, al socorrerles estamos haciendo justicia y no misericordia19.

El cristiano que en nombre de la comunidad parroquial quie­ra llevar a cabo la Acción Caritatica debe formarse. Merece la pena tener en cuenta el esquema que presenta, en relación a esto, Cáritas nacional en su carpeta de formación de los agentes20; también son dignas de destacar las palabras del E Ibáñez J. Ma, en Vicente de Paúl y los pobres de su tiempo, donde nos afirma: La inspiración, la llamada, la interpelación, puede surgir cuan­do menos se piensa. Si después no sigue la reflexión, el discerni­miento y la organización, se corre el riesgo de anular el don. Gracias a la organización, se establecen las metas, los métodos, las etapas y las evaluaciones, se hallan los colaboradores y se consiguen los recursos.

4.2. Revitalización bautismal, para que el laico descubra su identidad y se mueva a la corresponsabilidad, no sólo a la colaboración

La iglesia vicenciana se estructura como pueblo de Dios desde el sacramento del Bautismo y no desde el sacramento del Orden Sacerdotal. San Vicente se distinguió por desarrollar y fundamentar a todas sus fundaciones, desde las Cofradías de la Caridad hasta las Hijas de la Caridad, en lo básico del Bautismo, y desarrollar todos los dinamismos de la espiritualidad bautismal, de ahí, deduce la identidad y misión del laico. Por esta convic­ción san Vicente busca abrir espacios a los laicos en la Iglesia y en el mundo, según su vocación y misión: Todos los bautizados se han revestido de Cristo, pero no todos realizan sus obras. Hemos de unirnos afectiva y prácticamente a Cristo para no sólo ser salvados sino salvadores21.

Paso de la colaboración a la corresponsabilidad: Hace ya alre­dedor de ochocientos años que las mujeres no tienen ninguna ocupación pública en la iglesia; antes existían las que tenían el nombre de diaconisas22.

Puede decirse que los laicos fueron mediadores del Carisma para san Vicente, figuras como La Señora de Gondí, Margarita Naseau, lugares como Folleville, Chatillón así lo confirman. San Vicente fue, a su vez, mediador del Carisma para los laicos. Jaime Corera comenta con acierto las raíces comunes que tene­mos las distintas ramas de la Familia Vicencana a la luz de la exhortación VC23.

Con Y. Congar hemos de decir que Sólo hay una teología del laicado válida: Una eclesiología total. Si no partimos de esta teología y eclesiología la función del laico en la iglesia no sólo seguirá siendo una asignatura pendiente, sino que será un callejón sin salida. Para salir de ese callejón habrá que superar el binomio clérigo-laico, que convierte a estos en destinatario cuando no en objetos de las acciones jerárquicas y pasar a una teología de la comunidad enriquecida con distintos carismas y ministerios; de la dialéctica clérigo-laico, estéril y corrupta, pase­mos a la dialéctica comunidad cristiana-mundo.La Iglesia reiteradamente nos propone entablar procesos cate­quéticos que nos ayuden a descubrir el bautismo. Toda la exis­tencia del laico tiene como objetivo llegar a conocer la radical novedad cristiana del bautismo, para que puedan vivir los com­promisos bautismales según su vocación como Hijos de Dios, miembros de la Iglesia y templos del Espíritu, participes del oficio sacerdotal, profético y rea24.

La Iglesia necesita dedicar sus mejores efectivos a esclarecer y preparar a laicos que asuman como miembros de las comuni­dades los Ministerios laicales Ordenados, instituidos y recono­cidos: Directores de Cáritas; Responsables de comunidades cris­tianas; Responsables de Acción litúrgica; de Acción misionera; de Catequesis etc., que puedan hacer ofertas serias avaladas por el testimonio de la comunidad.

La iglesia no está verdaderamente formada, ni vive plena­mente, ni es representación perfecta de Cristo entre las gentes, mientras no exista y trabaje con la jerarquía un laicado propia­mente dicho25.

La Conferencia Episcopal española se ha propuesto un obje­tivo concreto durante estos años: Promover la participación de los laicos en la vida y misión de la Iglesia: ¿Dónde y cómo surgen estos laicos milagrosos, quién se dedica a prepararlos y ayudarles? No hay duda de que en el pensamiento del Santo Padre y de la mejor doctrina pastoral, ésta tiene que ser la tarea que ocupe más tiempo y esfuerzo en la vida apostólica de los sacerdotes diocesanos o religiosos26.

La Evangelización: también es tarea del laico quien debe pasar de la colaboración a la corresponsabilidad: El laico vive en el mundo, hermano con hermano para transformar el mundo. Como miembro de la Comunidad cristiana al asumir su bautis­mo también asume la tarea primordial de la Evangelización.

¿Por qué estáis ociosos todo el día? En esta hora magnífica y dramática de la historia, la creciente participación de la per­sona en la sociedad es un signo de los tiempos27.

Para facilitar el paso de la colaboración a la corresponsabili­dad, estas son las exhortaciones que el Magisterio hace a los sacerdotes respecto a los laicos:

  • Respeten su justa libertad.
  • Escuchen con gusto a los seglares y hagan uso de sus consejos.
  • Reconozcan y promuevan su dignidad y responsabilidad en la iglesia.
  • Encomienden confiadamente a los seglares servicios oportunos.
  • Déjenles libertad y radio de acción.
  • Invítenles a emprender obras por propia iniciativa.
  • Los laicos tienen derecho y en algún caso obligación de manifestar su parecer28.

4.3. Las comunidades parroquiales de base bautismal, como fermento en la masa

La iniciativa de san Vicente a la hora de fundar las Cofradías, es claro ejemplo de lo que hoy llamaríamos pequeñas comunida­des de base con proyección social. Las siguientes características, que él mismo exige a las Cofradías, nos parecen las claves de lo que constituye una comunidad cristiana de base bautismal:

«Es un grupo pequeño: (unas veinte personas), para que con la muchedumbre no venga la confusión».

Grupo estructurado: (con cargos elegidos por los mismos miembros»). Sentido comunitario de la caridad en san Vicente: La caridad no organizada y solitaria no ofrece continuidad ni eficacia, no es signo: Las voluntarias de la caridad deberán amarse mutuamente como hermanas que Dios ha unido por el vínculo del amor.Toman decisiones, por mayoría de votos».

Información exhaustiva: corrección fraterna y separación de los escandalosos.

Cultivo de la fe con una espiritualidad específica y una inten­sa vida sacramental. Deberán orar unas por otras regocijándose mutuamente con el calor de Dios.

Bajo la autoridad eclesiástica:

Un fin claro: la ayuda mutua y el servicio espiritual y mate­rial a los pobres29.

Hoy lo mismo que en tiempos de san Vicente, la persona requiere y genera comunidad, comunidad opuesta a la colectivi­dad que genera y demanda el individuo. Evangelizar es crear comunidad. La Pastoral parroquial realiza esta misión a través de una acción iniciática, no de alta costura, sino de bajura, de fun­damentación, semejante a la enseñanza primaria.

Esta nueva evangelización está destinada a la formación de comunidades eclesiales maduras en las cuales la fe consiga liberar y realizar todo su originario significado de adhesión a la persona de Cristo y su evangelio, de encuentro y de comunión sacramental con Él, de existencia vivida en la caridad y en el servicio30.

Sin comunidades que vivan gozosamente la Buena Noticia de Jesús, abiertas con sencillez y amor al mundo y a los hom­bres, cualquier nuevo intento evangelizador estaría abocado al fracaso31.

4.4. Revestidos del Espíritu de Jesucristo evangelizador de los pobres: espiritualidad apostólica

Hoy día estamos constatando que la acción pastoral, deman­da, configura y alimenta una espiritualidad: Esta es la certeza, el principio al que ha llegado en estos últimos lustros el clero secu­lar: Los Signos de los tiempos nos indican que el ministerio sacerdotal requiere y a la vez posibilita una espiritualidad carac­terística. Influencia recíproca entre el ser y el quehacer para lograr una integración personal y ministerial.

San Vicente es un apasionado por «La evangelización de los pobres», que es el fin u objetivo que ha dado a todas sus funda­ciones. Esto requiere y a la vez proporciona la configuración con el Espíritu de Cristo. La vida comunitaria, los votos y las cinco virtudes: caridad, sencillez, humildad, mortificación y celo, son, en san Vicente, por y para la misión. Tienen más un sentido misionero que ascético. Las cinco virtudes son el Espíritu pro­pio que acompaña al Carisma, el alma del misionero. Para san Vicente estas virtudes tienen un sentido cristocéntrico, apostó­lico y práctico para la vida de la comunidad y el apostolado. Su razón de ser es la misión y las relaciones interpersonales y comu­nitarias.

  1. Cnf EN. 14.
  2. Esta es en frase de Gustavo Gutiérrez la Teología Práctica o Teología de la liberación: «Reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra de Dios».
  3. SVP, X, 38.
  4. Abelly, Vida de San Vicente de Paúl, Ceme, p. 65.
  5. Cfr. SVP, XI, 727.
  6. Cfr. SVP, XI, 395-398.
  7. Juan Pablo II en Palermo, a los obispos, sacerdotes y laicos, 1996.
  8. Mt 13, 44.
  9. SVP, XI, 391.
  10. RM. 33-34b, c; DGC 59.
  11. Catequesis de adultos. Orientaciones Pastorales. CEE. (Comisión Epis­copal de Enseñanza y Catequesis) (Edice). 1991, Pág. 59; DCG. 20.
  12. DGC,20; Cfr. EN.44; CD, 14; AG, 14; CT, 43; 44;77;88; «Restáurese» y «adáptese» el catecumenado de la antigua iglesia a las circunstancias actuales. SC. 64-66.
  13. Cfr.  SVP. X,38; 200-205.
  14. SVP, XI, 391; VII 292-293; XI, 387; 391; X, 381-382; 417.
  15. CA. 57.
  16. Benedicto XVI, Dios es amor, 28; Mt 4, 4; Cfr.. Dt 8, 3.
  17. U. V. BALTASAR; EN, 31; Gal 5,6.
  18. Benedicto XVI, Dios es amor, 32.
  19. SVP. VII, 90.
  20. 1. Se forma quien escucha y responde a los pobres. 2. Se forma quien reflexiona sobre la acción y el compromiso personal. 3. Se forma quien descu­bre y muestra el rostro de Jesús. 4.-Se forma quien construye comunidad.
  21. Cfr. SVP, XI, 414-415; X,937;952; LG. 31.
  22. SVP, X, 953.
  23. En estos últimos años, y debido a las nuevas situaciones, no pocos Insti­tutos han llegado a la convicción de que su Carisma puede ser compartido con los laicos VC. 54,b. En la Familia Vicenciana la razón no es la estrate­gia pastoral u oportunidad que nos ofrecen las «nuevas situaciones históricas», ni nuestra generosidad. Es razón de fidelidad a las fuentes; a la intuición espi­ritual y pastoral de san Vicente de Paúl; tenemos las mismas raíces históricas el mismo tronco y la misma savia y carisma. Los que tienen un padre común son hermanos y esto pasa directamente, al menos en tres de las ramas del árbol vicenciano.
  24. Cfr. Christifideles laici, 10.
  25. AG. 21.
  26. Para que el mundo crea, Planificación de la C.E.E., 1994-1997.
  27. Chrfl, 3-5.
  28. LG, 37,1,3; PO, 9; Chfl, 27.
  29. Cfr. Reglamentos de Chátillón, SVP, X, 574; 908; 675.
  30. Chl, 34,8; Cfr. EN, 58; AA, 10.
  31. Comunicado final del Congreso de Pastoral evangelizadora, IX-1997.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *