La caridad de Cristo nos apremia

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: .
Tiempo de lectura estimado:

caridad4Hemos comprendido lo que es el amor porque aquél se desprendió de su vida por nosotros; ahora también nosotros debemos desprendernos de la vida por nuestros hermanos». (I Jn 3,16).

«La caridad de Cristo que se compadece de la muchedumbre (cf. 11c 8,2) es la fuente de toda nuestra actividad apostólica, y nos impulsa, según la expresión de San Vicente, a hacer efectivo el evangelio’ (SV XII 84; E.S. XI 391)». (C 11).

La caridad de Cristo hacía enloquecer a San Pablo, a la vez que excitaba en él la gracia del apostolado. El amor de Cristo es fuente de todo apostolado auténtico. Otro motivo distinto de la caridad desnaturalizaría el mensaje de salvación. Por lo demás, el espíritu del Misionero comprende la virtud del celo por la salvación de las almas, disposición clave para desarrollar la obra evangelizadora.

1. «Sólo nuestro Señor ha podido dejarse arrastrar por el amor a las criaturas».

El ejemplo de Jesús, lleno de caridad para con los hombres, ha de estimular sobre todo el celo de los Misioneros. En un arranque pletórico de fervor, ante la prosa divina de la salvación, San Vicente exclama:

«¡Oh Salvador! ¡Fuente de amor humillado hasta nosotros y hasta un suplicio infame! ¿Quién ha amado en esto al prójimo más que Tú? Viniste a exponerte a todas nuestras miserias, a tomar la forma de pecador, a llevar una vida de sufrimiento y a padecer por nosotros una muerte ignominiosa; ¿hay amor semejante? ;Quién podría amar de una forma tan supereminente? Sólo nuestro Señor ha podido dejarse arrastrar por el amor a las criaturas hasta dejar el trono de su Padre pisa venir a tomar un cuerpo sujeto de debilidades. ¿Y para qué? Para establecer entre nosotros por su ejemplo y su palabra la caridad con el prójimo. Hermanos asíos, si tuviéramos un poco de ese amor, ¿nos quedaríamos con los brazos cruzados? ¿Dejaríamos morir a todos esos que podríamos asistir? No, la caridad no puede permanecer ociosa, sino que nos mueve a la sal- ración y al consuelo de los demás». (XI 555).

2. «Ir a acabar la vida en un chaparral».

También el corazón de San Vicente, ardiente de caridad, se nos ofrece como ejemplo de amor con el prójimo. Escribiendo a un Misionero le manifestó su deseo de morir a la sombra de un chaparral, consumido por el celo evangélico:

«No soy capaz de callármelo; es necesario que le diga con toda sencillez, que esto me da nuevos y grandísimos deseos de poder, en medio de mis pequeños achaques, ir a acabar mi vida en un chaparral, trabajando en alguna aldea, pues me parece que sería más feliz si Dios me concediera esa gracia». (V 185).

3. «Un amor siempre creciente hacia aquellos que evangeliza».

Otro gran modelo de apóstol se nos ofrece en la figura destacada de San Pablo, siempre actual por su doctrina y comportamiento:

«La obra de evangelización supone en el evangelizador un amor siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza. Un modelo de evangelizador como el Apóstol San Pablo escribía a los tesalonicenses estas palabras que son todo un programa para nosotros: «Así llevados de nuestro amor por vosotros, queremos no sólo daros el Evangelio de Dios, sino aún nuestras propias vidas: tan amados vinisteis a sernos» (I Tes 2,8). ¿De qué amor se trata? Mucho más que el de un pedagogo; es el amor de un padre; más aún, el de una madre. Tal es el amor que el Señor espera de cada predicador del Evangelio, de cada constructor de la familia… Será una señal de amor el esfuerzo desplegado para transmitir a los cristianos certezas sólidas basadas en la palabra de Dios, y no dudas o incertidumbres nacidas de una erudición mal asimilada. Los fieles tienen necesidad de esas certezas en su vida cristiana; tienen derecho a ellas en cuanto hijos de Dios, que poniéndose en sus brazos, se abandonan totalmente a las exigencias del amor». (EN 79).

  • Los móviles que me llevan a evangelizar, ¿están fundados en la caridad de Cristo u obedecen a sórdidos intereses personales?
  • ¿Estoy dispuesto a dar mi vida por los hermanos, como Jesús y tantos otros imitadores del divino Maestro?
  • ¿Siembro verdades sólidas cuando evangelizo o desparramo dudas e incertidumbres?

Oración:

«¡Oh Salvador!, que habéis venido a traer la ley de amar al prójimo como a uno mismo, que la habéis practicado tan perfectamente con los hombres, y no de una manera cualquiera, sino de manera incomparable. Te agradecemos, Señor, que nos hayas llamado a este estado de vida para amar continuamente al prójimo, si, a este estado y a esta profesión de dedicarnos a este amor por el prójimo». (XI 564).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *