Historia general de la C.M., hasta el año 1720 (78. Malos tiempos de peste, etc)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Claude Joseph Lacour, C.M. · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1731.

Fue escrita por el Sr. Claude Joseph Lacour quien murió siendo Superior de la casa de la Congregación de la Misión de Sens el 29 de junio de 1731 en el priorato de San Georges de Marolles, donde fue enterrado. El manuscrito de l’Histoire générale de la Congrégation de la Mission de Claude-Joseph LACOUR cm, (Notice, Annales CM. t. 62, p. 137), se conserva en los Archivos de la Congregación de París. Ha sido publicado por el Señor Alfred MILON en los Annales de la CM., tomos 62 a 67. El texto ha sido recuperado y numerado por John RYBOLT cm. y un equipo, 1999- 2001. Algunos pasajes delicados habían sido omitidos en la edición de los Anales. Se han vuelto a introducir en conformidad con el original.


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San Vicente de Paúl
San Vicente de Paúl

LXXVIII. Malos tiempos de peste etc

Así fue el final de la asamblea sexenal y las casas continuaron trabajando cada una en sus oficios. Todas las provincias de Francia, decía el sr. Bonnet, están útil y santamente ocupadas en todas partes, y cada familia se esfuerza por cumplir con los deberes de su fundación. La paz reina en todo lugar, a pesar de los tiempos malos y críticos que Dios nos ha reservado. Nos ponen a veces un velo contra la verdad sin razón en Noticias públicas, pero como se trata de gente desconocida y descarada las que lanzan estas calumnias, procuramos soportarlos cristiana y sabiamente, es decir sin quejarnos ni despreciarlos como lo son en efecto por todo el mundo de buen sentido. Se refiere claramente a lo que se leía en el suplemento de las gacetas de Holanda, publicadas cada mes en este tiempo. Se veían con frecuencia ciertos anunciados incluso a cuenta del general, uno de los principales y el del superior de Marsella, a quien inocentemente y sin pensar en nada se había dirigido desde París un encargo de pagar a cuenta de una persona que estaba en Polonia, una cierta suma a un tal su hermano, que residía en casa de Mons. obispo de Senez uno de los cuatro primeros prelados apelantes, inmediatamente se publicó en esas noticias, que este superior era el cajero general para guardar las entregas notables a los apelantes, en toda la Provenza para sostener al partido. La sola verdad, escribe el sr. Bonnet, el 26 de diciembre de 1719, debe hacer impresión y la mentira queda siempre confundida.

Al año siguiente, se sintió otro azote de Dios, todos saben que el contagio se declaró con violencia en Marsella, en el mes de julio, traído, se dice, del Levante por un navío que regresaba de Sión, cargado de algodón, y que se quiso desembarcar a toda prisa sin hacer una exacta cuarentena, para aprovecharse de la feria de Beaucaire, que debía celebrarse inmediatamente. Hizo estragos increíbles en esta gran ciudad: varios centenares morían por día; no se bastaba para enterrar los cadáveres. De allí, se extendió a las otras ciudades y burgos de la Provenza y hasta por el Gévaudan, donde persiste todavía, sin saber si Dios perdonará a los vecinos, los cuales se hallan en continua alarma, con una gran parte de Europa. En Marsella, nos encargamos del hospital de los forzados; así se vieron desde un principio expuestos al furor del contagio: cuatro sacerdotes perecieron allí, entre otros los dos que servían en el hospital para los Bretones y los Alemanes; un quinto, más joven, fue atacado, pero se curó; tres hermanos murieron igualmente sirviendo a estos señores. El sr. Bonnet se lo comunicó a la CM para procurarles los sufragios acostumbrados, pero anunciando su muerte como gloriosa y más digna de envidia que de compasión, habiendo trabajado con celo en el alivio de los apestados hasta el día de su enfermedad o mejor de su destrucción, y muriendo en una santa confianza. Este mal terrible, sembrando el espanto por todas partes, obligó a hacer guardias exactas no dejando otro comercio libre que el de las cartas, y aun así se las abría en muchos lugares para perfumarlas.

El sr. Bonnet, en su carta del 1º de enero de 1721, hablaba de estos afortunados difuntos: Hemos perdido, decía, un número de buenos operarios este año, pero por la gracia de Dios su santa vida se ha visto coronada por una muerte preciosa a los ojos del Señor, sobre todo por la de los siete de Marsella, que se ha visto unida al mayor acto de caridad cristiana. La muerte que afligió más sensiblemente al general fue la del sr. Maurice Faure, hasta entonces vicario general de la Co, luego primer asistente del sr. Pierron, y también 1er asistente y admonitor del sr. Bonnet. Falleció de una parálisis y letargia, el 1º de agosto de 1720, en San Carlos, donde era director en jefe del seminario de renovación. Este querido difunto, decía el general al escribir a las casas, ha vivido 42 años en la CM, con mucha paz, mansedumbre, humildad, regularidad y edificación. Mons. Jean d’Aranthon d’Alex, su obispo, no le vio sino con dolor dejar su parroquia para hacerse misionero, teniendo para con él mucha estima y un afecto todo paternal. En los diferentes empleos que ha tenido en la Co, ha sido siempre el mismo, perfectamente separado del mundo, lleno del espíritu de la Misión, bien unido a Dios por la oración, el ejercicio de la santa presencia y una vida sólidamente virtuosa; humilde y mortificado en todo; muy estimado, querido y honrado de todos sus cohermanos, porque él mismo los quería y honraba a todos perfectamente. Yo en particular, yo pierdo en este querido difunto muchos buenos consejos, buenos ejemplos y verdaderos oficios de caridad cristiana, tanto en su oficio de admonitor como en el de asistente, y creo hacerle justicia asegurándoles que no le he visto nunca obrar de una manera humana, por capricho, ni por humor, ni con uno ni con el otro. Mi tribulación es profunda; no sé cómo les puedo contar tantas cosas de él, mi corazón está muy afligido, sin poder aliviarse con lágrimas. Estas expresiones tan vivas muestran qué afectado se sentía el sr. Bonnet con esta muerte. Retiró del superiorato de Beauvais al sr. Bigots para venir a ocupar el puesto vacante de asistente en San Lázaro.

 

Fin de la obra.

 

El manuscrito de l’Histoire générale de la Congrégation de la Mission de Claude-Joseph LACOUR cm, (Notice, Annales CM. t. 62, p. 137), se conserva en los Archivos de la Congregación de París. Ha sido publicado por el Señor Alfred MILON en los Annales de la CM., tomos 62 a 67.

El texto ha sido recuperado y numerado por John RYBOLT cm. y un equipo, 1999- 2001.  Algunos pasajes delicados habían sido omitidos en la edición de los Anales. Se han vuelto a introducir en conformidad con el original.

Cl. Lautissier cm

Fin del libro del P. Lacour,  y de su traducción, por Máximo Agustín, C.M. el 10 de noviembre de 2005.

En Barakaldo-Bizkaia.

 

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