La obra humanitaria del Padre Pedro Opeka en Madagascar

Francisco Javier Fernández ChentoTestigos vicencianosLeave a Comment

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Autor: Agustín Foliantsoa Damy, C.M. · Año publicación original: 2006 · Fuente: XXXII Semana de Estudios Vicencianos.
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Introducción

pedro_opekaEn el programa de XXXII Semana de Estudios Vicencianos, el tema que me tocó a desarrollar versa sobre «La acción huma­nitaria de Pedro Opeka en Madagascar»

A pesar de la dificultad de hablar español, yo acepté esta participación como una aportación misionera en España. Yo lo considero como un reconocimiento a los misioneros españoles en Madagascar, a la comunidad dónde estoy ahora y al Padre Cuesta que me ha orientado a seguir a Jesucristo, evangeli­zador de los pobres, según el estilo de san Vicente de Paúl, y también como una colaboración con el padre Pedro Opeka en Madagascar.

Tal vez el organizador está engañado al elegirme para dar esta charla pesando que soy malgache y automáticamente conozco bien la obra caritativa de Padre Pedro Opeka. No es verdad. Qui­zás ustedes la conocen mejor que yo. Madagascar es grande y más grande que España. Estoy en el sur, él está en el centro, en la capital, Antananarivo. Tenemos contactos, hemos hablado, pero eso no quiere decir que yo sepa punto por punto lo que hace.

También pienso que es más fácil hablar sobre los santos que están muertos que hablar sobre la vida o la obra de una persona viva.

Llamé al P. Opeka para comunicarle este encargo y le pedí que me dijera algo sobre este programa. Estaba en Nairobi, me ha enviado un largo mensaje en francés sobre su obra caritativa y sobre su proyecto de trabajo de este año 2006, que voy a leer, el texto traducido, en la cuarta parte.Dividiré mi ponencia en cino partes:

La primera parte está dedicada la persona de Pedro Opeka; la segunda, Pedro Opeka en Antananarivo y la Asociación «AKAMASOA» (Buenos amigos); en la tercera hablaré de la situación de Akamasoa en el año 2006 a partir del Mundo Negro; en la cuarta diré algo sobre su obra caritativa y su proyecto, y en la parte final intentaré de hacer una síntesis y una reflexión personal sobre la importancia de personalización y actuación del espíritu vincenciano, de aplicar la teoría en el terreno práctico como Pedro Opeka. Terminaré con una breve conclusión.

I. Pedro Opeka en Madagasikara

A. Madagasikara

1. Datos del país

  • Capital: Antananarivo
  • Superficie: 587.040 km2
  • Población: 18.606.000
  • Nombre del Estado:República Democrática de Madagascar
  • Moneda: Ariary
  • Idiomas: malgache, francés segunda lengua…
  • Densidad hah/km2: 31,7 hab./km2
  • Crecimiento anual: 2,8%
  • Mortalidad infantil: 78,8 por 1.000
  • Esperanza de Vida: 55,3 años
  • Población Urbana: 26,5 %
  • Analfabetismo: 23,6 % en hombres y 34,8 % en mujeres
  • Escolarización 3er grado: 2,1 %
  • Internet: 4,32 por 1.000 hab.
  • Libros publicados (títulos): 108
  • PIB total: 14.864 millones de US $
  • Crecimiento anual (2004): 5,3 %
  • PIB por hab.: 854 $
  • Índice de inflación: 13,8 %
  • Gasto en Educación (% del PIB): 2,9 %
  • Gasto en Defensa (% del PIB): 1,4 %
  • Deuda externa: 4.958 millones de US $
  • Servicio de la deuda/Export.: 6,7 %
  • Importaciones: 1.260 millones de US $
  • Exportaciones: 990 millones de US $
  • Principales clientes: UE (47,5%), EEUU (35,5%), Asia (7,4%)
  • Ejército de Tierra: 12.500 personas
  • Ejército de Mar: 500 personas
  • Ejército del Aire: 500 personas
  • Organismos Internacionales: ACP, UA, BAD, ASECNA, COMESA, IOR-ARC

(Datos procedentes de «El Estado del Mundo 2006», Ediciones Aka).

La isla de Madagascar es la cuarta isla más grande del mundo, después de Groenlandia, Nueva Guinea y Borneo. Se encuentra situada en el Océano Índico, frente a las costas de Mozambique, a 400 km. Sus habitantes se denominan malgaches.

2. Educación

  • Alfabetización: 47%
  • Hombres: 50%
  • Mujeres: 44%
  • Escolarización:
  • Primaria total: 57%
    • Hombres: 67%
    • Mujeres: 69%
  • Secundaria:
    • Hombres: 16%
    • Mujeres: 16%
  • Universidad: 02%

Y como medios de comunicación hay 5 diarios, 216 radios, 24 televisores y 3 líneas telefónicas cada 1.000 habitantes. Libros: 1 título nuevo cada 100.000 habitantes (1992/94).

B. Pedro Opeka y la vocación misionera

1. Llamada a ser misionero y su personalidad

Pedro Opeka, nació el 29 de junio en el año 1948, en Buenos Aires. Se incorporó a la Congregación de la Misión, fundado por san Vicente de Paúl, el 6 marzo de 1966. Ordenado sacerdote el 28 de septiembre de 19751.

Sin entrar en la complicación que hacen los especialistas para entender qué es la vocación humana, sin entrar en detalle, hay dos vías para vivir la vocación humana que ambas nos llevan a la santidad: fundar una familia o vivir el celibato para entregarse a hacer el bien. La primera vía según Pedro Opeka es magnífica, pero es más limitada, pues es la entrega a una pequeña comunidad de vida. Sin embargo, la segunda, a su manera de ver, está más abierta. Con su entrega él puede ofrecer su vida misionera para servir a los demás, a viajar más lejos para acercarse a los más pobres del mundo. Él se siente llamado a esta vía, a una vida orientada hacia el amor a toda la humanidad y hacia el servicio de los más pobres2. Muy pronto supo enfocar sus energías en ayudar los pobres, comprendiendo que él no está creado para fundar una familia.En su formación hasta la ordenación sacerdotal, Pedro culti­vó los valores humanos en su personalidad, en su corazón. No soportó los sufrimientos de otros, sobre todo los sufrimientos causados por la injusticia del Estado. En su autobiografía «Com­battant de l’espérance» (Autobiographie d’un insurgé), Pedro nos cuenta dos experiencias de su vida. La primera fue en Mapu­ches (comunidad de los indios en Argentina), justo antes su novi­ciado. En el año 1966, participó en una misión con los estudian­tes católicos dedicados a la acción social: curar los enfermos, marginados y mostrarles cómo construir, de una manera segura, las casas y también para motivar a los padres para la escolariza­ción de los niños con el fin de salir a la pobreza3. Son gentes expulsadas por los responsables del gobierno, son víctimas de las dictaduras en Argentina.

La segunda experiencia fue con los Indios Matacos (Indiens Matacos), en la provincia de Formosa. Con estos sentimientos humanos naturales que tiene, escuchando la voz del Señor por los acontecimientos, Pedro Opeka, se sintió llamado por Jesu­cristo para evangelizar a los pobres, según la espiritualidad de san Vicente: Evagelizare pauperibus misit me. En este sentido, Pedro define sus dos intuiciones: la falta de tentación del interés personal en él y la falta del pecado de la eficacia en su vida4.

Él prefería ser agente dócil y fiel, anónimo en medio de la gente5. La única finalidad de su entrega es de acercarse a Dios por el servicio a los más marginados, afligidos, pobres6.En el momento de su ordenación, la palabra de san Vicente: «Dejar a Dios por Dios» (Laissez Dieu pour Dieu) animó a Pedro Opeka. Es lo que él realizó casi inmediatamente partiendo para Madagascar, hacia esta Isla que sufre tanto. La gran pregunta: «¿podré hacer el sacrificio de dejar ami familia, separarme de los que amo profundamente para entregarme a una misión tan difícil?»7.

Pero como sabemos, respondió con fe a todo esto y llegó a Madagascar: «Nuevo nacimiento o renacimiento»8 dice él, para mostrar la distancia, el cambio radical entre su país y Madagas­car, y cambio radical en él mismo para realizar y vivir esta misión. Tenía 22 años cuando vino a Madagascar en el año 1970. Destinado en la parte sur-este de la Isla, en concreto en Vangain­drano, pasó 15 años dedicando sus energías a la pastoral de esta región.

2. Cultura y la importancia de sensibilidad transformadora de un misionero

Al principio le sorprendió el color de los de los malgaches, mestizo entre Asía y Africa. La gente vive en pobreza total, sin ropas, en casas de paja. Con su adhesión profunda a la naturale­za, todo gesto está en relación con la tradición, todas las comi­das vienen directas de la tierra, cultivada con sus manos, o fru­tas de los árboles del campo. En esta región Pedro dice que descubre de nuevo lo que le pasó en Mapuches.

Pensando en la evangelización, Pedro ve que la gente cree en un Dios único y tiene relación estrecha con los antepasados. Ellos están ahí, dice un hermano lazarista, para transmitir y compartir el amor. Es un terreno abonado para hablar Dios; en esto no hay ninguno problema. El ateísmo no tiene sitio en esta cultura, dice Pedro9. La gente cree en Dios único, Creador: «Zanahary» (Él que ha creado, Ser Creador). Pero en la práctica de su fe, de la cultura, de la creencia, son fatalistas. Todos los años, hay siempre un tiempo de hambre. Los niños no comen o comen frutas inmaduras que causan diarrea fatal, la muerte. Si en su país la gente come tres veces cada día, y come mucho en el día, la mayoría de la gente de esta región come una vez cada día, y solamente en la noche para dormir mejor10.

Sufren por la muerte, por la desaparición de los miembros de la familia pero no tienen un espíritu revolucionario. No se moti­van a reaccionar frente a la pobreza11. Todas las desapariciones de los miembros de la familia son signos de designio de Dios según su mentalidad y su cultura. Hay un dicho entre los mal­gaches que «la muerte es una parte de la vida». Pedro Opeka, frente a esto, dice que no está acostumbrado a este pensamiento, la muerte para él se entiende siempre como una tragedia, sobre todo la muerte que ataca la gente en su juventud, por la pobreza, por la falta de médicos…

Es la importancia de los misioneros, porque tienen ojos nue­vos para mirar la realidad de otra manera. La gente ve todos esos acontecimientos, como problemas sin solución, no hay salida, es algo normal, según su cultura. Desde ahí, Pedro se pregunta que tenía que hacer.

Hace oración, pero cada vez más visita las familias de casa en casa y la misma palabra se repite: Mon pére, j’ai faim (Padre mío, tengo hambre). Todas sus realidades, su filosofía de Europa y de Argentina, dice él, no pueden entrar y entender esta realidad.

¿Qué tenia que hacer? Esta realidad le empuja a comprender porqué Dios, a través de su Hijo, se ha hecho hombre, pobre en medio de los pobres; el porqué de las Bienaventuranzas. «Me acercó al que he venido a buscar y esta sensación aumenta a medida que mi relación con el pueblo se convierte en fusión» (Je me rapprochais de Celui que j’étais venu chercher et cene sensation grandissait á mesure que ma relation avec ce peuple devenait fusionnelle). 12De este modo, podemos decir que en Pedro se acumula la visión argentina y la malgache de la vida, para salir hacia adelante, para superar la pobreza, para elevar a la gente a un pensamiento más justo de la vida. Eso es lo que quie­ro definir con este subtitulo «Cultura y la importancia de sensi­bilidad transformadora de un misionero».

Ha trabajado, ha dado mucho testimonio allí durante 15 arios antes de su nombramiento como director de seminaristas mayo­res en nuestra casa de Antananarivo, en la capital.

Allí comenzó a visitar los pobres, a visitar la capital. Un padre paúl me ha dicho que él gastó su tiempo más con los pobres que con los seminaristas para quienes la Congregación de la Misión le había nombrado formador. Imaginaos el choque de la visión personal y de la visión de la comunidad.

No tenemos datos sobre esto y no es nuestro tema. Lo que sabemos es que Pedro dedica su vida hasta ahora para los pobres en Madagascar, en Antananarivo, reconocido por su Asociación AKAMASOA (Buenos Amigos). Salió de Buenos Aires, ha fun­dado Buenos Amigos (Akamasoa) en Madagascar. Es la segun­da parte de nuestra ponencia que vamos a desarrollar.

II. Pedro en Antananarivo y Akamasoa

A. Akamasoa «Buenos amigos»

1. Historia

«AKAMASOA» significa «Buenos Amigos». Se fundó hace ya 17 arios. En el año 1989, Pedro Opeka llegó en Antananarivo, la capital en donde viven 2 de los 18 millones de habitantes de Madagascar. Él que venía de trabajar durante 15 años en el suro­este (Diócesis de Farafangana) como misionero de san Vicente de Paúl, llegó a aquel sitio y constató la miseria en la que vive la gente, escarbando entre las basuras para poder sobrevivir.

«Cuando me encontré con este panorama tan desolador —ase­gura el P. Opeka cada vez que se le pregunta por Akamasoa— me di cuenta de que no tenía derecho a hablar, que aquí solamente había que actuar»13. Es verdad, porque si la gente no come, la buena homilía pasa a otro lado y la esperanza vacía del gobierno deshumaniza. A Opeka le llevó su tiempo ganarse la confianza de aquella gente, decepcionada de tantas promesas y buenas intenciones que nunca se hacían realidad. Con un grupo de voluntarios de su antigua parroquia, comenzó dando acogida a los que se hacinaban en condiciones infrahumanas alrededor del basurero. En un terreno de apenas dos hectáreas cedido por las autoridades municipales, construyó las primeras viviendas. Aquella pequeña ciudad se llamó Manantenasoa (esperando el bien). Poco a poco se fueron construyendo casas de madera que luego serían reconstruidas con ladrillo. Hoy son ya cerca de 17.000 las personas que viven no sólo en Manantenasoa, sino en otras colinas que rodean al basurero. Los asentamientos se fue­ron multiplicando con el tiempo y han visto cambiar su aspecto, dejando de ser un barrio marginal para convertirse en una hermo­sa ciudad. Las calles están pavimentadas y limpias; y por todas partes se ven árboles y flores que alegran la vista de los transe­úntes. El que llega a ella por primera vez y no conoce la historia del lugar creería estar en una zona residencial de la capital.El milagro de Akamasoa se debe en gran parte a la enorme fuerza carismática del P. Opeka, una verdadera institución en sí mismo, respetado y querido por todos, incluso por las principa­les autoridades políticas del país. Sin embargo, y él mismo insis­te mucho en este sentido, ese milagro no habría sido posible sin la colaboración y la solidaridad de mucha gente que ha aportado su grano de arena para que la ciudad sea lo que es hoy14.

Como fechas claves históricas, se pueden destacar:

  • 24 de noviembre de 1989: Establecimiento de la Asociación y del Centro Antolojanahary, y migración de 70 familias.
  • 21 de enero de 1990: Comienzo de los trabajos en el Centro Manantonasoa para alojar a 250 familias sin vivienda.
  • 18 de febrero de 1992: Creación del servicio de reciclaje de Andralanira junto al vertedero municipal.
  • Octubre de 1994: Documental filmado por Jacques Yves Cousteau.
  • 25 de marzo de 1997: Establecimiento de una antena regio­nal en el Sureste de Madagascar tras la devastación origi­nada por el ciclón Gratelle en enero de 1997.

2. Toriteny an’asa (Homilía en obra)

Esta iniciativa no se quedó en buena homilía. Llega a la vida de la gente. En 1998, 16.200 personas están viviendo en diecisie­te poblados de Akamasoa con dignidad y alegría de vivir. La mayoría de las familias tienen hogares decentes y casi todos los niños prosiguen sus estudios y su formación en los siete centros de la Asociación, donde también cuentan con cuidados médicos.

Cada familia está asociada a una actividad generadora de ingresos y son económicamente independientes. Los niños, muchos de los cuales hace ocho años sufrían las consecuencias de pertenecer a familias abandonadas por los hombres, donde las mujeres se convertían en el cabeza de familia, ahora están ali­mentados y bien vestidos. Aún quedan muchas cosas por hacer, pero se ha conseguido un progreso considerable. A pesar de no tener indicadores estadísticos, es evidente que el principal indi­cador es la transformación que han experimentado las personas.La iniciativa es un ejemplo e incluso un honor para el país en su totalidad. De no haberse llevado a cabo, muchas personas estarían muriendo de hambre o viviendo en unas condiciones de salud deplorables. Los niños estarían mendigando en la ciudad y la seguridad urbana sería un fin en sí misma.

A través del trabajo, las personas también pueden recuperar la confianza en sí mismas y convertirse en miembros de la comu­nidad. Es este sentido de pertenencia el que les permite tomar responsabilidades por la vida de la comunidad y su bienestar, y participar en mantener la comunidad sana, limpia y segura, con un fuerte sentido del respeto mutuo y la solidaridad.

Vemos que lo que Opeka realiza en medio de la gente indica que la pobreza no es una fatalidad. Los excluidos sociales y las personas sin vivienda pueden ser movilizados casi en su totali­dad cuando hay una voluntad por actuar cotidianamente con un espíritu verdaderamente humanitario y altruista. Juntos pueden construir importantes vías para combatir la pobreza a través del mundo si cada uno de nosotros se responsabiliza y participa en la construcción de una nueva sociedad. Gracias a la solidaridad global, Akamasoa es capaz de continuar el trabajo y expandirlo a las áreas rurales donde multitudes de campesinos le piden que trabaje con ellos15.

B. Objetivos de Akamasoa y resultados

El objetivo principal de esta iniciativa es ofrecer una asisten­cia temporal a las familias sin hogar y sin derechos ciudadanos del municipio de Antananarivo, con el fin de permitirles recu­perar la confianza en sí mismos lo más rápidamente posible. La estrategia consiste en continuar nuestro trabajo de concien­ciación, formación de la juventud y de adultos y desarrollo de la infraestructura comunitaria así como la creación de empleo a través de los cinco centros establecidos.

Hoy el barrio del vertedero es un orgullo. Se han construido 3.000 viviendas dignas, de dos pisos, y Opeka aspira a que con el dinero de Manos Unidas puedan hacerse 300 más. «Y necesitare­mos otras tantas, porque hace 10 arios levantamos 600 casas de madera y techo de uralita, teóricamente para tres arios, y en esas superficies de nueve metros cuadrados siguen apretujándose fami­lias con nueve o diez personas». «La meta es que esas gentes sean autosuficientes en 2006», continúa Opeka. Y los logros son palpa­bles: cuatro escuelas primarias, tres secundarias, un liceo. «Aten­demos a 7.033 estudiantes, y los mayores ya han pasado del ver­tedero a la universidad». Además, hay cinco dispensarios: de los 253 trabajadores de Akamasoa, 20 se dedican a la salud. El país sufre distintas enfermedades evitables y la gente sigue muriendo. «Los medicamentos son un lujo, y ahí es donde una vez más ves la hipocresía de la llamada comunidad internacional, que es una expresión para ocultar que nadie quiere dar la cara. Un país donde un 75% está enfermo, ¿cómo prosperará?», plantea Opeka.

Sin embargo la experiencia le ha enseñado que Madagascar, y África tienen futuro: «Hay corrupción en los dirigentes, y dirigen­tes indignos como Ratsiraka, el dictador saliente. Pero la enorme mayoría de la gente es honrada y pacífica y eficaz. No sé por qué los medios de información del mundo rico no reflejan esa realidad, más real que ninguna. Será porque las democracias de Occidente, tan virtuales, apoyan a tiranos que les convienen en los países pobres».

Las actividades se basan en el principio «comida a cambio de trabajo», según el cual la población obtiene alimentos y ciertos materiales como pago por su trabajo en proyectos para la comu­nidad que mejoran su entorno de vida. Nadie está obligado a permanecer en la iniciativa y, hasta la fecha, alrededor de 1.200 familias han optado por volver a sus hogares y comunidades originales después de haber participado en ella.En este momento, 16.200 personas, procedentes de 3.100 familias, se benefician de la iniciativa, y cada día llegan a sus oficinas alrededor de diez familias con la intención de unirse al proyecto.

Cuatro centros de salud con un equipo de seis doctores, dos comadronas y una docena de personal clínico ofrecen cuidados médicos y de prevención.

7.000 niños y jóvenes acuden a las guarderías y a los colegios de enseñanza primaria y secundaria; y los comedores en estos colegios funcionan durante todo el año para garantizar el acceso a la comida.

Una vez complementada su educación básica, los niños tie­nen la posibilidad de completarla con una formación en áreas tales como el trabajo con metal, la carpintería, la reparación de automóviles, etc.

La construcción de viviendas es la prioridad absoluta, y hasta la fecha se han construido 1.230 unidades de vivienda en ma­teriales duraderos y proyectan mejorar otras 1.500 chozas de madera.

La creación de actividades generadoras de ingresos se desa­rrolla rápidamente a través de:

  • La acción de dos canteras de piedra que proporcionan empleo a 980 trabajadores.
  • La acción de cuatro centros de artes y oficios donde trabajan 500 mujeres.
  • Un servicio de compostaje de basura adyacente al vertedero municipal, donde trabajan 600 mujeres.
  • Las empresas de construcción que dan empleo regular a 250 personas.Actividades de agricultura que ocupan a 90 familias que se han convertido en verdaderos agricultores.

Se han alcanzado importantes resultados en los últimos nueve años, pero aún queda mucho por hacer, especialmente en las áreas de vivienda y de servicios básicos, con el fin de mejorar las condiciones de vida.

III. Situación de Akamasoa en el 2006 por Ismael Piñón16

En el mes de noviembre de 2005, Mundo Negro tuvo la oca­sión de visitar Akamasoa, una ciudad creada en torno al basu­rero de Antananarivo, la capital de Madagascar. La noticia que cuenta esta revista me parece que está cerca de la realidad, por­que hay muchos que pasan sin saber quién es este misionero y dónde está el sitio y nos cuenta otra forma de Asociación.

Mundo Negro afirma que el lanzamiento de la palabra «Es posible crear otro mundo más justo y más humano» se palpa en Akamasoa con padre Pedro Opeka.

Cuenta con un nutrido grupo de colaboradores, gente que antes vivía de la basura, pero que con el tiempo y el empuje de este gran misionero lograron salir adelante, recuperar su digni­dad como personas y tener un trabajo digno. Junto a ellos está la Hermana Isabel Avellán, misionera de las Hijas de la Caridad, una aragonesa con una gran fuerza interior que no se amilana ante ninguna dificultad y que cuando se siente triste o enojada, saca sus castañuelas y se pone a cantar. Sin embargo, su verda­dero brazo derecho lo constituye un grupo de mujeres denominado «sal de la tierra» que se dedican a tiempo pleno a asegurar el funcionamiento de la asociación. Son mujeres que antes se ganaban la vida escarbando entre las basuras y que hoy son capa­ces de llevar adelante la dirección de las escuelas, coordinar los trabajos diarios de la asociación o la gestión de una inmensa can­tera de la que se extrae la piedra para las construcciones.Akamasoa cuenta, además, con la ayuda de numerosos orga­nismos internacionales, tanto públicos como privados. Manos Unidas es uno de ellos. Gracias a la Campaña Contra el Hambre que organiza cada año, esta ONG católica ha financiado ya media docena de proyectos con una aportación total que se acerca a los dos millones de euros en 14 años de colaboración. Casas, dispen­sarios, escuelas, centros de formación profesional, carpinterías y talleres mecánicos… Todo un rosario de actividades que han permitido a Akamasoa evolucionar e ir cada vez a más. De aque­lla pequeña ciudad que surgió en Manantenasoa en 1989 se ha llegado hoy a más de medio millar de viviendas distribuidas por las colinas que rodean el basurero y a un verdadero pueblo a unos 60 kilómetros de la ciudad, en el que se han plantado miles de árboles y se ha construido incluso una verdadera presa para favorecer la agricultura.

Manos Unidas y su Campaña contra el Hambre han apoyado también varios servicios sanitarios, como una maternidad que atiende los muchos nacimientos que se producen en la zona, un hospital e incluso un laboratorio de análisis clínicos que permite no depender de unos servicios caros, lejanos y poco eficaces y atender a una población numerosa con un índice de enfermedad alto debido a la proximidad del vertedero.

En la actualidad, unos 2.000 niños reciben la enseñanza pri­maria y en los centros de secundaria hay matriculados más de 5.000. Un total de 250 maestros y profesores —muchos de ellos antiguos «profesionales» de la basura— se ocupan de su enseñan­za. Cincuenta jóvenes reciben actualmente una formación profe­sional de carpintería, al final de la cual recibirán un diploma que les capacitará para ganarse la vida; y muchas mujeres viven gra­cias a la elaboración de productos de artesanía local. La asocia­ción ha podido también otorgar una beca para que uno de los jóvenes del basurero pueda ir a estudiar a Francia, donde cursa actualmente la carrera de Arqueología en la Universidad de la Sorbona de París.

IV. Proyectos 2006

Cuando el Padre Pedro Opeka estaba en Nairobi para dar for­mación a los delegados de formación de formadores en África, yo le pedí información sobre sus obras caritativas en Madagas­car para esta conferencia. Estaba ocupadísimo pues tenia casi 200 cartas a responder sobre su trabajo. Él pidió a mi primo que es sacerdote paúl también, se llama TSIMANGOVY Calvin, que estaba Nairobi para esta formación, que le ayudara en este envío para mí. Pues, un programa directo del Padre Pedro, escrito por padre Calvin, en francés. Lo he traducido al español.

Oh hermano, te doy las gracias por haberte ofrecido a hacer conocer nuestro trabajo. Disculpa porque tengo muchas cosas que hacer. Pido a Calvin que te lo envíe.

Tenemos muchos proyectos para el 2006. Será un año decisi­vo para Akamasoa. Desde hace muchos arios, hemos ido sensibi­lizando a la gente para que vayan asumiendo su propio destino. De hecho, el objetivo de la asociación, no es mantener a esas per­sonas bajo tutela, sino al contrario, hacer que sean autosuficien­tes. Después de esos largos arios, pensamos que ha llegado el momento de dar este paso. El 28 de junio del 2006, día de la fies­ta nacional, será pues muy importante para las familias de Aka­masoa: asumirán más sus responsabilidades; se convertirán en personas autónomas. Seguiremos mejorando las infraestructuras sanitarias, escolares, ambientales, para todos los centros de la asociación; introduciremos suministro eléctrico en los pueblos de Ranomena y Hazomena; construiremos carreteras. La instala­ción de agua corriente en nuestros centros es una prioridad. Que­remos enfatizar especialmente la mejora de la salud de los habi­tantes, la formación y educación de los jóvenes. Finalmente, seguiremos asistiendo diariamente a las familias que acaban de llegar. Los detalles de nuestros proyectos son:

  1. Construcción de nuevas escuelas en Manantenasoa, Mahat­sara, Antolojanahary, Sahafata, Alalamaisy, y Ambohimaha. En estos lugares, el número de niños aumenta cada año, y el número de alumnos por aula es todavía y siempre dema­siado grande; por ejemplo, 80 alumnos por aula de prima­ria. También queremos construir 1000 mesas con bancos para las nuevas escuelas.
  2. Ampliación del centro de acogida en Mangarivotra.
  3. Construcción de 80 nuevas viviendas con 3500 m2 de pare­des en Mahatazana, Lovasoa y Bemasoandro.
  4. Queremos pavimentar la carretera de acceso a la cantera de Bemasoandro.
  5. Para mejorar las infraestructuras sanitarias, pensamos construir 4 lavaderos públicos y crear cubos de basura en Mangarivotra, Manantenasoa, y Mahatazana.
  6. Queremos enviar abono (compost en francés) a Antolo­janahary para fertilizar nuestras tierras.
  7. Construcción de dos terrenos de mini-fútbol y basket ball para los jóvenes de los barrios difíciles.
  8. Compra de herramientas de trabajo: palas, picos, perfo­radora, etc.
  9. Compra de un terreno de un hectárea en Mahatsinjo.

Se ha creado un grupo de responsables con jóvenes. Quieren comprometerse enteramente al servicio de las familias pobres aún muy frágiles, dentro de la asociación y fuera de ella. Así se garantizará la continuidad de los esfuerzos. La escolarización y educación de los jóvenes nos parece ser una prioridad. Por eso, queremos apoyar a nuestros jóvenes aún por cierto tiempo, a nivel de la escuela y la educación: son una gran esperanza para el país y la Iglesia.Para terminar, creo que debemos seguir siendo optimistas. Animados por tantas victorias sobre la pobreza, nos sentimos continuamente fortalecidos para seguir en este proyecto a favor de los más pobres. Tantas personas han recuperado la valentía y la alegría de vivir por medio de la ayuda que les hemos ofrecido. Nada podrá desanimarnos en esta rehabilitación de las familias de la calle y del vertedero. Todas las visitas recibidas en el año 2005, nos empujan a seguir adelante. Consideramos nuestra obra humanitaria y de desarrollo como una auténtica lucha contra la pobreza en primer lugar, pero también como un combate contra la indiferencia, el fatalismo, la dejadez, la falta de previsión, y contra todo lo que desvía a los jóvenes del verdadero compro­miso a largo plazo a favor de su país y de su pueblo. La fe y la fortaleza en la oración, nos dan la energía suficiente para no renunciar y seguir luchando contra todo lo que destruye y rebaja al hombre en la miseria. Seguimos creyendo en la solidaridad internacional y sobre todo, en la generosidad de los ciudadanos quienes, en el mundo entero, participan mediante sus dones regulares. Si los que manejan la economía del mundo han hecho subir a 70 dólares el barril de petróleo, han retrasado de 25 años el desarrollo de África. Menos mal que las personas de buena voluntad en el mundo entero, harán siempre más, para que se reduzca la distancia entre países ricos y países pobres. La gene­rosidad es muy importante, ¡somos testigos de ello! Cuando las ayudas son utilizadas adecuadamente, los bienhechores se sien­ten felices de participar en la lucha contra la pobreza. Esta soli­daridad y generosidad salvarán el mundo.

Queridos amigos: estos son nuestros proyectos y deseos. Les invito pues, quedarse con nosotros. Juntos, lograremos este desa­fío que nos espera. Se lo agradezco por adelantado. Les deseo ya un fin año feliz, unas felices pascuas y un muy bueno año 2006.

V. Síntesis y reflexión

El periódico Alfa y Omega17 nos resume el motor secreto de la eficacia del milagro de Akamasoa en Madagasikara.

Akamasoa tiene 3 secretos: Dios, trabajo y el Padre Pedro Opeka.

A. Dios, en la celebración eucarística

Dios acompaña a padre Pedro Opeka y sus gentes a cada paso. Las misas son celebraciones de la resurrección de Cristo, de la alegría. Soy testigo vivo de cómo celebra Pedro la eucaris­tía con los cristianos: se nota en este hombre que hay fuerza espi­ritual que le mueve durante la celebración. Yo le miré como un jefe de soldados, de un grupo para combatir la pobreza con espe­ranza viva. «En las tardes, una pequeña capilla junto a la casa del Padre Pedro acoge a Cristo consagrado mientras los niños, en voz alta, dicen al Señor sus plegarias y Él, claro está, les responde» nos cuenta Altaba18.

B. El trabajo dignifica la persona

Hermana Isabel Avellán, Hija de la Caridad cuenta que cuan­do llegaron allí, eran muchos los que se acercaban diciendo: «Hermana, déme un poco de arroz». Hoy, todos, saben que lo que hay que pedir es «un poco de trabajo para comprar arroz».

El trabajo es uno de los secretos y la principal pedagogía que el P. Opeka utiliza para devolver la dignidad a la gente. De hecho, es una de las condiciones para pertenecer a la asocia­ción. Todo aquel que quiera disponer de una vivienda y formar parte de Akamasoa debe cumplir una serie de condiciones: esco­larizar a sus hijos, respetar las normas de convivencia y trabajar para ganarse la vida.Pero si la dignidad a través del trabajo es una de las máximas inculcadas por el P. Opeka, otra no menos importante es la bús­queda del bien común. Akamasoa es de todos y todos están invitados a cuidarla y hacer de ella un lugar hermoso y habitable. La búsqueda del bien común va incluso más allá de los límites del barrio. Varias de las aceras de la capital malgache fueron hechas por los propios habitantes de Akamasoa. «Éste no es nuestro barrio —me comenta uno de los colaboradores del P. Opeka mientras nos acompaña a visitar la parte histórica de Antananarivo—, era responsabilidad de las autoridades munici­pales, pero nunca hicieron nada, y como aquí siempre había muertos, nos decidimos nosotros mismos a construir esta acera para que la gente pueda caminar por un lugar seguro sin peligro a ser atropellado»19.

Ellos trabajan en talleres, pequeñas fábricas y centros de pro­ducción artesanal que sirven para el autoabastecimiento de los pequeños poblados o barrios que circundan el vertedero al tiem­po que dan trabajo a mucha gente. Una gran colina de piedra es utilizada como cantera. De ella sale toda la piedra necesaria para las construcciones y se extrae también piedra y grava para ven­der. Cientos de personas trabajan en ella, especialmente mujeres y niños, lo que les permite ganar un pequeño sueldo que les ayuda a vivir dignamente o pagar la escolarización. Las mesas y los bancos de las escuelas, así como los muebles de las vivien­das, salen de la carpintería de la asociación, uno de los primeros proyectos financiados por Manos Unidas y que hoy es totalmen­te autosuficiente. En ella se está formando un buen grupo de adolescentes y jóvenes con la posibilidad de obtener, al cabo de tres años, un diploma reconocido que les permitirá tener un trabajo en el futuro. La mano de obra en la construcción (albañiles, carpinteros, fontaneros, electricistas…) está constituida por los propios lugareños. Hay también un taller de reparación de auto­móviles financiado también por Manos Unidas, que sirve como centro de formación de mecánica para unos cuantos jóvenes.Todo está planificado y organizado. Una enorme guardería infantil cuida de los más pequeños mientras las madres trabajan en la cantera o en otros talleres. En Akamasoa, cada uno tiene una ocupación. No existe el paro. Unos trabajan en la construc­ción, otros son maestros en las escuelas, otros en la carpintería o en el taller mecánico. Incluso los que no tienen grandes capaci­dades, como los ancianos, ponen su grano de arena cuidando los jardines o simplemente barriendo las calles. Todos aportan su trabajo para que la ciudad sea agradable y habitable20.

C. Padre Pedro Opeka

En este tercer secreto, Alfa y Omega nos dice que Pedro Opeka está preparando muy bien a un nutrido grupo de malga­ches que tomará el relevo cuando él no esté. «En el fondo, él sabe, cuenta Altaba, que los malgaches tienen buena voluntad, pero por su carácter discreto y tímido, ponen menos fuerza». Añadió Altaba que «este es uno de los problemas a los que se enfrentan todos los misioneros en Madagascar. Cuando ellos no estén, ¿quién pondrá su corazón? ¿Quién recuperará su carisma?».

Este asunto es muy complicado. Es también mi gran pregun­ta a Pedro. Creo que con su capacidad, él tendría visión previa sobre Akamasoa. Si no hay esta visión de relevo, creo que el trabajo será en vano. Akamasoa será un sitio de conflictos de intereses. Este juicio que aporta Altaba en Alfa y Omega tiene dos direcciones: de la voluntad y capacidad de las personas que van enseñar a los relevos y las de los relevos. Es un gran pregun­ta y gran exigencia de Akamasoa para asegurar su mañana.

Conclusión

¿Qué podemos destacar en conclusión?

Pedro Opeka no es un ángel del cielo enviado en Madagascar para salvar los pobres. Es una persona que tenía su cultura, su familia, sus estudios que ha formado su personalidad y han orientado su vida hacia la vida misionera en la Congregación de la Misión, fundada por san Vicente de Paúl. Es la razón por la que tenía que hablar un poco en la primera parte sobre su origen, su formación y su personalidad. Llegó en Madagascar en el ario 1970, sin pensar que iba a fundar una Asociación. Pero, nacido de nuevo en Madagascar, con sus nuevos ojos de fuera, de misio­nero, descubrió su vocación de dedicar su vida para los más pobres de la capital («4MI»), comenzó por una respuesta a las necesidades de las familias que viven en el basurero.

El hijo de Buenos Aires de Argentina, está en Madagascar, tomando su nuevo país: «Buenos Amigos»: AKAMASOA.

Gracias a él, muchos pobres, marginados… recuperan su dig­nidad humana. Espero que un día, llegará un momento que uno de los alumnos de ahí va a gobernar el País, siguiendo el princi­pio real de Padre Pedro Opeka que valoriza el trabajo para vivir mejor, para hacer real la palabra, no solamente para el programa de un sueño o de una buena homilía.

¿Qué nos falta para hacer como él o para ayudarle a realizar su proyecto de humanización?

Akamasoa es testimonio para darnos cuenta de cómo la soli­daridad —la que viene de fuera y la que existe en el interior— es capaz de cambiar la situación de mucha gente.

A mi manera de ver, entre nosotros seguidores de Cristo en la espiritualidad vicenciano, hay dos cosas que quiero mencionar:

  • En Madagascar, aquí en España o fuera, hay muchísimos convencidos de la práctica de las virtudes vicencianas: Sencillez, Humildad, Mansedumbre, Mortificación y Celo.
    Muchos entre nosotros viven estas virtudes, más que el Fun­dador, pero en la práctica no hacen casi nada para los pobres. Sus virtudes les alejan de los pobres.
  • Es importante imitar las virtudes vicencianas pero no es menos, a mi manera de ver leer nuestra realidad dónde esta­mos según el estilo de Vicente para revestirse del espíritu vicenciano y sobre todo para evangelizar en la práctica los pobres, para recuperar sus dignidades humanas a la mane­ra de Pedro Opeka en Madagascar.
  1. Cfr. Catalogus Provinciarum, Domurum Ac Personarum, Anno CLIII, Curia Generalitia, Roma 2005, 20.
  2. Cfr. P. OPEKA, Combattant de l’espérance. Autobiographie d’un insurgé, JC Lattés, Paris 2005, 158.
  3. Ibídem, 158-159.
  4. Ibídem 157-158.
  5. Ibídem.
  6. Cfr. Ibídem, 182.
  7. Ibídem, 249.
  8. Ibídem, 181.
  9. Ibídem, 182
  10. Ibídem, 184-185.
  11. Cfr. Ibídem, 185.
  12. Ibídem, 186.
  13. Cfr. Miguel BAYÓN, El País, Sociedad. 05/02/03.
  14. P. I. PIÑÓN, De la pobreza a la dignidad, Mundo Negro (febrero) 504 (2006).
  15. «Situación previa», Este documento se ha editado a partir de una versión inglesa. Traducido por Carmen Nieto Méndez. Revisado por Carlos Verdaguer.
  16. Cfr. Mundo Negro, N° 504 febrero 2006/ Akamasoa, de la pobreza a la dignidad (Campaña contra el hambre).
  17. Mª S. ALTABA, El milagro de Akamasoa, Alfa y Omega, 475 (1-12-2006) 4-7.
  18. Ibídem, 4.
  19. Mundo Negro, o.c.
  20. Ibídem.

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