Isabel Seton, escrito 1-008: A Eliza Sadler

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Isabel Ana Bayley SetonLeave a Comment

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Autor: Isabel Seton · Traductor: Javier F. Chento. .
Tiempo de lectura estimado:

Nueva York, 8 de febrero de 1796

Por fin llegó tu carta, a través de Morison y, como ya tiene casi cinco meses1, espero recibir pronto una compañera suya. Así que, señora Sad, depravada criatura, il facto2 es que vas a Balls los domingos por la noche; pero, ¿qué Balls o qué diversión puede igualar la tranquila quietud que ofrece el domingo, especialmente durante la tarde, cuando el esposo agita su zapatilla, al lado de una chimenea de carbón, con un volumen de Blair3 abierto sobre la mesa? Pero, avast4, supongo que tan solo soy una salvaje americana, y no debería mencionar estas aburridas nimiedades a una señora que se halla en la más grande metrópoli del mundo, y que puede ir a ver perugues5 rubias durante la tarde del domingo, y, me imagino, bailotear entre los más alegres. Después de todo, querida Sad, los efectos de sus modales pueden ser tan útiles como los nuestros; y, como pienso que el primer objetivo de la religión es la alegría y la armonía, aquellos que las tienen están, ciertamente, en lo correcto.

De acuerdo a mis cálculos, con Post6 contando los meses con nuestros dedos, estás en la víspera de tu partida de Francia. Qué bueno que sea así, pues parece como si hubiesen pasado siete años desde que llegaste allá, aunque yo habría preferido que hubieras estado en prácticamente cualquier otro sitio. Paz y patatas7 para mí: no me interesan habitaciones grandes como una iglesia, ni construcciones enormes, ni sirvientes laboriosos, ni pelucas; y sobre los bulevares, me atrevería a decir que son muy inferiores al aire puro, la buena perspectiva y el deslizante cemento de nuestro Battery8. Admito que las relaciones sociales podrían mejorarse, pero no importa, lo haremos los unos con los otros. Ciertamente, querida Sad, casi te envidio por haber conocido un país tan interesante. Tu descripción de la gente despierta en mi pecho lo que antes era una pasión preponderante: la curiosidad de conocer mundo, y a los europeos en particular; pero hace ya tiempo que dejé de lado todo eso; ahora, media docena [de personas] conforman mi mundo.

En este momento, William interpreta «Rosy dimpled Boy», «Pauvre Madelon return», «Enraptured hours» y «Caermignol», lo más rápido que puede, con el violín, y una tras otra9, así que puedes imaginar que mis pensamientos no tienen, precisamente, un alto grado de consistencia; mas, como están dirigidos a ti, no importa cómo se formen, siempre te dirán que te quiero.

Con respecto a un cierto par de ojos10, son ahora mucho más negros que de cualquier otro color, y, junto a una nariz y una boca pequeñas, unas mejillas y barbilla con hoyuelos, una cara sonrosada, y una actividad y expresiones incesantes, constituyen un objeto bastante interesante para mi pluma. Su abuelo B te dirá que él ve, en esa carita, más expresión, sentido, inteligencia y curiosidad que en cualquier otra del mundo, y que puede conversar más con ella que con cualquier otra mujer de Nueva York. En definitiva, ella es hija de su madre, y puedes estar segura que es también el orgullo y el tesoro de su padre. Mientras algunos pequeños seres han nacido en un seno familiar protector, otros son tratados, por sus progenitores, con menos atención que la que reciben de sus asalariados. Pero está bien, y, a menudo, los que anhelan el seno acogedor de un padre para reposar su cabeza, consiguen entrar en el mundo con alegría, mientras que el niño de la esperanza tendrá sus perspectivas oscurecidas por decepciones inesperadas. Y así vamos, hay una Providencia que nunca dormita ni duerme. Mas, como mi marido comienza a desvariar, el reloj marca las diez y mis dedos están fríos, debo despedirme, ahora que mi amigo William me ha dicho «hasta mañana», o el barco se irá sin esta [carta], con la certeza de que, ni el tiempo ni la ausencia, puede cambiar mi afecto invariable hacia ti.

William dice que espera impacientemente la carta que le prometiste, por la que conseguirás una gran nota. La caja que contiene mi música aún está cerrada, estoy segura que la aprenderé sin dificultades, ya que la simplicidad es de tu gusto.

Mis mejores deseos a mi amigo H11.

Siempre tuya,

E A Seton.

 

  1. Eliza Craig Sadler, que viajaba con frecuencia a Europa, estaba en París en aquel momento.
  2. «el hecho». En italiano, en el original.
  3. Un libro de sermones de Hugh Blair, ministro de la Iglesia presbiterana escocesa, y profesor de Retórica y Literatura en la universidad de Edimburgo. En su primera edición, sus noventa y nueve sermones ocupaban cinco volúmenes.
  4. «espera». Es un término náutico de origen holandés que significa parar, cesar o desistir.
  5. Pelucas usadas por los hombres, en la época.
  6. El doctor Wright Post, su cuñado.
  7. Se entiende que las patatas, comida sencilla, son metáfora de la vida tranquila que desea Isabel para sí.
  8. Un área de Nueva York, en la punta sur de Manhatta, a la orilla del agua. A partir de 1789, la ciudad de Nueva York comenzó un programa para la renovación de esta zona, que era el sitio original de la fortificación colonial. Hacia 1793 un amplio paseo corría a lo largo de la orilla, a la sombra de los olmos. Se convirtió en un popular paseo marítimo de «gente gentil», así como una elegante zona residencial.
  9. William Magee Seton, esposo de Isabel, trajo a América el primer violín Stradivarius que se conoce. A William Magee le gustaba tocar el violín mientras Isabel le acompañaba al piano. Durante los años de su matrimonio, la música trajo muchos momentos de regocijo a la familia.
  10. Anna María Seton (1795-1812) nació el 3 de mayo. Fue la primogénita de Isabel Bayley y William Magee Seton, y les acompañó en su viaje a Italia en 1803. Volvió a Emmitsburgo en junio de 1809, con su madre, y expresó su deseo de morir como Hermana de la Caridad de San José. Hizo sus votos poco antes de su fallecimiento, el 12 de marzo de 1812. Está enterrada en el cementerio original de Emmitsburgo.
  11. Henry Sadler, esposo de Eliza Craig Sadler, fue un rico mercante inglés que se asentó en Nueva York. La firma Sadler & Bailie, ubicada en el número 215 de Water Street, distribuía «ropa, vino, añil y tabaco».

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