LA CONSAGRACIÓN VICENCIANA EN LOS MISIONEROS PAÚLES (III)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:
  1. L.A CONSAGRACIÓN A DIOS PARA LA MISIÓN EN SAN VICENTE DE PAÚL.

El proyecto que san Vicente propone a los hombres y mujeres no es resultado de un estudio teológico meticulosamente elaborado, ni resulta de un Ego ambicioso que compite con las figuras punte­ras de la iglesia de su tiempo como Bérulle o Francisco de Sales. Su propuesta nace de la experiencia. Así ha obrado el Hijo de Dios: «primero habló y después enseño» (RC). El primer lugar es la his­toria, el acontecimiento. Después la reflexión, la búsqueda de senti­do, la organización. En primer lugar, hay un hombre Vicente de Paul que, en sus humildes orígenes, desea escapar al curso común de los mortales. Estudia para tener un gran beneficio y, todavía muy joven, recibe las órdenes sagradas que lo habilitaban para ser ministro ordenado de la iglesia, el deseado status para lograr el beneficio social. Después vienen los largos años de mucha tribulación sobre los cuales, podemos decir hoy, que se enfrentan dos voluntades: la humana y la divina.

Un marco decisivo es el período entre 1610-1616. Durante estos años, la convergencia de experiencias fracasadas motivan su conversión a Dios. La acusación del robo y. sobre todo, la proble­mática en torno a la tentación contra la fe en contexto de ociosidad, según la descripción de Abellly, potencian un cambio total de pers­pectiva. Su modo de ser y estar en el mundo sufre una profunda alte­ración. Según el primer biógrafo, Vicente asume las tribulaciones del famoso doctor y solo de ellas se libra, alcanzando la serenidad cuando, bajo la inspiración de la gracia, asume la firme e irrevoca­ble resolución de consagrar toda su vida, por amor a Jesucristo, al servicio de los pobres.

  1. Dodin destaca los efectos de esta consagración personal. Ella se va a caracterizar en un doble modo: 1. Una voluntad cons­tante de darse a Dios para estar al servicio de las almas; 2. Estabilidad y equilibrio’. Vicente vivía atormentado por las dudas. Él será siempre un hombre naturalmente cauteloso pero la experien­cia de libertad interior que experimenta en el término de la prueba. y la decisión de consagrarse totalmente a Dios se convierte en un suelo estable sobre el cual camina confiado.

El año que sigue, 1617, le ofrece los dados que necesitaba para dar cuerpo a su consagración. Las experiencias fundantes de Folleville y Chátillon-le-Dombes serán maduradas en el corazón del santo para después ser compartidas por otros hombres y mujeres, los consagrados vicencianos. La consagración a Dios se concreta en su vida por medio del servicio a los pobres en las misiones. La promo­ción de los últimos y olvidados en la actividad misionera y caritati­va ha sido la respuesta que el Espíritu Santo le ha inspirado.

Digamos a modo de síntesis, que su consagración se traduce en la participación del amor afectivo y efectivo en la misión de Jesús. Su historia es una misión permanente porque, hasta el final, él asume siempre el liderazgo de las misiones incluso cuando la fragilidad físi­ca o los diversos quehaceres le impiden participar. Aún así, desde su habitación en Paris, sigue dando orientaciones a los misioneros en su labor en las zonas rurales en cualquier rincón de Francia’. Otras veces, contra todas las expectativas, participa activamente, lo que despierta la conmoción de las personas que lo aprecian mucho».

Nélio Pita Pereira, cm

CEME 2005

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *