Historia de los Paúles en Cuba (Capítulo II B)

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Autor: Justo Moro - Salvador Larrúa · Año publicación original: 2012 · Fuente: Mecanografiado.
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Capítulo II (B): Primeros pasos de la Congregación de la Misión en Cuba

 4. Últimos pasos para la instalación canónica de los PP. Paúles en el Convento e Iglesia de la Merced.

Pocos días después de que el P. Viladás enviara a Mons. Fleix y Solans el oficio antes mencionado, el 31 de marzo de 1863 desembarcaba en La Habana el P. Juan Masnau, Visitador de la Congregación de la Misión, con el propósito de realizar la fundación oficial de los Paúles en Cuba, utilizando para ello todo su prestigio con el fin de lograr un acuerdo entre el Obispo y el Capitán General para que definieran cuál iba a ser la casa que iban a destinar a los padres, porque se pensaba en varias posibilidades desde hacía tiempo: ésas eran o bien el Convento e Iglesia de la Merced o bien cualquiera de los conventos de Santo Domingo, San Agustín, San Francisco o San Felipe Neri. Tratando de precisar la elección del convento que estaban esperando los Paúles desde hacía muchos meses, el P. Masnau envió al Obispo el mismo día de su llegada el siguiente oficio:

…cesaron las dificultades y estoy en La Habana a la cabeza de 5 Sacerdotes que pongo a sus órdenes para realizar la fundación. Deseo el reintegro de los gastos invertidos en los viajes; se les asigne una localidad conveniente, en la que además de la habitación, tenga contigua una Iglesia pública, un Oratorio interior para los Oficios Privados de la Comunidad, cuatro salas amplias destinadas a las oficinas de la misma, y un departamento independiente destinado a dar los Ejercicios a los Señores Ordenados, si se tuviera a bien ocuparlos en este empleo, que es uno de los más principales de la Vocación. Se acompaña la cuenta de los gastos de los 5 Sacerdotes, que importan $1,250, en esta forma:

  • $ 125 de Madrid a Cádiz
  • 1000 de Cádiz a La Habana
  • 125 gastos: $25 cada uno
  • $ 1250 total.

Cuando Monseñor Fleix recibió la carta del P. Masnau, acudió de inmediato al Capitán General para que resolviera de una vez el asunto que él, desde el Obispado, no estaba facultado para solucionar. Desde hacía mucho tiempo se libraba una lucha de intereses por el destino de los grandes edificios expropiados a las órdenes religiosas, un forcejeo entre los deseos de los congregados para los que los antiguos conventos eran parte de su propia vida, y las ambiciones de los funcionarios reales. Pero con el oficio del P. Masnau en su poder, el Obispo de La Habana tenía a su favor todos los elementos para llevar a cabo la instauración canónica de la Congregación de la Misión en Cuba y satisfacer finalmente lo que tanto él como el Arzobispo Claret deseaban y gestionaban desde hacía ya tantos años. Por tanto, decidió enviar al gobernador y Capitán General una larga comunicación en la que presentaba diversas variantes de ubicación para los Padres Paúles, los gastos en que habría que incurrir en cada caso, y los pros y contras de cada una de las posibilidades. A continuación los fragmentos del oficio que el Obispo Fleix firmó el 16 de febrero de 1863, dirigido al Capitán General:

El Visitador General de la Misión me informa que ya se encuentra en La Habana y espera se le señale local para constituirse cuanto antes en él, y que sus subordinados puedan dedicarse a los trabajos apostólicos y literarios que se les encomienden, firmándose al efecto el oportuno contrato, como ya se ha hecho con las otras corporaciones religiosas ya establecidas, y el pago del viaje a los Presbíteros que se encuentran en esta ciudad, y a los que vinieren en lo sucesivo. Hace ya dos meses que llegó a La Habana la Congregación. Los gastos deben pagarse de los Fondos de Regulares, como se han cubierto los del personal y material de las demás corporaciones establecidas en los suprimidos conventos. El saldo de la cuenta de Regulares a fines del año 1862 era de $25, 666 y en 1863 era de $19,175 con lo que se pueden pagar los gastos de instalación.

En el Convento de la Merced, por su estado ruinoso y destartalado será preciso invertir por lo bajo $40, 000. De los Conventos de Sto. Domingo y de S. Agustín tampoco hay que ocuparse, porque el primero no tiene localidad proporcionada y en el segundo tampoco puede instalarse la Comunidad por ser sumamente pequeño y malo el local disponible, pues aunque en él viven 12 Religiosos Franciscanos, es porque la necesidad los obliga a ello. Además la Iglesia de S. Agustín dio a los Hermanos Terciarios de la Orden de S. Fco. cuando se cerró lo que cedían en el antiguo Convento de dicha Orden, y este derecho de los Terciarios para ejercer sus actos religiosos en la citada Iglesia de S. Agustín, es un obstáculo y no pequeño para que una Corporación regularizada, como la de los Paúles, pueda disponer del templo con toda libertad.

Hay el otro Convento de S. Fco., pero no se ha puesto a disposición de la Autoridad Ecca. La Iglesia de la Tercera Orden del expresado Convento y toda la parte habitable del mismo, según S.E. se sirvió disponerlo y manifestármelo con fecha 12 de Enero de 1854. Hoy el Convento de S. Felipe es el único de los Regulares que ofrece condiciones de solidez, localidad proporcionada y buena distribución interior para instalar a los Paúles. Así lo indiqué en 7 Dic. 1853. Allí residen hoy los Congregados y además el Colegio de Sta. Isabel, al que se pueden acreditar seis mil o siete mil pesos para su traslado a otro local.

En este momento, el gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba era Don Domingo Dulce, un militar de reconocidos principios liberales a los que nunca había renunciado y que llegaba al país con el antecedente favorable de haber demostrado en Cataluña, en el ejercicio de un mando semejante al que se le confiaba en Cuba y que poseía dotes sobresalientes de hombre de gobierno, rectitud, espíritu de justicia y carácter independiente y firme. Se trataba de una época de respiro para la Iglesia después del despojo y la exclaustración, aunque todavía se sufrían las consecuencias de ambas desgracias, la Iglesia comenzaba a reconstruirse y se había fortalecido como institución. Desde julio del año 1859 comenzaron a ofrecerse ejercicios espirituales al clero diocesano de la Isla. La diócesis de La Habana y la Arquidiócesis de Santiago de Cuba comenzaban a contar con más sacerdotes y los colegios de los Escolapios de Guanabacoa y de los Jesuitas, establecidos en el antiguo convento de los Betlemitas, iban ejerciendo una sana y positiva influencia entre los estudiantes, sus familias y el pueblo en general.

Todos estos elementos los conocía muy bien el Capitán General Domingo Dulce, quien estaba muy al tanto del papel que podía desempeñar la Iglesia para lograr un consenso social a favor de la metrópolis. También conocía el escabroso problema de los Congregados y de sus antiguos conventos, y dejó al Obispo la solución del asunto, por lo que solamente se dio por enterado de la larga exposición que le remitiera el 16 de febrero de 1863, con unas breves líneas:

Acuso recibo de su comunicación de 16 de febrero, con motivo de haber llegado a esta ciudad el Visitador General y varios sacerdotes de la Congregación de S. Vicente de Paúl.

En 7 de Abril de 1863,

El Capitán General Domingo Dulce.

Ni corto ni perezoso, el Obispo Francisco Fleix decidió que los Paúles examinaran los diversos Conventos, para que tuvieran la oportunidad de escoger el que consideraran más adecuado, y a estos efectos libró un decreto el 20 de abril del mismo año:

líbrese orden a los Sres. Director y Visitador de la Congregación de S. Vicente de Paúl, para que personándose en los ex Conventos de Sto. Domingo, S. Felipe y la Merced, examinen el local de cada uno, los que les serán franqueados por los Presidentes de las Congregaciones allí establecidas y nos expongan lo que en el particular acuerden.

20 de Abril

El Obispo de La Habana

Francisco Fleix y Solans

Esta orden fue transmitida al P. Viladás en la forma siguiente:

Señor Director y Visitador de las hijas de San Vicente de Paúl:

Con esta fecha se ha servido disponer el Excmo. Illmo. Señor Obispo Diocesano se pase a Vs el presente para que personándose en los exconventos de Sto. Domingo, Sn. Felipe y la Merced, examinen el local de cada uno, que a la presentación de este les será franqueado por los Presidentes de las Congregaciones en ellos establecida y expongan luego a S. E. L el resultado de ese examen, conforme a lo acordado en el particular.

Dios guarde a Vs. ms. as. Habana Abril 25 del 1863,

Pedro Sánchez.

Esta orden fue dada a los Padres Paúles el 25 de Abril de 1863. Los Padres Juan Masnau y Jerónimo Viladás tenían desde entonces la posibilidad de seleccionar los locales en los que se instalaría la Congregación de la Misión y examinaron prolijamente las características de los viejos Conventos según lo estipulado en el decreto del Obispo de La Habana. No demoraron en llegar a una conclusión evidente, de acuerdo con los resultados de las visitas, que ellos mismos relataron a Mons. Fleix y Solans el día 2 de Mayo del año 1863 con estas palabras:

Excelentísimo e Ilustrísimo Señor:

Conforme a lo mandado por V. E. I. en fecha 25 de Abril último, el Visitador y Director de las Hijas de la Caridad en esta Isla pasaron a examinar el local y ocupar los exconventos de Sto. Domingo, San Felipe y la Merced para luego exponer a V. E. L el resultado de dicho exámen. Resulta pues que ocupado el exconvento de Sto. Domingo por la Real Universidad y el Cuerpo de Ingenieros y ocupado también el exconvento de San Felipe por el Colegio de Niñas y el Cuartel de Bomberos, el local que en cada uno de esos exconventos queda disponible es absolutamente incapaz de servir para la instalación de los Sacerdotes de la Congregación de San Vicente de Paúl, según lo mandado por S. M la Reina ( Q.D.G) por la Real Cédula del 26 de Noviembre de 1852.

El exconvento de la Merced es el único que presenta local suficiente para alojar a nuestros Sacerdotes, que con ansia desean vivir unidos en la Comunidad y trabajar en beneficio de los fieles según su Instituto cuyos deseos verán realizados tan luego como V. E. I. disponga de la posesión del mencionado exconvento y no dudan que atendidas las buenas disposiciones y simpatías del Superior Gobierno de esta Isla en favor de las dos familias de San Vicente, y la benevolencia de que V.E.I les está dando pruebas positivas dicho exconvento de la Merced podrá dar con el tiempo una casa capaz de contener no solo a los misioneros sino también a los Clérigos y Ordenandos que quisieren tomar Ejercicios bajo su dirección. Así como también podrá servir a dichos misioneros para llenar los piadosos deseos de V. M la Reina (Q.D.G.) y los designios de V. E.

Juan Masnou y Jerónimo Viladás.

Ante esta situación de nuevo Pedro Sánchez escribe al P. Viladás con fecha de 20 de Mayo de 1863.

Como por ahora no se puede entregar todo el edificio del ex — Convento de S. Felipe Neri a los PP. Paúles y éstos Nos manifiestan su conformidad con ocupar el convento de la Merced, venimos en declarar extinguida la actual Congregación establecida en el mencionado Convento de la Merced, sustituida por la Comunidad de San Vicente de Paúl.

En su consecuencia, libren orden al Pbro. Don José María Bergaz y Solórzano actual Presidente de la Congregación para que bajo Inventario haga formal entrega al P. D. Gerónimo Viladás, Director de las Hijas de San Vicente de Paúl en esta Isla, del Convento y la Iglesia, como de todos los útiles, alhajas, ornamentos, vasos sagrados y cuantos más pertenezcan a esta juntamente con el numerario que de la misma existe en su poder.

Mandamos que el anciano P. José Ma. Bergaz y Solórzano, y el anciano Congregado Pbro. José Rafael Polo pasen de Congregados a la Iglesia de S. Isidro; los Pbros. D. Antonio Llombart y D. Manuel Ma. Acevedo, al primero lo trasladamos a la Congregación de S. Felipe, sustituyendo en ella al Pbro. D. Juan Bautista Flores, y el constar 3 vacantes, ocupando la última de éstas, el Pbro. D. Agustín Aromis y entrando en la de Sto. Domingo de esta ciudad los Pbros. D. Juan Baules y D. José Ma. García, y quedando a nuestra disposición el Pbro. D. Manuel Caso, el cual en primera ocasión será colocado.

Háganse a todos las comunicaciones que correspondan y ésta nuestra Resolución participe por atento oficio el Vice — Real Patrono, para que dé la orden al Administrador de los Bienes al regular que las pensiones alimenticias de los 6 Congregados de la merced, desde el lro. de Junio se abonen a la Comunidad de S. Vicente de Paúl. Y también para que tan pronto el Coronel Director Inspector de Obras Eccas. forme el oportuno presupuesto de las que sean necesarias para que la Comunidad se instale definitivamente en el Convento de la Merced para cuya atención se tomen los $4, 300 consignados ya en los presupuestos generales, para las obras que habrán de hacerse en el edificio.

En 20 de Mayo de 1863 el Obispo Mons. Francisco Fleix notifica el decreto anterior al Vice Real Patrono y Capitán General, D. Domingo Dulce.

Sr. Pbro. D. Jerónimo Viladas, Director de las Hijas de San Vicente De Paúl en esa Isla.

Enterado el Exmo e Ilmo. Sr. Obispo Diocesano de que a pesar de sus deseos la Comunidad de San Vicente Paúl, no puede establecerse por ahora conforme a su institución en el convento de San Felipe por la imposibilidad que hay de disponerse de momento de todo el edificio y habiendo V. inspeccionado las demás casas monacales de esa ciudad en virtud de Orm. Superior manifestad a ese Gobierno ecco. Como resultado de esa inspección, que el edificio que juzga mas apropósito es el del convento de la Merced en cuyo local tal como hoy se encuentra está pronta la Comunidad a constituirse, siempre que según lo vayan permitiendo los fondos de Regulares se hagan en él las obras consiguientes al menos las más in dispensables.

S. E. Iltma en providencia de ese día y sin perjuicio de la ejecución de esas obras se ha servido declarar extinguida la actual Congregación de la Merced y sustituida por la Comunidad de San Vicente de Paúl, la que además de dedicarse a los oficios propios de su instituto tendrá también la obligación de levantar las cargas anexas a la primera y de atender al culto general y particular de la Iglesia. Por cuya razón seis de los Padres de dicha Comunidad percibirán mensualmente y desde el primero del próximo Junio las pensiones alimenticias señaladas a los Congregantes en esas Diócesis y además lo asignado por ambos cultos con cuyo fin se oficia lo conveniente al Exmo Sr. Vice Rl. Párroco y también para que se sirva comunicar las ordenes que corresponden a la Administración Gral. de Bienes de Regulares.

Lo que por disposición de S. E. I. digo a Vd. Para su inteligencia y efectos consiguientes en el concepto de que el Pbro. D. José María Bergaz y Silorzano, actual Presidente de la Congregación de la Merced entregará a Vd. Bajo formal inventario así el convento y su Iglesia como todos los útiles, ornamentos, ropas, vasos sagrados y cuanto más pertenezca a esa incluso el numerario de la misma que existiere en su poder. De cuya entrega se servirá Vd. Dar parte a esta Secretaría de mi cargo.

Dios guarde a Vd. ms. as. Habana, 20 de Mayo de 1863.

Pedro Sánchez.

El día 1 de Junio de 1863, el P. Viladás a su vez, responde a esas misivas con las siguientes palabras:

En cumplimiento de lo mandado por el E. e I.S. Obispo Diocesano, el Pbro. José María Bergaz y Solórzano, presidente de la Congregación de la merced, me ha hecho formal entrega por inventario del Convento e Iglesia de la Merced con los vasos sagrados, alhajas, ornamentos y adornos pertenecientes a esta. Con respecto a numerario, me ha dicho que nada existe en la actualidad. Sírvase Ud. Ponerlo en conocimiento de su S.E.I. manifestándole al mismo tiempo que desde esta fecha los Sacerdotes de la Congregación de la Misión quedan instalados en el exconvento de la Merced.

Dios guarde a Ud. Ms. as. Habana Junio 1 de 1863,

Gerónimo Viladás. Al Secretario de Cámara del E. e I. S. Obispo Diocesano.

El suponer que el P. Viladás se inclinó por el Convento de la Merced por su devoción acendrada a la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona y de su pueblo, Agramunt, donde Viladás vio la luz del día el 20 de Marzo de 1820, puede ser un razonamiento aventurado. Es posible que algo influyera en su decisión, pero es evidente por la respuesta de Viladás y Masnou que el exconvento de la Merced era el único que reunía las mínimas condiciones para poder ejercer los ministerios para los que habían sido llamados y llevar a cabo la vida de Comunidad propia de los miembros de la Congregación de la Misión.

El decreto que dictó Mons. Fleix poco después, por el que entregó el antiguo Convento de la Merced a los Padres Paúles, nos permite apreciar las intenciones que tenía el prelado, quien al parecer abrigaba el deseo de que éstos se alojaran en el viejo Convento de San Felipe Neri según se desprende del contenido del decreto. Este decreto es de suma importancia porque decidió, para muchos años, el destino de los Hijos de San Vicente.

Hemos presentado casi completo el texto del decreto del Obispo para que se pueda apreciar la magnitud de los trámites, ajustes y gestiones que había que realizar para que la Iglesia, que en esos momentos constituía un apéndice de la administración colonial, pudiera disponer de locales que de derecho le pertenecían. Pero esto no era más que el resultado del despojo a las órdenes religiosas y de la exclaustración, una deplorable consecuencia de las medidas liberales antieclesiásticas tomadas en los años anteriores al Concordato de 1851.

Para que los Padres Paúles pudieran tomar posesión del Convento e Iglesia de la Merced había que hacer movimientos de personal, entregas de bienes bajo inventario, cambios en las partidas del presupuesto eclesiástico, efectuar asignaciones de dinero tanto para los Padres como para las obras que había que ejecutar en la Merced… y todo esto bajo la dirección, control y supervisión del estado, representado en este caso por la burocrática figura del «Coronel Director Inspector de Obras Eclesiásticas» para todo lo relacionado con las construcciones.

Después de estos primeros pasos, el asunto de la ubicación de los Paúles en la Iglesia y Convento de la Merced pareció viabilizarse. Tomada ya la decisión, notificado el Vice—Real Patrono y hechos los ajustes y movimientos oportunos, el Director de Obras del Obispado, encargado de la confección del presupuesto para acometer las obras indispensables para que la Iglesia se restaurara y el Convento tuviera condiciones mínimas de habitabilidad, en fecha tan próxima como el 22 de mayo, dos días después de que Mons. Fleix notificara su decisión al Capitán General y a las partes involucradas, informaba al Obispo:

Acompaño el Presupuesto núm. 1 y el Presupuesto núm. 2 de las reparaciones necesarias en el Convento de la Merced para que los PP. Paúles puedan ocuparlos. Los techos están envejecidos, pero pueden subsistir por un tiempo. El Presupuesto núm. 1 es por $2, 758, el Presupuesto núm. 2 es por $4,500.

El presupuesto No. 1 se refería a las obras que había que realizar en las celdas del Convento, como arreglar el pavimento y las puertas, reparar el refectorio, demoler cuatro de las antiguas celdas que estaban inservibles, poner nuevas solerías, abrir ventanas, restaurar entresuelos, sellar goteras, reparar desconchados, y por último dar lechada y pintura. En cuanto al No. 2, correspondía totalmente a objetos de obra en la Iglesia de la Merced y contemplaba la restauración de 400 metros cuadrados de piso con solería de losas francesas, y el raspado y desconchado del interior del templo para dar lechada a toda la Iglesia.

Una vez que tuvo en sus manos los dos presupuestos, el Obispo envió un nuevo oficio al Vice Real Patrono con fecha 30 de mayo de 1863 especificando que el primero era de realización inmediata para que los Paúles pudieran trasladar su residencia de la calle San Lázaro, N. 338 a la Iglesia de la Merced, y agregando que el segundo habría que realizarlo algún día por temor a que los techos se desplomen.47 Luego, Mons. Fleix pasó a explicar la forma en que se podían realizar ajustes al presupuesto del año con el fin de disponer de $6,887 para aplicarlos de inmediato a las urgentes reparaciones del Convento de la Merced, para  terminó su misiva solicitando que se entregara de inmediato al Director de la Comunidad de San Vicente, Pbro. Jerónimo Viladás, los $2,758 del Presupuesto núm. 1, dejando para más adelante la realización del Presupuesto núm. 2.

Al cabo de dos días, el 1 de junio de 1863, el P. Jerónimo Viladás comunicaba al Obispo que el Presidente de los Congregados de la Merced, Pbro. José Bergaz y Solórzano, le había hecho formal entrega del Convento e Iglesia de la Merced con los vasos sagrados, alhajas, ornamentos y demás, acompañando el inventario correspondiente. Cuatro días después, el 5 de junio de 1863, el Obispo Fleix enviaba al Capitán General Domingo Dulce, en su carácter de Vice Real Patrono, un oficio recordándole que en mi comunicación de 30 de marzo manifesté a V. E. quedar ya instalada la Comunidad de S. Vicente, en una parte del Convento de la Merced. Me urge ahora no olvidar que este Instituto tiene una existencia legal; y conviene que S. E. de acuerdo con el Intendente, tengan a bien designar dicho Convento para el Instituto de S. Vicente, y que se me comunique esa designación para los efectos necesarios en el Expediente que estoy instruyendo.

Fleix y Solans explicaba al Capitán General Dulce que en la designación había una circunstancia especial, porque si se omitía su aclaración quedaría inútil para el porvenir (sic) el fin que se propuso la Real Cédula de 26 de noviembre de 1852. La situación estaba dada en que el Convento de la Merced quedaba en un gran solar donde se levantaron «casitas muy mezquinas y miserables» que en su momento fueron derribadas para construir la Iglesia. Del edificio del templo sólo podía utilizarse la mitad, porque a la otra mitad le faltaba «cerrar tan solamente la bóveda», y habría que hacer un gran trabajo para levantar el Convento del que «no llegó a construirse más que cinco o seis arcos que habían de formar el claustro, única cosa existente del edificio que pensaban levantar en el terreno que ocupaban las casitas de su propiedad» (sic). Para evitar problemas o conflictos posteriores,

Es evidente, que al hacer la designación hay que separar de la enagenación de los bienes de Regulares, no solamente el patio donde está la mitad de la Iglesia, por concluir, sino (además) todas las casitas no enagenadas contiguas, sobre las que debía edificarse el antiguo de la Merced, y sobre las cuales se edificará con el tiempo el de los PP. Paúles y que por de pronto podrán correrse y servir de habitación a los PP. y a los ordenados y demás sacerdotes que deban recogerse allí. Por tanto ruego a V. S, se sirva hacer esta designación con esta aclaración y en su virtud mandar no se les ponga desde luego, en posesión de las mismas pues es lo único edificado del Convento que se les cede.51

Con fecha 1 1 de junio de 1863, seis días después de la comunicación anterior, el Capitán General y Vice Real Patrono enviaba al Obispo un oficio sumamente lacónico:

Enterado de su Comunicación de 20 de Mayo, apruebo la instalación de los PP. de S. Vicente de Paúl en esta Isla, lo que me ha sido muy grato.

De esta forma, la instalación de los Paúles en el Convento e Iglesia de la Merced se convirtió en realidad. Al parecer, el Capitán general sólo estaba enterado del oficio que enviara el Obispo Fleix el 20 de mayo, porque es la fecha que señala en su respuesta. Las comunicaciones posteriores del prelado fueron objeto de un atento examen por Domingo Dulce. El 17 de junio contestaba detalladamente al oficio enviado por el prelado el 5 del mismo mes y año para legalizar la fundación y hacer la designación desglosando «de la enagenación de los bienes de Regulares, no solamente el patio donde está la mitad de la Iglesia… sino además todas las casitas no enagenadas contiguas.

Remito las comunicaciones documentadas que con fecha 11 y 12 del actual mes (junio) me ha enviado el Administrador General de Bienes de Regulares en relación con la instalación de los PP. Paúles. En una comunicación se da la conformidad con el pago del Presupuesto número 2.

A renglón seguido, el Capitán General daba todos los pormenores relacionados con las casitas construidas en la manzana del Convento de la Merced y sus rentas y exponía su opinión de que los Paúles debían ocupar por el momento las casas de la calle de las Damas, que les sirviesen de más comodidad a sus ejercicios y así podrán cobrar los alquileres de las demás, hasta que se realicen las obras mayores. De inmediato explicaba que no todas las casas existentes en el área del Convento pertenecen hoy al mismo y que al unirse a él formarían, desde luego, una figura irregular, siendo por ello necesario incorporarle edificios o casas particulares, con sus correspondientes desembolsos. Sería necesario adquirir esas casas, en la esquina de la calle de las Damas.

Según podemos observar, el Capitán General se solidarizaba con las aspiraciones del Obispo para que los Padres Paúles, que ya residían oficialmente en el Convento de la Merced, pudieran mejorar sus condiciones de existencia en breve plazo. Era mucho lo que el Obispo y la Administración esperaban de ellos y pronto veremos de qué manera los Padres Paúles dieron más de lo que pensaba, tanto el prelado, como la administración colonial.

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