Jean Bécu (1592-1667)

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Autor: Noticias de Misioneros .
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El Sr. Jean Bécu nació en Braches, pequeña parroquia de la diócesis de Amiens el 24 de abril de 1592. Ordenado sacerdote en setiembre de 1616, llegó diez años después, en octubre de 1626, a  ponerse a la disposición de san Vicente. Dedicado a las misiones, trabajó en ellas con mucho celo y ardor; desgraciadamente su débil salud le paró con frecuencia. El 31 de mayo de 1631 le vemos en Montreuil predicar a la Cofradía de la Caridad, que era visitada por la Srta. Le Gras Unos años después le encontramos de misiones en San Víctor, en compañía del Sr. Cuissot. San Vicente le escribe la carta siguiente, el 17 de marzo de 1638:

«Señor,
Ya estáis a punto de salir, os esperamos con gran deseo de volveros a ver en buena disposición; os suplico sin embargo que tanteéis del Sr. párroco[126] de Saint-Victor (en el caso que le juzguéis de buenas costumbres y de capacidad suficiente), si tiene intención de hacerse religioso  de la orden de Malta, como lo requieren los estatutos de los que tienen los párrocos, y en el caso de que le encontréis inseguro, le daréis a entender que es la intención del Comendador, y que lo piense y le comunique su  última resolución en un mes. Y si no lo desea, está resuelto a seguir los estatutos de la orden y a entregar el curato a otro, y si lo desea, mi señor el Comendador quiere verle y hacerle comprender su intención sobre alguna preparación que desea que haga, antes de comenzar el noviciado. Le comunicaréis esto suave y prudentemente, y referiréis al Sr: Comendador su intención ; pasaréis a la Champaña, cerca de Houdin, por favor, y os informaréis cómo se encuentran del párroco que el Sr. Comendador les envió hace poco, y en el caso que tengáis de tomar el coche a Dreux, hacedlo. El Sr. Comendador lo sabrá por otro medio, y yo saludo al Sr párroco de Saint-Victor y al Sr. Cuissot, y soy en el amor de Nuestro Señor.

Vuestro muy humilde servidor,
VICENTE DE PAÚL.»

En el mes de junio, el Sr. Bécu trabajaba en Montmirail con el Sr. Cuissot y algún otro misionero, una nueva carta de san Vicente le llega allí:

«Señor,
Bendito sea Dios por todo lo que me decís; yo me informaré por una maestra de escuela, si me decís a cuánto puede ascender lo que ella gane y que no se ve por ahí; es muy peligroso que las jóvenes y los muchachos vayan  a la escuela juntos. La dirección de la Caridad pertenece al Sr. le Prieur; si hay fondos no habrá  peligro  que se mande arreglar la capilla. Me da que sospechar un poco el apego de esta pobre mujer a darle vueltas. Hay que tratar de hacerle cambiar, si no lo quiere, in nomine Domini, lo que le proponíais me parece razonable: He escrito a Mons. de Soissons respecto de los dos Srs. Abéline y Breton; será bueno mandar aplicar alguna restitución o alguna limosna por la liberación de este prisionero. Os ruego que digáis al Sr. Cuissot que su buen hermano ha venido a verme varias veces que se aloja y trabaja con un orfebre, que me he olvidado del nombre, y no sé cómo arreglármelas para mandar entregar la carta que se propone escribirle, y que me parece un buen muchacho. Hemos tenido sesenta ordenandos, más o menos, que se han portado bien, gracias a Dios. Mons. el Arzobispo ha venido a verlos, y ha regresado lleno de satisfacción, gracias a Dios, y ciertamente con razón por la misericordia de Dios. El Sr. Mouton no tiene ya fiebre, todos estaos bien, gracias a Dios; solamente le buen Sr. Fouquet, el padre, que está peor y en peligro: os suplico que roguéis y mandéis rezar a Dios por él como por uno de los más hombres de bien que yo conozca, que soy para el Sr. Abéline, y para al Sr. Le Breton  y para toda la Compañía.
Vuestro muy humilde servidor
VICENTE DE PAÚL.»

Quince días después, una carta nos dice que san Vicente está en Freneville con la fiebre. Así escribe al Sr. Bécu el 17 de junio de 1638.

«Señor,
Recibí ayer por la noche en Freneville la que me habéis escrito  el 3 de este mes. Siento mucho que haléis indispuesto y ruego a Nuestro Señor que os devuelva la salud completa. Haréis bien en entregar  veinte sueldos al pertiguero y medio escudo al jardinero; no podéis hacer más de lo que habéis hecho que es despedir a los dos adúlteros encubiertos, a no ser que uno o el otro se arrepientan, en cuyo caso habrá que hacer lo que se pueda para separarlos, la mujer estará quizás más dispuesta a ello. El asunto de la maestra de escuela es una obra del R. P. de Gondi, hallándose en el lugar, como el reembolso de los dineros de la Caridad. No dudo que la Misión vaya despacio con el lío  que tienen las mentes en estos tiempos que corren, la discusión del Sr. le Prieur puede muy bien contribuir. No hay que tomar partido en eso; tan sólo las personas neutrales pueden reunir a las gentes. La exposición del Santísimo Sacramento no es costumbre  en todos los sitios en las Octavas. Hay que hacer en Roma como en Roma y favorecer las costumbres locales si no sin viciosas. El notario que ha escrito como se lo han dicho los partidos, ha cumplido con su deber advirtiéndoles antes de escribir, y aunque sepa lo contrario, ha debido sin embargo creer los contrayentes; está en ello como juez que debe añadir más fe a lo que las partes prueban que al contrario, eso en cuanto al primer caso; en el segundo, dudo que quien ha comprado el prado en caso del rescate en tres años, sea de buena fe, pues no se ha vendido en su justo precio. Existe lesión de unas sesenta libras, ese hombre hará bien en liberar al vendedor del rigor de la cláusula que no podrá ser recibido en el rescate pasados tres años, o bien que le dé sesenta libras aparte de las cien por la venta pura y simple; de este modo comprará el prado por veinte al contado que es el justo precio de la propiedad en… y luego esta clase de contratos que llevan el rigor de la cláusula, es contra las buenas costumbres, cuando no se da el justo precio.
Y esto es, Señor, cuanto os puedo decir de Freneville, donde me hallo con mi fiebrecilla, por orden de Alexandre. Cantidad de gente pide aquí noticias vuestras. El hermano Hubert lo hace incomparablemente bien; la Srta. de la Grange está peligrosamente enferma; escupe sangre; será una gran pérdida para este parroquia. La encomiendo a vuestras oraciones, y saludo muy humildemente al bueno del Sr. Abeline, al Sr. Lebreton y demás de la Compañía, y soy en el amor de nuestro Señor.
Vuestro muy humilde servidor.
VICENTE DE PAÚL.»

De Freneville. La Octava del Santísimo Sacramento, 17 de junio de 1638.

A últimos del mes de junio, el Sr. Bécu encontrando alguna dificultad en Marchaiz, fue invitado por san Vicente a ir a predicar a Montmirail.

San Vicente insistía en dos puntos que tenía la costumbre de mirar en las misiones como importantes: la reunión de las Damas de la Caridad y los acuerdos. Entre los grandes frutos de las misiones, el que producían los acuerdos era incalculable.

«Señor,

Ya que tenéis tantas dificultades en el campo, os suplico, Señor, ir a dar la misión a Montmirail, en ella será preciso que hagáis la predicación de la mañana. El Sr. Abeline, que está en Monseigneur en Bayona, dará el gran catecismo, y el Sr. Lebreton, que está todavía con él, dará el pequeño, puede ser; nunca ha estado en la misión, es sabio, muy piadoso y tiene buen espíritu a pesar de todo; que es lo que hace pensar que lo hará bien, ya le hablaré yo; si él no lo hace[130], será el Sr. Boucher o el Sr. Cuissot. Consultad con el Sr. Lucas.
Ellos podrán partir mañana para estar el sábado en Montmirail; será conveniente que vayáis a mirar lo del alojamiento, les escribo unas palabras al Sr. Octubre, el conserje, podéis serviros de él, si es el caso, del Sr. Lucas para la predicación de la mañana; si el Sr. d’Horgny envía a alguien para la Octava del Santísimo Sacramento, vos descansaréis. Habrá que cuidar de los acuerdos que deberán  hacerse, y reunir a las Damas de la Caridad. os enviaré a un hermano para servir en Montmirail, a Gallemon o a otro. Abeline es muy capaz, muy prudente y juicioso, y el Sr. Lebreton muy fervoroso. Suplico a la Compañía, por las entrañas de Jesucristo, que les den buen ejemplo y les muestren mucha caridad y deferencia; uno de ellos va a ser gran vicario de Bayona; en el nombre de Dios, Señor, que salgan  edificados de la Compañía.
Soy en el amor de nuestro Señor, vuestro muy humilde servidor,
VICENTE DE PAÚL.
P. S. Os ruego que seáis cuidadoso, que devolváis los potes de las cartas al Sr. Octobre y que acudáis el sábado temprano a Montmirail para preparar el alojamiento y recibir en él al Sr. Abeline y al Sr. Lebreton.»

El Sr. Bécu continuó sus carreras apostólicas por la Picardía, y algunos años después le vemos superior de la casa de Toul. Asistió en esta calidad a la primera asamblea general que se celebró, bajo la presidencia de san Vicente de Paúl, del 13 al 23 de octubre de 1642.

Acabada la asamblea, el Sr. Bécu regresó a Toul, donde permaneció hasta 1646. Volvió a París por esta época, y una carta de san Vicente del 1 de diciembre de 1646 da a conocer que el Sr. Bécu «sufría mucho de la gota».

De vuelta a París donde continuó viviendo, le vemos asistir a la asamblea de 1651. Hemos contado en la Noticia del Sr. Portail la historia de esta asamblea y su resultados para la organización completa de la Congregación. El Sr. Bécu asistía ella como uno de los misioneros más antiguos.

No tardó en ser nombrado vice visitador de la provincia de Francia. En dos ocasiones diferentes, el 6 de abril de 1656 y el 24 de marzo de 1657, san Vicente da noticias del Sr. Bécu que se encontraba en París y sufriendo mucho. Debía no obstante sobrevivir a san Vicente que murió el 27 de setiembre de 1660.

Como residía en San Lázaro, el Sr. Bécu asistió a esta triste ceremonia con toda la Comunidad que lloraba a su padre. Allí, según lo que se había reglamentado en 1651 se debían leer las últimas voluntades del Superior general difunto que nombraba a un vicario general esperando que la asamblea convocada con este fin, nombrara al nuevo Superior general.

En efecto, ante todos los sacerdotes que habían hecho los votos, se abrió la cajita que contenía el nombre del elegido. Éste es el proceso verbal extraído de las actas de las asambleas de la Congregación:

El abajo firmante, Vicente de Paúl, muy indigno sacerdote y Superior general de la Congregación de la Misión, declara que obligándole una de las constituciones de nuestra Congregación a nombrar antes de mi muerte a un vicario general para, después de mi muerte, dirigir dicha Congregación, hasta la elección hecha de quien me sucederá, yo he nombrado y nombro a la persona del Sr. Alméras, sacerdote de nuestra Congregación, quien me ha parecido ante Dios tener las cualidades requeridas para ello, después de pensármelo durante mis ejercicios espirituales que comencé el dos de octubre del presente año, mil seiscientos cincuenta y nueve, en los que estoy aún y espero acabar el día diez del mismo, Dio mediante, y después de ponerme al terminar la santa misa que he celebrado  con este fin , como varias veces anteriormente, en estado de escoger a aquel de los sacerdotes de nuestra congregación que yo querría haber nombrado, en el momento que vaya a recibir el juicio que Dios haga de mi pobre alma en la hora de mi muerte, y que espera que dicho señor Alméras desempeñe bien este cargo de vicario general con la ayuda de nuestro Señor, que yo le pido. En fe de lo cual yo he escrito y firmado la presente de mi propia mano, y puesto nuestro sello y la he colocado en un cofre con doble cerradura diferente, des que doy una llave al Sr. Portail, mi primer asistente, y he guardado la otra que se pondrá inmediatamente después de mi muerte en manos del sacerdote más antiguo de la casa donde muera, y dicho cofre abierto lo antes posible después de mi muerte; en la presencia de mis asistentes y de la mayor parte de los sacerdotes que se encuentren en la casa donde muera, todo conforme a dicha Constitución  que yo exhorto al Sr. Alméras a observar exactamente.
Dado en San Lázaro-les-Paris, el siete de octubre de mis seiscientos cincuenta y nueve.
VICENTE DE PAÚL,
Indigno sacerdote, Superior general de la Congregación de la Misión.»

El 17 de noviembre siguiente, tuvo lugar la asamblea doméstica en San Lázaro, en la que se debía nombrar un diputado a la asamblea provincial.

El Sr. Gicquel fue nombrado diputado. El 24 de noviembre, el Sr. Bécu presidió en San Lázaro la asamblea provincial que él había convocado. Éstos son los nombres de los que la componían:

El Sr. Bécu, visitador de la provincia de Francia; el Sr. Wateblet, superior de los Bons-Enfants; el Sr. Gicquel, de la casa de París; el Sr. Jacques Chiroye, superior de Crécy; el Sr. Rivel, superior de Saintes; M el Sr, Nicolás Talec, superior de Saint-Charles; el Sr. Jacques Éveillard y el Sr Hautteville, superior de Montmirail.

Los dos diputados de la provincia de Francia fueron el Sr. Jean Wateblet, superior de los Bons-Enfants y el Sr. Jean Gicquel.

La asamblea general se tuvo el 15 de enero de 1661, y se terminó el 20. Se había nombrado al Sr. Alméras Superior general.

El Sr. Bécu asistió a esta asamblea y su nombre figura en las actas, pero no lo volvemos a ver en la asamblea de 1668. Debió de morir en ese intervalo.

Tomado de Noticias de los Misioneros
Tradución del P. Máximo Agustín

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