LA COFRADÍA DE LA CARIDAD (XI)

Mitxel OlabuénagaFormación Vicenciana sin categorizarLeave a Comment

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LA GESTIÓN.  LA BUENA ADMINISTRACIÓN DE LOS RECURSOS. RENDICIÓN DE CUENTAS

Y puesto que hay motivos para esperar que se harán fundaciones en favor de dicha cofradía y no es propio de mujeres llevar ellas solas la administración de las mismas, las sirvientas de los pobres elegirán como procurador a un piadoso y devoto eclesiástico o a un ciudadano virtuoso, solícito del bien de los pobres y no embarazado en nego­cios temporales (X, 575). Será obligación del procurador llevar a cabo y negociar los asuntos concernientes a los fondos temporales de la cofradía, con el consejo y la dirección del señor párroco, de la priora, de la tesorera y de la otra asistenta; proponer en cada una de las asambleas que se celebren para ello el estado de los asuntos que lleve entre manos; tener un libro en el que escriba las resoluciones que se tomen; rogar, de parte de la cofradía, al señor de la ciudad de Chátillon, a uno de los señores síndicos y al Señor rector del hospi­tal, que asistan a la rendición de cuentas de la cofradía (X, 577).

En una escena de la película «Monsieur Vincent» cuando hace el contrato de la fundación de la Congregación de la Misión, entregándole ante notario 45.000 libras, suma enorme de dinero, el notario lee texto de fundación y san Vicente quería añadir una palabra, pero el notario le dice: El texto es el que os he leído, Señor. Vicente responde: «Sí, lo sé. He verificado las cifras. Ahora este dinero es de los pobres y debo rendirles cuentas». Y otro notario presente dice: «Se le cubre de oro y todo lo com­prueba. Es una ser excepcional».

El dinero es de los pobres, a ellos y a solo ellos debo rendir cuentas. Este es el convencimiento del fundador. Esta es la obse­sión de Vicente de Paúl. San Vicente a la hora de redactar el reglamento de Chátillon no se deja pillar por ninguna trampa. Todo está previsto minuciosamente: la administración de lo temporal, la entrega de cuentas, el papel de la tesorera, el papel del procurador de las fundaciones, el papel de la priora con su libro de cargos, el aporte del cepillo de la iglesia, etc.

Después de cuarenta años, en 1657, en una relación de esta­do de obras a las damas se dice: «El Padre Vicente leyó entonces delante de la asamblea la situación de los ingresos y de los gas­tos. Desde la última reunión general, esto es, desde hacía cerca de un año, se había gastado 5.000 libras para la colación de los pobres enfermos del hospital y se habían recibido para este fin 3.500 libras. Así pues, el déficit subía a 1.500 libras».

Por sus manos pasaron cantidades ingentes de dinero a lo largo de su vida. Entabló múltiples juicios cuando creía que era justa su causa. Se acercó a los grandes para financiar sus obras en favor de los pobres. Buscó dinero entre las damas más pode­rosas de aquella sociedad. Encontró personas generosas que le gratificaron con abundantes cantidades de dinero y posesiones. Nunca entregó dinero alguno, del que pasaba por sus manos, a su familia y a sus parientes. Inculcó, de manera obsesiva, a sus dis­cípulos y discípulas, que el dinero que manejaban no era suyo, sino de los pobres. Por esta razón, no podían ni malgastarlo, ni sustraerlo, ni apropiárselo. Del dinero de los pobres había que dar cuenta hasta el último céntimo.

Vicente de Paúl se manifestó en toda su vida como un agudo financiero. Supo fundamentar sólidamente todas sus fundaciones desde el punto de vista económico. Para él el servicio y la evan­gelización de los pobres debía ser un ministerio gratuito. Por esta razón acudió a unos medios que entonces eran comunes en las diversas instituciones del país.

¿Cómo se financiaban las cofradías? Escuchemos a Pedro Coste: «Para procurarse los indispensables recursos, variaban los medios: se pedía en las iglesias los domingos y fiestas; se acepta­ban donativos; había personas caritativas que renovaban sus dona­ciones semanal o anualmente; se recibían fundaciones; en el campo, la asociación se hacía propietaria de cabezas de ganado; en las ciudades, mantenía manufacturas. En Joigny, el Señor de Gondi daba anualmente quinientas libras tornesas y cierta cantidad de trigo, y el hospital añadía algo de sus propias rentas»56. En la Igle­sia de Chátillon había un cepillo para el mantenimiento de la cofra­día y ayuda a los pobres, que se abría cada dos meses.

Se ha descubierto últimamente un libro de cuentas de diciem­bre de 1617, en el que se detalla todos los ingresos y gastos de la cofradía de Chátillon. La minuciosidad, el detalle, las más míni­mas cantidades están en ese manuscrito. La mentalidad de Vicente de Paúl está inserta en ese cuaderno.

Pero hay algo que es de admirar en el reglamento y es cuando la tesorera daba cuentas a la cofradía en asamblea. Se afirma con toda rotundidad: «Se creerá a dicha tesorera solamente por la decla­ración que haga, que sus cuentas son verdaderas, sin que pueda borrarse ninguno de los artículos de ellas ni se pueda demandar a su marido ni a su hijos, tanto porque se pueda tener plana confian­za en ella, ya que será de plena probidad, pues habrá de ser elegida de entre esas personas, como porque, si alguna pudiese ser deman­dada por ello no habría nadie que quisiera tomar ese cargo». Una precaución puramente humana muy sabia. Confiar en las personas que se han elegido para un cargo o una función. Son personas res­ponsables, de buena conducta, conocidas en el pueblo por su buena fama. No se puede desconfiar de ellas fácilmente. Si no se confía en las personas por mal camino iría la cofradía.

José Manuel Sánchez Mallo

CEME, 2008

 

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