Historia de los PAÚLES en Cuba (CAPÍTULO XII A)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la MisiónLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Justo Moro y Salvador Larrua · Año publicación original: 2013 · Fuente: Mecanografiado.
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1. El éxodo de los Misioneros. Comienzan los años difíciles.

Después del éxodo obligatorio de agosto-septiembre de 1961, los Padres de la Congregación de la Misión quedaron aturdidos y confusos, como toda la Iglesia Católica en Cuba. No era para menos. El trabajo realizado con gran dedicación durante muchos años, o al menos la mayor parte visible de él, se perdió en muy pocos meses, como si hubiera sido solamente un sueño. Lo que muchos misioneros Paúles habían logrado en Cuba durante decenas de años de trabajo esforzado, las obras que habían soñado primero para realizarlas después a base de constancia, sacrificios y abnegación, de pronto desaparecieron o quedaron al borde de la extinción. De los 60 misioneros con que contaba la Provincia de Cuba en el año 1961, drásticamente se vio reducido el personal hasta quedar solamente 11 misioneros. El resumen de las casas y de los misioneros puede verse al final, en el anexo n. 6.

Ahora todo era difícil. La nueva vida era muy pobre en recursos y muy rica en complicaciones y dificultades: pocos abastecimientos y muy limitados los medios para adquirirlos. Los problemas de transporte, el miedo y las reservas de muchas personas a ir a la Iglesia o frecuentar los sacramentos, la desconfianza de numerosos funcionarios estatales, y la inseguridad de la vida de los propios sacerdotes, hacía muy difícil el trabajo de la iglesia.

La mayoría de la gente sencillamente dejó de ir a la Iglesia, y numerosos fieles se marcharon del país. Las obras a las que los Padres Paúles entregaron tanto empeño y tanto amor durante muchos años, comenzaron a extinguirse y se apagaron con más o menos rapidez.

En sus testimonios, el P. Raúl Núñez nos da cuenta y explica como fue desapareciendo la gran obra de la Pastoral Penitenciaria (la Obra de San Vicente de Paúl al Servicio del Preso) que se mantuvo durante los primeros meses e incluso los primeros años posteriores al triunfo de la revolución:

Los Paúles que trabajaban en la Pastoral Penitenciaria asistían entre otros a los condenados a muerte, que fueron muchos al principio de la revolución, sobre todo los ajusticiados por crímenes de guerra.

Sor Mercedes Álvarez, que tenía buenas relaciones con los rebeldes desde que Fidel Castro estaba encarcelado en la prisión de Isla de Pinos, y gracias también a que tenía muy buenas relaciones con Jesús Montané, alto dirigente de la revolución — porque lo había ayudado mucho pudo hacer mucho bien en aquella época, hablo de los años 1959 y 1960.

Por esos años, Montané le mandaba ramos de flores a Sor Mercedes, le facilitaba gasolina para sus viajes. Pero en 1961, la Pastoral Penitenciaria comenzó a extinguirse.

Igual que la Obra de San Vicente de Paúl al Servicio del Preso, que comenzó a funcionar a comienzos de la década de 1940, numerosas obras gestadas e iniciadas con el estímulo de la Congregación de la Misión comenzaron a desaparecer, lo mismo que asociaciones de gran importancia que habían brindado servicios al pueblo de Cuba durante muchísimos años:

Se perdieron numerosas obras como la Asociación de Católicas Cubanas, las Damas de la Caridad, las Conferencias de San Vicente de Paúl, que estaban reconocidas por el gobierno y poseían su propia cuenta bancaria… frente a la misma Iglesia de la Merced teníamos un Asilo, el Asilo de Santa Luisa de Marillac, que funcionaba en la década de los 50. Después la planta baja se alquiló y luego, con la Ley de Reforma Urbana, se perdió todo el edificio.

En la Merced, con el paso inexorable del tiempo, los Padres Paúles iban quedando cada año más confinados entre los muros del templo y limitados a los claustros de Convento de la Merced. Las publicaciones periódicas que editaban comenzaron a extinguirse y por otra parte, también dejaron de existir las organizaciones propias de la Merced como la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús y la Milicia Josefina.

En las Iglesias que estaban a cargo de los Paúles en todo el país, pasaba exactamente lo mismo. Junto con numerosas obras de la Iglesia, también desaparecían las federaciones, archicofradías, asociaciones y congregaciones. Eran la incertidumbre y la oscuridad adueñándose de la vida.

Todas las Congregaciones se vieron igualmente afectadas. Casi todas las órdenes y congregaciones dedicadas a la enseñanza abandonaron sus territorios de misión, dejando alguno que otro representante aislado. Las órdenes religiosas tradicionales (Dominicos, Agustinos, Franciscanos, Jesuitas, Pasionistas) vieron sus filas extraordinariamente mermadas, porque muchos de sus miembros eran españoles y abandonaron la Isla temiendo que ocurrieran sucesos similares a los que tuvieron lugar en España durante la Guerra Civil…

Sor Mercedes Álvarez, que tenía buenas relaciones con los rebeldes desde que Fidel Castro estaba encarcelado en la prisión de Isla de Pinos, y gracias también a que tenía muy buenas relaciones con Jesús Montané, alto dirigente de la revolución — porque lo había ayudado mucho pudo hacer mucho bien en aquella época, hablo de los años 1959 y 1960.

Por esos años, Montané le mandaba ramos de flores a Sor Mercedes, le facilitaba gasolina para sus viajes. Pero en 1961, la Pastoral Penitenciaria comenzó a extinguirse.

Igual que la Obra de San Vicente de Paúl al Servicio del Preso, que comenzó a funcionar a comienzos de la década de 1940, numerosas obras gestadas e iniciadas con el estímulo de la Congregación de la Misión comenzaron a desaparecer, lo mismo que asociaciones de gran importancia que habían brindado servicios al pueblo de Cuba durante muchísimos años:

Se perdieron numerosas obras como la Asociación de Católicas Cubanas, las Damas de la Caridad, las Conferencias de San Vicente de Paúl, que estaban reconocidas por el gobierno y poseían su propia cuenta bancaria… frente a la misma Iglesia de la Merced teníamos un Asilo, el Asilo de Santa Luisa de Marillac, que funcionaba en la década de los 50. Después la planta baja se alquiló y luego, con la Ley de Reforma Urbana, se perdió todo el edificio.

En la Merced, con el paso inexorable del tiempo, los Padres Paúles iban quedando cada año más confinados entre los muros del templo y limitados a los claustros de Convento de la Merced. Las publicaciones periódicas que editaban comenzaron a extinguirse y por otra parte, también dejaron de existir las organizaciones propias de la Merced como la Guardia de Honor del Sagrado Corazón de Jesús y la Milicia Josefina.

En las Iglesias que estaban a cargo de los Paúles en todo el país, pasaba exactamente lo mismo. Junto con numerosas obras de la Iglesia, también desaparecían las federaciones, archicofradías, asociaciones y congregaciones. Eran la incertidumbre y la oscuridad adueñándose de la vida.

Todas las Congregaciones se vieron igualmente afectadas. Casi todas las órdenes y congregaciones dedicadas a la enseñanza abandonaron sus territorios de misión, dejando alguno que otro representante aislado. Las órdenes religiosas tradicionales (Dominicos, Agustinos, Franciscanos, Jesuitas, Pasionistas) vieron sus filas extraordinariamente mermadas, porque muchos de sus miembros eran españoles y abandonaron la Isla temiendo que ocurrieran sucesos similares a los que tuvieron lugar en España durante la Guerra Civil…

Los dos Seminarios Diocesanos, «El Buen Pastor» en La Habana y «San Basilio Magno y San Juan Nepomuceno» en Santiago de Cuba, siguieron funcionando a disposición de todas las diócesis, hasta el momento en que «El Buen Pastor» fue intervenido y sus locales ocupados por una unidad militar.

En cuanto a los centros de formación sostenidos por las distintas congregaciones, desaparecieron al ser nacionalizados o se extinguieron por sí mismo. Los noviciados religiosos prácticamente desaparecieron por su ocupación estatal, en algunos casos, y en otros por carencia de personal y vocaciones. Las órdenes masculinas comenzaron a enviar a sus escasos nuevos novicios a los seminarios diocesanos, adicionándoles al término de sus estudios un tiempo de formación en la regla de la orden correspondiente y su disciplina en los conventos de la orden.

El Cardenal-Arzobispo de La Habana, Mons. Manuel Arteaga y Betancourt, Primado de la Isla de Cuba, falleció el 20 de Mayo de 1963 después de una larga y penosa enfermedad y fue sepultado el día 31 de marzo. Ese mismo día fueron puestos en libertad y entregados a la Nunciatura Apostólica cuatro sacerdotes que se encontraban encarcelados en la prisión de las galeras de Isla de Pinos por actividades contrarrevolucionarias: los PP. Reynerio Lebroc, cubano, y los españoles Francisco López, Ramón Fidalgo y Luis Rojo. Los cuatro permanecieron en la sede de la Nunciatura durante algunos días hasta que se realizaron los arreglos pertinentes para su salida definitiva del país… pero hubo muchas personas, también encarceladas por problemas de conciencia, que no tuvieron tanta suerte. Monseñor Evelio Díaz le sucedió en el cargo.

En esta misma época regresaron a Cuba varios jóvenes sacerdotes que se habían ordenado recientemente en Roma, ya que habían sido enviados por sus respectivos Obispos para que terminaran sus estudios en el extranjero. El gobierno también autorizó el regreso de algunos sacerdotes que formaron parte del grupo de 132 expulsados en agosto-septiembre de 1961. Entre ellos se encontraba el P. Francisco Oves Fernández, tiempo después nombrado Obispo de La Habana, y otros religiosos extranjeros de gran prestigio y simpatía que habían trabajado en Cuba muchos años.

 

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