«¿Cómo van a invocarlo sin creer en él?, y ¿cómo van a creer sin oír hablar de él?, y ¿cómo van a oír sin uno que lo anuncie?, y ¿cómo lo van a anunciar sin ser enviados? Según aquello de la Escritura: Bienvenidos los que traen buenas noticias». (C 10).
«La Congregación puede afirmar de sí misma, como la Iglesia toda, pero de un modo peculiar, que la misión de evangelizar constituye su gracia y vocación propia y expresa su verdadera naturaleza (cf. EN 14)». (Rom 10,14-15).
Independientemente de la reacción que produzca en los oyentes el anuncio del mensaje salvador, los heraldos del Evangelio son bienaventurados porque pueden transmitir la Buena Nueva. Si llegara el caso de que la Congregación se negara a evangelizar, se destruiría a sí misma; por el contrario, mientras permanezca fiel a su propia naturaleza de evangelizadora, estará ratificando la gracia recibida de Jesucristo para proseguir la obra de salvación.
1. «Cooperadores con él para la extensión de su reino».
La comunicación de la palabra vicenciana produce entusiasmo y contagio en los oyentes: era la reacción normal de los Misioneros, sobre todo, cuando oían de labios del Fundador algún sentimiento de felicidad por estar en una comunidad misionera:
«Qué felices somos de estar en una Compañía que tiene como finalidad no sólo hacernos dignos de que El reine en nosotros, sino también de que sea amado v servido por todo el mundo y que todo el mundo se salve… Cooperemos con El por la extensión de su Reino. ;No os parece esto maravilloso? Es hacer lo que hacen los ángeles de Dios, escogidos por El para llevar e indicar su voluntad a los hombres, para que éstos obren según ella. ¿Habrá en la tierra una situación más digna de ser deseada que la nuestra? Nos lo ordena además el mismo Jesucristo aspirar a que Dios sea conocido, servido, amado, que su Reino y su justicia sean buscados antes que todo lo demás. Pues bien, si nuestro Señor nos exhorta a ello y nos lo manda, tam-bién da la gracia para hacerlo a todos cuantos se la pidan, y la aumenta a los que le son fieles». (XI 435-436).
2. «Evangelizar constituye la dicha y vocación de la Iglesia».
Las palabras del Santo Fundador, que acabamos de escuchar, nos remiten a la razón de ser de la Congregación que, como la Iglesia toda, reconoce que la evangelización constituye su gracia particular:
«La Iglesia lo sabe. Ella tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: «es preciso que anuncie también el Reino de Dios en otros ,pueblos» (Le 4,43), se aplican con toda verdad a sí misma. Y por su parte añade ella de buen grado, siguiendo a San Pablo: «Porque, si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como una necesidad. ¡Ay de mí, si no evangelizara» (I Cor 9,16). Con gran gozo hemos escuchado, ,(escribe Pablo VI), al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: Nosotros queremos confirmar, una vez más, que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa». (EN 14).
3. «Existe un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelización».
Como la Iglesia no se entiende sin Cristo y su misión específica de evangelizar a los pueblos, así tampoco la Congregación será conocida si abandona la actividad evangelizadora:
«Existe un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelización. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella, ni mucho menos contra ella». (EN 16).
- ¿Doy gracias a Dios por haberme llamado a una Congregación que tiene como lema «evangelizar a los pobres»?
- ¿Puedo afirmar con santo orgullo que evangelizar constituye para mí la mayor dicha y consuelo?
- Cuándo evangelizo a las gentes, ¿lo hago siempre en nombre de la Iglesia, y nunca contra ella?
Oración:
«Oh Dios, que enviaste al mundo a tu Hijo como luz verdadera, derrama tu Espíritu para que siembre la semilla de la verdad en el corazón de los hombres y suscite en ellos la fe, de modo que todos, renacidos a una nueva vida por medio del bautismo, lleguen a formar parte de tu único pueblo. Por nuestro Señor Jesucristo». (Mro, Votiva por la evangelización de los pueblos).






