Introducción a la vida devota. Quinta parte, capítulo 15

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Francisco de SalesLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Francisco de Sales · Año publicación original: 1604.
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San Francisco de Sales

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CAPÍTULO XV

AFECTOS GENERALES SOBRE LAS ANTERIORES RESOLUCIONES, Y CONCLUSIÓN DEL EJERCICIO

¡Oh amadas resoluciones!, vosotras sois el hermoso árbol de la vida que mi Dios ha plantado, con su mano, en medio de mi corazón, y que mi corazón quiere regar con su sangre, para que fructifique; antes mil muertes, que permitir que viento alguno lo arranque. No, ni la vanidad, ni las delicias, ni las riquezas, ni las tribulaciones me arrancarán jamás mi propósito.

¡Ah Señor! Tú has plantado y eternamente has guardado este hermoso árbol dentro de tu paternal corazón para mi jardín. ¡Ah! ¡Cuántas almas no han sido favorecidas de esta manera! ¿Cómo podré yo humillarme jamás lo bastante a vista de tal misericordia?

¡Oh bellas, oh santas resoluciones! Si yo os conservo, vosotras me conservaréis; si vivís en mi alma, mi alma vivirá en vosotras. Vivid, pues, por siempre jamás, ¡oh resoluciones!, que sois eternas en la misericordia de mi Dios; permaneced y vivid eternamente en mí: que nunca os abandone.

Después de estos afectos, es menester que concretes los medios necesarios para mantener estas preciosas resoluciones, y que asegures que quieres servirte de ellas fielmente: la frecuencia de la oración, de los sacramentos, de las buenas obras, la enmienda de tus faltas descubiertas en el segundo punto, el apartarte de las ocasiones, la práctica de los avisos que te den en este sentido.

Hecho esto, como quien toma aliento y fuerzas, declara mil veces que continuarás en tus propósitos, y, como si tuvieses el corazón, el alma y la voluntad en tus manos, dedícalos, conságralos, sacrifícalos e inmólalos a Dios, prometiendo que jamás volverás a tomarlos, sino que los dejarás en las manos de su divina Majestad, para seguir en todo y por todo sus mandamientos. Ruega a Dios que te renueve toda entera; que renueve y robustezca tus propósitos; invoca a la Virgen y a tu ángel, a San Luis y a los demás santos.

Con esta emoción del corazón, ve a los pies de tu padre espiritual; acúsate de las principales faltas que recuerdes haber cometido desde tu última confesión general, y recibe la absolución, de la misma manera que la primera vez; haz la promesa, en su presencia, y fírmala, y, finalmente, ve a unir tu corazón renovado con su Principio y Salvador, en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

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