La ascensión de Jesús a los cielos
Cristo ha muerto y resucitado. Cristo ha confirmado en la fe a los apóstoles. Los cimientos de la Iglesia han sido establecidos. La presencia física de Cristo ya no es necesaria. Los apóstoles han llegado a su madurez y han aceptado su misión: llevar al mundo entero el mensaje de salvación y establecer el Reino de Dios. Por eso, Jesús se despide de los apóstoles para regresar a la casa del Padre. Allí tiene otra tarea que cumplir. Preparar un lugar para todos los que, creyendo en él y siguiendo sus pasos, resuciten a la vida eterna.
El dolor por la partida se refleja en el rostro de los apóstoles, pero la promesa de su presencia espiritual refleja una nueva luz en sus corazones. Desde el cielo velará por ellos y por sus seguidores y será garantía de que las fuerzas del infierno nunca podrán con su Iglesia. La ascensión de Jesús se convierte en el afianzamiento de nuestra esperanza y en garantía para nuestra fe, pues, si nacimos de Dios, no descansaremos hasta encontrarnos de nuevo, en los brazos y en el corazón de Dios para vivir eternamente a su lado. Jesús asciende a los cielos ante la mirada triste y alegre de los hombres. Mañana seremos nosotros ascendidos ante la misma mirada amorosa de Dios.
La resurrección de Cristo y su ascensión a los cielos son un testimonio vivo de que la muerte no es el final de un camino, sino que la vida del hombre se perpetúa más allá del tiempo y del espacio, que la vida del hombre en la tierra es el comienzo, triste y alegre, de una vida que se eternizará con Cristo o sin Cristo, en una vida feliz o desgraciada, en una vida de paz, felicidad y amor o en una vida de odio, de infelicidad y de enemistad eterna del hombre con Dios y con sus hermanos.
Por eso, vivir aquí nuestra vida con Cristo es comenzar a resucitar con Cristo para vivir eternamente con él en la casa de nuestro Padre Dios, anhelo de Dios Padre en la creación, promesa y garantía de Dios Hijo en la muerte y resurrección, meta feliz del hombre creado y redimido para vivir eternamente el amor.







