“Señor, si tú estuvieras en mi lugar, ¿qué harías en esta ocasión?”. (SvdeP)
Al principio del Libro de los Hechos de los Apóstoles, se describe la Ascensión del Señor al cielo, mientras que San Marcos nos habla de las últimas palabras e instrucciones que Jesús Resucitado dio a sus discípulos antes de subir al cielo.
Celebramos con gozo la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Cristo, una vez cumplida su misión en la historia, regresa glorioso al lado del Padre. Desde allí enviará el Espíritu Santo, para continuar la obra de la salvación de la humanidad que Él ha iniciado.
Los cristianos podemos tener ahora la plena certeza de que el Hijo, continúa presente en medio de la comunidad por la acción del Espíritu Santo.
Jesús volverá del mismo modo que, lo vieron subir los discípulos al cielo. La nube que lo oculta significa la forma como Él se introduce en la presencia de su Padre.
Aquí, confluyen la imagen de Elías y la del Hijo del Hombre. Jesús ya había anunciado: “Verán al Hijo del Hombre venir sobre una nube con poder y gloria” (lc. 21,27), de la misma forma como se fue al cielo.
El Evangelio de San Marcos, señala tres elementos importantes: Primero, el envío misionero de Jesús a sus apóstoles. Segundo, los signos que ratificarán la autenticidad de la predicación. Tercero: la Ascensión del Señor, al mismo tiempo que el comienzo de la misión evangelizadora.
Nos encontramos con una maravillosa síntesis teológica y eclesiológica. Jesús retorna al Padre; y los discípulos comienzan la predicación de la buena noticia.
Quien cree y se bautice, se salvará: Tener fe, creer en lo que se anuncia, es fundamental para poder participar activamente en la comunidad y así poder salvarse. Fruto de esa fe es la decisión libre y voluntaria de aceptar el bautismo como inicio de un proyecto de vida alternativo.
La Ascensión del Señor es la apertura de un nuevo horizonte de vida para todo ser humano. En una sociedad donde la vida se ve amenazada de diversas maneras, donde la muerte y la violencia han destruido el sentido de vida de la humanidad, nuestras Conferencias deben convertirse en fermento, para alentar y dignificar la vida en los Pobres, en todas sus expresiones y así conducirlos por el camino de la salvación otorgada gratuitamente por Dios.
La humanidad, como Jesús, está llamada a ser elevada, dignificada, y a vivir en plena comunión con Dios – comunidad de Amor.
Debemos cumplir con la última voluntad de Cristo: “Vayan y prediquen el Evangelio a toda creatura”. Y esa última voluntad, es tan válida para los cristianos de entonces, como para los cristianos de hoy, debemos ir por todo el mundo a predicar el Evangelio, demostrando que esa predicación es vivible, es decir, que es posible vivir de acuerdo con él. Para ello, tenemos que hacer que todos aquellos que se encuentran en alguna necesidad, comprueben que los buenos samaritanos no están descontinuados; que aquellos que nos ofenden o lastiman, comprueben que se puede perdonar hasta setenta veces siete; que a nuestro alrededor se compruebe que el “también ustedes tienen que lavarse los pies unos a otros”, sigue teniendo vigencia hasta el día de hoy; hacer que todos, puedan comprobar que no hay amor más grande que dar la vida; por medio del sacrificio del tiempo, el esfuerzo, el sacrificio de comodidades y gustos personales, por agradar a los demás. Ésta es la última voluntad de Cristo y debemos cumplirla.
«Tenemos que atribuir a Dios cualquier cosa buena que resulte de nuestras acciones, de lo contrario deberíamos atribuirnos todo lo malo que ocurre en la comunidad” (SVdeP)







